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Fiesta del 10 de enero: el Triunfo de la Eucaristía

10 de enero 2022


El 10 de enero 2002 la Madre de la Eucaristía dio un anuncio inesperado e imprevisto, capaz de cambiar el curso de la Historia. Durante una aparición reservada al obispo y a la vidente les dijo: "Mis queridos hijitos, habéis conseguido vuestra victoria. Tu, Excelencia, has vencido por tu fortaleza y tu valentía al combatir a los que no viven en gracia. Tu, Marisella, has vencido por tu inmolación vivida en el silencio y en el ocultamiento". Marisa vio delante de sí un gran escrito que reproducía en oro las siguientes palabras de Dios: "Mi sacerdote predilecto, mi Obispo ordenado por Mi, ha obtenido la victoria".

Durante todo el mes de enero, Nuestra Señora, ha hablado varias veces de la gran victoria: "La victoria es grandiosa y abraza a toda la Iglesia. Vosotros sabéis que la ROCA de esta victoria es vuestro obispo y quiero añadir, que también vuestra hermana, que ha pedido sufrir en silencio y en el ocultamiento. Mis mejores deseos al gran obispo, mis mejores deseos a ti, hija mía, mis mejores deseos a todos vosotros aquí presentes; la Virgen os da las gracias" (carta de Dios del 13 de enero de 2002). "El obispo tiene miedo de decir que él es la roca de la Iglesia. Es la roca porque ha luchado muchos años, porque ha estado siempre sólo para luchar, para defender la verdad y sobre todo a la Eucaristía. La victoria ha sido obtenida justamente por su valentía y por su fortaleza" (carta de Dios del 17 de enero de 2002).

La victoria del Obispo y de la Vidente se ha cumplido a través de dos fases.

La primera fase consiste en haber impedido que se realizarse el plan diabólico-masónico, llevado adelante durante decenios por los eclesiásticos masones con obstinación y determinación, que consistía en la eliminación de la Eucaristía y en la abolición del culto eucarístico. Por estos enemigos de Dios y de la Iglesia, la Eucaristía no tenía que ser considerada ni actualización y realidad del sacrificio de Cristo en la Cruz, ni presencia real del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús, sino sencillamente un recuerdo y una vacía conmemoración de un acontecimiento que dista varios siglos del presente.

La segunda fase de la victoria del Obispo y de la Vidente consiste en haber generado un fuerte impulso, una renovada atención, una ardiente fe y un extraordinario amor en la Iglesia hacia la Eucaristía. De hecho, hoy los sacerdotes, los obispos y los cardenales hablan cada vez más frecuentemente de la Eucaristía, con respecto al pasado. Hacen catequesis más claras y profundas, por lo que los fieles han comenzado a comprender el punto central, la importancia y la necesidad de la Eucaristía en la vida individual, de la familia, de la comunidad religiosa, de las Iglesias particulares y de la Iglesia Universal. La participación en la santa Misa de los fieles es cada vez más consciente y convencida, no solo en las fiestas de precepto, sino también en los días feriales. Ha sido intensificada con éxito la adoración eucarística que ve como, cada vez más numerosos, los jóvenes se estrechan alrededor de la Eucaristía. Han sido restauradas también la vigilas nocturnas eucarísticas. Se han multiplicado los congresos eucarísticos, son cada vez más frecuentes las procesiones eucarísticas y cada vez más seguidos los debates, las mesas redondas, los seminarios sobre la Eucaristía.

Finalmente ha iniciado el período más intensamente eucarístico de la Historia de la Iglesia. Oremos a Dios para que los nuevos pastores de la nueva Iglesia compartan, continúen e intensifiquen la acción que deriva del corazón del Obispo y de la Vidente.