Eucharist Miracle Eucharist Miracles

Carta enviada por el Obispo Claudio Gatti el 15 de junio del 2000 a Cardenales, Obispos y sacerdotes

Estimado hermano en Cristo y hermano en el sacerdocio,

el 11 de Junio del 2000, fiesta de Pentecostés, mientras celebraba la Santa Misa en la iglesia "Madre de la Eucaristía", un gran milagro Eucarístico ocurrió.

En cuanto terminé de decir la redacción de la consagración del pan, de mi hostia empezó a brotar sangre. El tiempo se detuvo para mí. Doblaba la hostia que sostenía firmemente en mis manos y contemplaba la divina sangre que se esparcía en gran parte de su superficie.

No me he movido por un tiempo que pareció interminable a las personas presentes, porque pensaron que me sentía enfermo, dado que alternó en mi cara una palidez chocante y un fuerte rubor.

En cuanto me calmé un poco, levanté la hostia.

Había mucha emoción en las personas presentes, pero todo se produjo en una atmósfera de profunda concentración y viviente participación.

Mientras bajaba mi hostia esparcida de sangre, en la patena vi otras dos grandes hostias, como la Madre de la Eucaristía dirá más tarde, que se habían rescatado de la profanación y traídas al taumatúrgico lugar, porque "el obispo, la vidente y los miembros de la comunidad aman muchísimo a la Eucaristía y además están listos a dar su vida para defenderla".Después de haber dicho la redacción de la consagración del vino y haber alzado el cáliz, tomé la patena que contenía la hostia esparcida de sangre consagrada por mí y las otras dos hostias rescatadas de la profanación y la pasé entre las bancas de la iglesia, de manera que las personas presentes pudieran verlas de cerca, verificaran la veracidad del hecho, olieran el aroma que la hostia esparcida de sangre emitió, para dar testimonio en el futuro del gran milagro Eucarístico ocurrido.

Cuando hacía el "fragmento del pan," la sangre continuó cayendo ante los ojos de las personas presentes. Aun cuando con pesar tenía que consumir la hostia esparcida de sangre, como esta prescrito por las normas 113-116 del capítulo 4to. de las instrucciones para la celebración de la Santa Misa contenidas en el libro de la Misa.

Recibiendo la Sagrada Comunión he disfrutado el dulce sabor de la sangre de Jesús y sentí un fuerte calor y un intenso aroma que invadió mi ser.

Con este último gran milagro Eucarístico Dios puso su sello sobre todos los milagros previos que fueron negados por los grandes hombres de la Iglesia, que demandaron saber el nombre del sacerdote que había consagrado las hostias que Jesús, Nuestra Señora, los santos y los ángeles trajeron al taumatúrgico lugar, incluso las numerosas hostias que vertieron sangre.

Como Juan vio la sangre y el agua salir del pecho traspasado de Jesús, yo, obispo ordenado por Dios, la vidente Marisa Rossi y muchas otras personas vieron la sangre salir de la hostia consagrada por mi y nosotros podemos repetir con el apóstol: "El que lo vio ha dado testimonio de ello, y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean". (Juan 19,37)

"Ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas" (Hebreos 5,7), de manera que mis hermanos sacerdotes, obispos y cardenales pudieran vivir su oficio sacerdotal y episcopal con el espíritu del bautista, como está escrito en el profeta Isaias: "Prepara el camino del Señor, has rectos sus caminos". (Mark 1,3) Permitan que el amor de Jesús la Eucaristía caliente nuestros corazones, fortalezcan la voluntad, iluminen el cerebro, de manera que entre nosotros no haya ningún Nicodemo o José de Arimatea, que fueron discípulos ocultos del Señor por miedo a los Judíos.

Dios quiere que manifestemos nuestra fe en el gran milagro Eucarístico que aconteció en el taumatúrgico lugar, por esta razón no tenemos que permitir cálculos humanos, miedo de réplicas, amenazas de hombres y nos condiciónen chantajes.

Recordemos las palabras del Señor: "Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.

Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos". (Mateo 10,32-33)

Por honestidad y decencia debo informar lo que Jesús dijo en una aparición: "Aquel que vea las fotografías del milagro, debe gritar fuertemente: "¿Mi gente, qué hemos hecho? Estamos matando a unas personas que en verdad aman la Eucaristía".

Doy mi apoyo, mi bendición a esta carta que se enviará a los hombres de la Iglesia. Quien dañare esta carta, quien hable mal del milagro eucarístico que aconteció en el taumatúrgico lugar, nunca entrará al Paraíso.

Para aquéllos que continuen hablando mal, burlandose, ofendiendo, calumniando y difamando, no habrá Paraíso. Ay de ellos. Nunca han oído a Jesús hablar así. Mis sacerdotes permitieron que viviera la pasión cada momento de nuevo.

El tiempo que algo explote ha llegado, pero hay de ellos. Creanme, el "ay" de Dios es terrible". (Mensaje de Jesús, 14 de Junio del 2000)

No juzgo ni condeno a nadie, pero sufro por el pensamiento de que tantos hermanos no tienen el ardor, el valor y la fuerza de volver a Dios, defender la Eucaristía, de honrar a la Madre de la Eucaristía y empezar verdaderamente a amar la Iglesia y a las almas.

Deseo que pronto podamos reunirnos en el taumatúrgico lugar para adorar la Eucaristía, traida por Jesús y Nuestra Señora, que sangró dos veces.

Que el Señor nos bendiga, que la Madre de la Eucaristía nos cubra con su manto.


Claudio Gatti

Ordenado Obispo Por Dios

Roma, 15 de Junio del 2000