Eucharist Miracle Eucharist Miracles

Un evento único en toda la historia de la Iglesia: Marisa oyó la voz de Dios Padre que dirigió una apelación apesadumbrada a toda humanidad

"Nunca nadie ha visto a Dios" (John 1,18).

Ésto fue escrito por Juan en el prólogo de su Evangelio y esta verdad debe ser aceptada por todos los hijos de Dios.

San Juan Bautista después de haber bautizado a Jesús "Vio los cielos abiertos y al Espíritu descender sobre él como una paloma; y una voz vino del cielo "Tú eres mi Hijo amado; en tí tengo puestas mis complacencias" (Mark 1,10-11).

Pedro, Santiago y Juan en el día de la transfiguración "estaban asustados cuando entraron a la nube. Y una voz salió de la nube, diciendo "Éste es mi Hijo, mi Escogido; escúchenlo!" (Lucas 9, 34-35).

En todo el Nuevo Testamento, desde los orígenes hasta hoy, ningún otro hombre oyó la voz de Dios.

Pero el 1ro de Noviembre de 1999 un evento extraordinario pasó que es único hasta el dia de hoy en toda la historia de la Iglesia y no se puede ocultar, pero debe ser conocido por todos aquéllos que creen en el existencia del Dios Uno y Trino.

A las 10 de la mañana en la festividad de Todos los Santos, mientras nuestra comunidad, después de haber escuchado los comentarios de los mensajes más recientes de la Madre de la Eucaristía hechos por Don Claudio, se recogió en oración, Marisa se puso en éxtasis y vio escenas maravillosas seguidas una tras otra. Primero vio una larga procesión de santos que precedieron a Jesús y a Nuestra Señora rodeados por miriadas de ángeles.

Nuestra Señora dulcemente se dirigió a Marisa que sufría mucho y hablá a la vidente.

Entonces de repente Marisa vio a todos los ángeles, los santos, a Nuestra Señora y también a Jesús arrodillarse con su cara inclinada hacia abajo.

Un gran fuego bello, que no asustaba ni molestaba, apareció ante los asombrados ojos de Marisa y una voz fuerte salió de él afirmando: "YO SOY DIOS".

A Marisa quIen dijo "no puedo verte," Dios contestó "no puedes verme, porque soy Dios."

Es nuestro deber dejar saber de manera total lo que Dios dijo.

Roma, 1ro de Noviembre de 1999, h.10:35 de la mañana

Carta de Dios traída por la Madre de la Eucaristía

Marisa - Jesús, María y José están rodeados por muchos santos, la escena es maravillosa. Gracias a Dios que hay muchos santos en Paraíso.

Nuestra Señora - No, Marisela, no son muchos, considerando todo lo que Jesús hizo, los santos no son muchos. En historia de la humanidad los hombres se cuentan por muchos millares y están aumentando más y más; por el contrario los santos en el Paraíso son pocos; hay también santos en la Tierra que sufren y que continúan sufriendo.

Acepté tu llanto antes de tu venida aquí y entendí tu gran sufrimiento. Es verdad, no puedes alcanzar la aparición con un corazón roto debido a personas que te causan voluntariamente sufrimiento para apartar tu mente de esta reunión, pero como Dios me ha dado fuerza para seguir por muchos años, aunque supe de antemano la muerte de Jesús y la muerte de mi querido esposo José, de igual manera El te da también fuerza a tí, Excelencia, a ti, Marisela y a todos los aquí presentes.

Los santos, el almas salvas y mis Papas están presentes: el gran Paul VI, el gran Pío XII, Juan Pablo I y muchos otros, como ves.

No alcanzaron la santidad porque se convirtieron en papas, sino porque fueron por el camino de la vida espiritual y del amor; que es lo mismo que siempre les pido.

Sé muy bien cómo son y lo que piensan en su corazón, pero éso no está en la carta de Dios. Mi Todo dice que no deben perder la confianza, y que tienen que reforzar su valor y siguir adelante.

También les repito, porque en este momento estoy con ustedes, vamos, sigan adelante.

APELACION DE DIOS PADRE

Dios Padre - ¡Yo soy Dios!

Marisa - ¡No te veo!

Dios Padre - Mi voz siempre gritaba contra todos esos hombres que quería destruir el mundo. Siempre gritaba: ¡conviertan sus corazones!

No puedes verme porque Yo soy Dios, y no hay ningún otro Dios. Quiero la conversión de mis hijos favoritos; (1) Yo, Dios, quiero su conversión.

Marisa - Dios mío, oigo una muy, pero muy fuerte voz pero no veo nada. Jesús, Nuestra Señora, San José, los ángeles y los santos están todos de rrodillas con su cara inclinada hacia abajo.

Dios Padre - No te preocupes, Marisela, ningún hombre en la Tierra jamás ha visto a Dios. Yo soy Dios, ese Dios a Quien hoy también las personas continúan ofendiendo como a mi Hijo Jesús dijo, personas los persiguen, personas los atacan, porque no se atreven a ofenderme abiertamente a Mí. Yo soy Dios y soy el amo de todos: desde el Papa al sacerdote más pequeño, a la criatura más pequeña.

Yo soy Dios, el único y veradero Dios.

Esperas, te gustaría saber el momento de mi intervención y tienes razón, pero no veo conversiones todavía, mis queridos hijos, yo sólo veo hombres que aman el poder, nombramientos y al dinero malo y sucio.

No puedo aceptar que el planeta Tierra quede bañado en el lodo; No puedo aceptar que mi Hijo Jesús, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, muriera inutilmente por hombres que creé y que llamé hijos, porque son mis hijos.

En el Paraíso hay una gran fiesta y tú, Marisela, ves a los ángeles, a los santos y a a las almas salvas que me rodean, pero no me ves, porque el tiempo de verme no ha llegado todavía, tú sólo oyes mi voz, oyes que mi apelación afligida se dirige al hombre, que llamé hijo y que creé a mi propia imagen y semejanza.

¡Yo soy Dios!

Marisa - ¿Cómo podré ahora hablar a Dios? Quisiera preguntarte, en humildad total: "no estás enojado con nosotros, no es así?"

Dios Padre - No, no con ustedes, Marisela, ni contigo, mi obispo querido, que aceptó mi orden, que obedeció a Dios cada día de tu vida; ni contigo, mi pequeño rebaño, como la Madre de la Eucaristía los llama. ¡No! No estoy enojado con los hombres pobres y pequeños, sino con los hombre ricos y poderosos, que no buscan a Dios, ellos sólo buscan a sí mismos.

Marisa - ¿Cómo puede preguntarte?

Dios Padre - Marisela, sé lo que te gustaría preguntarme y podría contestarte, (2) porque Yo soy Dios, pero todavía quiero conversiones, conversiones y conversiones.

Marisa - Veo un fuego grande, grande. ¿Dónde estás, Dios mío?

Dios Padre - No puedes verme, Marisela; pero Yo soy Dios.

Escucha el himno que los ángeles y los santos cantan en mi honra.

No quiero que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad haya muerto inutilmente, como todo podría parecer.

Me gusta quedar bajo esta tienda (3); en la antiguedad las personas vivían en una tienda o bajo el cielo estrellado.

¿Qué puedo hacer con grandes iglesias, con granes basílicas, dónde no hay amor, porque los hombres de la iglesia tratan de destruir al que Me ama y piensan cómo estar elegantes y bellos, pero no por Jesús la Eucaristía, no por la Santísima Trinidad, no por Dios, pero por ellos?

Marisa - Escuchame, Madonnina, qué hace Dios ahora?

(Nuestra Señora se dirige a los presentes y habla a Marisa) Nuestra Señora - Mis queridos hijos, gracias por su presencia aquí.

Dios habló y estoy seguro que entendieron. Éste es el gran dolor de todos nosotros: el hombre no ama. Estoy con ustedes y por esta razón, mi pequeño rebaño, quiero verlos en paz. Dios habló de una manera fuerte, pero ciertamente no se dirigió a ustedes, como bien lo entendieron. Deleitense y disfruten. Lean y mediten las Beatitudes; encontrarán allí todo.

Jacopo, pequeña criatura y Davide María, la Señorita los cubre con su manto y los cobija, abrazándolos firme a su corazón.

Excelencia, alza tu cabeza y sonríe, sonríe (4). Cualquier cosa que Dios preparó ciertamente no es contra ti (5). Sonríe, porque amaste, amas, sabes como amar, aun cuando algún alma se aprovecha de este amor tan grande, de este tu sufrimiento. Llevas el peso del iglesia en tus hombros; aun si lo dices sonríendo, es la verdad.

El Papa no te llamará; ésto nos hace sufrir.

Mis queridos hijos, los mejores deseos a todos, porque hoy es la fiesta de todos, sobre todo de aquellos que no tienen un santo que celebrar.

Marisa - ¿Pero todos los otros santos no nos dicen nada hacerca de eso que queremos saber?

Nuestra Señora - Marisela, si Dios no te dijo nada, los santos no pueden hablar. Siempre estás de traviesa.

Marisa - Tu sabes cómo dicen las personas en Roma: Yo sólo intento, aunque siempre se sale, en fin....

Nuestra Señora - Debes ser pacífica, hija mia.

Marisa - Cómo puedo sestar pacífica si...

Espera un momento lo preguntaré a Don Claudio.

Nuestra Señora - No, Marisela, debes decir Excelencia.

Marisa - Lo sé, pero Yo lo llamo Don Claudio, siempre lo he llamado así por 28 años.

Escuchame, Excelencia, me falta el aliento, tengo muchos dolores y Nuestra Señora me dijo que debo estar en paz; ¿qué debo decirle?

Don Claudio - Dile que debe ayudarte a no ir a donde no quieres ir.

Marisa - ¿A donde no quiero ir?

Don Claudio - Al hospital.

Marisa - Señorita, haré todo lo que quieras, con tal de que no me envies al hospital, porque fui allí 41 veces.

¿Puedes contestarme por lo menos sobre ésto?

Nuestra Señora - Ahora ustedes de la Tierra y nosotros del Paraíso tomense de las manos y ahora la Madre les pide cantar el Padre Nuestro, junto conmigo, con los ángeles y los santos y, sobre todo, con mi querido esposo Joseph.

(Todos los presentes se toman de las manos y cantan el Padre Nuestro)

Gracias, mis queridos hijos, por haber cantado el Padre Nuestro, la oración de Jesús.

Con mi obispo amado los bendigo, a sus seres queridos; Beso a los niños, a las personas enfermas, los jóvenes enfermos que están lejos. Los traigo a todos dentro de mi corazón y los cubro con mi manto maternal. Entren en la paz de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Alabado sea Jesucristo.

Marisa - Escuchame: ¿a dónde se fue Dios? No me digas que se ha ido a pensar de nuevo. Quería hablarLe y preguntarLe muchas cosas, pero no puedo hablar cuando no veo a nadie. Oí una voz, vi un fuego, los vi a todos, pero no vi a Dios.

Don Claudio - Las personas no pueden ver a Dios.

Marisa - Quise verlo.

Don Claudio - Mientras vivas en la Tierra no puedes verLo.

Marisa - Lo veré después...

Don Claudio - Después de tu muerte.

Marisa - Sí, cuando me muera. ¿Tengo que morir, no es así?

Bien, adiós.

Excelencia, mientras te hablaba, se fue. ¿Te gustó? Me distrajiste. Sabía que tenía todavía algo que decir y se fue.

¡Aquí viene de nuevo! ¿Fuiste a ver lo que Dios está haciendo?

Nuestra Señora - Marisela, estoy aquí y te miro, me das mucha ternura, tu sencillez Me mueve.

Marisa - Bueno, ahora no inventemos excusas, no soy sencilla, quiero preguntarte, ayudame, Don Claudio, qué debo preguntoLe? ¡Vamos, se va, vamos!

Don Claudio - ¡Noviembre ha empezado y...!

Marisa - El obispo dijo...

Nuestra Señora - Sí, he oído, ese Noviembre ha empezado. Felices fiestas y los mejores deseos a todos.

Don Claudio - No quería oír éso.

Marisa - Se ha ido. ¡Habla! Ahora se ha ido.

Don Claudio - No la veo, por lo que no puedo hable.

Marisa - Tampoco podía hablar a Dios, porque no podía verlo.

Don Claudio - Permiteme verla, para hablarle.

Marisa - ¿Debo permitirte que la veas?

Don Claudio - No tú, sino Ella, porque debe guardar la promesa que me hizo.

Marisa - Se ha ido justo ahora. ¿Has entendido?

Don Claudio - Sí, lo he entendido, lo he entendido.

Notas explicativas por el Obispo Claudio Gatti.

(1) La conversión de sacerdotes, obispos y cardenales.

(2) Nosotros y Marisa queremos saber el momento en el que Dios volteará la situación crítica y seria de hoy y permitirá que la Iglesia reavive.

(3) Dios habla sobre la gran tienda que hemos levantado para recibir a las personas que vienen a orar al taumatúrgico lugar.

(4) Don Claudio está agotado por tanto sufrimiento causado por muchos hermanos sacerdotes, obispos y cardenales.

(5) Menciono intervenciones punitivas de Dios.

No sabemos si esta apelación divina es la última antes de empezar los momentos fuertes y difíciles para la Iglesia, de cualquier modo la Madre de la Eucaristía nos dijo que se debería traducir a todos los idiomas y hecho saber a todos los hombres, de manera que se detengan de caer en el abismo que se abre bajo nuestros pies.

Permitan que todos hagan todo lo que puedan para divulgar la apelación divina, de manera que cooperen por la seguridad de sus hermanos.

En nuestro sitio de Internet encontrarás la traducción de la apelación divina en italiano, inglés y español; aquel que pueda, permitanle hacer la traducción en otros idiomas, permitanle imprimirlo y divulgarlo por todos los medios; para que respetaremos la voluntad de Dios Que quiere una difusión rápida y extendida de su apelación.

La misericordia de Dios todavía da tiempo al hombre para la conversión, pero entonces, en el momento establecido, habrá su justicia.

Después de la purificación la Iglesia nueva nacerá y habrá un pastor y solo un rebaño (Juan 10:16); éste es el triunfo de la Eucaristía, preparado por la Madre de la Eucaristía y esperado por todos aquéllos que han orado y sufrido por su cumplimiento sobre todo el mundo.