Eucharist Miracle Eucharist Miracles

Homilía de S.E. Mons. Claudio Gatti del 13 mayo 2007

VI DOMINGO DE PASCUA (AÑO C)
Primera lectura: Hc 15,1-2.22-29; Salmo 66; Segunda lectura: Ap 21,10-14.22-23; Evangelio: Jn 14,23-29

Me inspiro en una frase, en una expresión de la Madre de la Eucaristía, modificándola un poco, adaptándola a nuestra circunstancia y a lo que estamos viviendo en este momento. Recordaréis que en una ocasión de pasados milagros eucarísticos la Virgen dijo: “Ha habido un milagro en el milagro” para indicar que el milagro es la manifestación visible de la Eucaristía y, milagro en el milagro, esta Eucaristía, llevada por la Virgen o por Jesús, ha sangrado. Años después, todavía tenemos algunas de estas hostias que han sangrado. Todo está listo y, en el momento oportuno, quizás incluso hoy, los que han venido de fuera de Roma podrán ver, adorar, saborear la belleza y la grandeza de las obras de Dios. Por eso adapto esta frase a las circunstancia, a los aniversarios que estamos viviendo nosotros ahora. De hecho, podemos decir que estamos celebrando un “aniversario dentro de otro aniversario”. El gran aniversario es el nonagésimo año de las apariciones de la Virgen en Fátima; el aniversario que se coloca en el interior de este es la consagración de Marisa al Señor a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Vayamos con orden. Con referencia al nonagésimo aniversario de las apariciones en Fátima, una vez más, Dios juzga determinadas cosas de una manera y atribuye a este evento el adjetivo de grande e importante, mientras los hombres disminuyen el juicio de Dios a voluntad, haciéndolo pasar como un aniversario cualquiera y sin darle la relevancia e importancia pertinentes que Dios dio en su lugar. Hoy Jesús ha dicho algo más referente al secreto no revelado; Marisa y yo lo conocemos y hemos comprendido muy bien aquellas frases, aquellas palabras cuyo significado quizás no os ha impresionado. Estas son las palabras de Jesús: “Contienen hechos que se refieren a la Iglesia”. Esto es lo que es importante saber por el momento, los detalles no pueden, por ahora, ser revelados pero Jesús hoy nos ha hecho comprender que se refieren a la Iglesia; no lo que dicen los hombres, catástrofes y cosas semejantes, no es éste el trabajo que Dios se ha reservado para Sí mismo. Dios es la cabeza de la Iglesia y por tanto puede perfectamente revelar también cosas desagradables, situaciones feas y molestas relacionadas con la Iglesia y lo hace con la intención de que, en el momento establecido por Él, todo se revele, precisamente para que se entienda que Dios nunca abandona a la Iglesia y continúa protegiéndola incluso si los hombres de la Iglesia y los fieles se alejan. Nosotros creemos que la Iglesia no se hundirá hasta el fin de los tiempos cuando, en el momento del retorno de Jesucristo para el juicio, la Iglesia terrenal cese y sea elevada a la Iglesia gloriosa. La Iglesia, a pesar de las maldades de los hombres, seguirá yendo adelante; los hombres podrán ofenderla, en parte ensuciarla o parcialmente destruirla, pero nunca definitivamente porque Cristo está presente en Su Iglesia y la sostiene con Su gracia, Su muerte, Su pasión y la Eucaristía. ¿Por qué los hombres, a cualquier categoría que pertenezcan, no aceptan las palabras de Dios? Vosotros probablemente también estaréis escandalizados por este rechazo, pero el Señor ha dado la explicación y, mira por donde, está contenida en el pasaje del Evangelio que se acaba de leer: “El que no me ama no guarda mis palabras”. Una vez más, queridos míos, tenéis la confirmación de que, para el Señor, la división de que el hombre es bueno o malo pasa a través del amor: el que ama Dios, y pongámonoslo bien en la cabeza, a cualquier religión pertenezca, sea judío, musulmán, budista, hinduista, o de cualquier otra religión, si ama a Dios, obra el bien y evita realizar el mal; éste irá al Paraíso y se salvará. Es el amor el que hace la diferencia, por lo que puede haber cristianos católicos que van al infierno porque no han amado y judíos, musulmanes y miembros de otras religiones que van al Paraíso porque han amado. ¡El que decide es Dios y solamente Dios! Nosotros hombres, en cambio, creamos categorías establecidas en base a las leyes completamente diferentes, hacemos divisiones entre pertenecientes a diversas razas, religiones, censo, riqueza o cultura, éstas son divisiones humanas que afligen al hombre y no lo exaltan, y he querido insistir porque cuando os diga algo sobre el aniversario de Marisa será más fácilmente comprensible para vosotros. Los que están aquí por primera vez, quizás no han podido captar bien el mensaje, sobre todo lo que ha dicho Jesús referente a un cardenal; os habréis preguntado quién será pero no quiero decir el nombre, porque no me gusta hacerlo, pero es el colaborador más alto de Benedicto XVI, es el que ocupa hoy el cargo de secretario de estado. Éste, y mirad como se estudian bien las cosas en vísperas del nonagésimo aniversario, está en colaboración con un experimentado periodista del Vaticano, quien, en mi opinión, de experto no tiene nada, que escribió un libro lleno de falsedades, engaños y mentiras sobre el secreto de Fátima y la interpretación de esa parte del secreto revelado. Yo me pregunto: nosotros, como hombres y criaturas respetadas por Dios y dotadas de inteligencia, ¿debemos detenernos en lo que puede decir un obispo o un cardenal de alto rango que está en desacuerdo con Dios y tenemos que creerlo y aceptarlo? ¡No! Porque éstos imponen su verdad aprovechando el cargo, la autoridad, el lugar y el asiento que ocupan. ¿Por qué tendríamos que creer que es verdad lo que dice un cardenal o un obispo y que no es verdad lo que dice una sencilla persona o un sencillo sacerdote? ¿Es esta la división? ¡No! Incluso hoy ha sido repetido: “La obediencia sí, el chantaje no”, para decir determinadas cosas, atribuyéndolas a una hermana anciana, enferma y de clausura, tú, si hubieses sido honesto, deberías haberme dejado ver la grabación audiovisual, no tus notas. A mí no me interesan tus apuntes, porque podrías escribir lo que quisieras; entonces ¿tendría que creer que tus notas son honestas porque eres obispo o cardenal? Pero ¿sabéis que el infierno está lleno de sacerdotes, obispos, cardenales y Papas? ¡Respeto! Los fieles tienen que exigir ser respetados y nosotros los sacerdotes y obispos tenemos que respetar a los fieles y no considerarlos, como diría Dante, “ovejas locas”, es decir, privadas de inteligencia, sino personas capaces de razonar con su cabeza y de tomar, a la luz de la auténtica Palabra de Dios, decisiones importantes y válidas. Este aniversario recuerda que en el corazón de Dios la Iglesia ocupa un lugar importante y por la Iglesia somos llamados a vivir, rezar y sufrir. Os parecerá raro que Jesús os haya dicho, simples fieles, y aquí vuelve de nuevo lo que decía sobre el respeto por parte de Dios por los hombres: “Limpiad la Iglesia, alejad a los que son deshonestos”. Vosotros podríais decir: “¿Cómo lo hago? Yo soy un simple fiel, ¿cómo hago para limpiar la Iglesia?” Entretanto a través de vuestro testimonio, el valor, la preparación y el compromiso; esto es lo que tenéis que hacer. Si oís cosas que no están bien tenéis que intervenir, si lo que se dice está en contraposición con cuanto se os ha enseñado tenéis que intervenir; éste es vuestro trabajo, éste es vuestro deber, éste es el compromiso que tenéis que asumir hoy con ocasión del nonagésimo aniversario de las apariciones de la Virgen de Fátima. Los que han faltado al respeto a Dios y a la Virgen no habéis sido vosotros, sino los que están en lo alto y han amortiguado, censurado y fragmentado todo lo que Dios ha dado a conocer a los tres pastorcitos a través de la Virgen y que posteriormente informaron a la máxima autoridad aquí en Roma.

Ahora basta de hablar del aniversario de Fátima; llegamos a un aniversario que nos es familiar y que sentimos por la persona hacia la que cada uno de nosotros tiene sentimientos de amistad, amor y solidaridad: nuestra hermana Marisa. Un alma sola puede hacer mucho más que muchas personas juntas, éste es el juicio de Dios y por eso su inmolación, su sufrimiento, su baño de lágrimas y de sangre, renovado cada día y muchas veces al día, la ha hecho una víctima humana agradable y unida a la víctima divina. Muchos de vosotros se preguntarán por qué nuestra hermana, cansada, débil y enferma, y lo sabéis, ¿tiene que sufrir aún? Y hoy os revelo, esperemos que para ella sea, la última misión que Dios Padre le ha confiado exactamente el 8 de mayo, hace pocos días, y cuya comprensión ahora para vosotros será fácil si hacéis referencia a los que he dicho antes. Manifestándose por enésima vez, Dios le ha dicho que a Él le hacen falta los grandes sufrimientos, y creedme estremecedores, de Marisa. Los necesitaba para detener y reparar el mal cometido por personas malas, y nos hizo entender que las personas malas no tienen una indicación y una división de acuerdo con nuestros criterios; son malas, y esto lo dice Cristo, todos los que no aceptan Su Palabra y no Le aman, es decir todas las personas que no aman, que ofenden a Dios y causan sufrimiento al prójimo, de cualquier religión a la que pertenezcan. Estas personas están presentes incluso en el interior del cristianismo, independientemente del papel que ocupen. Dios, con una palabra clara, significativa y simbólica, ha expresado Su amargura y Su sufrimiento causado también por los “bonetes”. Él no ha diversificado en base al color o al cargo y lo tremendo es que los que Le deberían amar y hacerlo amar, los que Le deberían conocer y hacerlo conocer, son sin embargo causa de sufrimiento. Eh ahí porque Dios ha pedido a Marisa esta misión, y deseo por ella que sea la última, o sea, la de sufrir para reparar el mal de los malos que pertenecen a todas las religiones y que, sin distinción de papeles, están presentes también en la confesión cristiana católica. Y vosotros ¿qué podéis hacer? Lo ha dicho hoy Jesús anticipándoseme: la oración, el amor y la solidaridad. Esto podéis y tenéis que hacer y, de este modo, seréis partícipes de su misión; sosteniendo a Marisa le permitiréis que la lleve adelante. Ya sé, todos nosotros, y como habéis oído también de Jesús, nos gustaría que el sufrimiento acabase pronto y volase a la gloria y a la felicidad del Paraíso. Hemos escuchado a Jesús decir: “Rezad por esto”, y nosotros tenemos que hacerlo, conscientes de que los contactos físicos se interrumpirán y nosotros sufriremos por esto; pero también somos conscientes que, una vez delante de Dios, será más potente que ahora y, unida a su madre y a la abuela Yolanda, será feliz y estará serena. Todo esto nos tiene que dar alegría y serenidad. En la vida la alegría coexiste con el sufrimiento, el gozo coexiste con el dolor y entonces podremos llorar y gozar juntos, ser felices y tener un peso sobre el corazón porque estos son los sentimientos auténticos que maduran en estas situaciones y en estas circunstancias. Hoy es un día importante para la historia de la Iglesia y desde el momento que hemos sido educados y estamos habituados a mirar adelante, creo poder afirmar que el centenario de estas apariciones será celebrado y vivido de una manera completamente diferente y más rica de amor que el actual aniversario; quien sabe si el 13 de mayo de 2017 alguno no esté en Fátima celebrando esta solemnidad también junto a algunos de vosotros. No es un sueño, no es una fantasía sino que creo que puede volverse una realidad y además ser anticipado gracias a nuestras oraciones unidas a las de la Madre de la Eucaristía. No podéis imaginar cuán unida está Ella a nuestra oración, en el sufrimiento y en el amor y reza exactamente por esto. Lo habéis oído también en la oración que he hecho a Dios y a la Virgen, expresando este gran deseo: “Que la Iglesia pueda renacer limpia y honesta cuanto antes, que se haga finalmente limpieza en su interior y los mercenarios, como dijo Cristo, sean alejados; a las serpientes se les pise la cabeza como ha hecho la Inmaculada con Satanás y a los lobos se les arranquen los dientes para impedirles que continúen mordiendo e hiriendo a las ovejas honestas del rebaño de Dios”. Esto es lo que confío a vuestro corazón, esto confío a vuestras oraciones, esto confío a vuestro amor en nombre de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.