Eucharist Miracle Eucharist Miracles

Año social 2007-2008

2007-2008: Año de la Esperanza

El 9 de septiembre el Obispo y la Vidente volvieron a Roma.

Por desgracia las condiciones de salud de Marisa se habían agravado últimamente y la Virgen nos hizo saber: "Marisella no está nada bien, su salud empeora cada vez más. Su vida es dura y cada día se vuelve cada vez más insoportable. Ha estado dos meses fuera de Roma a causa del calor, porque le provocaba dificultades en la respiración y ha regresado en peores condiciones que cuando se fue" (Carta de Dios del 12 septiembre 2007).

También Mons. Claudio estaba "muy cansado y probado" como ha reconocido Marisa, hablando con la Virgen.

El 14 de septiembre, precedido por un triduo, hemos celebrado el doceavo aniversario del primer gran milagro eucarístico. Jesús nos ha recordado "Vosotros habéis pensado que los poderosos hombres de la Iglesia lo habrían aceptado, pero no ha sido así. Ha sido una jornada memorable; todos estabais contentos y felices, pero los hombres de la Iglesia lo han echado todo por tierra". (Carta de Dios del 14 septiembre 2007)

Con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Cruz 360 millones de almas del Purgatorio han ido al Paraíso. A la cabeza del cortejo estaban la Virgen, S. José, la abuela Yolanda y Marisa que después ha vuelto a la Tierra para completar su misión de sufrimiento.

El Obispo nos ha enseñado a defender la verdad. Tenemos el deber de profesarla siempre, aunque sea incómoda y contraproducente para nosotros. Hay que aburrir la mentira, incluso la más pequeña, porque es contraria a Dios, suma Verdad.

S. E. Mons. Claudio Gatti no ha callado nunca ni escondido las debilidades de la comunidad por un falso amor propio: ha afirmado siempre: "Sólo cuando somos conscientes de nuestros errores, los podemos eliminar". Por este motivo Mons. Claudio ha publicado siempre íntegramente las cartas de Dios que contienen amonestaciones a nuestra comunidad.

En la carta de Dios del 12 de septiembre la Madre de la Eucaristía ha llamado la atención a algunas personas, que aprovechando la ausencia del Obispo, habían dejado de lado sus directivas y desatendido sus disposiciones.

En la carta de Dios del 30 de septiembre las llamadas de atención han sido más fuertes y directas sobre faltas más graves: 1) enfriamiento entre las relaciones entre los jóvenes, 2) poca participación en el sufrimiento de algunos miembros enfermos de la comunidad. La Madre de la Eucaristía ha finalizado diciendo: "Vosotros esperáis de Dios el triunfo, esperáis que realice lo que ha prometido, pero vosotros ¿qué hacéis por Dios? ¿Qué hacéis por el prójimo?

El 15 de septiembre, fiesta de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa, Marisa ha coincidido con algunos peregrinos, proveniente del Alto Adige que le han preguntado diversas cosas; algunas de ellas hacían referencia a Medjugorje. La Virgen que nos ha enseñado a no hacer comparaciones entre los diversos lugares en los que se ha aparecido, ha dicho a los peregrinos que "no tenían que preguntar sobre Medjugorje" porque ella "pertenece a la Madre de la Eucaristía, que lo abarca todo". En la misma aparición ha mostrado solicitud afectuosa hacia el Obispo: "Excelencia, ponte en pie, ya sabes que no puedes estar de rodillas".

Estamos autorizados a explicar el motivo por el cual S. E. Mons. Claudio, entre el estupor y reprobación de los que no lo saben, se queda sentado cuando se aparece la Virgen y se sienta, después de un breve tiempo arrodillado, incluso cuando se manifiestan Dios Padre, Jesús o el Espíritu Santo. Jesús ha querido ligar a Sí de manera indisoluble al Obispo ordenado por Él, imprimiendo en sus rodillas las señales de las caídas provocadas por el cansancio y por el peso de la cruz, mientas subía hacia el Calvario. Son señales, a veces visibles y a veces invisibles que le impiden permanecer durante mucho tiempo de rodillas, porque, como ya ha ocurrido, las piernas no le sostienen cuando se vuelve a levantar y vuelve a caer en el reclinatorio o en tierra.

Los dos hijitos de la Madre de la Eucaristía aman muchísimo a la Iglesia y a su Cabeza visible y han elevado continuas oraciones y ofrecido ayunos y sufrimientos a Dios por el triunfo de la una y por el servicio apostólico del otro en el mundo. Han infundido, con su ejemplo y la palabra, este gran amor en nosotros. Sólo Dios sabe las S. Misas, las S. Comuniones, las horas de adoración eucarística, los S. Rosarios, los florilegios y los ayunos que, tras el empuje del Obispo de la Eucaristía y de la víctima de la Eucaristía, les hemos dado por el Papa y por la Iglesia.

Con los últimos cinco Papas: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan pablo I y Juan Pablo II, Marisa ha tenido relaciones secretas y frecuentes. Dios ha mandado a la Vidente en bilocación a cada uno de estos Sumos Pontífices para comunicarles Sus mensajes; a menudo ella no los comprendía, pero los comunicaba fielmente sin omitir o añadir ni siquiera una palabra. Ha estado al lado de los Papas citados también en el momento de su muerte, rezando junto a la Virgen. Juan Pablo II ha sufrido más que todos durante las últimas horas de su vida: no estaba en condiciones, a pesar de cuanto han contado sus colaboradores, de pronunciar ni siquiera una palabra. Ha conversado mentalmente, en los momentos de lucidez, sólo con Marisa. Se ha encomendado a sus oraciones y la ha invitado a continuar sufriendo por la Iglesia. Juan Pablo II murió el primero de abril y no el dos, como ha afirmado el comunicado oficial del Vaticano. ¿Por qué ha sido dado el anuncio de la muerte del Papa con veinticuatro horas de retraso? ¿A quién ha convenido retrasar este anuncio?

El Obispo y la Vidente han sabido por Dios y por la Virgen lo que ha ocurrido antes, durante y después del cónclave y pueden dar la respuesta, pero la comunicarán sólo después que hayan sido autorizados a hacerlo.

Cuando la abuela Yolanda vivía con el Obispo, lo ha amado siempre como a un hijo y ahora que está en el Paraíso reza incesantemente por él y no deja de manifestarle su afecto, encargando a Marisa que le mande un beso y que le lleve sus saludos. En la escala del amor, la abuela Yolanda pone siempre en primer lugar al Obispo: "Quiero a todos, grandes y pequeños, pero antes que todo está mi Obispo". (Carta de Dios del 15 septiembre 2007)

Tras los graves problemas de salud, el dolor en el estómago últimamente ha afectado en mayor medida a Marisa: "No puedo comer, no soy capaz de tomar nada, me duele siempre el estómago". (Carta de Dios del 16 septiembre 2007)

Cuanto más pasaba el tiempo más notaba Marisa que perdía la salud, las fuerzas disminuían y los dolores aumentaban. Con gran disgusto suyo no podía ni siquiera bajar a la iglesia para participar junto a la comunidad en la celebración de la S. Misa.

Jesús mismo para hacernos comprender la gravedad de la situación ha hecho una pregunta y dado la única respuesta posible: "¿Es ésta la última vez que Marisella baja en medio de vosotros? Veamos lo que Dios Papá, como lo llama vuestro Obispo, ha decidido". (Carta de Dios del 14 septiembre 2007)

Muchas veces la Madre de la Eucaristía nos ha exhortado "a rezar mucho a Dios Papá para que se lleve a vuestra hermana, o al menos le haga estar un poquito mejor".

Todos los miembros de la comunidad han respondido con solicitud a la invitación de la Virgen y Jesús ha reconocido: "Sois buenos porque habéis rezado mucho por Marisella". Por desgracia hemos rezado mucho, pero Marisa no se ha puesto mejor. (Carta de Dios del 2 septiembre 2007)

De esta falta de mejora se ha quejado Marisa a la Madre Celeste: "Si lo recuerdas bien, habías dicho que en los últimos tiempos de mi vida estaría bien y habría gozado un poquito, sin embargo me doy cuenta de que he empeorado y me siento muy mal" (Carta de Dios del 23 septiembre 2007)

A nuestro Obispo Dios le ha hecho un gran don y concedido un privilegio particular: cuando habla a las almas y celebra la S. Misa, goza de la presencia de la Virgen y alguna vez de S. José y de la abuela Yolanda. Este privilegio no es concedido a todos los sacerdotes, como erróneamente ha sido afirmado en otros lugares, sino solamente a algunos y no siempre.

Dios ha hecho feliz a S. E. Mons. Claudio cuando le ha comunicado el nombre de los cardenales y de los obispos que comparten con él este don inmenso. El Obispo, durante los jueves de septiembre, ha continuado contando su vida y la de Marisa, para confiar a la comunidad la memoria de cuanto Dios había obrado a través de ellos. La Madre de la Eucaristía ha evidenciado "la importancia de conocer la historia de estos dos hijos míos. Cuando lo comprenderéis, será demasiado tarde". (Carta de Dios del 20 septiembre 2007)

La Virgen no nos ha escondido su sufrida situación: "Este es un momento muy triste y lleno de sufrimiento para mis dos queridísimos hijitos" y nos ha dado una gran alegría cuando nos ha hecho saber que: "No podéis ni siquiera imaginar cuantas personas habéis convertido con vuestras oraciones". Para comprender bien la carta de Dios del 27 de septiembre 2007 es necesario hacer una advertencia y dar una explicación. Hace algunos años el Señor pidió a Marisa y a otras cinco personas que padecieran grandes sufrimientos naturales, viviendo en una inmolación total y que participaran y compartieran intensamente Su pasión. Al principio todos acogieron con generosidad la invitación divina, pero lo pudieron aceptar solo por poco tiempo. Una tras otra, laceradas por el gran sufrimiento, renunciaron a la misión y pidieron al Señor que les dejara volver a llevar una vida normal. Marisa no solo ha quedado como la única colaboradora con Jesús en la obra de la redención, sino que se ha hecho cargo también del sufrimiento que los otros cinco llamados habían rechazado continuar.

La Vidente ha sufrido mucho por los sufrimientos de la Cruz y ha sido ayudada a sostenerla solo por su hermano Obispo.

La naturaleza humana ha reclamado, el agotamiento se ha acentuado, el descorazonamiento se ha asomado y la tentación de dejarlo todo se ha dejado sentir de manera preponderante, pero Marisa ha obtenido siempre la victoria y no ha retirado nunca el sí que había pronunciado.

Con esta introducción se pueden comprender bien las frases de la Virgen eliminadas de la carta citada: "Marisella, ¿por qué Dios no se decide a llevarte al Paraíso de manera que todo esté más tranquilo? Si ha decidido que tu tienes que quedarte todavía en la Tierra, habrá un motivo muy grande, muy importante. Eres la única persona que se ha quedado para sufrir, eres la única vidente, la única alma que se ha ofrecido a Dios Papá, a Dios Hermano, a Dios Amigo, a Dios Uno y Trino. Oh, si también los otros hubieran continuado su misión, quizás hoy la situación sería mejor. Tu has tenido la tentación de dejarlo todo, pero no puedes, hijita, estás demasiado ligada a tu esposo Jesús, a Dios Omnipotente, a la Madre de la Eucaristía. Pido siempre oraciones por vosotros dos, mis queridos hijitos. Sé que vuestra vida es dura, difícil; nadie ha sufrido lo que tu y lo que mi santo Obispo. Marisella, ánimo, hijita, ánimo. Tu sabes que tus huesos serán destrozados por dentro por el dolor, y tu dirás que sí, porque no eres capaz de decir que no".

El 2 de octubre hemos celebrado el cumpleaños de la abuela Yolanda; si hubiese estado viva habría cumplido 101 años. El Obispo ha recordado algunos episodios de su vida y la ha proclamado, junto a la Madre de la Eucaristía y al Custodio de la Eucaristía, patrona de nuestro Movimiento y en particular de la Comunidad de Roma.

Cuanto más manifestaba Marisa el deseo de ir al Paraíso, más nos repetía la Madre Celeste "cuando llegue su momento, ella se alegrará y os alegraréis también vosotros". (Carta de Dios del 5 octubre 2007)

La Vidente no dejaba ocasión de manifestar a Dios su fuerte deseo: "Quiero morir y espero con ansia que me llaméis pronto". Dios mismo la ha tranquilizado durante una teofanía reservada a ella y al Obispo: "Será pronto, pero no aquel pronto que pensáis vosotros. Yo sé, Marisella, cuándo y cómo alcanzarás el Paraíso".

El 7 de octubre Jesús, la Virgen, S. José, la abuela Yolanda, el Obispo, la Vidente y cinco sobrinitos han ido de nuevo al río Jordán a comer "buen pescado, no como el que venden en Italia".

Jesús y Don Claudio han continuado el coloquio centrado sobre la situación actual de la Iglesia.

Desde hacía varios días Marisa no tomaba casi comida y no podía pegar ojo, a causa de los graves problemas de salud y de fuertes dolores en todas las partes del cuerpo. No nos dimos cuenta hasta que la Virgen nos lo ha hecho saber: "Ya son muchas las noches que Marisa no pega ojo y está destrozada por los dolores". (Carta de Dios del 12 octubre 2007)

La Madre ha hablado también de su hijo: "El Obispo moralmente está pisoteado por todas partes". (Carta de Dios del 12 octubre 2007)

La Madre de la Eucaristía nos ha hablado frecuentemente del amor y nos ha enseñado siempre que tiene que ser universal y no dirigido solo a los miembros de la propia raza o religión: "Para hacer una obra de caridad a un necesitado no hace falta pertenecer a la misma religión, ni mirar si la piel es, blanca, negra, roja o amarilla. Tenéis que amar a todos". (Carta de Dios del 14 octubre 2007)

María es también maestra de vida y nunca nos han faltado sus enseñanzas. Ha exhortado a los sacerdotes a hablar de manera clara, sencilla, comprensible para todos y a seguir el ejemplo de Jesús que "no hablaba de manera difícil, cuando enseñaba". (Carta de Dios del 14 octubre 2007).

La importancia de este concepto nos ha sido remarcada cuando ha revelado un episodio ocurrido durante la celebración del Concilio Vaticano II que ha tenido como protagonistas al futuro Papa Juan Pablo I y al futuro Obispo Claudio Gatti. Albino Luciano, entonces Obispo de Vittorio Veneto, estaba encargado de llevar a cabo un informe sobre un delicado argumento, y pidió a Claudio Gatti, entonces seminarista, que la leyera, afirmando: "Si la entiendes tu que eres un simple seminarista, la puede comprender cualquier persona". Esta es "sapientia cordis". En la carta de Dios del 19 de octubre 2007 la Madre de la Eucaristía ha mostrado una cierta severidad cuando ha afirmado que el que ha escrito que "Jesús ha descuidado a su Madre no es digno de estar en el lugar que ocupa, lo tendría que dejar y marchar". El Obispo siempre ha pedido la aprobación de la Virgen antes de publicar la presentación que precede a la recopilación anual de las Cartas de Dios y redacta la crónica de la historia de todo lo que ha ocurrido en el lugar taumatúrgico. El 21 de octubre la Virgen ha sugerido a sus dos hijitos que no imprimieran algunos fragmentos porque habrían desencandenado una oposición aún más feroz por parte de algunos componentes de la Jerarquía y ha añadido: "Marisella, no te preocupes, un día todo se dirá, todo se sabrá, pero por el momento haced como os digo".

Dios ha pedido al Obispo de la Eucaristía y a la Víctima de la Eucaristía la inmolación total y a nuestra comunidad el compromiso de la oración para sostener a la Iglesia: "Orad, orad, orad, mis queridos hijos, porque la situación en la Iglesia se vuelve cada vez más crítica, más triste, más penosa". (Carta de Dios del 26 octubre 2007)

Después de casi cuarenta años de sufrimiento, de pruebas, de luchas, de traiciones, de persecuciones y de condenas los dos profetas, llamados por Dios para realizar en la Iglesia difíciles e importantes misiones, acusaban un cansancio preocupante, una fuerte desilusión y una amargura incontenible. La tristeza se había adueñado de su alma y podían repetir con Cristo: "Mi alma está triste al punto de morir". (Mt. 26, 38)

A todo esto se había añadido la toma de conciencia de que Dios continuaba aplazando sus intervenciones para precipitar la situación y realizar el triunfo del Obispo, como había prometido muchas veces.

El 21 de octubre el Obispo, durante una teofanía reservada a él y a Marisa, se ha desahogado con Dios: "Espero que le sea posible a un hijo quejarse a sus padres, por esto, Dios Papá y Mamá del Cielo, me dirijo a Vosotros. Es imposible para Marisa y para mi el continuar viviendo en esta situación: el cansancio nos aplasta, el agotamiento se adueña cada día y cada vez más de nosotros y no podemos ni siquiera arrastrarnos para seguir adelante. Los últimos tres años: 2005, 2006, 2007, han sido tremendos, terribles y no quiero hablar de los precedentes. A pesar de que hemos tenido promesas que siempre se han aplazado y fechas continuamente postergadas, hemos siempre inclinado la cabeza y dicho, aunque refunfuñando: "Sí, Dios mío, que se haga siempre Tu voluntad". Tenemos terror del mañana. Nos habéis dicho que ningún santo ha sufrido como nosotros. Hemos alcanzado una primacía y la mantenemos desde hace años, pero ahora basta, mi Dios.

La Madre de la Eucaristía nos ha confiado que su vida no ha sido tan dolorosa y tan llena de problemas como la nuestra; también por esto digo "basta, Dios Papá".

Oír continuamente, día y noche a Marisa llamar a su madre, la abuela Yolanda, que venga a buscarla, porque no puede más, es una espada que me penetra en el corazón. Te hemos dado siempre prueba de tener fe en Ti y no me avergüenzo de decir que, si un hombre hubiese dicho lo que Tu ha dicho y no hubiese realizado todo lo que ha prometido en el tiempo establecido, yo ya no habría creído en aquel hombre, pero en Ti, Dios Papá, pongo plenamente mi confianza, la fe, el amor, de otro modo no te estaría suplicando, sino que me habría ido a otra parte a gozar un poco de libertad. En el Evangelio de hoy está escrito: "Dios intervendrá prontamente a favor de sus hijos", pero el adverbio "prontamente" para nosotros no se ha verificado. Es verdad: nos habéis salvado de situaciones críticas, pero el sufrimiento, el dolor, el miedo y la tensión nos aplastan como una pesada cruz. Día tras día, mes tras mes, año tras año hemos vivido nuestro Getsemaní y recorrido el camino que va del Getsemaní al Calvario.

Cuantas veces he asistido a la muerte e inmolación de mi hermana; ella estaba en cruz y yo bajo la cruz, unidos por el mismo dolor. Ya lo sé que vosotros convertiréis todavía a muchas almas, que la situación de la Iglesia es cada vez más crítica, que el mundo va hacia su autodestrucción, pero nosotros ¿no hemos ya pagado muchísimo por todo esto? ¿Por qué los que nos han hecho sufrir viven mejor que nosotros? No Te ofendas, Dios Papá, si te hablo de este modo.

No veas en mí al Obispo que has ordenado, sino a Tu Hijo Jesús. Has dicho con frecuencia que cuando yo hablo, Él está dentro de mi y habla por mi. No veas mi rostro, sino el del único, verdadero, gran Mediador que junto a la Virgen, a S. José, a la abuela Yolanda, a todos los ángeles y a los santos del Paraíso intercede por nosotros. Dios mío, es hora de dar la justa recompensa a Marisella y de llamarla a Ti. Yo no quiero, ni puedo, imponerTe nada, sino simplemente repetirte la petición que Jesús y la Virgen me han animado a hacerTe.

Señor, tengo necesidad de reponerme, de conquistar nuevas fuerzas y energías, antes de ir, así lo ha definido la Virgen, a la guarida de los lobos y a la cueva de las serpientes.

Te lo ruego, no nos tengas más en Getsemaní, no nos tengas más en el Calvario, abre finalmente Tus brazos a quien sufre tanto y dile: "Ven, hija mía, a la felicidad eterna que has conquistado con una vida llena de sufrimientos"

Oh Dios Papá, tiende tu mirada hacia nosotros dos, Tus hijos, que, a pesar de todo, Te aman y te han dado pruebas de saberse inmolar hasta el final.

Y ahora, Dios Papá, Dios Hermano, Dios Amigo, Dios Uno y Trino, nos inclinamos reverentes en profunda adoración y cantamos: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo. Los cielos y la tierra están llenos de tu gloria. Hosanna en lo alto del cielo. Amén".

Dios Papá ha respondido a nuestro Obispo así: "Hijo mío, he escuchado todo lo que has dicho con amor y sufrimiento. Es verdad he hecho muchas promesas y, podría decir, como decís vosotros, que las he aplazado muchas veces. Pero recordad: lo que he prometido, llegará, pero no cuando vosotros lo digáis. Acepto todo lo que has dicho, es todo justo, pero te lo ruego, hijo mío, ten paciencia; sé que has tenido mucha, continúa teniéndola".

Sabemos que el coloquio ha sido más largo, pero a nosotros nos ha sido revelado solo lo que hemos mencionado.

Marisa ha expuesto su estado de ánimo por dos veces a los interlocutores celestes de manera amplia y detallada. La primera vez el 24 de octubre, durante una aparición reservada a ella y al Obispo, cuando ha dicho a su Esposo divino: "Yo estoy decaída física y moralmente, nuestro Obispo está mucho más decaído y cuando se tocan extremos semejantes es difícil reponerse. Te pido con todo el corazón que ayudes al Obispo, trata de estar a su lado. Yo ya no tengo fuerza para soportar los dolores y estoy muy cansada y probada, pero si esto sirve para salvar a las almas, haz de mi lo que quieras. Me has dicho que los huesos se están rompiendo y el estómago y la barriga, las orejas, la cabeza, la garganta y todo el resto se está deteriorando; ya no tengo nada sano. Danos la fuerza y el valor de soportar el sufrimiento y que estemos un poquito mejor. Perdona, Jesús, pero estoy un poco enfadada, porque desde hace mucho tiempo que me dices que tengo que ir al Paraíso y estoy siempre aquí. Parece que os burléis de mi. Me habéis hecho coser el vestido que llevaré cuando esté muerta, me habéis hecho preparar la sábana fúnebre e imprimir los libritos. He escogido también la caja de muertos. Jesús si eres mi Esposo, ayuda a Tu esposa. Yo me quiero dar a Ti toda entera".

Jesús le ha respondido: "Marisella, esposa mía, ¿Qué más me quieres dar aún? Ya no tienes nada más que dar, lo has dado todo. La única cosa que tienes que pedir es: la partida para el Paraíso".

La segunda vez ha ocurrido el 28 de octubre, hablando con la Virgen delante de toda la comunidad: "De tantas hermosas promesas, aún no he visto realizarse, ni siquiera una. ¿Por qué Dios tarda en realizar las promesas hermosas? Y sin embargo tratamos de hacer todo lo que Él pide, no solo yo, sino también los otros. Todos preguntamos: ¿Qué haces, Dios? ¿Por qué no vienes también en nuestra ayuda?" entender a Dios, lo sé, es difícil; lo has dicho Tu: responder a los porqués de Dios es difícil, pero hoy te lo pregunto a Ti: ¿Por qué? ¿Por qué? Yo he conocido a muchos videntes, palabra que a mi no me gusta, de todos modos todos gozan, se engrandecen y tienen todo lo que quieren. ¿Nosotros, qué tenemos? Un pequeños grupo que nos quiere. Todas las personas por las cuales he rezado y a las que Dios ha ayudado, ¿dónde se han ido? ¿Por qué en torno a nosotros hay este vacío, mientras que en los otros, aunque ya no hayan apariciones, van siempre millares de personas? Ayuda a nuestro Obispo, también él está sufriendo muchísimo. Ayer, una vez más lo he visto llorar y esto me mata. ¿Por qué Dios lo ha ordenado Obispo si después tenía que sufrir tanto? A él no se le había pedido el sufrimiento, el tenía que darse todo para las almas, ayudar a las almas, pero ¿dónde están las almas?"

La Virgen ha reconocido: "Marisella, querida, lo que has dicho es la sacrosanta verdad".

En medio de tanto sufrimiento ha madurado una alegría, entre tanta tiniebla ha despuntado una luz, entre tantas pruebas ha surgido una esperanza: Dios ha aprobado la decisión de Obispo de colocar la Madre de la Eucaristía al lado de Jesús, mientras instituía la Eucaristía, porque en aquel momento importante la Madre ciertamente estaba al lado de su Hijo. Esto ha sido plásticamente realizado añadiendo la efigie de la Madre de la Eucaristía con las manos juntas, en el espacio vacío entre Jesús y Juan en el bloque de mármol que reproduce el cuadro de la Última Cena de Leonardo de Vinci, pintada al fresco en el refectorio del monasterio de Nuestra Señora de las Gracias en Milán. Según recientes estudios el mismo Leonardo había pensado pintar a la Virgen en aquel espacio vacío, pero luego no ha secundado su intuición artística.

Referimos el artículo que abre el n. 71 de nuestro giornalino "Perlas de la Madre de la Eucaristía" que habla de la continua cercanía de María a Jesús, sobre todo en la Última Cena.

"Excelencia, mi Hijo ha querido que tu leyeras entre las líneas del Evangelio lo que está contenido en profundidad y que no ha sido dicho explícitamente ni por quien lo ha escrito, ni por los que lo han leído". En los Evangelios, de hecho, no está contenido todo lo que ha dicho y hecho Jesús durante Su vida; el mismo Juan en los últimos versículos de su Evangelio escribe: "Hay todavía muchas otras cosas realizadas por Jesús, que si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran".

Dios, a través de sus hijos predilectos unidos a Él, nos permite conocer ulteriores detalles que nos ayudan a comprender mejor Su amor por nosotros y a aumentar la devoción y la fe hacia el gran sacramento de la Eucaristía. Este don ha sido concedido a nuestro Obispo, al cual Dios inspira pensamientos, verdades y hecho que se refieren a la vida de Jesús y de Su Madre, y que él regala a nuestra comunidad con gran alegría y amor. El Obispo nos habla a todos consciente de que sus palabras no son y no serán patrimonio exclusivo de los que ahora lo escuchan, sino que sabe que, por voluntad divina, formarán parte del patrimonio de la Iglesia.

En el Evangelio se habla poco de la Virgen; de una lectura superficial se podría deducir que tuvo un papel marginal en la vida de Su Hijo, pero nosotros sabemos con certeza que Ella no Lo ha abandonado nunca, ha estado siempre a Su lado de manera natural o en bilocación.

Toda la vida terrena de Jesús finalizó en el momento de la Institución de la Eucaristía que precedió al sacrifico de la Cruz, de su muerte y resurrección. La primera frase que Jesús, encarnándose en el seno purísimo de María, dijo a su Madre es: "Gracias, Madre, porque me estás haciendo un cuerpo que servirá para la pasión y la crucifixión. Me estás dando Tu sangre, aquella sangre que yo derramaré durante la pasión". Jesús, con estas palabras, ha querido dar las gracias a su Madre por la cooperación al gran don que Dios ha hecho a los hombres: la Eucaristía. En la Eucaristía Jesús está presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, pero aquel cuerpo ha sido engendrado por María y aquella sangre es fruto del sí de María.

Después del primer gracias de Jesús a su Madre, han seguido los nueve meses de embarazo que cada madre lleva a cabo para dar a luz a su propio niño. Durante todo el período del embarazo, entre la Madre y el pequeño Jesús, presente en Su seno, han tenido lugar intensos coloquios, grandes oraciones dirigidas al Padre; uno de los argumentos más tratados ha sido la Eucaristía. Jesús ha hablado a su Madre de lo que diría y de lo que haría y se ha detenido muchas veces hablando de la institución del Sacramento de la Eucaristía. En el momento de la circuncisión del Niño Dios, ocho días después de Su nacimiento, antes que Sus carnes inmaculadas fueran lastimadas y derramaran la primera sangre, Jesús vuelto hacia su Madre que temblaba por el primer sufrimiento de su Hijo, exclamó: "Tu eres Madre de la Eucaristía".

Durante la vida pública, Jesús ha escogido a los apóstoles y los ha instruido, trasladándose con ellos de un lugar a otro y mientras caminaba, la Virgen permanecía siempre al final, para dejar todo el lugar a Jesús y a los apóstoles. Jesús a veces se paraba, se daba la vuelta, sonreía a su Madre y le hacía una señal para que se acercara diciéndole: "Ven, mamá, ven a Mi lado". La Madre se acercaba y Jesús la cogía por el hombro para continuar juntos el camino.

El día de la institución de la Eucaristía, Jesús, como nos lo cuenta Juan, le pidió a él y a Pedro que prepararan lo necesario para la celebración de la Pascua. Pedro y Juan, en poco tiempo no habrían podido hacerlo todo ellos solos; se tenía que comprar el cordero, limpiarlo y cocerlo; hacía falta preparar los panes ácimos y las hierbas amargas. Los dos discípulos fueron ayudados por la Virgen y por las pías mujeres. En el octavo capitulo del Evangelio de Lucas leemos que estaban con Jesús y los Doce: María Magdalena, Juana y Susana, librada del demonio y de otras enfermedades, y otras mujeres que no son nombradas, que servían a Jesús y a los apóstoles asistiéndolos con sus bienes. Estas mujeres, junto a la Virgen, han acompañado siempre a Jesús y formaban una pequeña comunidad en su séquito. Los apóstoles no podían pensar en las vituallas, en la comida y buscar lugares para poder dormir, a esto los proveían sus hermanas, pero sobre todo la Madre de Jesús que se prodigaba, para que todo estuviese preparado con cuidado y del mejor modo. Ya que sólo la Virgen sabía para qué serviría la sala del Cenáculo, se puso humildemente al servicio de su Hijo como cocinera y sirviente, limpiando y adornando con amor la sala para la Pascua. Era consciente de que la vida de su Hijo se dirigía hacia el final y tendría que afrontar la captura, la pasión y muerte. A pesar de que la alegría y el sufrimiento se albergaban juntos en su corazón, no dijo nada a sus compañeras, rezaba y era feliz de que el fruto de su trabajo pudiese servir para la primera, grande y solemne S. Misa que celebraría Jesús.

Una vez llegado Jesús al Cenáculo, ha sido acogido por la Madre y por las otras mujeres que, bajo sugerencia de la Virgen y por reserva y discreción se han reunido en una estancia contigua, para dejarle la posibilidad de hablar una vez más a los apóstoles. El Hijo de Dios les ha explicado que celebraría la Eucaristía, aquel gran misterio, aquel gran sacramento del que les había hablado muchas veces con anterioridad y había pronunciado palabras que incendiaron su corazón. Poco antes de la institución de la Eucaristía, Jesús llamó a su Madre y le hizo sentarse a su lado. Es impensable que Jesús sacerdote y víctima no tuviese a su lado a Su Madre en el momento más importante de Su misión terrena. La Virgen no olvidó a las pías mujeres y rogó a Jesús: "También mis hermanas serían felices de recibirte", y Jesús les ha permitido también que tomaran la S. Comunión. En aquél momento, por primera vez, la Iglesia estaba presente en sus múltiples realidades: Jesús Eucaristía, la Madre de la Eucaristía, los ministros de la Eucaristía y los laicos. La Iglesia estaba toda alrededor de la Eucaristía. A continuación, después de la muerte y resurrección de Cristo, la Virgen animó a los apóstoles a celebrar la S. Misa, invitándoles a repetir el gesto de Jesús. La Madre de la Eucaristía, además de ser madre, ha sido también maestra de los primeros obispos, de los apóstoles y de los primeros cristianos, poniendo a disposición de todos el profundo conocimiento del misterio eucarístico, recibido gracias a los íntimos coloquios con su Hijo. Después de la Ascensión de Jesús al cielo, la Virgen ha sido la que ha conservado de la manera más luminosa y sublime el recuerdo de la vida de Jesús y de sus acciones. A las enseñanzas de Su Hijo ha añadido de manera discreta los Suyos, y los apóstoles lo han atesorado. En el Evangelio se habla poco de la Virgen, justamente a petición suya. La Madre de la Eucaristía quería que la escena fuese ocupada completamente por el Hijo, por el Mesías, y que ningún otro pudiese reclamar sobre sí la atención, que tenía que estar concentrada exclusivamente sobre Jesús.

El 24 de octubre 2007, la Madre de la Eucaristía ha hecho su entrada oficial en la representación de la Última Cena. Durante la aparición reservada al Obispo y a la Vidente, de hecho, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo han bendecido una estatua de la Madre de la Eucaristía realizada por un miembro de nuestra comunidad. Al inicio del encuentro de oración, la estatua ha sido traída por el Obispo a nuestra capilla y colocada en el vacío presente entre Jesús y Juan en la escultura que representa la Última Cena de Leonardo de Vinci. Después de dos mil años otra verdad importante ha sido oficialmente revelada por Dios: María, Madre de la Eucaristía estaba al lado de Jesús durante la Última Cena.

Noviembre ha sido el mes en el que los enfermos han estado en el centro de nuestro amor y de nuestra atención. No hay carta de Dios en la que Jesús, la Virgen y Marisa no hayan hablado de ellos. Referimos algunos de estos fragmentos:

"En casa de nuestro querido Obispo hay varios enfermos, primero uno, después dos, y finalmente tres; cada poco hay alguno que se enferma. Están muy probados. También algunas personas que los ayudaban ya no vienen, porque están enfermas. ¿Por qué Dios os está poniendo a prueba continuamente?" (Carta de Dios del 1º noviembre 2007)

"Son muchos los enfermos, no solo en esta pequeña comunidad" (Carta de Dios del 2 noviembre 2007)

"Madre ayuda a nuestros enfermos, ¿has visto cuántos estamos sufriendo? ¿Por qué todos los sufrimientos y enfermedades están presentes entre nosotros?" (Carta de Dios del 3 noviembre 2007)

"Nuestros enfermos están siempre bastante mal. Todas nuestras oraciones ¿para qué sirven?" (Carta de Dios del 4 noviembre 2007)

"Estoy aquí para daros aquella ayuda que todos deseáis para la salud". (Carta de Dios del 18 noviembre 2007)

"Oremos todos juntos para la curación de los enfermos y luego inclinemos la cabeza y digamos: Dios, que se haga Tu voluntad". (Carta de Dios del 21 noviembre 2007)

"Hay que rezar por las personas enfermas, porque hay muchas, sobre todo en vuestra comunidad. Si se curan, dad gracias a Dios, sólo Él da las gracias y hace milagros". (Carta de Dios del 23 noviembre 2007)

"Rezad muchísimo por las personas enfermas que están solas en el hospital, nadie va a verlos; vivir solos en el hospital es muy triste". (Carta de Dios del 25 noviembre 2007)

Para obtener la curación de nuestros enfermos hemos hecho cadenas de oración, vigilias nocturnas, adoración eucarística y hemos ofrecido a Dios florilegios, sacrificios y ayunos.

Finalmente el Señor nos ha escuchado, ha curado a varios miembros de nuestra comunidad. Ha realizado verdaderos y propios milagros, restituyendo la salud a algunos y llevando a buen fin felizmente embarazos de alto riesgo.

Por desgracia para Marisa no hemos obtenido ni siquiera una leve mejora.

La Virgen le ha explicado: "Marisella, tu camino está señalado, lo sabes desde hace años. Tu sabes la voluntad de Dios en lo que a ti se refiere". (Carta de Dios del 18 noviembre 2007)

El 4 de noviembre la Madre de la Eucaristía nos ha comunicado que "de acuerdo con mis dos hijitos, el próximo años será el Año de la Esperanza". La fecha del inicio del Año de la Esperanza será el ocho de diciembre. Entonces hablaremos más profusamente de esta iniciativa de la Virgen.

El Obispo va repitiendo desde hace años que la Iglesia tendría que definir cuanto antes el último dogma mariano: María Corredentora y Mediadora de todas las gracias.

Para hacernos comprender que desempeña el papel de mediatriz a favor de sus hijos, la Virgen nos ha hecho saber: "Cuando el Obispo habla con Dios, yo estoy siempre a su lado" (Carta de Dios del 4 noviembre 2007)

El Obispo ha sentido de manera clara, muy nítida, florecer en su corazón un deseo: festejar el 16 de noviembre, día en que ha recibido la comunicación de haber sido dimitido del estado clerical y reducido al estado laical

El suceso entero está detalladamente y claramente expuesto en el volumen "Ha llegado el último golpe de Satanás" de la pag. 8 a la pag. 15; aquí queremos solamente contar lo que ha hecho nuestro Obispo para volver a dar un encargo y un empuje a la comunidad que mostraba un preocupante cansancio y una inicial desconfianza después de haber esperado durante largos años las prometidas intervenciones de Dios.

La Madre de la Eucaristía ha comentado así la iniciativa del Obispo: "No he conocido a nadie que haya sabido transformar el sufrimiento en alegría". S. E. Mons. Claudio Gatti ha explicado a la comunidad que nuestra resurrección y su triunfo tienen que ser precedidos por la muerte moral y por la muerte mística y física de Marisa.

Ha pedido que preparemos la capilla del mejor modo, adornar el altar con flores blancas, usar las vestiduras más solemnes y los vasos sagrados más preciosos. Ha terminado así: "Ejecutad los cantos más significativos para expresar la alegría y la seguridad en la victoria final de Dios sobre Sus enemigos"

La Comunidad ha respondido con entusiasmo a la iniciativa del Obispo ordenado por Dios y ha preparado todo lo que ha pedido.

La tarde del 16 de noviembre la capilla estaba a rebosar de personas como nunca y el Obispo ha hecho la entrada revestido del hábito episcopal.

Antes de la S. Misa ha habido la aparición de la Virgen y la teofanía de Dios. Referimos los fragmentos más significativos del mensaje que nos han dirigido.

Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos. Hoy, según el Evangelio del Obispo Claudio, es su fiesta: han pasado cinco años desde que ha sido reducido al estado laical y lo ha querido celebrar con Nosotros y con vosotros. Ha querido adornar la capilla y adornar el altar, vestirse con la vestimenta litúrgica más solemne y usar los vasos sagrados más preciosos, a pesar de que acusa mucho sufrimiento. Nosotros hemos rezado por esta fiesta, hemos estado muy cerca de él. Hoy vuestro Obispo por su manera de actuar obtendrá bendiciones y gracias de Dios Omnipotente: Él lo sabe todo, lo hace todo, ha creado todo y ha gozado de esta iniciativa. Yo soy la Madre y no puedo hacer nada más, pero, creedme, hemos rezado mucho por el Obispo que tiene siempre necesidad de oraciones, porque, según la lógica humana, ha sido, me atrevo a decir esta palabra, enredado desde lo Alto y por los hombres, por todos. Vosotros, mi pequeño rebaño, que conocéis bien a vuestro Obispo, sabéis lo grande que es su bondad, generosidad, caridad, amor, humildad, todas las virtudes y dones que Dios le ha dado. Os habéis preguntado: ¿por qué tiene todas estas virtudes y tiene que continuar viviendo escondido? Os lo repito: es difícil entender los porqués de Dios".

Dios Padre - Dios sabe lo que hace y cuando dice algo lo mantiene, pero espera el momento oportuno para intervenir. El Obispo, ordenado por Mi, ¿cómo ha sido tratado? ¿Lo he querido Yo? No.

Marisa - Pero podías ayudarle un poquito, poco, poco. Piensa que él mismo ha dicho: "Ya son cinco años que he sido reducido al estado laical y quiero hacer fiesta junto a mi cenáculo, junto a mis seres queridos". ¿No te dice nada esto?

Dios Padre - ¡Oh sí, me dice mucho!

Nuestra Señora - Mis queridos hijos, la Madre os da las gracias por todo lo que habéis hecho en este día preparando esta santa fiesta, así la ha llamado vuestro Obispo. Os parecerá extraño todo esto, pero no es extraño, es bonito, es humilde, es santo.

Marisa - ¡Mamá!

Abuela Yolanda - ¡Felicidades, Excelencia, "la Excelencia" mía, felicidades!"

Por desgracia, con grave daño para la Iglesia, falsos videntes y ex videntes han continuado hablando y sembrando cizaña. Ante estas particulares situaciones la Virgen no podía dejar de intervenir: "Vosotros no imagináis cuantas personas dicen que me ven, que tienen locuciones y visiones, pero no es verdad. Yo me aparezco solo a vosotros y todos sabéis que estoy al lado de mi Obispo cuando celebra la S. Misa". (Carta de Dios del 18 noviembre 2007)

La Madre del Cielo ha reconocido el heroísmo de muchos miembros de la Comunidad que para permanecer fieles a Jesús Eucaristía y a Ella han soportado la desaprobación de los familiares. Algunos padres, hermanos y hermanas han llegado a hablar mal, a calumniar a los cónyuges que creen en las apariciones de la Madre de la Eucaristía y en los milagros eucarísticos ocurridos en el lugar taumatúrgico.

La dolorosa denuncia de la Virgen prosigue: "Por amar a mi Hijo Jesús, tenéis a todos en contra: parientes, amigos y sobre todo sacerdotes. El que ha soportado todo esto tendrá el derecho de entrar en el Paraíso y de ver a Dios. Muchos padres han hecho sufrir y continúan haciendo sufrir a sus hijos. Los hermanos echan fango contra los hermanos, incluso con otros que no os conocen". (Carta de Dios del 18 noviembre 2007)

Jesús había profetizado: "El hermano entregará al hermano a la muerte y el padre a su hijo. Los enemigos del hombre serán los de su propia casa". (Mt 10, 21-36)

La Madre de la Eucaristía ha asegurado muchas veces a nuestros jóvenes que los protegería de peligros y de accidentes y ha mantenido Su promesa como lo hizo el 21 de Noviembre cuando salvó a una muchacha de la Comunidad de un accidente de coche que podía haber sido mortal: "Hoy ha sido evitado un accidente mortal de una muchacha de la Comunidad. Muchos accidentes hasta ahora no han ocurrido porque he parado enseguida a los coches y mantenido en pie los ciclomotores". (Carta de Dios del 18 noviembre 2007)

La Virgen siempre ha mostrado su solicitud materna en lo que al Obispo se refiere. A su hijo, probado y sufriente, le ha permitido que se desahogara con ella; nunca ha dejado que le faltara su ayuda y consuelo.

Con frecuencia ha intervenido para invitar a los miembros de la Comunidad a no importunar al Obispo por problemas terrenos, sino solo para pedir consejos en el campo espiritual; como nos ha recomendado el 30 noviembre 2007: "No aflijáis a vuestro Obispo con problemas humanos que se refieren a vosotros personalmente. Vuestro Obispo tiene que ayudaros en el camino espiritual, puede daros también algún consejo, pero recordad que está muy ocupado con su trabajo y con las personas enfermas. No vayáis siempre a llorar en sus hombros, aprovechándoos de su bondad y porque está dispuesto a ayudaros a todos. Habéis pensado alguna vez: ¿quién le ayuda a él? ¿él, con quién habla? ¿con quien se desahoga? Cuando tiene necesidad, intervengo Yo y Jesús, intervienen mi amado José, la abuela Yolanda; queremos que él se desahogue con Nosotros, que apoye su cabeza en el corazón de Jesús, como ha ocurrido muchas veces".

El 8 de diciembre 2007, terminado el Año de la Humildad, ha empezado el Año de la Esperanza. El Obispo nos ha invitado a dirigir nuestra mirada hacia la Madre de la Eucaristía, la que siempre invocamos con las palabras: "Salve, Regina, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra..." María es la obra maestra de Dios, es la esperanza del género humano; todos nosotros en nuestra debilidad, admirando esta maravillosa criatura, podemos ser consolados e iluminados por Su luz y por Su inmensa gracia.

María es la esperanza de la Iglesia, por ella es siempre acompañada y sostenida a lo largo de los siglos en su camino a veces duro, espinoso, difícil y sembrado de persecuciones. María es nuestra esperanza: nosotros podemos tener la certeza de asemejarnos a Dios según Su voluntad ("Hizo al hombre a Su imagen y semejanza"), por tanto podemos asemejarnos espiritualmente también a la Inmaculada Concepción y esperar convertirnos en hostias puras, inmaculadas y agradables a Dios. La esperanza sobre la que nos ha hablado el Obispo no es la humana, sino la sobrenatural, es la virtud teologal que está presente en el hombre cuando está en gracia; esperar, en este caso, quiere decir tener la certeza. En la carta a los Romanos, refiriéndose a Abraham, S. Pablo escribe: "Él creyó, esperando contra toda esperanza", es decir tuvo la certeza de que Dios mantendría sus promesas y lo convertiría en fundador de un pueblo numeroso como las estrellas del cielo; tal certeza permaneció siempre en el corazón de Abraham, incluso en el momento en el que el Señor le pidió que le ofreciera como víctima de sacrificio a su único hijo Isaac.

El Obispo nos ha explicado que también nosotros, como comunidad, somos llamados a esperar contra toda esperanza, tenemos que tener la certeza de que Dios realizará sus planes y pondrá en la cabeza del Clero a aquél que ha sido condenado y alejado por el Clero, aunque las apariencias humanas indiquen exactamente lo contrario. Desde el punto de vista humano nadie puede pensar que el que han matado moralmente, pueda resucitar para llevar a cabo empresas tan grandes que todos los hombres se maravillarán; cuando ocurra, porque Dios no defrauda, realizará sus designios cuando Él lo decida. S. Pablo mismo en la carta a los Romanos nos enseña que "la esperanza no defrauda" (Rm. 5,5)

El Obispo nos ha exhortado a pedir a la Madre de la Eucaristía que infunda en nosotros una esperanza cada vez más fuerte en un momento en el que, como comunidad "estáis solos, abandonados, traicionados, humillados, calumniados y dispersos". Por otra parte tenemos que vivir de manera alegre la espera de que Dios realice sus designios ("Tened alegría mediante la esperanza" - Rom. 12, 12); imitando a María, que desde el momento de la Anunciación ha esperado con alegría el nacimiento de su Hijo y en su corazón estaba presente la alegría, pero también el dolor, porque sabía bien que aquel niño que tenía en el seno tendría que sufrir mucho. Durante la pasión y muerte de su Hijo sintió alegría y dolor, consciente de que a través de la muerte de Jesús resucitarían muchos de sus hijos.

También el 8 de diciembre la Virgen, S. José, la abuela Yolanda y Marisa han acompañado del Purgatorio al Paraíso otros cien millones de almas. No conocemos su identidad, sabemos sólo que para Marisa es cada vez más triste y difícil, una vez cumplida su misión, volver a la Tierra.

Con motivo de la Fiesta de la Inmaculada han venido muchas personas, también de fuera de Roma, para celebrar con nosotros a Aquella que es inmune de toda culpa y llena de gracia.

Hemos llevado solemnemente en procesión la reliquia de la Virgen, la hemos entronizado en el altar y hemos alternado oraciones, cantos y momentos de reflexión silenciosa. El Obispo ha terminado el encuentro espiritual y ha recitado una oración espontánea que ha conmovido a Jesús y a todos los que lo habían acompañado.

(Anexo n.1)

Antes de la celebración de la S. Misa Jesús nos ha dirigido Su mensaje y ha conversado afectuosamente con la Vidente delante de todos. Todo lo que han dicho Jesús Eucaristía y la Víctima de la Eucaristía es tan hermoso, dulce e importante que hemos decidido referirlo íntegramente.

Jesús - Hoy es una gran fiesta: la Inmaculada Concepción. Yo, Jesús, he venido junto a mi Madre y a mi amado José. Hemos escuchado lo que el Obispo os ha dicho. Ha recitado una oración hermosa, sentida y sufrida, que por su sencillez y profundidad ha conquistado todos los corazones. Yo, Jesús, me he conmovido; la oración del Obispo me ha impactado mucho. Yo y la Madre nos hemos mirado y he visto dos lagrimones salir de sus ojos, como han salido de los ojos de S. José, de la abuela Yolanda y de todos los que me circundan. Hemos pedido mucho a algunas almas y todas han respondido que no, excepto dos: mi Obispo y mi esposa; por esto nos hemos apoyado completamente en vosotros, mis queridos hijitos. Os hemos dado y continuamos dándoos una gran fuerza, aunque en los momentos de gran sufrimiento no lo advirtáis. Marisella, esta noche te he ayudado. Tenías fuertes dolores por la pasión y grandes sufrimientos naturales y el Obispo te ha dado a Mi, Jesús Eucaristía, y he dicho: "Basta de sufrimiento" y te he hecho dormir. Es triste para Nosotros poder contar solo con poquísimas personas para hacer renacer la Iglesia, que está gobernada muy mal. Sus pastores buscan sólo sobresalir, destacar. Hablan mal de algunas naciones y no se dan cuenta que al final puede estallar un conflicto porque sus ciudadanos pueden cansarse de sentir ofensas y juicios duros contra su patria. Yo he dicho: "Primero quita la viga de tu ojo y luego la paja del ojo de tu hermano". Los pastores de la Iglesia tienen que quitar la viga de sus ojos y luego la paja de los sencillos fieles que los siguen.

Los hombres de la Iglesia no atraen a las almas, por esto digo al Obispo Claudio: no te quedes más encerrado en tu casa, sal fuera, ve en busca de las personas con las que puedes contar y no tengas miedo de encontrarte también con las que no te aman, o mejor, te odian y son envidiosas y están celosas en lo que a ti se refiere. No tengas miedo de ellos, porque tu estás en regla delante de Dios y de los hombres. El que no cree en ti, es un gran pecador y un gran sacrílego.

Hoy María es festejada como Inmaculada Concepción, pero es siempre la Madre de la Eucaristía, Madre de todas las madres.

Marisa - Jesús, ¿no hablas más?

Jesús - No. Estoy conmovido.

Marisa - Si os habéis conmovido, si os salen las lágrimas de los ojos, ¿por qué no ayudáis nuestro Obispo? ¿Por qué no mandáis a alguien que lo ayude? ¿Nos hemos equivocado al decir siempre sí a todo lo que nos habéis pedido? Habría querido decir alguna vez que no, pero no he sido capaz, decir siempre sí ha sido más fuerte que yo, porque me parecía que os faltaba al respeto, que os ofendía. Hemos protestado, pero siempre lo hemos aceptado todo. Jesús, te lo ruego, ayúdanos. Mira qué pocas personas están a nuestro lado. Es verdad que no tenemos un prado para acoger a muchas personas, pero somos verdaderamente pocos. A todos vosotros los del Cielo que me estáis escuchando, os pido ayuda y apoyo para nuestro Obispo. Repito una vez más: cuanto antes venga yo al Paraíso antes subirá a las alturas estupendas, a las alturas maravillosas.

Humanamente hablando, se han burlado de mi muchas veces. Me has hecho prepararlo todo para mi partida y todavía estoy aquí, enferma y sufriendo. Trato de esconder muchos dolores, pero no siempre lo consigo, por esto también yo pido Vuestra ayuda, para que nadie se dé cuenta, especialmente el Obispo, de que estoy sufriendo. Ayer noche y esta noche me has secado la sangre, pero ha quedado alguna manchita en el cojín y se han dado cuenta. Me habéis prometido que las heridas no se abrirían más y la sangre no saldría y sin embargo otros han visto lo que yo no quería que se viera. He ofrecido mi vida por el Obispo y quiero sufrir cuanto pueda por mi hermano, porque no quiero ver que está tan decaído moralmente. Era brillante, sonriente, siempre dispuesto a ayudar a los otros y ahora, como decimos nosotros los romanos, está muy deprimido.

Jesús - Todos vosotros que estáis presentes ayudad a este pobre Obispo, orad, orad, orad por él. Ha hecho siempre el bien y no me ha ofendido nunca ni a Mí, ni a la Virgen, ni a ningún hombre de la Tierra, sin embargo ha sido escarnecido, ofendido, calumniado e incluso escupido por las hermanas en via delle Benedettine. Vuestro Obispo ha inclinado la cabeza y ha cambiado de acera. No, esto no tiene que repetirse en absoluto. ¿Por qué las personas que se comportan mal, los pedófilos, los inmorales, los deshonestos, si no molestan, no son reprendidos? ¿Qué ha hecho vuestro Obispo para ser condenado?

Marisa - Yo he pedido solo que él vuelva a formar parte del clero con la cabeza alta, no he dicho ni como Obispo o Papa. He pedido que los que lo han condenado injustamente, se arrepientan y se den cuenta de que le han hecho mucho daño a él y a las personas que lo estiman y aman.

Jesús - Por desgracia los que lo aman son pocos en comparación con los que lo odian o alimentan envidia y celos respecto a él, pero también ellos tienen que morir e irán al infierno. Recordad que el que ofende o calumnia a un sacerdote o a un obispo peca gravemente y si celebra la S. Misa y Comulga comete sacrilegio. He ahí porque la Madre os dice a menudo: "Recibid a Jesús en gracia".

Si alguna vez tenéis preocupaciones, que no serán nunca tan grandes como las de vuestro Obispo, levantad los ojos al Cielo y pedid ayuda a Dios. Es verdad que los niños dan trabajo, pero es mejor que den trabajo los niños a que se comporten mal los grandes. Los niños no pecan, pecan los grandes. A María Inmaculada, a la Madre de la Eucaristía pedidle este regalo: haz que nuestro Obispe triunfe.

Marisa - Quería pedirte: "¿Donde ha ido a parar el hermano Gino?".

Hermano Gino - Heme aquí, Marisella, estoy en el Paraíso.

Marisa - Te recordaba feo, perdona, perdona. Ahora eres hermoso.

Jesús - ¡Si supieses cuanto ha sufrido el hermano Gino! Todos vosotros, cuando sea la hora, subiréis al Paraíso y gozaréis. Sonreíd, sed alegres.

Marisa - No te olvides de aquél joven nuestro. Te encomiendo a los niños, a los jóvenes, a los adultos de nuestra comunidad, pero sobretodo a nuestro Obispo.

Felicidades, Virgencita. No tengo nada más que decirte, sino que estoy muy probada. Trataré de sonreír.

Se ha ido Jesús y se ha quedado Nuestra Señora.

Nuestra Señora - Mis queridos hijos, os doy las gracias por vuestra participación. Doy las gracias a las personas venidas de lejos por amor al Obispo.

Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a los niños, a los ancianos y a los misioneros. Os traigo junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo.

Marisa - ¿Me dejas bajar?

Nuestra Señora - Haz lo que te diga el Obispo, Marisella, obedece. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Marisa - Los ángeles han cogido a Nuestra Señora y se la han llevado arriba, arriba, arriba. Tenía muchas flores a su alrededor.

Al acercarse la Novena de Navidad la Madre de la Eucaristía nos ha invitado, también este año, a preparar la canastilla a Jesús que consiste en buena acciones, oraciones, florilegios y sacrificios.

Sabemos que Dios ha confiado a Marisa muchos secretos y la Vidente solo ha podido confiar algunos de ellos al Obispo.

El 16 de diciembre la Virgen nos ha revelado que: "Vuestra hermana ha recibido un secreto muy importante que la está desgarrando, aunque no lo demuestre, y hace referencia justamente a la Iglesia". También nos ha sido comunicado que hace referencia al futuro de nuestro Obispo, pero no sabemos nada más.

En la misma aparición ha confirmado todo lo que Marisa nos había contado el día anterior: el episodio ocurrido en el Vaticano, cuyos protagonistas eran: un gran personaje fácilmente identificable y un cardenal no italiano, del cual no importa revelar el nombre. Dejémoslo contar a la Madre de la Iglesia:

Nuestra Señora - Ayer tarde vuestra hermana os ha contado como... ha respondido al cardenal al que le había pedido que volviera a examinar vuestro caso, después que hubo leído toda vuestra historia en Internet: "Yo no entro en Internet y por tanto no entiendo de estas cosas". ¿Qué significa no entro en Internet? Si un cardenal pide que se vuelva a examinar un caso, ¿le responde así? Ved porque digo: los grandes hombres de la Iglesia han vuelto atrás y continúan retrocediendo; pensando en el poder y en el dinero. ¿Qué sucede, Excelencia?

Obispo - He hecho un gesto y has comprendido el significado; usemos la escoba, limpiemos la Iglesia.

Nuestra Señora - Sí, pero quizás las escobas se han terminado, porque la bruja se las ha llevado todas.

Obispo - Pero nosotros estamos todavía y, cuando Dios quiera, podemos hacer la limpieza de la Iglesia.

Nuestra Señora - Tienes razón, estoy contigo. Por desgracia aquellos señores continúan haciendo sacrilegios, muchos, muchos, muchos. Orad por aquellas personas, no hay necesidad que diga sus nombres; vosotros habéis comprendido muy bien a quien me refiero, porque vuestro Obispo no os esconde nada y os lo ha dicho todo.

De hecho S. E. Mons. Claudio Gatti nos había informado con anterioridad que una quincena de cardenales y obispos habían ido a ver a las superioridades más altas del Vaticano y del Vicariato para exponer nuestra causa y para invitarles a que revisaran el caso de nuevo. No solo no han obtenido respuestas satisfactorias sino que han sido bruscamente invitados a salir de la estancia. A continuación, algunos de ellos han recibido cartas, con las que han sido o destituidos o trasladados a otros cargos.

Se nos ha revelado también que aquellos señores del Vaticano y del Vicariato por la noche no duermen, porque tienen siempre el rostro del Obispo delante de los ojos y temen perder, de un momento a otro, los cargos y el poder.

Marisa ha continuado soportando los extenuantes dolores naturales y viviendo la pasión de manera extremadamente dolorosa. Ha pasado muchas noches en el sofá, sacudida por una fastidiosa e insistente tos. Dos veces ha llegado a las puertas de la muerte que no ha atravesado solo por intervención de Dios. Estaba muy preocupada y amargada por las fatigas y los disgustos que otras personas tenían que experimentar para ayudarla: "¿Cuándo me llevarás? Es un bien para todos porque doy mucho trabajo". (Carta de Dios del 24 diciembre 2007)

La Madre de la Eucaristía nos ha hablado con sufrimiento y preocupación de la situación de nuestra nación: "No creáis que Italia vaya bien, no, no va bien. No actúan bien ni los peces grandes de la Iglesia, ni lo peces gordos del Estado. Muchas personas ya no tienen confianza ni en el Estado ni en la Iglesia". (Carta de Dios del 22 diciembre 2007)

La noche de Navidad la Virgen ha entregado de nuevo al Niño Jesús a Marisa que lo ha estrechado contra su corazón con afecto y delicadeza. Por otra parte ha prometido que durante la celebración de la S. Misa: "El pequeño Jesús, mi amado esposo y yo estaremos al lado de nuestro santo y querido Obispo y lo ayudaremos, porque está muy cansado y bastante probado". (Carta de Dios del 24 diciembre 2007)

Finalmente el 2007, que como ha subrayado la Virgen, "ha sido un año duro i difícil no sólo para vosotros, sino para los hombres del mundo", ha terminado.

Los jóvenes y sus hijitos han querido esperar el inicio del nuevo año junto a sus padres espirituales. Después de la S. Misa han hecho un encuentro de oración, durante el cual han meditado sobre los dones y beneficios que Dios, durante el año, les había concedido a ellos y a toda la Comunidad. La reunión se ha terminado con el canto del Te Deum.

En la espera de la medianoche han experimentado "qué agradable y hermoso es que los hermanos estén juntos".

Cuando faltaba un cuarto de hora para el final del año viejo se han reunido de nuevo en oración en la habitación de Marisa y han tenido la feliz sorpresa de la aparición de la Virgen y de la teofanía de Dios.

Transcribimos casi íntegramente el maravilloso e importante diálogo que Dios Papá y la Madre Celeste han tenido con el Obispo y la Vidente.

Nuestra Señora - Mis queridos hijos, os preguntaréis porqué sonrío. Porque desde hace tiempo que estaba aquí escuchando lo que decía vuestro Obispo. Lo ha dicho casi todo él. Nosotros ¿qué podemos añadir, después de su hermosa oración? Su corazón es grande, el amor que tiene hacia los hombres es enorme. Tendríais que tratar de imitarlo, de hacer como él, y, creedme, está sufriendo muchísimo.

Quiero terminar el año viejo y empezar el nuevo con vosotros, pero estoy también visitando otras naciones, especialmente las pobres. Mis queridos hijos, hijitos queridísimos, el 2007 ha sido un año difícil para todos, pero especialmente para el Obispo y la Vidente. Ella quiere salir de la Tierra y venir al Paraíso con nosotros. Muchos otros desean su partida, ya que sería un bien para ella y para los que se quedan: desde el Cielo ayudará mucho y hará grandes cosas, como Dios ha prometido.

Dios es Padre, pero a veces tiene que ser también fuerte. Tenéis que entender que no es fácil obtener lo que queréis. Es verdad, Dios ha prometido, continúa prometiendo y continúa cambiando la decisión de la partida de vuestra hermana, pero vosotros no sabéis porqué Él actúa de este modo. He oído a Marisella lamentarse con Dios. Nosotros los del Paraíso no hemos sufrido, más bien hemos sonreído y nos hemos dicho: "Pobre criatura del cielo, ¡cuánto tiene que sufrir!". Yo, mi amado esposo S. José, la abuela Yolanda y la abuela Esperanza hemos ido delante de Dios y le hemos suplicado: "Dios Padre, Dios Omnipotente, mira a aquellos dos hijos que están en el mundo, pero no son del mundo, ayúdalos, haz lo que has prometido, sino como hombres también pueden decir... tu lo sabes, Marisella, lo que has dicho.

Marisa - Sí, lo sé, te pregunto: ¿por qué hacer una promesa y luego no mantenerla o aplazarla? ¿Por qué tener que sufrir tanto, cuando habéis dicho que mi misión se ha terminado?

Nuestra Señora - Se ha terminado para los sacerdotes, Marisella, pero no para el Mundo.

Marisa - ¿Y pues? ¿Qué más tengo que hacer? No tengo más fuerza, mi cuerpo está enfermo, está lleno de dolores. ¿Qué he pedido a Dios, Virgencita? Estar un poquito mejor y poder ser independiente, para permitir al Obispo que puede hacer alguna cosa. ¿Tu qué harías en mi lugar si estuvieses aquí con nosotros, entre estas cuatro paredes? Estoy siempre en el sofá y si tengo que levantarme, necesito a alguien, porque no camino sola. Estoy empeorando; siento que estoy empeorando.

Nuestra Señora - Sí, ya sé que los dolores son tremendos, ya sé que estás viviendo la pasión de Jesús cada día. Ya que eres la esposa de Jesús tendrás que ayudar a los hombres de la Tierra, sin distinción, todos tienen necesidad de tu sufrimiento.

Marisa - Virgencita, te pregunto. "¿El Obispo que tiene que ver con esto?" No puedo verlo sufrir por mi causa. Tu has dicho que no tengo que decir "por culpa mía". No puedo verlo así tan dolorido, Te lo ruego, díselo a Dios, es inhumano lo que estamos sufriendo. No tenemos personas que nos puedan ayudar. Decídselo a Dios, llorad a sus pies.

Dios Padre - No es necesario, Marisella, Yo también estoy aquí.

Marisa - No Te veo.

Dios Padre - Tu lo sabes; Yo soy la flor, tu y el Obispo las mariposas. Yo, Dios, no olvido lo que he dicho y mantengo la palabra, pero quiero hacer lo que es mejor para este mundo sucio. Cada día se ensucia cada vez más y nadie dice: "Voy a limpiar un rincón del Mundo"

Lo que has dicho, Marisella, ayer y esta mañana, cuando te has desahogado conmigo, es verdad. Vosotros los hombres de la Tierra podéis tener esta impresión, pero no es así. Yo Dios no he defraudado nunca a nadie; ¿puedo defraudarte a ti que era la Esposa de Jesús? Habla, habla, dilo.

Marisa - Yo me siento defraudada, me siento abandonada de Ti.

Dios Padre - No, no digas esto. Yo, Dios Padre, Dios Omnipotente, no abandono a nadie y si no llega lo que he prometido, es por culpa de los hombres, no mía.

Marisa - Sin embargo Tu habías prometido... madre mía, ahora me fulmina, que si la situación no cambiaba, te ocuparías Tu. Yo no tengo ni un pedazo del cuerpo sin dolor. ¡Madre mía!. No te enfades conmigo, digo lo que pienso.

Dios Padre - Sí, haces bien, decir la verdad es una grande y hermosa cualidad. Éste es el año de la esperanza, de la certeza, como dice vuestro Obispo, y Yo, Dios, hago lo que el mundo necesita. El mundo se tiene que convertir, limpiar de toda la podredumbre. Cuando Pablo VI dijo que el humo de Satanás había entrado en el Vaticano y en las iglesias, dijo la verdad. ¿Tú que harías en mi lugar? Yo, Dios, he creado el Mundo, y veo a mis hombres sucios y una suciedad impresionante por todas partes.

Marisa - ¿Qué habría hecho en tu lugar? No sé lo que habría hecho, Tu eres Dios, yo soy una simple criatura, no puedo hacer nada en Tu lugar. ¿Dónde estás mirando? ¿Has visto dónde estoy?

Dios Padre - Sí, criatura del Cielo.

Marisa - Mira estos donde están. (Marisa indica un cuadro que representa a sacerdotes, obispos y cardenales en el Infierno)

Dios Padre - ¿Tu estarías contenta, si fueran al Infierno?

Marisa - No. A mi me disgusta si van al Infierno, pero quieren ir ellos, no soy yo la que los manda. Tu has dicho que no hay que pensar en el poder, en la comodidad, en el dinero, en el sexo. Dios, lo has dicho Tu.

Dios Padre - Sí, es verdad. El pequeño Jesús que te está mirando con esos ojitos, tiene una cruz grande en la espalda, como desde hace años la tienes también tu. No perdáis la confianza en Mi, os lo ruego. Yo sé lo que hago, pero tu, Marisella, no lo puedes saber.

Marisa - Dios, puedes esperar un momento.

Dios Padre - ¿Quieres preguntarme si al menos por la noche os dejaré reposar?

Marisa - Hace noches que las paso enteras sin dormir, sufriendo, y a pesar de todo, rezo, rezo, recito rosarios. El Obispo y yo nos quejamos, pero continuamos rezando: quiere decir que creemos, que tenemos confianza en Ti aunque me siento traicionada, me siento... no sé como me siento...

Obispo - Cansada, probada, decepcionada.

Marisa - Estoy cansada, probada, decepcionada y abandonada.

Dios Padre - No, Marisella, no digas estas cosas. Yo no abandono a nadie. Cuando la muerte llega es igual para todos.

Marisa - Yo quiero la muerte. La muerte es mi vida. ¿Cuándo me harás morir? ¿Cuándo me llevarás? Me has hecho hacer el vestido, el adorno para la cama, los zapatos con encajes y el folleto, dice el Obispo.

Dios Padre - Marisella, ¿crees que no veo lo que el Obispo está haciendo? El Obispo es muy inteligente, tiene mucho amor, mucha comprensión.., y está hundido porque está esperando que yo diga: "Levántate y ve a San Pedro".

Marisa - No, no es esto lo que él quiere, más bien ha dicho que renuncia a todo con tal de verme mejor, ser independiente en mis cosas. Cuando no veo la cara de las personas no soy capaz de hablar. Dios, ¿Tu me ves?

Dios Padre - Marisella, claro que te veo.

Marisa - Tenemos necesidad de ayuda, no solamente el Obispo y yo, sino las madres, los padres, los niños, las mujeres que quieren un niño, las chicas que buscan marido y los jóvenes que buscan mujer: a estos tienes que ayudar.

Dios Padre - Marisella, Yo he ayudado a todos, pero a veces ha salido el orgullo.

Marisa - ¿Me dices los nombres? He perdido la esperanza para Nadia y Paola.

Dios Padre - No, no tienes que perder nunca la esperanza.

Marisa - Tenemos necesidad de Ti y Tu dices que tienes necesidad de mi, pero ¿quién soy yo?

Dios Padre - Marisella, no es así, Yo no tengo necesidad de nadie, pero deseo que tu me ayudes por los hombres.

Marisa - Ahora nos entendemos, dicho a la romana (Dirigiéndose al Obispo) ¿Dios conoce el dialecto romano?

Obispo - Conoce todas las lenguas.

Marisa - Entonces, oye, tenemos a muchos jóvenes, que quieren ayudar, pero ¿qué tienen que hacer para ayudar?

Dios Padre - No hay otra cosa: amar y rezar. Mira aquel cuadro. Reflexiona bien, porque hay algo que nadie ha comprendido.

Marisa - El Obispo dice que no lo ha comprendido ni siquiera él y sin embargo es inteligente.

Obispo - ¿Qué hay en aquel cuadro que no entendemos?

Marisa - Él se refiere a los demonios, pero ¿qué tienen que ver?

Obispo - Pide explicaciones.

Marisa - Pero ¡que explicaciones! Me fulmina.

Obispo - ¿Nos ayudas a entender, Dios Papá?

Dios Padre - ¿Qué hay que entender?

Marisa - No lo sé, Tu has dicho que no hemos comprendido algo del cuadro.

Dios Padre - Te estás tomando mucha confianza conmigo, Marisella.

Marisa - Pregúntaselo a la Virgencita: yo soy así. Cuando hablo con Ella, hablo libremente. Lo hago también contigo, ya que estoy decepcionada, abandonada y enfadada.

Dios Padre - ¿Aún estás enfadada conmigo?

Marisa - Sí. Me molesta no verte, porque si Te viera la cara estaría más tranquila, no soy capaz de hablar con una flor, es más fuerte que yo

Dios Padre - Basta, Marisella, tu sabes …

Marisa - Y que sé yo.

Dios Padre - Sabes cuál es tu trabajo.

Marisa - Claro que lo sé. ¡Oh Dios, he hablado con Dios, le he dicho un montón de cosas ¡Madre mía! La Virgencita se ríe detrás de la flor. Quería decirTe... ¿qué le quería decir? Ya no me acuerdo.

Dios Padre - Que tienes ganas de hablar.

Marisa - Quería preguntarTe: ¿cuándo terminará este tormento? Yo no puedo más, tampoco pueden más el Obispo y los ex jóvenes. Mira a mis sobrinos, ya no tienen la sonrisa franca, hermosa, celestial, diría. Ríen por reír. También yo río por reír. Imagina que he llegado a contar chistes verdes para hacer reír.

Obispo - Mira que Dios está riendo.

Marisa - Ahora yo estoy estupendamente contigo. ¿Te quedarás toda la noche? ¿Me dejarás dormir? Dios, la lengua me hace daño, me golpea, está llena de aquellas ampollas blancas. No puedo hablar, no puedo comer, no puedo cantar. No tengo dientes, al menos mi madre tenía la dentadura, yo no me puedo poner ni siquiera aquella. La tengo, me he gastado ochocientos euros y no la uso.

Dios Padre - Sí, es fea, Marisella. Estás mejor sin dentadura.

Marisa - ¿Qué sabes Tu como estoy mejor yo? (Dirigiéndose al Obispo) Pero si es un Espíritu, ¿cómo puede saber si tengo o no la dentadura?

Obispo - Dios lo sabe todo, es Omnisciente.

Marisa - Tu eres Omnipotente, Omnisciente, Eterno.

Dios Padre - Ahora, Marisella, volvamos al tema serio.

Marisa - Tengo miedo de volver al tema serio, porque Tu me dices siempre las mismas cosas: tengo que sufrir, tengo que rezar, tengo que morir, pero no muero. ¿Qué tengo que hacer? Estoy sola. Tengo a mi hermano Claudio, pero él es Obispo, Te pregunto con todo el corazón...

Obispo - Con respeto…

Marisa - … con respeto, no con el corazón: ¿por qué lo has ordenado Obispo? Me parece que se está convirtiendo en el hazmerreír de todos. ¿Por qué lo has ordenado Obispo, si luego tenía que ser el cuidador? ¿Por qué?

Dios Padre - Él no es el cuidador, él cura a Jesús y a Nuestra Señora.

Obispo - ¿Están también enfermos ellos?

Marisa - Dios, dinos algo bonito. Estamos casi todos aquí, faltan solo algunos, esperando algo bonito. Dinos algo que nos pueda hacer remontar porque estoy perdiendo la confianza.

Dios Padre - ¿La confianza en Mi?

Marisa - ¿Tengo que decir la verdad? ¿Tenemos que ser sinceros, leales, honestos? Sí.

Dios Padre - Ahora, querida Marisella, me retiro.

Marisa - ¿Dónde vas? Eh ahí a la Virgencita. Adiós. ¿Sabes que hasta ahora he hablado con Dios?

Nuestra Señora - Sí que lo sé. ¡Cuántas cosas has dicho!

Marisa - ¿Tenía razón? Di la verdad.

Nuestra Señora - Eh, no puedo decirlo delante de Dios.

Marisa - ¿Dices mentiras?

Nuestra Señora - No, Marisella. Lo que has dicho es justo, he sentido tu amor hacia el Obispo y hacia los hombres, he sentido que de tu corazón ha salido la esperanza de conmover a Dios.

Marisa - ¿Le habláis también vosotros? ¿Se lo decís? Mamá, mamá … te beso tiernamente. Tu cariñosísima hija. ¿Le has dicho a Dios lo que te había pedido?

Abuela Yolanda - Marisella, nosotros rezamos muchísimo por vosotros con los ángeles, con los santos y con las almas salvada, arrodillados delante de Dios. Marisella, créeme, la ayuda no te falta. Cuando estás mal, mal, cuándo estás a punto de morir, nosotros estamos siempre dispuestos a ayudarte.

Marisa - Pero yo no quiero ser ayudada, quiero morir, me quiero ir de aquí, no quiero estar más en la Tierra. Me siento un repudio de la sociedad. ¡Qué palabrota! Quizás he dicho algo demasiado fuerte, pero me siento así. Mamaíta, sabes que amo a Dios. Hablo así para desahogarme, pero he dicho la verdad. ¿Porqué él es Dios tenemos que decir mentiras? No, he dicho lo que pensaba. Está bien. De todos modos, lo que quisiera oír, no sale fuera. Entonces ¿me harás dormir esta noche, no esta mañana? ¡hoy es el primer día! Buen año, Virgencita, felicidades a todos. No he felicitado a Dios, felicítalo tu de parte mía, porque si vuelve yo empiezo a tener un poco de miedo. Te veo a ti en persona y a Dios como una flor hermosísima, grande, grande y siento la voz que sale del punto central de la Flor. Al lado de la flor estaban dos mariposas. ¿Qué son las dos mariposas?

Nuestra Señora - Os deseo a todos un buen año. Os pido que recéis, que no seáis orgullosos, soberbios, que seáis sinceros, leales, honestos hacia todos, especialmente vosotros, jóvenes, que habéis recibido tanto del Obispo; tendríais que besar la tierra por donde camina.

Marisa - Está bien, también yo os deseo un buen año (dirigiéndose al Obispo) ¿Ellos tienen el Año Nuevo?

Obispo - Sí, cuando están en la Tierra.

Marisa - Buen año también a vosotros. Tratad de ayudarnos, ayudad al Obispo. Yo estoy dispuesta también a dejarme cortar a pedacitos, con tal que ayudéis al Obispo. Ayudad al Obispo, por favor. ¿No podía continuar siendo un simple sacerdote y continuar haciendo la vida que hacíamos antes? Las personas ancianas mueren sin ver nada, los ex jóvenes, los niños, desde Jacobo...

Nuestra Señora - Te oigo por la noche, cuando empieces a decir todos lo nombres: Jacobo, Samuel, Emmanuel, Nicole, Sara, Mariasole, Denise, Micelle, Miriam, Ismael …

Marisa - Y añado Mariselle y Adrián. Ayuda a todos estos niños, ayuda a los padres y a las madres, ayuda a todos, tu, Virgencita, que eres una verdadera mujer, una mujer fuerte, ayúdanos a todos. Dios se ha ido, no nos ha dado ni siquiera la bendición.

Nuestra Señora - Marisella, Su presencia es bendición. Ahora todos

juntos dirijamos la mirada a lo alto y oremos a Dios Omnipotente. Padre nuestro.... Gloria al Padre …

Felicidades, mis queridos hijos, felicidades a ti, santo Obispo, a ti, Marisella, a vosotros ex jóvenes y a los más jóvenes, felicidades a todos los niños, también a los del tercer mundo, a los niños que mueren, a los ancianos, felicidades a todo el mundo. Que sea un año de alegría y de felicidad para todos.

Marisa - También para nosotros dos, te lo ruego. Hoy en día quien tiene mayor necesidad de todos somos nosotros dos, en mayor medida es el Obispo. Ahora hay que marchar, porque los chicos ya no pueden permanecer más de rodillas, se destrozan.

Nuestra Señora - ¡Exagerada, Marisella! ¿Se destrozan en vez de estar contentos de que esté yo?

Marisa - El Obispo ha dicho "se destrozan" no lo he dicho yo.

Obispo - Podemos continuar, si quieres.

Nuestra Señora - No, ahora me tengo que retirar e ir a conversar con Dios.

Marisa - Quiero saber una cosa: ¿tu ves a Dios con la flor o sin la flor?

Obispo - Sin, sin.

Marisa - ¿Sin flor? Pero ¡qué suerte! ¿También mi madre y todas aquellas personas Lo ven tal como es?

Nuestra Señora - Los santos ven a Dios, sin flor, tal como es. Está bien, junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los niños y a los que esperan el nacimiento del Niño: os bendigo a todos. Os cubro a todos estrechándoos fuerte contra mi corazón. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.

Marisa - Adiós, mamá, buen año.

Abuela Yolanda - Buen año para ti, para la Excelencia y para todos vosotros, mis sobrinos y nietos. Felicidades a todos.

Marisa - Adiós, mamá.

Abuela Yolanda - Adiós, cariño.

En los primeros días del nuevo año el sufrimiento místico y natural ha afligido el cuerpo de Marisa, ya muy probado, de manera impresionante y devastadora.

El Obispo había comprendido que si Dios había pedido a la Víctima de la Eucaristía un sufrimiento tan agudo tenía que haber un motivo muy grave, pero se quedó descompuesto cuando Nuestra Señora le reveló el 7 de enero durante una aparición reservada: "Querida Marisella, Dios te ha pedido este atroz sufrimiento para reparar los pecados cometidos por los pedófilos, especialmente por los sacerdotes pedófilos".

La Autoridad Eclesiástica, después de años en los que había infravalorado y tratado de esconder la innoble plaga de sacerdotes pedófilos, finalmente había tomado conciencia. El card. Claudio Hummes, prefecto de la congregación para el Clero, el pasado 8 de diciembre "ha propuesto a todos los Obispos Ordinarios diocesanos que promovieran la adoración eucarística para reparar las faltas de los sacerdotes en modo particular por las víctimas de las graves situaciones de conducta moral y sexual del Clero".

Desde el 2002 hemos publicado cartas de Dios en las que se habla de la pedofilia de los sacerdotes, que han provocado reacciones furiosas por parte del Vicariato de Roma, de otros representantes de la Autoridad Eclesiástica y de numerosos sacerdotes. Todos estos han llegado a negar el origen sobrenatural de las apariciones de las que goza Marisa Rossi, afirmando que la pedofilia no existía en el Clero, mientas que muchos de los que hacían las ofensas se rasgaban las vestiduras como los fariseos, cuando ellos, desde hacía años cometían sin perturbarse el pecado.

Referimos algunos de los fragmentos citados.

Nuestra Señora - Cuantos sacerdotes arruinan a los niños. Han hablado mucho de América, pero no han hablado de Italia. También en Italia y en otras naciones hay aquellos hijos míos que arruinan a los niños, dañan a las pequeñas criaturas. Estos, cuando leen las cartas de Dios se escandalizan" (Carta de Dios del 29 mayo 2002)

Nuestra Señora - Los hombres de la Iglesia continúan realizando acciones que no son buenas. El señor Ruini ha colocado a sus hombres por toda Italia y también en el extranjero. Éstos cometen acciones vergonzosas y entre ellos hay pedofilos". (Carta de Dios del 7 octubre 2003)

Nuestra Señora - También vosotros sufrís cuando os enteráis de los comportamientos equivocados de los sacerdotes que no son ni puros ni castos, además son pedofilos". (Carta de Dios del 15 julio 2002)

Dios Padre - Me duele ver que mis sacerdotes son inmorales, deshonestos, pedofilos, alcohólicos y drogadictos" (Carta de Dios del 31 diciembre 2006)

Jesús - ¿Por qué los sacerdotes pedofilos, inmorales, deshonestos, no son reprendidos?". (Carta de Dios del 8 diciembre 2007)

El Obispo conserva celosamente desde hace más de dos años una serie de fotografías que lo representan como estará vestido en el futuro. El 7 de enero las enseñó a los jóvenes, que saben su futuro y podrán testificarlo, añadiendo nuevos e interesantes particularidades. El 10 de enero celebramos el sexto aniversario del anuncio del triunfo de la Eucaristía

La historia del Obispo y de la Vidente está en sintonía con la de otras almas, que han traído a la Iglesia nuevo vigor espiritual y han sido instrumentos para introducir en ella grandes verdades teológicas.

S. Margarita Alacoque, sencilla hermana de clausura, ha extendido en la Iglesia la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y ha introducido la práctica de los primeros nueve viernes de mes; ella sola ha tenido que luchar contra ilustres teólogos y obispos que hablaban con indiferencia y rechazo de esta "inútil teología muscular" como la definían ellos. Para ellos el corazón era un simple músculo; mientras que nosotros sabemos, según las promesas de Jesús, que muchas almas han llegado al Paraíso gracias a la práctica de los primeros nueve viernes de mes.

"Yo soy la Inmaculada Concepción": esto anunció Nuestra Señora en Lourdes en 1858 a Bernadette, una pastorcilla sin cultura y enferma. Gracias también a ella este dogma ha sido acogido y entendido en la Iglesia y hoy forma parte del patrimonio de fe.

En 1917, Nuestra Señora se apareció a tres sencillos niños y por aquellas revelaciones sobrenaturales, en la Iglesia se ha originado la nueva devoción al Corazón Inmaculado de María y ha sido introducida la práctica de los primeros cinco sábados de mes.

Sor Faustina, una hermana polaca muy enferma, muerta muy joven en 1938, encontró numerosos obstáculos, pero consiguió llevar a la Iglesia el concepto del amor misericordioso de Jesús. Pintó a Cristo, lleno de compasión y piedad, que se dirige a todos los hombres y muestra el Corazón abierto del que salen dos rayos, uno blanco y el otro rojo.

El Señor se ha servido de dos almas sencillas y humildes, el Obispo Claudio Gatti y la Vidente Marisa Rossi, para realizar Su gran plan, que comprende el triunfo de la Eucaristía, anunciado el 10 de enero de 2002, el triunfo de la Madre de la Eucaristía, declarado oficialmente por Jesús en junio de 2003, y el triunfo de la Iglesia, que se está realizando a través de diversas etapas intermedias y que se cumplirá cuando la Vidente suba al Padre y el Obispo llegue a las alturas estupendas. Juntos han llevado adelante su misión en el silencio y en el ocultamiento; con amor y sufrimiento han combatido la buena batalla. El Señor ha proclamado el triunfo de la Eucaristía y su victoria con un gran escrito con letras de oro, que Marisa ha visto durante la aparición del 10 de enero de 2002. Poco antes de que toda la comunidad recibiese este anuncio, Nuestra Señora ya había hablado de ello, de modo inesperado e improvisto, con el Obispo y la Vidente en un mensaje reservado que, solo después de seis años, el 10 de enero, se ha hecho público:

Nuestra Señora - Mis dos queridos hijitos, no habéis comprendido todavía que habéis obtenido vuestra victoria, todos saben que vosotros dos habéis vencido, especialmente tu, Excelencia, con tu fuerza y tu valor por combatir a los que no viven en gracia. Has vencido y sabes que esta victoriosa batalla te llevará primero a las alturas estupendas y luego al Paraíso. También sabes que para todos los que no creen en la Eucaristía está ya abierto el infierno y esto te angustia. Cuanto te sientas moralmente decaído piensa que has logrado tu victoria. No quiero oírte decir más que eres un fracasado y que no haces nada. No hace falta reunir mucha gente en las grandes plazas y gritar como hacen muchos. No, en el silencio y en el ocultamiento tu has vencido y logrado tu victoria y Nosotros estamos contigo.

Excelencia Reverendísima, hijo mío predilecto, tienes que ser fuerte y animar a esta criatura (Marisa N.d.R.) que sufre día y noche todos los sufrimientos del Cielo y de la Tierra; tienes que entender que tiene necesidad de ti. Dios ha escrito con grandes letras que tu has logrado tu victoria por amor a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, por amor a la Madre de la Eucaristía, por amor a las almas sencillas, humildes, a las almas dóciles y también por amor a aquellos que dicen que lo entienden todo y no entienden nada, creen que están en orden y sin embargo son orgullosos y soberbios. Delante de ti, aunque no lo veas, está el escrito: "Mi sacerdote predilecto, mi Obispo, ordenado por Mi, ha logrado victoria". ¡Cuántas, cuántas personas conocen esta victoria!.

¿Quieres ser "grande" como aquellos cardenales, aquellos obispos y aquellos sacerdotes que cuando dicen la Misa delante de las cámaras de televisión hacen teatro? No, quédate así como eres. Nosotros te queremos así.

Has obtenido la victoria, esto os tiene que dar mucha alegría a ti y a tu hermana. Pero por desgracia, no gozas de ella, sino que sufres mucho porque sabes que muchos de tus hermanos irán al infierno. Tu sabes que el infierno existe y sabes cuantas y cuantas personas van, tu has sido ordenado Obispo por Dios, tu eres el Obispo de la Eucaristía.

Muchísimas personas en el mundo te estiman y admiran tu valor, pero muchas otras, por desgracia, tienen miedo de manifestarte estima y confianza. Ánimo, sigue adelante, no te desanimes, te lo ruego, porque si tu te desanimas, tu hermana se abate, los jóvenes y los adultos de la comunidad de abaten y todas las almas de todo el mundo que te quieren, vuelven atrás y se derrumban.

Tu eres la roca de la Iglesia, eres la roca que Dios ha escogido; también tu Marisella, eres una gran roca, por desgracia con mucho sufrimiento, diría que demasiado, pero ésta es la voluntad de Dios. Muchas felicidades y mi agradecimiento a la abuela Yolanda que continúa rezando y sufriendo por estos dos hijos míos. Tienes que pensar que eres una abuela afortunada porque tienes a tu lado a dos santas personas, el Obispo y tu hijo que te aman y te ayudan como pueden. Mis queridos hijos, fuera el desánimo, ahora lo digo en plural a los tres, habéis logrado victoria, habéis logrado victoria.

Marisa - ¿Nos haces entender cómo?

Nuestra Señora - El Obispo comprende bien lo que digo. Ahora recemos junto a los demás... Tengo todavía que deciros que vuestras oraciones han llevado a la victoria a mi hijo predilecto, mi Obispo, y vuestro Obispo".

El plan diabólico masónico que trataba de destruir la centralidad de la Eucaristía en la Iglesia ha sido derrotado.

Los falsos pastores de la Iglesia que han traicionado a Cristo, no pudiéndole atacar a Él, han dirigido su odio contra el Obispo y la Vidente, organizando complots y atentados para eliminarlos; han combatido ferozmente los milagros eucarísticos y han conseguido bloquear servicios televisivos y artículos periodísticos que se habían expresado positivamente y con respeto sobre los grandes hechos de Via delle Benedettine. El Obispo y la vidente, sin embargo, han vencido a éstos y se ha realizado lo que el Obispo ha definido como "la obra maestra de Dios": los sacerdotes, los obispos y los cardenales masones han sido obligados, para que no los descubrieran, a ponerse de parte de los defensores de la Eucaristía y a demostrar atención y adhesión hacia la Eucaristía. Además, para demostrar que los reproches de la Madre de la Eucaristía no se dirigían a ellos, se han transformado en predicadores, animados de celo y fervor eucarístico. Aunque no amen la Eucaristía, han organizado jornadas eucarísticas, han estado presentes en los congresos eucarísticos, han hablado y escrito del misterio eucarístico, fingiendo honrarlo y amarlo. En el colmo de la falsedad para sus homilías y para sus escritos han utilizado los mensajes de la Madre de la Eucaristía y se han servido de los pensamientos y las reflexiones de las catequesis del Obispo, pero sin citar nunca la fuente.

La Madre de la Eucaristía ha constatado muchas veces que ya se hace adoración eucarística en todo el mundo y esta metamorfosis ha ocurrido no por mérito humano, sino de Dios, que ha intervenido llegando a zonas lejanas que el hombre no podía llegar. El mensaje eucarístico ha sido llevado a millones de almas con el timbre humano del Obispo ordenado por Dios, por esto Nuestra Señora afirmó hace seis años: "Muchos, muchos te conocen, Excelencia, y te estiman en todas las partes del mundo".

Sufrimiento y postración aumentaban desmedidamente hasta hacer presagiar el hundimiento total de los dos hijitos de la Madre de la Eucaristía, si Dios no les hubiese concedido continuamente nuevas fuerzas y gracia abundante. Para Marisa el deseo de llegar al Cielo se hacía cada vez más imperioso y no dejaba ocasión sin manifestarlo de modo sencillo y directo: "¿Cuándo me llevarás? Si yo me voy todos estarán mejor, sobre todo el Obispo que podrá descansar, hacer su vida y con la escoba sacar a todos aquellos señores".

Puede comprender la última alusión sólo el que ha visto el cuadro compuesto por un miembro de la comunidad, que tiene un alcance profético, pero por el momento no es oportuno que se exponga.

El 12 de enero Marisa vivió uno de sus repetitivos momentos críticos. Fue asaltada por dolores tremendos en todas las partes del cuerpo, tuvo una crisis cardiaca, perdió la vista y respiraba con fatiga. Humanamente hablando todo hacía presagiar que hubiese llegado el momento de partir, aunque el Obispo sabía que no era así. Los presentes se pusieron en oración, apareció Nuestra Señora, ayudó a Marisa a superar la crítica situación y le dijo: "Hija mía, la muerte se acerca". Pero nosotros no sabemos lo distante que es todavía.

El 13 de enero Nuestra Señora volvió a retomar la conversación: "Sé lo que me quieres pedir, Marisella, sé que todos esperáis aquel santo día, también Nosotros lo esperamos". (el día de su partida N.d.R.)

Para desdramatizar la situación la Madre del cielo usaba un tono bromista; a Marisa que le decía: "Creo que ya es suficiente lo que he sufrido, ya es hora que me vaya", le replicaba: "¿Has preparado la maleta?"

La Vidente terminó hablando de su difícil situación y de la del Obispo: "Ayúdanos, porque estamos desfalleciendo y estamos cada vez más abajo, cada vez más abajo. A veces bromeamos y reímos para camuflar nuestra difícil situación".

El 17 de enero ocurrió un afectuoso y largo encuentro entre Dios y sus dos hijitos. Dios se ha revelado como un papá muy paciente, permitiendo al Obispo que exprese su estado de ánimo, afligido y preocupado, y le ha repetido que no le ha dejado nunca sin Su ayuda. Nuestra Señora está siempre al lado de sus hijitos y los ángeles ayudan a Marisa a moverse cuando el Obispo está ausente o bien ocupado en sus trabajos sacerdotales. Ha revelado al Obispo y a la Vidente un secreto tremendo que ellos han escuchado estupefactos y confusos. Finalmente ha afirmado que le ha agradado mucho el gesto del Obispo de dar a la beneficencia las ofrendas recogidas en el período natalicio. Nuestra Señora nos ha comunicado con gran tristeza y sufrimiento que: "El mundo se ha convertido en un basurero. Los hombres hacen competiciones para ver quien puede maltratar más a sus hermanos. Los Jefes de la Iglesia y del Estado dicen palabras sin amor. No saben amar.

A causa de esta preocupante situación, Dios ha pedido a la Vidente una inmolación total y muy dolorosa, como nos lo ha revelado Nuestra Señora: "Su sufrimiento continúa desde la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Es muy fuerte y muy difícil soportarlo, pero ella lo acepta, aunque a veces llora. Ha sido elegida entre muchos hombres. Dios la ha llamado y ella ha dicho un sí, grande como todo el mundo, porque el dolor es mucho" [Carta de Dios del 18 enero 2008)

Mons. Claudio nos ha hecho notar que la noche en la que se acentuaban en mayor medida los sufrimientos de Marisa era la que iba del sábado al domingo. Los motivos eran evidentes y no había necesidad de especificarlos. El Obispo ordenado por Dios se unía a la víctima humana y permanecía en oración a su lado durante toda la noche, por lo que cuando se encaminaba hacia el altar para la celebración de la S. Misa veíamos que se arrastraba. Pero en el momento de la homilía se transformaba: el rostro se distendía, las arrugas desaparecían, los ojos se encendían de nueva luz y las palabras fluían claras y profundas desde su corazón.

No exageramos si afirmamos que asistíamos a una transfiguración real de nuestro Obispo. La Madre de la Eucaristía nos ha explicado el misterio: Jesús entraba en el Obispo y formaba una sola cosa con él.

En la última década de enero y en la primera de febrero no han habido apariciones de la Virgen para los miembros de la Comunidad, dadas las condiciones de salud de Marisa que posteriormente se agravaron. Los dolores naturales no le daban tregua y los sobrenaturales incidían de manera impresionante. Además estaba casi afónica, por lo que no podía transmitir las cartas de Dios.

Asimismo durante todo este período solo ha podido descansar unos pocos minutos por la noche. El Obispo vigilaba siempre al lado de su hermana, que por la noche vivía la pasión de manera más dramática y dolorosa; durante el día, cuando podía, bajaba a su estudio, se sentaba en la cátedra de oro, como lo ha definido la Virgen, y trabajaba incansablemente para terminar todos los escritos que estaban incompletos.

Ciertamente era ayudado por el Señor, porque nadie habría podido transcurrir tantas noches sin descansar y por la mañana dedicarse a trabajos mentales importantes y delicados.

Nuestra Señora ha mostrado hacia sus dos hijitos su afectuosa maternidad también para los problemas naturales: los ha invitado a actuar con tiempo para encontrar una casa para las vacaciones estivales y les ha aconsejado, a diferencia de los años anteriores, que buscaran un alojamiento pequeño, que pudiera albergar a pocas personas.

Ha tranquilizado al Obispo: "Excelencia, cuando vayas al mar, en Marisella pensaremos Yo y la abuela Yolanda. Tu tienes que ir tranquilo y no pensar en ella, sino en ti. Por otra parte, si hubiera escaleras, cuando salgáis de paseo, ayudaremos a Marisella a bajar y a subir".

El Señor se ha servido de Marisa para realizar importantes misiones. La Vidente, de hecho, ha ido frecuentemente en bilocación al Vaticano, al Vicariato y a otras sedes eclesiásticas. Cuanto tenía que dar los mensajes de Dios a los eclesiásticos, se manifestaba de repente delante de ellos y no era raro el caso en que éstos sintieran asombro y miedo. Sin embargo, si solo tenía que ver lo que ocurría en aquellos lugares para contarlo luego al Obispo, se movía sin ser molestada y sin ser vista por nadie.

El Obispo de estas "experiencias particulares" solo nos ha confiado "No imagináis ni siquiera lo que ha visto y oído Marisa en aquellos lugares".

El 5 de febrero Dios Padre se ha manifestado de nuevo a sus dos hijitos. El Obispo nos ha revelado un fragmento de la conversación con Dios.

Obispo - En mi lugar, los santos que están en el Paraíso, ¿qué habrían hecho?

Dios Padre - No habrían continuado, se habrían retirados todos, pero no por esto habrían perdido la santidad.

Obispo - ¿Y yo?

Dios Padre - Tu eres una pluma blanca. Tu eres Claudio, mi hijo, mi hermano, mi amigo. Yo soy tu Papá.

El Obispo nos ha confiado también que ya no tendrá que ordenar obispos a aquellos sacerdotes, incluidos cuatro ex compañeros, que Dos le había indicado en un primer momento, porque no han tenido el valor de dar testimonio y demostrarle confianza y solidaridad. En su lugar habrá otros colaboradores, de los que a su debido tiempo conocerá los nombres.

Dios ha comunicado a sus dos hijitos que los componentes de la Jerarquía: "que han calumniado, combatido y condenado al Obispo que Él ha ordenado, no son felices, por las noches no duermen, tienen el rostro del Obispo delante de los ojos y tienen miedo, porque saben que está en la verdad. Ninguno de ellos se salvará".

Les ha informado también sobre la situación de la Iglesia y les ha hablado de delicados e importantes problemas, de los que no sabemos nada, porque están amparados por riguroso secreto.

El Padre Celeste se ha dirigido a sus dos criaturas llamándolas "tesoros de Dios, amores de Dios" y con otros dulces apelativos en los que se dejaba ver Su ternura.

El ocho de febrero nació Mariselle, hija de una pareja de nuestros jóvenes, nacimiento propiciado por los sufrimientos de Marisa y de las oraciones de la Comunidad.

En la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, Marisa ha ido en bilocación a la gruta de Massabielle en Lourdes, donde la esperaba S. Bernadette. Juntas han esperado en oración la llegada de la Virgen, a la que han encomendado a S. E. Mons. Claudio Gatti y con la que han hablado del futuro del Obispo ordenado por Dios. A continuación las tres se han desplazado a nuestro lugar taumatúrgico, donde las ha alcanzado la Abuela Yolanda y han rezado mucho por la Iglesia. Finalmente, han saboreado lo que ha preparado la Virgen, idéntico a lo que preparaba en Nazareth para la Sagrada Familia.

Después de veintidós días, con ocasión de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, ha habido finalmente la aparición para nuestra Comunidad. "Cuando me aparecí hace 150 a la pequeña Bernadette, era todo más fácil. Hoy muchos dicen que me ven, pero no es verdad, y quien paga las consecuencias es vuestra hermana. Aceptad este largo Calvario, no tanto por vosotros, sino por vuestra hermana y por el Obispo, porque lo han estado viviendo desde hace muchos años. Vendré solamente el domingo hasta que vuestra hermana esté un poquito mejor y Dios decida lo que todos esperan: su partida para el Paraíso"

De todos modos la Madre de la Eucaristía ha gratificado al Obispo y a la Vidente con apariciones particulares y con conversaciones importantes.

Durante uno de estos encuentros reservados les ha hecho saber que muchos obispos y cardenales, mientras eran simples sacerdotes, se comportaban de manera irreprensible, pero a medida que han recorrido los escalones de la jerarquía, eran corroídos cada vez más por el ansia de la carrera, y para alcanzar lo más rápidamente posible el objetivo han llegado a aceptar compromisos y cometer acciones deshonestas.

Ha dado a sus hijitos una larga lista de estos eclesiásticos, muchos de los cuales eran conocidos por el Obispo.

Los ex compañeros de Seminario del Obispo, en su 45 aniversario de ordenación sacerdotal, han organizado este año en Grottaferrata el tradicional encuentro y simplemente se han limitado a comunicárselo sin invitarlo. El motivo de esta nueva y grave falta de caridad hacia un hermano es siempre la misma: tenían miedo de que si el señor Ruini, como lo llama la Madre, llegaba a saber que invitaban al Obispo ordenado por Dios para celebrarlo con ellos, los habría privado de los oficios que ejercen y de las casas que habitan.

Dios Padre ha ordenado a nuestro Obispo que mande a los ex compañeros de Seminario una carta, acompañada por el decálogo de los Sacerdotes, formulada por Nuestra Señora (Anexo n. 2) con acuse de recibo. La Madre de la Iglesia nos ha recomendado: "Hoy y mañana rezad por los hermanos de vuestro Obispo" (Carta de Dios del 24 de febrero 2008).

S. E. Mons. Claudio Gatti ha rezado mucho por sus hermanos y ha celebrado la S. Misa por ellos.

Por desgracia no todos han acogido bien la carta, algunos han pronunciado palabras ofensivas contra el hermano.

El mes de febrero se ha clausurado con la siguiente comunicación por parte de Jesús al Obispo y a la Vidente: "Mis queridos hijitos, Nosotros, las Tres Personas de la Santísima Trinidad, nos hemos reunidos y hemos hablado de la partida de Marisa. Nosotros sabemos cuándo hacerla venir al Paraíso. Estaba presente también la Madre de la Eucaristía. Excelencia tu serás el primero en saberlo, para disponer todo lo que ya has programado, de la mejor manera. Tened confianza en Nosotros. Dios puede hacer esperar, pero no defrauda nunca. Vosotros no podéis ni siquiera imaginar lo que estamos preparando en la Tierra y en el Paraíso para la partida de Marisella".

El mes de marzo se ha abierto con un milagro eucarístico que ha tenido a Marisa como destinataria y a tres de nuestros jóvenes como testigos. Transcribimos el suceso milagroso como nos ha sido contado.

Era el primer sábado de mes y un joven y dos chicas se encontraban en la habitación de Marisa para hacerle compañía y para ayudarla en lo que fuera necesario debido a sus condiciones de salud preocupantes. Ella se encontraba sentada en su sofá, el joven estaba de frente y las chicas sentadas a su izquierda. De repente Marisa se ha puesto en éxtasis y ha empezado a conversar con la Virgen. Los presentes no podían oír su voz porque solamente movía los labios y de su boca no salía ningún sonido. De pronto han notado que Marisa ha abierto la boca y cerrado los ojos, como hace siempre que recibe la S. Comunión de Jesús o de la Virgen, y han visto claramente que en el interior de la boca había sangre. Después Marisa ha cerrado la boca y se ha puesto en oración. Los tres jóvenes han tenido miedo porque pensaban que había perdido sangre de la boca. Terminada la acción de gracias, la Vidente ha explicado que la hostia que había recibido en comunión se había transformado en sangre, de la cual, como había ocurrido otras veces, se había deleitado con el dulce sabor y con el embriagante perfume.

En el mes de Marzo, en el que es el aniversario de la ordenación sacerdotal de nuestro Obispo, Marisa ha estado particularmente con sufrimientos y notablemente agotada a causa de los graves y fastidiosos dolores que la han empujado a pronunciar frecuentemente este lamento: "Dios Papá, llévame, no puedo más". No obstante no se ha sustraído al deber de presenciar las apariciones de la Virgen y transmitir las cartas de Dios.

Las del uno y del dos de marzo han sido muy largas y comprometidas. Los temas tratados son particularmente importantes, enumeramos algunos:

- La ordenación episcopal de nuestro Obispo, hecha directamente por Dios, ha molestado mucho a sus hermanos;

- Dios quiere que al menos la mitad de los hombres se conviertan, antes de empezar lo que ha prometido;

- Mons. Claudio ya no ordenará obispos a algunos sacerdotes italianos porque han ido hacia atrás espiritualmente;

- El Obispo tiene que escribir a los cardenales indicados por Nuestra Señora y presentar la solución que ha madurado para resolver el problema de los sacerdotes que quieren casarse o si ya están casados y quieren ser readmitidos en el ejercicio del ministerio sacro;

- El señor Ruini ha hecho una malvada campaña referente al lugar taumatúrgico y "si hubiese tenido el carisma de la caridad, del amor habría tenido que llamar a su hermano Mons. Claudio Gatti para hablar con él";

- Muchos sacerdotes no creen en el Infierno;

- Parientes, ex amigos, eclesiásticos, hermanas y laicos continúan hablando mal del Obispo ordenado por Dios porque les corroen los celos y la envidia.

- La Virgen quiere que "nos convirtamos en ejemplo para toda la Iglesia", quiere llevarnos a la santidad, porque dice que somos mejores que muchas personas;

- A Marisa la Virgen le ordena que no se someta ya más a los análisis, ya no tiene que seguir las prescripciones médicas, sino hacer sólo lo que Dios dice:

- En fin corrobora que, aparte de Marisa, hoy ya no hay videntes.

En los días siguientes, al agravarse la salud, se ha manifestado Dios Papá, llamado por sus dos hijitos. Dios ha realizado inmediatamente todo lo que había prometido. Eh ahí los consejos que ha dado a Marisa para aliviar los problemas de salud.

"Dulce criatura del Cielo, las medicinas casi te han destrozado, pero no puedes dejarlas del todo ni para siempre. Durante un cierto tiempo, no las tomes, haz solo lo de la insulina. Come la pasta al dente, fuera las sopas y todo lo demás. Bebe zumos de mandarina y batidos de plátano. Marisella, estate tranquila, el domingo próximo te ayudaremos a bajar para que estés con tu hermano Obispo, con tus sobrinos, con los jóvenes y con los adultos. Vosotros dos sois mis amores".

El ocho de marzo, tercer día del triduo en preparación de la fiesta del Sacerdocio y vigilia del 45 aniversario de la ordenación sacerdotal de nuestro Obispo, Dios Papá se ha manifestado una vez más "a sus dos tesoros y amores" y ha tenido con ellos una larga conversación. Nosotros sólo conocemos los temas tratados, pero no lo que ha dicho Dios sobre ellos:

- Situación espiritual de los sacerdotes, obispos y cardenales, con referencia particular a la de los ex compañeros de Seminario del Obispo;

- Muchos componentes de la cúpula de la Iglesia están excomulgados porque han profanado con palabras agresivas y juicios ofensivos a la Eucaristía que sangró el 11 de junio 2000, durante la S. Misa celebrada por el Obispo de la Eucaristía;

- Obispos y cardenales se pelean furiosamente entre ellos para ocupar "los primeros lugares" en la jerarquía eclesiástica.

Esta es la conclusión de la larga conversación: "Hijitos míos, se que sufrís mucho y estáis agotados, pero Yo estoy siempre a vuestro lado y os ayudo".

Entre Sacramento de la Eucaristía y Sacramento del Orden hay una interdependencia, porque no hay Eucaristía sin Sacerdocio y los sacerdotes son ordenados en función de la Eucaristía.

Muchas veces el Obispo ordenado por Dios ha hablado de este binomio indivisible.

El 9 de marzo, como hacemos desde hace varios años, hemos celebrado y homenajeado a la Eucaristía y al Sacerdocio. Hemos organizado una solemne procesión eucarística que ha terminado con una conmovida y participada adoración eucarística durante la cual los jóvenes y los adultos de la comunidad han manifestado una profunda fe, un ardiente amor hacia la Eucaristía y un gran respeto y reconocimiento hacia los que participan del único sacerdocio de Cristo. El Obispo ha dado las gracias a Dios por el inmenso don del Sacerdocio con una apasionada oración (Anexo n. 3).

Después de la bendición eucarística, ha habido una larga aparición de la Madre de la Eucaristía en la que nos ha transmitido una importante carta de Dios: "En la Iglesia hay necesidad de sacerdotes, obispos y cardenales santos, pero por desgracia no hay; por este motivo vuestro Obispo está mal, reza y sufre. Está destrozado por culpa de aquellos sacerdotes, obispos y cardenales que hacen lo que les va bien y tienen los pies en dos estribos: quieren ser sacerdotes y tener una mujer al lado. No hay necesidad de que Yo os hable de aquellos ministros de Dios en pecado, pedófilos, que aspiran solo al poder, que esconden dinero y no tienen amor. Pero ahora hablemos de nuestro Obispo, no todos habéis entendido la bondad, el amor, la generosidad que tiene por todos. Hoy en el Paraíso hay una gran fiesta por el sacerdote ordenado Obispo por Dios, pero todavía no es la fiesta que todos esperáis con ansia. Nosotros los del Cielo, cuando el Obispo celebre la S. Misa, estaremos todos presentes alrededor suyo. El Obispo está muy cansado y sin embargo trabaja, trabaja, trabaja. Cuando tiene un poco de tiempo, libre de la persona tan querida por él que tiene continuamente necesidad de su ayuda, baja a su estudio para trabajar. Todo lo que Dios le pide, él lo hace".

La última fatiga del Obispo de la Eucaristía ha sido la de escribir a los 68 cardenales, indicados por la Virgen, para exponer la solución para readmitir al ministerio sacro a los sacerdotes casados y para no alejar a los que desean casarse.

La carta ha sido presentada por Marisa a la Virgen: "Te presento la carta que Jesús ha pedido que mandemos a aquellos cardenales que Tu has indicado. Esta carta ha sido inspirada por Vosotros. El Obispo se ha definido como un humilde secretario de Dios, para hacernos comprender que sólo Dios hace lo que quiere".

Ha seguido la S. Misa, durante la cual el Obispo ha empezado a poner en práctica el consejo de la Virgen. Después de la elevación de la hostia y del cáliz ha prolongado la genuflexión durante un poco de tiempo y ha adorado en silencio a Jesús Eucaristía, presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. No es una innovación litúrgica, sino un forma de permitir al celebrante y a los fieles que puedan adorar el misterio eucarístico que se está celebrando.

Hemos tenido confirmación de que algunos sacerdotes están siguiendo el ejemplo del Obispo de la Eucaristía. Deseamos que todos los ministros de la Eucaristía, sacerdotes y obispos, acojan el consejo de la Madre de la Eucaristía para tener la alegría de sumergirse cada vez en el misterio eucarístico.

En Marisa, más que nunca sufriente y agotada, el deseo de ir al Paraíso se ha convertido cada vez en más fuerte. Por desgracia las curas médicas para ella son a menudo no solo inútiles sino incluso contraproducentes.

La Madre del Cielo le ha dicho: "Marisella, para ti no hay nada que hacer. Anímate. Nosotros te ayudaremos".

De hecho Dios Papá ha sustituido a los médicos y de tanto en tanto le indica las terapias indispensables que tiene que hacer.

El 15 de marzo, Domingo de Ramos, Jesús nos ha manifestado su estado de ánimo: "A veces también a Mi me viene a la mente que he muerto en vano, me he dejado crucificar en vano, porque el mundo empeora cada vez más, cada vez va más atrás".

Después nos ha hablado de la dolorosa situación de Mons. Claudio: "¿Por qué hay tanto rencor y tanto odio contra nuestro Obispo? Tienen miedo de hablar en su favor, de reconocer públicamente que está en la verdad, empezando por los grandes jefes de la Iglesia. Yo, Jesús, le admiro porque sigue mis huellas. Finalmente, nos ha confiado: "Dios Padre que ha creado al hombre a su imagen y semejanza quiere salvar todavía a muchos hijos, especialmente a los sacerdotes, con este término me refiero también a los obispos y cardenales y ¿por qué no también al Papa? También él es un sacerdote y comete errores".

Este año la fiesta litúrgica de S. José que coincidía con el Miércoles Santo que tenía prioridad, ha sido aplazada para otra fecha. Nosotros hemos querido homenajear igualmente al Custodio de la Eucaristía. Pensábamos gozar, como cada año, de una aparición suya, pero por desgracia a causa de las precarias condiciones de Marisa no ha sido posible.

El Obispo, durante la oración antes de ir a la cama, ha manifestado su disgusto por el suspirado encuentro con el santo al que ama de manera particular y ha dicho: "Querido S. José, el día de tu fiesta todavía no se ha terminado y aún podrías alegrarnos con tu presencia". No ha terminado de hablar que se ha aparecido S. José: "Dios me ha dicho: Ves a ver a mis dos hijitos, ve a confortarlos; allí está Mi Obispo que te ama muchísimo. Y yo he venido para daros las gracias. Desde el inicio de la S. Misa he estado al lado de mi amada esposa y cerca del Obispo ordenado por Dios. Tenéis pocas personas, pero yo veo muchísimas, especialmente las que habéis salvado con vuestro sacrificio".

El Jueves Santo la Madre de la Eucaristía en un aparición reservada a la Vidente y al Obispo ha dicho a este último: "Excelencia, tienes que resucitar con Jesús, por eso Nosotros estamos rezando. Además estamos tratando de neutralizar a los que no son dignos de celebrar la S. Misa y recibir a Jesús Eucaristía: sacerdotes y laicos".

Como está ocurriendo esta acción de Dios no lo sabemos ni podemos imaginarlo.

Por desgracia tampoco este año hemos podido celebrar la Vigilia pascual: el Obispo estaba tan agotado que no estaba en disposición de aguantar la larga ceremonia.

El 23 de marzo, Pascua de Resurrección, al inicio del nuevo día Marisa ha visto la escena del Resucitado y a su exclamación: "¿Qué hermoso eres Jesús" el Redentor ha respondido: "También tú, cuando estés en el Paraíso serás hermosísima. Ahora, Mi dilecta esposa, ven al lado de Tu Jesús, tu sabes cuanto te amo. Gracias, Marisella, porque durante toda la vida te has inmolado para convertir a los hombres, especialmente a los sacerdotes. Desde hace años mi Madre te dice que serás feliz sólo en el Paraíso".

Antes de la S. Misa Jesús Resucitado se ha aparecido de nuevo a la Vidente delante de los miembros de la Comunidad y ha hecho dos afirmaciones que nos han entristecido

- "Muchos no creen en Mi Resurrección, especialmente los que han estudiado teología y, conociendo la verdad, deberían creer más";

- "El sexto mandamiento ya no es respetado ni por los sacerdotes ni por los laicos".

Ha confirmado todo lo que ya había dicho el Obispo: "Para redimiros podía no haber muerto; habrían sido suficientes las pocas gotas de sangre derramadas el día de la circuncisión, pero he querido sufrir por amor a los hombres".

Luego ha hecho el gran anuncio: "Yo he resucitado por todos, he resucitado por ti, Excelencia, para que se realice todo lo que ha sido dicho por Dios Padre Omnipotente, por Mi, Dios Hijo y por Dios Espíritu Santo".

También en el mes de marzo el Obispo y la Vidente han transcurrido muchas noches sin poder cerrar los ojos. En aquellas horas nocturnas se desencadenaba todo: crisis de respiración, tos insistente, forzada manifestación de catarro, dolores por todo el esqueleto óseo, dolorosos calambres musculares, sufrimiento lacerante al estómago y en el interior del aparato digestivo. Por la mañana Marisa estaba completamente exhausta y el Obispo estaba pálido y agotado.

Durante la jornada los susodichos problemas de salud se presentaban solos o todos juntos, por lo que no había nunca tregua o relax para los dos pobres hijos de Dios. Además, cada día, de manera más o menos intensa y a veces durante un tiempo más o menos largo, Marisa sufría la pasión. Era también frecuente que a los dolores físicos y a los sufrimientos místicos se añadieran las tribulaciones morales. Lo que hacía sufrir en mayor medida a Mons. Claudio y a Marisa era la crítica condición de la Iglesia y la escandalosa situación espiritual de tantos sacerdotes, obispos y cardenales; de ambas cosas eran informados continuamente por Dios Padre, por Jesús y por la Virgen. Todo este océano de sufrimientos se abatía furiosamente sobre ellos y los hacía gemir y repetir cada vez con más frecuencia el lamento de Jesús en Getsemaní: "Pase de mi este cáliz". (Mt. 26, 39)

Durante una de las cotidianas oraciones de la mañana, el Obispo ha manifestado a Dios la sensación tremenda de sentirse abandonado. Dios le ha respondido: "Hijo Mío, tesoro de Dios, Yo no te riño por lo que has dicho. Es verdad: os estoy pidiendo desde hace mucho tiempo lo que no he pedido nunca a nadie. Desahógate si quieres con tu Papá y continúa diciéndome lo que tienes en el corazón".

En la misma circunstancia Dios ha comunicado "a Sus dos amores" que sus perseguidores han comprendido desde hace tiempo que se han equivocado al dimitir del estado clerical al Obispo de la Eucaristía, no porque se hayan arrepentido de haber condenado injustamente a un inocente, sino porque, desligándole del vínculo de la obediencia, le han dado la posibilidad de actuar libremente, sin que tenga que pedirles a ellos los permisos necesarios.

Aquellos señores pensaban que lo intimidaban, que lo destrozaban, que le harían desaparecer, pero no han contado con Dios que ha infundido en su mente lucidez y claridad y en su corazón fuerza y valor. Por otra parte saben que los eclesiásticos que tienen confianza, estima y respeto por el Obispo ordenado por Dios están aumentando. Es verdad que por miedo no lo defienden abiertamente, pero también es verdad que algunos han ido a ver a Benedicto XVI y al señor Ruini para que revisaran su causa, por desgracia sin obtener nada.

Dios ha hecho saber que aquellos señores han sido desenmascarados cuando han negado que el milagro eucarístico ocurrido durante la S. Misa celebrada por nuestro Obispo el 11 de junio 2000 fuese de origen divino y lo han atribuido a un intervención diabólica; por haber profanado la Eucaristía están excomulgados y reducidos al estado laical, latae sententiae.

De todos modos la feroz persecución de los poderosos enemigos acorrala a los dos hijos de Dios, pero se derrumbará como los muros de Jericó al sonido de la trompeta. (cfr. Jos. 6)

Dios está trabajando mucho para que renazca la Iglesia: "Nosotros estamos escogiendo obispos, no digo buenísimos, pero sí buenos, que en el futuro puedan colaborar con el nuevo Papa. Es muy difícil nuestra empresa. El actual Papa no deja el trono, lo delega todo a sus colaboradores, no hace nada, o mejor pasa el tiempo leyendo". [Carta de Dios del 30 marzo 2008]

Con el fin de marzo el primer trimestre del año ha pasado volando y nosotros estábamos en las mismas condiciones que al inicio; terriblemente desmoralizados. La Virgen ha tratado de encender de nuevo la esperanza en nuestros corazones: "Este es el año de la Esperanza, de la certeza y tiene que daros a todos el valor de continuar adelante, apretando los dientes y los puños y agarrándose al sagrario" [Carta de Dios del 30 marzo 2008]

El primero de abril del 2008, exactamente diez años después de su injusta suspensión a divinis, el Obispo ordenado por Dios, Su Excelencia Monseñor Claudio Gatti, ha hecho saber a la comunidad algunos particulares que, diez años antes, no había podido desvelar íntegramente. Para hacer comprender mejor al lector el desarrollo de los acontecimientos es oportuno hacer un pequeño paso atrás y un breve resumen. El cardenal vicario Camilo Ruini, el 8 de diciembre de 1994, había prohibido a Don Claudio Gatti que celebrara la S. Misa en el lugar taumatúrgico de via delle Benedettine, con el pretexto de querer examinar la actividad del Movimiento Impegno e Testimonianza y de estudiar las apariciones de la Madre de la Eucaristía. A tal fin instituyó una comisión que habría tenido que interrogar a los testigos, hacer todas las verificaciones del caso y analizar las numerosas hostias que han sangrado en el lugar taumatúrgico (hasta hoy han ocurrido en total185 milagros eucarísticos). Nada de todo eso se ha hecho. Si el mismo Don Claudio Gatti, entonces simple sacerdote, no hubiese animado a algunos miembros de la comunidad a ir al Vicariato, estos eclesiásticos no habrían tenido ningún encuentro con ningún miembro de la comunidad. Si el futuro Obispo ordenado por Dios no hubiese ido espontáneamente al Vicariato, los hombres de la Iglesia habrían sabido bien poco. El trabajo de la comisión era el de verificar, pero, después de tres años y medio, no han hecho nada, porque ya se había decidido la condena del sacerdote. Esperaban solamente un motivo donde agarrarse, que no han encontrado nunca en la conducta ejemplar de Don Claudio Gatti, el cual ha ejercido siempre el ministerio sacerdotal en pleno acuerdo con los preceptos y los dictámenes de la Iglesia.

Ha sido el propio Dios, que sabe las intenciones de los hombres, el que ha puesto al descubierto a sus enemigos, ordenando a Don Claudio que celebrara la santa Misa, e indicando la fecha del 8 de marzo de 1998, treinta y cinco aniversario de su ordenación sacerdotal. "Yo, Jesús, quiero aquí la santa Misa. Yo, Jesús, quiero aquí la Eucaristía consagrada por mi sacerdote. [Carta de Dios del 22 febrero 2008]

En aquellos días, don Claudio Gatti, desgarrado entre la obediencia a Dios y el amor por la Iglesia, empezó a ponerse varios interrogantes que lo trastornaron profundamente. Su sufrimiento aumentaba a medida que se acercaba la fecha del 8 de marzo. A estos interrogantes, durante años, Don Claudio no les ha sabido dar una respuesta. "¿Por qué Dios me pone en abierta discrepancia con la autoridad eclesiástica -se preguntaba el sacerdote - por qué me tengo que poner en situación de abierta rebelión, justamente yo que siempre he predicado la obediencia y docilidad? ¿Por qué tengo que ser considerado como uno que rompe la unidad de la Iglesia?". Una respuesta se le ha perfilado al Obispo solo recientemente, pero hablaremos de ello más adelante.

De todos modos ante la orden de Dios, Don Claudio ha inclinado la cabeza y ha dicho: "Estoy dispuesto a la inmolación", tan seguro estaba de que por esta obediencia suya a Dios los hombres habrían encontrado el pretexto para condenarlo.

El 27 de febrero 1998, Don Claudio ha mandado al cardenal Ruini una carta en la que pedía, en nombre del Señor, el permiso para celebrar la santa Misa el 8 de marzo. La celebración era solicitada como "un tantum" y sólo para la eventualidad del aniversario sacerdotal. Don Claudio ha acompañado a la carta también el mensaje de Jesús del 22 de febrero, en el que el Señor le ordenaba celebrar la Misa el 8 de marzo. El 5 de marzo el Vicegerente, Monseñor Cesare Nosiglia, ha telefoneado a Don Claudio comunicando la clara negativa del cardenal Ruini ante la petición de la celebración aquella única santa Misa. "El cardenal ha recibido tu carta -ha explicado Nosiglia por teléfono- no te concede la facultad de celebrar la S. Misa el 8 de marzo y te pide obediencia a sus directrices". Don Claudio ha respondido con firmeza: "No puedo obedeceros a vosotros porque desobedecería a Dios" y también: "Ante una orden de Dios estoy dispuesto incluso a perder la vida, con tal de respetarla".

El día siguiente, 6 de marzo, se ha presentado, sin ningún preaviso, en via delle Benededettine, el canciller del vicariato, Don Giuseppe Tonello, que ha querido ver inmediatamente a Don Claudio. Don Tonello le ha leído el decreto de Ruini, decreto en el que el purpurado amenazada con la suspensión a divinis si el sacerdote celebraba la Misa el 8 de marzo. Terminada la lectura del decreto, Don Claudio lo ha doblado y puesto encima de su escritorio diciendo: "Ahora dejemos descansar este decreto, porque usted sabe bien, que, ya que lo recuso, pido un nuevo decreto". De hecho, según el Código de Derecho Canónigo, en los diez días que van desde el momento de la comunicación del primer decreto, a la comunicación del segundo, se suspende la orden dada. Era el 6 de marzo y Don Claudio había manifestado claramente su intención de recusar el decreto. Por tanto, la S. Misa celebrada por Don Claudio el 8 de marzo estaba fuera de la prohibición de decreto, porque durante diez días, es decir desde el 6 de marzo al 16 de marzo 1998 el decreto quedaba en suspensión. Por tanto ha sido castigada una acción cometida durante la suspensión del decreto. Ha sido suspendido a divinis un sacerdote sólo porque ha hecho lo que todos los sacerdotes deberían hacer cada día con amor: la celebración eucarística, el acto de culto más importante y más agradable a Dios.

Don Claudio ha perfeccionado después la recusación del decreto, en el límite de los días prescritos. De hecho el recurso, con el que pedía la revocación del decreto, ha sido mandado el 14 de marzo al cardenal Ruini. Los altos prelados se han aferrado también al hecho de que en la carta escrita por el sacerdote no había fecha, olvidándose que daba fe de ello el sello postal, que llevaba precisamente la fecha del 14 de marzo.

El 8 de marzo 1998, el Obispo, obedeciendo a Dios, ha celebrado una de las santas Misas más sufridas de su vida y también ha llorado durante la consagración. El sacerdote no temía las consecuencias de su gesto, sino que sabía que sería instrumentalizado para arremeter contra las apariciones, los milagros eucarísticos y negar el origen sobrenatural.

El 21 de marzo un mensajero del vicariato ha dejado un pliego en via delle Benedettine, que contenía la citación de Don Claudio al Vicariato para las 13 horas del 1º de abril. El 27 de marzo el Vicegerente, Mons. Nosiglia, ha llamado de nuevo a Don Claudio confirmándole la citación.

El 1º de abril de 1998, ha ido al Vicariato y ha llevado consigo la Eucaristía que había sangrado el 22 de marzo, poniéndosela en su corazón para tener el valor de enfrentarse "a los lobos rapaces con vestidos de corderos". Ha sido recibido y conducido a un habitación en la que estaban presentes Mons. Nosiglia, Don Tonello y el vicario judicial, padre B. Martinello. La ha sido leída la carta de Ruini, que no estaba presente en el encuentro, conteniendo la noticia de la ratifcación de la suspensión a divinis; carta a la que el Obispo de la Eucaristía respondería punto por punto.

Mons. Claudio Gatti nos ha confiado que Nosiglia estaba muy tenso, él, en cambio, estaba muy sereno. Seguidamente ha sido redactado el acta; Nuestra Señora estaba al lado de Don Claudio y lo ha ayudado; el sacerdote ha corregido el acta, ha hecho escribir lo que él deseaba, prácticamente lo ha dictado él mismo. Luego Don Claudio se ha preocupado de la situación espiritual de Mons. Nosiglia y ha solicitado poder hablar a solas con él, sabiendo perfectamente con lo que se encontraría el Obispo ofendiendo a Dios. En aquel momento, Don Tonello y padre B. Martinello han salido de la habitación y no se han dado cuenta de que en la estancia de al lado había un miembro de la comunidad que había acompañado a nuestro sacerdote. Éste ha oído claramente a padre B. Martinello decir a Don Tonello: "Don Gatti tiene las ideas muy claras". Después cuando Don Claudio se ha quedado a solas con el obispo Nosiglia, le ha dicho: "¿Qué estáis haciendo? ante Dios, ante la Iglesia y la Historia habéis asumido graves responsabilidades, vuestras acciones serán desmentidas y vuestras decisiones serán declaradas inválidas e ilegítimas". En la tentativa de ayudar a salvar a Nosiglia, Don Claudio le ha aconsejado: "Si quieres salvar tu alma, aléjate de Roma, pide una diócesis, márchate de Roma". Nuestro sacerdote, crecido en la escuela de la Virgen, ha añadido: "Para nosotros es un orgullo sufrir ahora por la Eucaristía, pronto se realizará el triunfo de la Eucaristía y será nuestro triunfo, pero vosotros ¿cómo acabaréis?". Don Claudio ha tomado la Eucaristía que había sangrado el 22 de marzo, se ha arrodillado en profunda adoración, con la esperanza de que el hermano tuviese un movimiento de espíritu, una subida de moral, un momento de lucidez. La esperanza era también la de que la presencia de Jesús Eucaristía lo ayudase a sacudir su conciencia y que lo ayudase a admitir que estaba equivocado. Nosiglia, en aquel momento, podía decidir estar de parte de Dios o contra Él. Don Claudio ha comprendido que estaba luchando, y ha rezado, para que pudiese obtener la victoria, pero el miedo al cardenal Ruini ha sido más fuerte, por lo que, con una mirada dura y usando una expresión enérgica, el obispo ha dicho: "¿Qué me has traído? Para nosotros aquello es un trozo de pan, tíralo!". El Obispo de la Eucaristía nos ha confiado que solo a continuación ha comprendido que la mirada dura de Nosiglia, no estaba dirigida contra él, sino contra quien le había puesto en aquella horrible situación: Ruini.

Pocos instantes después han vuelto los otros dos sacerdotes, han leído el acta, Don Claudio la ha firmado y, saludando a Nosiglia, le ha dicho: "Reza por mi, no porque me haya equivocado, sino para que tenga la fuerza de aceptar serenamente lo que de malo y perverso habéis hecho vosotros". Nosiglia ha respondido así: "Reza tu también por mi". Don Claudio, levantando los ojos al cielo, ha añadido: "Espero y deseo que nos encontremos en el otro lado los dos juntos". Don Claudio ha salido del Vicariato y ha ido a la plaza San Giovanni, donde Marisa, casi todos los jóvenes y numerosos adultos de la comunidad lo estaban esperando. Habían sido avisados de su llegada. Estuvieron en adoración, en la basílica lateranense, durante todo el tiempo que duró el encuentro. La Virgen estaba tanto con los que rezaban, como con Don Claudio que estaba luchando para defender a Jesús Eucaristía y a la verdad. Varios miembros de la comunidad, viendo al sacerdote sereno y sonriente, han pensado que no había sido condenado, que el encuentro había ido bien. Marisa, sin embargo, que estuvo en bilocación con la Madre de la Eucaristía, había permanecido durante todo el tiempo al lado del sacerdote y sabía cómo habían ocurrido los hechos, exclamó: "No, el encuentro no ha ido bien, lo han crucificado".

Don Claudio, aquella misma tarde, tuvo que consolar a sus hijos espirituales que, desde la plaza de San Giovanni, lo habían ido a ver a via delle Benedettine: "Secad las lágrimas, haced volver la sonrisa a vuestros rostros, abrid el corazón a la esperanza - han sido las conmovedoras palabras de Don Claudio a sus hijos más jóvenes - porque éste es un día de victoria y de triunfo. Jesús os ha concedido el honor de sufrir algo por Él y a mi y a Marisa nos ha pedido que nos inmoláramos por él. Hoy me siento más sacerdote, más semejante a Cristo, porque soy también víctima y puedo decir con Jesús que soy sacerdote y víctima. A los primeros cristianos se les pedía que no adoraran a Jesús y a causa de su negación eran perseguidos, flagelados y muertos. Ellos han derramado su sangre de manera cruenta, nosotros lo derramamos de manera incruenta, amando a la Eucaristía, por la que estamos dispuestos a dar la vida. Ahora cantemos "Ven María", invitemos a la Madre de la Eucaristía a venir en medio de nosotros y como signo de victoria y de alegría, deseo que acojáis a la Virgen con el movimiento de los pañuelos como si fuesen banderas y estandartes". Los jóvenes han movido enseguida los pañuelos en espera de la aparición. El más absoluto silencio sobre esta carta de Dios ha sido mantenido durante 10 años, hasta que Su Excelencia Mons. Claudio Gatti, el primero de abril del 2008, ha anulado la orden de silencio después de haber recibido la orden de lo Alto de revelar el contenido. A continuación publicamos algunos extractos. La Madre de la Eucaristía ha elogiado el comportamiento y el valor de Don Claudio: "Vuestro sacerdote ha combatido la batalla, ha hecho un gran gesto de heroísmo que ningún sacerdote de la Tierra habría hecho. Mejor dicho, por miedo, habría renegado de la aparición eucarística, con tal de sentirse en paz, con tal de tenerlo todo de los grandes sacerdotes". La Virgen ha añadido después: "Entiendo, mi querido sacerdote predilecto, tu gran sufrimiento, pero también tu gran heroísmo. Tu puedes decir: "llevo la palma del martirio", has hecho todo lo que podías hacer a los ojos de Dios, has amado, amas, sabes amar... vuestro sacerdote ha sufrido el martirio".

La Madre de la Eucaristía, llenando de alegría los corazones de los presentes ha afirmado luego: "Tú, mi querido sacerdote predilecto, eres grande, muy grande, por esto Dios Padre me ha mandado a decirte: ¡te declaramos santo!". Y también: "Este decreto no es válido, en él no hay sinceridad, tampoco son verdaderos los otros decretos". "Has hecho de todo, has tratado de salvar también al Vicegerente - ha continuado la Madre Celeste - ahora le toca a él decidir de qué parte estar", y luego otra caricia materna dirigida también a Don Claudio: "Sé fuerte, lleva la palma del martirio y deja ver y conocer tu santidad". Luego ha venido Jesús, que ha dicho: "Dios Padre te ha declarado santo, Dios Padre nos ha llamado uno a uno y nos ha dicho: id a aquel lugar taumatúrgico porque hoy Dios ha santificado a Don Claudio Gatti, después le tocará a Marisella". (Como luego ocurrió el 2 de mayo de 1999 - N.d.R.)

Nuestro sacerdote, en los días siguientes, ha escrito a Ruini rebatiendo punto por punto toda su carta de condena. Don Claudio sabía que desde el punto de vista jurídico, la carta del Vicario General no tenía valor. Ha pedido consejo a un abogado legal, experto en derecho canónigo, que ha afirmado: "Mire, en el Vaticano hay una ley no escrita que dice que los superiores siempre tienen razón; no se espere nada bueno. Ninguna Congregación de Roma pondrá nunca en discusión la autoridad del obispo". Don Claudio, de todos modos, animado por la Virgen, y también para dejar un testimonio, escribió una carta dirigiéndose a la Congregación para el Clero del que era prefecto el cardenal Darío Castrillón.

La Congregación, en recurso de apelación, examinadas las cartas y los procedimientos para ver si había defectos, de vicio o de forma o, si todo estaba correcto, dio la razón al superior. El cardenal Castrillón, puesto sobre aviso por Ruini, se ha servido de un testigo falso y ha indicado una fecha equivocada. El testigo falso es el de Don Claudio Cazzola, entonces párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, el cual testificó que Don Claudio Gatti celebró la Misa el 8 de marzo de 1998, y no el año anterior, por otra parte, don Claudio Cazzola no estaba presente en esta celebración eucarística. La Congregación para el Clero ha usado un testigo falso y ha indicado una fecha equivocada. Don Claudio ha escrito a la Congregación para el Clero poniendo en evidencia esta falsedad, pero nadie le ha respondido nunca, a pesar de que era evidente su injusta e ilegítima condena.

Hemos hablado ya de los dolorosos interrogantes que se puso en aquellos días Don Claudio Gatti, en el momento en el que Jesús le pedía una cosa y la autoridad le pedía otra exactamente opuesta. El Señor ha hecho comprender, en los años sucesivos, al Obispo de la Eucaristía, los motivos por los que ha llevado al sacerdote a la situación de tenerse que enfrentar duramente con la autoridad eclesiástica: las razones nos han sido reveladas el pasado primero de abril, diez años exactos después de la suspensión a divinis. Esta condena, seguida luego de aquella de la reducción al estado laical, las dos sufridas injustamente, tienen significados precisos. La primera desenmascarará a estas personas, cuando en el futuro aparezca claro a todos que actuaban de mala fe y serán condenados y por otra parte todos sus actos serán declarados nulos e inválidos. Se entenderá por tanto que eran lobos con vestidos de cordero, que eran mercenarios y no pastores, condenados por sus mismas acciones. Uno de los trabajos de la gran misión que Dios ha confiando al Obispo y a la Vidente será justamente el de desenmascarar a los enemigos de la Eucaristía. Por otra parte, la suspensión a divinis y la reducción al estado laical han restituido al Obispo aquella plena y total libertad que antes, como sacerdote incardinado en la diócesis de Roma y dependiente de la misma, no tenía. Justamente esta libertad ha permitido al Obispo de la Eucaristía escribir las numerosas cartas y mandarlas a toda la jerarquía católica. En estas cartas defiende la verdad, los 185 milagros eucarísticos ocurridos en el lugar taumatúrgico, las numerosas Teofanías Trinitarias, las apariciones de la Madre de la Eucaristía. Además ha podido denunciar las injusticias, y los "abusos de poder", como los ha definido Jesús, por parte de la cúpula eclesiástica contra él. Los hombres de la Iglesia, reduciéndolo al estado laical, ya no podían decir nada, ya no podían mandar nada y ya no podían exigir la obediencia del Obispo.

Sus perversas, injustas y malvadas acciones se han retorcido contra ellos y la verdad, que es aplastante por sí misma, está emergiendo y saliendo como un manantial que inunda el terreno circundante.

Hemos podido, libremente y sin pedir autorización a la autoridad eclesiástica, imprimir las cartas de Dios, publicarlas en el giornalino y en la página de Internet de nuestra comunidad. Ha sido posible difundir las enseñanzas, ayudas y alientos de Jesús Eucaristía y de la Virgen, perlas preciosas que algunas autoridades eclesiásticas habrían querido censurar, como han censurado al Papa Juan Pablo II cuando, en una audiencia del miércoles dijo: "María, Madre de la Eucaristía, os proteja a todos". Estos eclesiásticos han comprendido que su comportamiento, sus injustas condenas son goles en propia puerta o boomerangs que se están volviendo contra ellos. Se han dado cuenta que se han equivocado, aunque por su soberbia y orgullo no lo admitirán nunca. El Obispo del Amor ha tenido de Dios la confirmación de todos estos pensamientos suyos, en uno de los frecuentes coloquios matinales entre él, la Vidente Marisa Rossi y Dios Padre. "Dios me ha dado la respuesta y me ha dicho que están desesperados por lo que han hecho, porque todo se ha retorcido contra ellos, pero ya no pueden parar nada". Lo podrían hacer sólo si llamasen al Obispo y reconocieran que su ordenación episcopal es de origen divino. Dios ha añadido también, dirigido a Mons. Claudio Gatti: "No te ilusiones, porque todavía son fuertes, son un muro potente que os hace frente y os amenaza". San Pablo, en la primera carta a los Corintios, ha escrito: "Si los poderosos de este mundo hubiesen sabido los planes de Dios, no habrían crucificado al Salvador" (I Cor, 2, 8). Si los poderosos hombres de la Iglesia hubiesen pensado que, condenando al Obispo de la Eucaristía, le habrían favorecido a él y desfavorecido a sí mismos, no habrían hecho lo que han hecho. Eso no significa que estas condenas no hayan provocado un enorme sufrimiento al corazón del Obispo Claudio Gatti.

También en esto, el Obispo ordenado por Dios es semejante al Cristo de Getsemaní, al que ama profundamente y siente particularmente cercano, en cuanto que participa en su sufrimiento y repite en su corazón el grito: "Dio mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Hace suyas también las otras palabras del Redentor: "Padre, si quieres, aleja de Mi este cáliz, pero que se haga Tu voluntad y no la mía".

Nuestro Obispo es capaz de transformar un gran sufrimiento en alegría, una terrible prueba en una triunfante victoria. Ha invitado a los miembros de la Comunidad a unirse a él a agradecer al Señor por haber sido digno de inmolarse por la Eucaristía. Ha querido que la capilla fuese una algarabía de flores y el altar adornado de la manera más solemne. Se ha puesto las insignias episcopales más preciosas y se ha revestido de los ornamentos sacros más hermosos. En fin, ha pedido lo mejor de todo y nosotros le hemos complacido.

A la gran fiesta ha participado la Madre de la Eucaristía: "Hemos celebrado hoy el décimo año de la suspensión a divinis del Obispo ordenado por Dios. Cuando la multitud proclamaba para Juan Pablo II "Santo enseguida" yo pensaba en vuestro Obispo. Sí, tú, Excelencia, para Nosotros ya eres santo. Acepta esta declaración de santidad, no te avergüences, tienes que estar contento de haber dado tanto amor a todos. Es verdad has sido traspasado y estás probado, tu no quieres que Yo hable de los que te persiguen y no hablaré, pero tu sabes por quien eres apuñalado. Vosotros sabéis que sus perseguidores viven en pecado, no están en gracia y cometen sacrilegios, porque lo han condenado y chantajeado ordenándole que tirara a Jesús Eucaristía. Mi querido hijo, tu sabes lo agitado que es su sueño, duermen poco y mal, oprimidos por las pesadillas. Fingen que son felices y cuando mueran serán infelices por toda la eternidad". [Carta de Dios del 1º de abril 2008]

Es el castigo que Dios ha infligido a los laicos, hermanas, religiosas y hombres de la Iglesia que han actuado con perversidad y han calumniado al Obispo que Él ha ordenado. Cuando el Obispo y la Vidente ven en la televisión a estos señores, pueden leer en sus rostros los signos del cansancio, aunque intenten esconderlos de todos los modos posibles y con los medios que la inventiva humana pone a su disposición.

El aniversario de la muerte de Juan Pablo II ¿es el primero o el dos de abril? La respuesta la dará el futuro Papa cuando desvele también otros "secretos" que se refieren al Vaticano.

Mons. Claudio y Marisa, que conocen bien lo que ha ocurrido durante la agonía del Pontífice y después de su muerte, nos han dicho que han oído muchas mentiras y falsedades por parte de los que han conmemorado el tercer aniversario de la muerte de Juan Pablo II.

Cada tanto la Madre de la Eucaristía nos anticipa algún episodio de la vida de Jesús que tendrá que escribir nuestro Obispo, asistido e inspirado por el mismo Jesús que le dictará todo lo que no está contenido en los Evangelios, para que finalmente podamos conocer con detalle los años que el Divino Maestro ha transcurrido en la tierra: "Cuando Jesús caminaba por los senderos, los recorría teniendo a su lado a dos apóstoles cada vez. Les hablaba de Sí Mismo y de cómo tenían que comportarse ellos ante el pueblo que les era hostil. En mayor medida estaba a su lado Pedro, porque era él el que daba fuerza y ánimo a todos. Jesús se complacía de ello y hablaba y hablaba a más no poder y contaba todo acerca de Su vida, como hace nuestro Obispo que tiene siempre tanto que contar". [Carta de Dios del 6 de abril 2008]

Hemos disfrutado siempre cada vez que Jesús y la Virgen han comparado a nuestro Obispo con San Pedro o San Pablo.

Los días de abril han transcurrido inexorablemente lentos y cargados por los serios problemas de salud. Pocas han sido las noches en las que el Obispo y la Vidente han podido descansar: Marisa padecía la pasión o era invadida por tremendos sufrimientos naturales. Mons. Claudio ha sido golpeado por una dolorosa trombosis que le ha impedido durante semanas moverse libremente. Para resumir la dolorosa situación el Obispo nos ha confiado: "Me cuesta vivir". Dios Papá no ha dejado nunca de ayudar a sus dos hijitos, a los que se ha manifestado muchas veces. El Obispo nos ha contado solo un fragmento de la conversación ocurrida el 9 de abril.

Dios Padre - Hijitos, ¿qué queréis decirme?

Marisa - Nos has prometido que nos ayudarías, nos has hecho muchas promesas, pero hasta ahora no se ha realizado ninguna. Llévame ya, quiero morir en santa paz, yo no tengo miedo de la muerte, estoy lista para morir. Ya no puedo sufrir más. Quiero que el Obispo se quede en la Tierra para hacer triunfar a la Iglesia. No me parece que pido mucho después de todo lo que hemos sufrido.

Dios Padre - No pides mucho, pero tu sabes la situación de la Iglesia y del mundo. Yo estoy con vosotros y os ayudo. No os abandonaré nunca. Vosotros tenéis que estar conmigo.

Obispo - Hace decenios que estamos contigo. Yo tengo un tremendo miedo del mañana. No puedo más. Pero ¿en qué consiste Vuestra ayuda si estoy tan agotado? Me pesa incluso hacer el más pequeño esfuerzo y temo que mi sistema nervioso falle.

Dios Padre - No fallará tu sistema nervioso.

Obispo - Dios Papá, Tu sabes que en estos días he pensado además en dejarlo todo.

Dios Padre - Lo sé, pero Yo no te lo permitiré

Obispo - ¿Cómo lo harás para impedírmelo?

Dios Padre - Yo soy Dios y puedo impedirlo todo.

Obispo - Si no quieres que lo cierre todo, porque para nosotros sería el fracaso total, sácanos al menos de esta tremenda situación. ¿Qué mal hemos hecho nosotros?

Dios Padre - No habéis hecho ningún mal.

Obispo - Entonces ¿por qué tenemos que pagar por las culpas de los demás?

Dios Padre - Porque os he escogido para limpiar la iglesia y para hacerla triunfar. Yo quiero llevar a tu hermana al Paraíso y a ti a las alturas estupendas. Tu comprendes lo que quiero decir.

Obispo - Todo esto, ¿cuándo se realizará?

Dios Padre - No puedo decirte cuando, pero ten fe en tu Dios Papá. Os abrazo, os beso, os bendigo, queridos hijitos.

El Obispo ha querido que también la Comunidad estuviera al corriente de la dramática situación en la que estaban él y Marisa. Por otra parte ha pensado de lanzar una campaña durante un mes, de oración, de sacrificios, de florilegios y de ayunos para que Dios se apresurase a pronunciar la palabra tan esperada por nosotros: basta. El basta de Dios comportará para nosotros el fin de los sufrimientos, de las calumnias, de las persecuciones, de las condenas de los hombres de la Iglesia y el inicio de las realizaciones de las promesas que nos han hecho.

El 13 de abril, antes de la aparición de la Madre de la Eucaristía, el Obispo que se encontraba en la habitación de Marisa, obligada por sus males, se ha dirigido, a través de la radio, a los miembros de la Comunidad que estaban rezando en la Basílica para invitarlos a unirse a él en la súplica que quería dirigir a la Virgen, para que se hiciese intérprete ante Dios de sus peticiones. Eh ahí la oración que salió espontáneamente del corazón desgarrado y sufriente de nuestro Obispo.

"Querida Madre del Cielo, el título con el que te invocamos, Madre de la Eucaristía, es dulce, suave y nos conforta en los momentos de la prueba, del sufrimiento y del dolor.

Yo, Obispo ordenado por Dios, llamado por Dios a llevar a cabo en la Iglesia, junto a Marisa, misiones que a juicio humano son difíciles, sino imposibles, en este momento en el que las fluctuaciones de la tempestad parecen sumergirnos, que el sol se esconde detrás de las nubes, que la luna no ilumina nuestro camino fatigoso y probado, interpretando también los sentimientos de mis hermanos y de mis hermanas, me dirijo a ti, que eres poderosa por gracia delante de Dios.

Tu eres la Madre de Dios, la Madre de la Eucaristía, la Madre de la Iglesia, es a ti que con confianza me dirijo. Hemos aprendido a dirigirnos a Dios llamándolo Papá de manera familiar, pero siempre unido al respeto, pero es hacia la madre que los hijos tienen más confianza, más facilidad de diálogo y más sintonía. Sé que en este momento, como en todos los otros en los que nos dirigimos a ti, estás escuchando con amor y paciencia.

Tu sabes lo que ha madurado en mi corazón desde ayer tarde hasta esta mañana: hacer una campaña de oración, de florilegios, de sacrificios y, para el que pueda, de ayunos, para implorar de Dios, junto a ti, a todo el Paraíso y a nuestros hermanos que están en el Purgatorio, que anticipe lo que está en sus designios. Sólo tu puedes conseguirlo, sólo tu puedes realizar este deseo nuestro. En el pasado has dado prueba de este poder tuyo, cuando has acelerado la venida del Espíritu Santo sobre ti y sus apóstoles en el Cenáculo y cuando en las bodas de Caná has hecho anticipar a Jesús el momento de obrar milagros. Tu sabes mejor que nosotros como llevar a cabo el cometido de Madre y de Mediadora. Tu ves como la Vidente y yo estamos cansados y probados, parece que el agotamiento nos está minando la existencia y, como ya te dije el domingo, nos cuesta también sonreír y hablar. Nos consuela saber que, si estamos llegando a este desgaste, es para colaborar y realizar el triunfo de la Eucaristía, tu triunfo y el triunfo de la Iglesia; ahora este último trozo de camino es muy duro y difícil. A menudo perdemos el ánimo, no porque no queramos avanzar, no porque estemos inciertos de la meta, sino simplemente porque mirando la meta, con nuestras fuerzas, ya acabadas, nos parece demasiado lejana y distante.

Nos hemos inclinado siempre, aunque a veces con un tumulto interior y a veces con lamentos exteriores, a la voluntad de Dios que nos ha llevado de una situación a la otra. Nosotros en todos estos cambios lo hemos seguido. Pero ahora, oh Madre, te decimos con ternura filial: convence a Dios para que intervenga, porque estamos en el año de la esperanza. Un tercio de este año ya ha transcurrido, faltan nueve meses para que termine. Al declarar el año de la esperanza he alimentado en mi la confianza de que señalaría el inicio de las intervenciones de Dios. Reconozco que en 1999, año en el que se tenía que realizar nuestro triunfo, no estábamos preparados. En medio de nosotros habían manzanas podridas, pero ahora han sido quitadas. De hecho a través de tus caricias maternas y de los ánimos que nos has dado frecuentemente, creo que esta comunidad ha aprendido a amar a Dios, a la Eucaristía y a todos los hombres. También entre nosotros, a veces, hay todavía alguna chispa y saltan pequeñas discusiones provocadas por los celos y la envidia, pero son calmadas enseguida por el amor.

Oh Madre, sé tu nuestra conductora. Como cuando nos pediste que realizáramos aquellas misiones con los sacerdotes de Roma y yo te dije: "Sé tu nuestra reina, ve delante y nosotros iremos detrás", también hoy te repito: "Tu eres nuestra Madre, ve delante y nosotros vendremos detrás". Ya sé que tu, puesto que eres nuestra Madre, quisieras ver terminado nuestro Getsemaní. Yo amo Getsemaní, pero desde hace ya mucho tiempo nos hemos encerrado en él. Conocemos cada rincón de este huerto, cada planta, hemos contado cada hoja de los olivos, para resaltar cuanto tiempo hace que estamos dentro. Ahora tómanos de la mano y llévanos al Tabor, transfigura nuestro aspecto tan probado, afligido y triste en un porte sereno, alegre y eufórico, porque tu eres también la Madre de la alegría y quieres darla a tus hijos.

Nosotros nos comprometemos desde hoy a hacer una campaña de oración y de buenas acciones durante un mes, que terminará el 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, a la que estamos muy ligados por los motivos que me ha dicho Dios Papá

He iniciado esta oración tomando prestado un término militar "campaña" y la termino tomando también prestado otro término militar "acorralamiento". Sí, nosotros queremos acorralar a Dios junto a ti y a todo el Paraíso, con nuestro amor, con nuestra fe, con nuestra esperanza, con nuestras oraciones y nuestras buenas acciones. No nos levantaremos de esta posición de oración y de sufrimiento, hasta que Dios, sonriendo, te diga a ti y tu nos lo comuniques a nosotros, que finalmente el largo período de prueba ha terminado o por lo menos está a punto de terminar. Marisa y yo te ofrecemos como don estos 37 años. Tu sabes mejor que nosotros lo duros que han sido, qué sufridos y llenos de espinas. Te los ofrecemos, tú envuélvelos en tu amor materno y preséntalos a Dios, junto a mi amado José, a la querida abuela Yolanda, a los últimos papas y a todos los ángeles y santos, para que verdaderamente pueda empezar cuanto antes lo que Dios nos ha prometido y que nosotros creemos ciegamente y confiadamente esperamos.

Madre, gracias porque me has escuchado. Dios Papá, ciertamente ha seguido palabra por palabra esta oración mía, y también a Ti te dirigimos nuestro afectuoso saludo, nuestro amor agradecido y la petición de perdón porque no siempre hemos estado a la altura de la misión que nos has confiado. Tu sabes, Dios, que te amamos y por Ti estamos dispuestos también a dar la vida.

A Ti, Dios Papá, a Ti, Dios Hermano, a Ti, Dios Amigo, a Ti, Dios Uno y Trino, gloria y honor por todos los siglos de los siglos. Amén".

Cuando poco después ha aparecido la Virgen, Marisa le ha dirigido estas palabras: "Todo lo que ha dicho nuestro Obispo es grande, es hermoso, es verdad. Todos estamos preparados para hacer algo, para que triunfe la verdad, todos queremos hacer sacrificios, florilegios y para quien pueda, también ayunos; para llegar a aquella meta que esperamos desde hace mucho tiempo. Dios mío, basta que Tu levantes un dedo para ponerlo todo en orden. Los hombres poderosos de la Iglesia continúan equivocándose, mofándose el uno del otro y tratándose mal. Nos gustaría ver como se realiza algo, que nos cerraras algún agujero. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, Vosotros sois nuestros amores y nosotros somos Vuestros amores" [Carta de Dios del 13 de abril 2008]

Durante la oración del Obispo y de la Vidente estaban presentes la Santísima Trinidad, la Virgen, S. José, la Abuela Yolanda, los últimos Papas y todos los ángeles y santos del Paraíso. Muchas personas de la Comunidad no han sido capaces de detener las lágrimas, todos estaban emocionados y conmovidos. Para contentar en parte el intenso deseo de Marisa de morir, el Señor le ha hecho ver en sueños el momento de su muerte y de su entrada en el Paraíso, acogida festivamente por los ángeles y por los santos. Los detalles de esta visión los conoce sólo el Obispo, porque Dios le ha prometido que acompañará a su hermana al Paraíso, para luego volver a la Tierra a completar la última gran misión: hacer renacer la Iglesia.

El 18 de abril nació Adrián, hijo de la última pareja de nuestros jóvenes que se han casado.

Para superar la desilusión del tiempo que pasaba y no ocurría nada en nuestro favor, los jóvenes, seguidos por los adultos, han organizado vigilias de oración que se han prolongado durante toda la noche. Han sacrificado su sueño y hecho largas horas de adoración eucarística para pedir a Dios que se apresurase a pronunciar la palabra basta y empezar a realizar lo que había prometido muchas veces.

La oposición por parte del Vicariato en lo que se refiere a nuestro Obispo no se ha debilitado nunca, más bien se ha vuelto cada vez más feroz y nosotros lo hemos experimentado en nuestra piel. Cuando el Obispo estaba fuera de Roma o estaba absorbido por graves y delicados problemas nos hemos ido a confesar a los sacerdotes de Roma, limitándonos a acusarnos de los pecados, sin entrar en ninguna discusión sobre otros temas. Pero si el confesor nos preguntaba dónde habíamos emprendido el camino de formación espiritual, respondíamos sencillamente: "En la Comunidad Madre de la Eucaristía, guiada por el Obispo ordenado por Dios Claudio Gatti". La mayor parte de los sacerdotes, a esta afirmación, no han replicado nada, más bien algunos nos han animado a continuar, vistos los buenos resultados espirituales obtenidos. Pero otros, pocos en verdad, nos han negado la absolución. Citamos uno que vale para todos: don Fabio Laurenti, vicario de la Parroquia de la Resurrección. Éste sacerdote, después de haber apreciado el alto nivel de cultura religiosa obtenida por una de nuestras muchachas, le ha preguntado donde había cultivado su maduración espiritual. A la respuesta: "En el Movimiento Impegno e Testimonianza Madre de la Eucaristía" ha actuado nerviosamente, acusándola de distorsionar la absolución de manera deshonesta, porque el cardenal Ruini había prohibido expresamente a los sacerdotes de Roma que dieran la absolución a los miembros de aquella Comunidad.

Aunque son pocos los sacerdotes que han obedecido a la imposición arbitraria del cardenal Ruini, da que pensar que un Obispo abuse de su autoridad para perseguir a los que creen en los milagros eucarísticos ocurridos en via delle Benedettine. Por otra parte, aquel sacerdote ha atribuido al cardenal Ruini la afirmación de que la S. Misa celebrada por nuestro Obispo el 11 de junio del 2000, durante la cual ha ocurrido el milagro eucarístico, no es válida y que la efusión de sangre en la hostia consagrada se había realizado por obra del demonio.

El que hace estas afirmaciones profana la Eucaristía, peca contra el Espíritu Santo y es sancionado con la excomunión latae sententiae. (can. 1367)

A pesar de las oraciones, las adoraciones eucarísticas nocturnas, los florilegios, los sacrificios y los ayunos, por desgracia veíamos que la Vidente estaba cada vez peor y sufría más. Para evitar que cayéramos en el desánimo la Virgen nos ha dicho: "Hay un motivo muy grande y muy profundo por el que vuestra hermana ha tenido dolores que a menudo la hacen llorar e invocar a su madre. Su vida es muy dura, pero cuando terminen todos los sufrimientos, comprenderéis porqué Dios los ha querido". [Carta de Dios del 20 de abril 2008]

El Obispo nos ha confiado que ni siquiera él conoce este motivo. Últimamente Dios ha hablado a sus dos hijitos también de la situación espiritual de los conventos de hermanas. Este coloquio se ha prolongado durante diversos encuentros y el Obispo los ha sintetizado para nosotros con una frase terrible: "¡Es un desastre!".

Marisa, aunque tenga que desplazarse pocos metros, está obligada a recurrir a la ayuda de alguien que la sostenga, a causa de las pésimas condiciones de los huesos y del agotamiento que se está adueñando de su organismo cada vez más. Durante uno de estos desplazamientos, mientras era sostenida por el Obispo, ha tenido un repentino aflojamiento de las rodillas, que habría tenido consecuencias desastrosas, si la Virgen y S. José no hubiesen intervenido inmediatamente para sujetarla.

Cuando ya había empezado "la campaña" de oraciones, florilegios, sacrificios y ayunos para pedir a Dios que acelerara sus intervenciones en favor nuestro, el Obispo ha pedido a los jóvenes un ulterior esfuerzo y la renuncia de algo a lo que estuvieran particularmente apegados. Los forofos del futbol han renunciado a ver el partido de su equipo favorito, los cafeinómanos se han abstenido del café, otros han decidido el ayuno de la televisión. Los restantes han hecho otro tipo de renuncias, pero todas igualmente comprometidas; muchos adultos han seguido el ejemplo de los jóvenes.

La Madre de la Eucaristía nos ha animado repetidamente durante la susodicha "campaña": "Vosotros rezad y haced florilegios. Sé el motivo; también me he unido al Obispo, a los jóvenes y a los adultos. Vosotros sabéis, aunque a veces os hayáis quejado, que no os hemos dejado nunca solos, os hemos ayudado siempre. Recordad que ayudar no significa que todo se arregle enseguida para vuestra tranquilidad. Lo que tiene que llegar llegará cuando Dios lo decida, y Dios, a veces es un poco largo y hace esperar". [Carta de Dios del 27 de abril 2008].

Mayo es el mes en el que estalla la primavera, el mes de las flores, de los perfumes, de los colores, es el mes en el que la creación inanimada se renueva para presentar al verano frutos gustosos y escenarios hermosísimos.

Es también el mes del amor, durante el transcurso de sus días los niños se abren al amor de Jesús Eucaristía y los adultos se intercambian el sí de amor, celebrando el sacramento del matrimonio. Mayo es por definición el mes mariano por excelencia.

Durante el mes de mayo del año actual, la Madre de la Eucaristía ha multiplicado los encuentros con sus dos hijitos, aplastados por un sufrimiento inaudito y postrados por un agotamiento impresionante, tanto que les hemos preguntado: "¿Cómo lo hacéis para seguir adelante con una vida humanamente imposible?". El Obispo nos ha respondido: "Si tuviésemos que secundar los lamentos del cuerpo nos retiraríamos a una vida privada, lejos de aquí, pero ya que escuchamos la oración de nuestras almas, aunque están tristes hasta la muerte, nos quedamos donde el Señor quiere que trabajemos".

La Madre de la Eucaristía ha hablado de esta gran tribulación: "Mis queridos hijitos, estáis sufriendo mucho, pero pensad que este sufrimiento es para el bien de tantas almas". [Carta de Dios del 3 de mayo 2008]

"Hace dos días que la Abuela Yolanda llora al ver a sus dos hijos reducidos a este estado". [Carta de Dios del 4 de mayo 2008].

En esta dolorosa situación que recuerda al Getsemaní y al Calvario, la Madre Dolorosa nos ha animado a continuar esperando: "Todo este gran sufrimiento acabará y entonces diréis: Dios ha mantenido la palabra" [Carta de Dios del 4 de mayo 2008]

La Madre Celeste, incluso inclinándose siempre a la Divina Voluntad, ha expresado muchas veces el deseo de ver a Marisella "pronto en el Paraíso": "Rezad por Marisella y decid: Dios, ayuda a esta alma de la tierra y llévala contigo al Paraíso". [Carta de Dios del 3 de mayo 2008]

El 9 de mayo, durante una aparición reservada a sus dos hijitos, la Madre de los sacerdotes ha hecho conocer el éxito que había tenido la carta que el Obispo había escrito el 23 de marzo a ochenta cardenales (Anexo n. 4) esparcidos por todo el mundo, en la que había tratado el grave y delicado problema de los sacerdotes que quieren casarse y quieren continuar ejerciendo el ministerio sacro y de los sacerdotes, reducidos al estado laical, que quieren ser reintegrados en el sacerdocio. Para resolver tal problema ha avanzado una propuesta, aprobada por el Sumo y Eterno Sacerdote: "Las cartas han llegado a trescientos obispos y cardenales, porque los destinatarios la han fotocopiado y transmitido a otros hermanos. La mayor parte de estos hijos míos predilectos cree que tu has sido ordenado Obispo por Dios, rezan muchísimo por ti, Excelencia, y saben que eres un hombre de fe, sincero, amante de la verdad, lleno de amor por la Iglesia y dispuesto a todo. Hijo mío, imagina cuantos obispos y cardenales han leído tu carta".

El 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, era el aniversario del pronunciamiento de los votos de Marisa. Por la mañana, Dios Papá se ha manifestado al Obispo y a la Vidente, con los que se ha absorto en un afable y largo coloquio, del que ha hablado la Virgen en la aparición ocurrida por la tarde, en presencia de toda la Comunidad. De todos modos, para entender este coloquio, es necesario hacer una introducción y dar una explicación. El Obispo, los jóvenes y los adultos en oración espontánea, recitada en diferentes circunstancias, habían pedido a Dios que pronunciara finalmente la palabra "basta" con la que acabará el tiempo del sufrimiento y de la espera para empezar el de la realización de las promesas. "Hoy Dios Padre se ha manifestado al Obispo y a la Vidente y ha dicho: llegará el momento en el que diré basta. Vuestra hermana ha intentado preguntarle: ¿pero cuándo? ¿Qué día? Él ha respondido: "Yo no os desilusionaré. He dicho que cuando llegue el momento pronunciaré la palabra que todos esperáis: basta. Sí, diré basta, pero no os digo el día en que la pronunciaré". Vosotros diréis: ¿Se divierte Dios haciendo desplantes? No, Dios sabe lo que hace y tiene Sus motivos si ha insistido en esto. Habrá un motivo grave si este "basta" se retrasa.

Por tanto, ánimo, haceos fuertes, apoyaros en esta fuerza que viene de Dios".

También con ocasión de la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, Mons. Claudio ha enviado al Papa, y para conocimiento, a ochenta cardenales, una carta en la que lúcida y detalladamente ha expuesto por enésima vez la escandalosa historia de su reducción al estado laical, demostrando, C.I.C. en mano, su invalidez. (Anexo n. 5)

El domingo 18 de mayo, como ocurre cada año, para dar también a los miembros de los grupos de oración de fuera de Roma la posibilidad de homenajear a Marisa, hemos celebrado la jornada de las almas consagradas. Lo hemos preparado todo del mejor modo para hacer una solemne procesión eucarística: adornos, flores, luces, banderas, ornamentos sacros, pero por desgracia una insistente lluvia lo ha impedido, por lo que nos hemos visto obligados a centrarnos solo en la adoración eucarística. El Obispo ha terminado el momento de la adoración con una improvisada y conmovedora oración, durante la cual se ha lamentado a Jesús, porque, a causa de la lluvia, no habían podido hacer la procesión. Jesús ha respondido al Obispo haciendo cesar inmediatamente la lluvia y haciendo que apareciera el sol y que se despejara. Hemos podido así llevar solemnemente en procesión la Eucaristía que había sangrado, como deseábamos ardientemente.

Antes de la S. Misa se ha aparecido a la Vidente la Madre de la Eucaristía que ha vuelto a hablar del ya famoso "basta": "Mi alma magnifica al Señor. Me gustaría que también vosotros magnificaseis al Señor, nuestro Dios, que parece que os da preocupaciones y no diga basta. Él sabe cuándo y cómo pronunciar esta palabra que parece pequeñita, pero es muy importante, para que quien sabéis (la Vidente, N.d.R.) vaya al Padre.

Si ha dejado todavía en vida a vuestra hermana, Él sabe cuando llamarla. Dios hará lo que tiene que hacer y vosotros seréis felices".

La Madre Celeste nos ha repetido muchas veces que Dios empezará a realizar las promesas que nos ha hecho, sólo después de la muerte de Marisa, sólo después que la Vidente vuele al Paraíso. El Obispo la acompañará a la Patria Celeste para luego volver a la Tierra y proceder a la última misión que Dios le ha confiado: hacer renacer y cambiar la Iglesia.

Al término de la aparición Marisa ha preguntado a la Virgen: "Quería saber si aquellas cartas han llegado". Marisa quería decir la carta que el Obispo había enviado al Papa el 13 de mayo y a ochenta cardenales. Esta es la respuesta: "Sí, han llegado y han sido leídas y releídas. Alguno ha movido los folios y ha dicho: "Ahora ¿qué hago yo?".

No es difícil determinar "el alguien" del que ha hablado la Virgen.

La semana que va del 18 al 25 ha sido vivida por el Obispo y por la Vidente de manera dramática. Los sufrimientos que han invadido a Marisa han sido tan impresionantes que por dos veces ha llegado a las puertas de la muerte, no traspasada, por intervención divina.

El Obispo ha sido maltratado de nuevo por calumnias y perversidades y ofendido con frases y palabras injuriosas por parte de los hombres de la Iglesia.

Por otra parte ha sido abandonado y traicionado por personas que había amado y socorrido. Naturalmente su salud se ha resentido mucho, por lo que se ha lamentado con Dios durante un coloquio.

"Dios mío, no tengo más fuerzas, estoy amargado, me siento destrozado; me gustaría cerrarlo todo y retirarme a una vida privada". No ha tenido tiempo de añadir nada más porque Dios se ha manifestado y con voz potente ha dicho: "No, nunca".

El 25 de mayo Jesús ha hablado de esta intervención divina: "Marisella, ¿qué ha dicho Dios al Obispo que quería cerrar este pequeño oasis de paz que Él ha hecho taumatúrgico? ¡No, nunca! A los lugares donde ya no hay apariciones van muchas personas. Y el Obispo quería cerrar este lugar santo, donde viene la Trinidad, la Virgen, los ángeles, los santos y donde viven él, el único Obispo ordenado por Dios, después de los apóstoles y la Vidente más importante de toda la historia de la Iglesia. Meteos bien en la cabeza: al Obispo Dios le ha dicho: ¡No, nunca!". [Carta de Dios del 25 mayo 2008]

También el 25 de mayo hemos celebrado la fiesta del Corpus Domini de la manera más solemne. Después de la procesión eucarística nos hemos parado en adoración delante de la Eucaristía que ha sangrado, hemos abierto nuestro corazón y recitado oraciones espontáneas que han conmovido hasta las lágrimas a muchas personas presentes. Hemos repetido muchas veces: "Señor, pronuncia finalmente la palabra "basta" porque vemos al Obispo y a la Vidente consumidos por la fatiga y destrozados por el sufrimiento". El Obispo ha concluido la adoración con una oración suya, que, como las otras ha emocionado a los presentes. (Anexo n. 6)

Jesús se ha aparecido a Marisa y ha dirigido a todos palabras hermosas y afectuosas: "Yo os entiendo, pero, como dije ayer a mis dos hijitos, no lo podéis tener todo enseguida. No podéis ni siquiera pensar que una promesa se realice enseguida. También Dios Padre tiene Sus tiempos y han de ser respetados. Yo no tengo nada que reprocharos, estoy contento de que hayáis abierto vuestros corazones: es mejor abrir los corazones que tenerlo todo dentro y pensar mal. Es humano que a veces salgan frases duras, fuertes, pero vosotros no podéis ni siquiera imaginar todo lo grande que ocurre en este pequeño lugar. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo no vienen al lugar taumatúrgico para haceros sufrir. Solo le ha sido pedido a una persona (la Vidente N.d.R.) la inmolación y el sufrimiento total. Claro que también aquél que está a su lado (el Obispo N.d.R.) padece mucho, y es justo, porque cuando uno ve sufrir a un hermano o a una hermana participa de sus penas. Pero el verdadero dolor es padecido por una sola persona a la que vosotros estáis ayudando con la oración y los florilegios; por esto estoy conmovido y os doy las gracias. Yo, Jesús, no he sufrido tanto como ella. Marisella ha sido premiada por Dios con el don del sufrimiento. Es difícil entender ciertas verdades, pero ella, a su modo, las ha entendido. Sufre y llora no por sí misma, sino por el Obispo y por vosotros aquí presentes, porque su amor es grande por todos. Después de todo lo que habéis dicho con vuestras oraciones, solo puedo anunciaros que el esperado "basta" está anotado en el libro de Dios y que os amo y os entiendo. No os desesperéis esperando el "basta" de Dios más bien sed fuertes por vuestro Obispo, por vosotros mismos y por los que están a vuestro lado" (Carta de Dios del 25 de mayo 2008).

El 27 de mayo durante una teofanía reservada al Obispo y a la Vidente, Dios Papá ha revelado a sus dos hijitos que la carta enviada por el Obispo el 13 de mayo al Papa y a ochenta cardenales había sido fotocopiada y distribuida a un número mayor de obispos y cardenales que la carta precedente. El cincuenta por ciento la había acogido con respeto y leído con sufrimiento. Varios se habían conmovido y, terminada la lectura, se recogieron en oración y la colocaron bajo la imagen de Nuestra Señora. Del restante cincuenta por ciento muchos permanecieron pensativos, algunos tuvieron reacciones malvadas hacia el Obispo ordenado por Dios. Dios ha hecho saber que todos los eclesiásticos que han calumniado a Su Obispo continúan sin dormir durante la noche y teniendo pesadillas; ninguna medicina consigue hacerles conciliar el sueño.

Dios Padre ha ilustrado detalladamente a sus dos hijitos sobre la situación espiritual de los miembros de la jerarquía y ha afirmado: "Hoy muchos demonios están en la Iglesia. Estamos trabajando para cambiar a otros sacerdotes, obispos y cardenales, pero en un determinado momento me veré obligado a decir: basta"

El coloquio ha terminado con una pregunta por parte del Obispo: "Dios Papá, Tu sabes que no puedo alejarme de casa por ningún motivo, ni siquiera para irme a confesar, por lo que Te pido que me des la absolución sacramental". Dios le ha contentado: "Sí, hijo mío, ya que el sacramento de la confesión aumenta la gracia, Ego te absolvo a peccatis tuis". En aquel momento también Marisa ha pedido a Dios que le de la absolución, pero ha recibido esta respuesta: "Hija mía, tu tienes la suerte de tener siempre contigo a tu director espiritual, pídele a él que te confiese".

Al día siguiente la Madre de los sacerdotes ha continuado hablando de la condición espiritual de los miembros del Clero: entre ellos hay pedófilos, ladrones, sacrílegos, fornicadores, drogados, alcohólicos y otras cosas.

La abuela Yolanda que estaba con Nuestra Señora ha dicho a su hija: "Marisella, todos te estamos esperando en el Paraíso".

Mayo se ha iniciado y se ha cerrado con la distinción del sufrimiento: "El Obispo está muy cansado y padece tremendas desilusiones por parte de los hombres que lo hieren y le hacen sufrir. Hace días, días y días que mis hijitos no pueden dormir, últimamente han descansado una sola noche. No podéis imaginar lo que significa no dormir durante mucho tiempo. Durante las noches de insomnio afloran a la mente todos los tristes pensamientos y los malos recuerdos y se sufre aún más. Pasar tantas noches sin pegar ojo es muy duro". (Carta de Dios del 31 de mayo 2008).

De todos modos, en medio de tantas noches tristes, ha resonado una nota alegre. El 31 de mayo Mariselle y Adrián, hijos de dos parejas de nuestros jóvenes, han recibido el Sacramento del Bautismo. Son los corderitos más jóvenes de nuestro rebaño y las flores más delicadas de nuestro jardín. Durante el rito bautismal la Madre de la Eucaristía ha tenido abierto su manto sobre el celebrante, los padres, los padrinos y los niños.

En el mes de junio el Vía Crucis del Obispo y de la Vidente se ha convertido en más duro, difícil y doloroso. Sus almas gemían bajo el peso de tantos flagelos, y su cuerpo proseguía, tropezando y cayendo, el camino hacia el Gólgota, que parecía alejarse cada vez más.

Casi todas las noches han permanecido despiertos, agotados y doloridos esperando las primeras luces del nuevo día, durante el cual tenían que afrontar incesantemente otros graves problemas de salud y sufrimientos cada vez más impresionantes.

El Obispo ha definido "una prisión" la habitación de Marisa, porque la Vidente estaba y está obligada a transcurrir todas las jornadas en ella; él mismo y Marisa son "prisioneros de Dios" porque se ven imposibilitados de gozar aunque solo sea por pocos minutos del aire del jardín.

La forzada inmovilidad generaba pensamientos tristes y momentos difíciles que eran iluminados por la luz que emanaba de Dios, de Jesús, de Nuestra Señora cuando irrumpían de repente para consolar, hacer compañía y dialogar "con los dos mártires de la Iglesia".

También durante este mes la salud de Marisa ha tenido repentinos y graves derrumbamientos que la han llevado al final de la vida, superados siempre y sólo por intervención divina. Es lógico que, a continuación de estas tribulaciones, el sistema nervioso del Obispo y de la Vidente se han resentido mucho.

El Obispo se ha lamentado muchas veces con Dios de esta difícil y dolorosa situación y le ha invitado ardientemente a anticipar sus programas, ya tantas veces aplazados.

El hijo se ha desahogado sobre todo con la Madre Celeste del momento tremendo que estaban viviendo él y su hermana. La Madre de la Eucaristía ha respondido: "Hijo mío, Nosotros os estamos ayudando, sino vuestra situación sería peor..."

A esta revelación el Obispo se ha quedado pasmado y ha replicado: "Es qué hay una situación peor que la que estamos viviendo?". La Madre ha respondido a su hijo con amor y tristeza: "Este para vosotros es un momento muy doloroso. Estáis viviendo una fuerte prueba, pero pasará. Marisella ha sido humillada, calumniada y ofendida por sacerdotes, obispos, cardenales, religiosos, hermanas y laicos. No penséis que Nosotros estemos en contra de vosotros. El sufrimiento a veces lleva a pronunciar frases duras, podéis hacerlo, porque nos lo hemos merecido. Este período pasará y cuando haya pasado, Marisella partirá para el Paraíso. Dios ha hecho mucho por los hombres de la Iglesia. Él quiere este intervalo, difícil, lleno de dolor. Sólo Dios sabe lo que tiene Marisa, ningún doctor puede comprender los achaques de esta hija mía. Podríais llamar a todos los especialistas que quisierais pero ninguno podría hacer nada.

Tu hermana, Excelencia, tiene muchos y graves problemas de salud. Marisella no se curará. Os estáis agarrando a Dios, Él os está ayudando. Nosotros sacamos agua de vosotros dos para que florezca el desierto, porque habéis demostrado amor y habéis sufrido muchísimo. ¿Qué hemos de hacer para demostraros que os amamos?

Entonces intervino la Vidente: "¿Para qué le habéis dado el episcopado a Don Claudio? ¿Para hacerle sufrir? se ha convertido en el hazmerreír de todos". "No, Marisella -ha replicado la Virgen- todos tienen miedo del Obispo ordenado de Dios. Hijitos, aceptad este momento de prueba; es el más terrible de todos los otros que los han precedido. Tened fe en Mi y sobre todo en Dios. Sé que tú, Excelencia, estás amargado y agotado y tu, Marisella, estás muy probada. La Trinidad está con vosotros, todo el Paraíso está con vosotros".

Al final del coloquio se ha manifestado la Stma. Trinidad y Jesús ha dicho: "Excelencia, junto a Nosotros, bendice a tu hermana".

Cuanto más transcurría el tiempo más imperativo era el deseo de Marisa de partir para el Paraíso y lo ha manifestado a Su Esposo preguntándoLe: "¿Cuándo me comunicarás los dos números?"-

Para comprender el sentido de esta pregunta hay que tener presente que Nuestra Señora, algunos días antes, le había dicho a Marisa: "La fecha de tu muerte está formada por dos números".

Jesús ha respondido a su esposa: "Ya sabes que en el libro de Dios está escrito cuando dirá "basta", pero no te diremos nunca con mucha anticipación el día de tu partida" (Carta de Dios del 1º de junio 2008).

La Madre Celeste ha hablado de nuevo con su hija de la fecha de su muerte: "Marisella, sólo Dios conoce esta fecha. Cuando llegue, te lo dirá Él. Tu te prepararás, porque no puedes irte de repente" (Carta de Dios del 7 de junio 2008).

Puesto que también la Comunidad empezaba a dar señales de cansancio e impaciencia por la prolongación del silencio de Dios, la Madre de la Eucaristía ha querido animarnos: "¡Continuad rezando! Llegará, llegará lo que Dios ha prometido". (Carta de Dios del 8 de junio 2008).

El once de junio hemos celebrado el octavo aniversario del milagro eucarístico, ocurrido en las manos del Obispo, mientras celebraba la S. Misa. Hemos pensado que, para celebrar este milagro, definido por Nuestra Señora como "el más grande de toda la historia de la Iglesia", el mejor modo era recogernos en oración. De hecho a las 10 de la mañana ha empezado la adoración eucarística y todos los miembros de la Comunidad se han sucedido en turnos para hacer compañía a Jesús. A las 20 horas el Obispo ha celebrado la S. Misa y, después de haber distribuido la S. Comunión, ha invitado, a los que lo desearan, a ir delante del altar, arrodillarse y formular oraciones salidas del corazón. Muchos jóvenes y adultos, de maneras diversas, con acentos y palabras diferentes, han pedido a Dios que dijera "basta" a los sufrimientos del Obispo y de la Vidente y que empezara cuanto antes la realización de Sus promesas. En la capilla se ha creado un silencio impresionante y un recogimiento profundo, mientras de los ojos de muchos presentes brotaban abundantes lágrimas.

Dios Padre se ha manifestado el día después a sus dos hijitos, durante la oración de la mañana, y ha dicho: "Yo, Dios, me he conmovido de vuestras oraciones. Marisella es mía; su misión, el sufrimiento se acabará con su muerte. Excelencia, puedes pedirMe que la haga estar mejor y que la ayude, y esto lo hacemos, pero no que le quite el sufrimiento. Los ofrece por los sacerdotes, aunque esta misión esté acabada, pero sobre todo por ti. Te daré un poco de fuerza cada vez; tu lo quieres todo y enseguida. Tienes que ir de vacaciones para descansar y recuperar fuerzas. Marisella no te estorbará, más bien podrá venir alguna vez contigo al mar para bañarse. Los ángeles, sobre todo el suyo: Ismael y el tuyo: Gioele, la ayudarán. Dame todavía tiempo; es verdad que te había pedido un poco y ha pasado mucho. No seas precipitado".

La conmoción no se ha ahorrado ni siquiera a los habitantes del Cielo, como ha dicho Nuestra Señora: "En el Paraíso hablamos de vosotros, de lo que hicisteis el miércoles pasado, de las oraciones y de las intenciones que habéis formulado. Ha sido una ceremonia conmovedora y hermosísima, durante la cual, yo, la Madre, he derramado lágrimas de sufrimiento y de alegría. Junto a mi han llorado conmovidos, mi amado esposo José, la abuela Yolanda, los ángeles y los santos". (Carta de Dios del 15 de junio 2008).

Durante el mes dedicado a Su Corazón, Jesús ha continuado "haciendo bromitas" como lo llama el Obispo. Marisa no podía ver a su hermano Claudio, pero si a su Esposo Jesús, al cual dirigía siempre la misma pregunta: "Jesús, ¿cuándo me llevas?"

A nuestro Obispo le han hecho llegar un artículo escrito por Zita Dais en el Repubblica, que narraba todo lo que había dicho el Card. Carlo María Martini, predicando un curso de ejercicios espirituales a jóvenes sacerdotes. El Arzobispo emérito de Milán ha expuesto lúcidamente a los jóvenes cofrades: "una pista de reflexión para hablar de los pecados que nos interesan, como clérigos, en primer lugar los pecados externos como la fornicación, los homicidios y los robos". Después ha pasado a examinar la "concupiscencia, la maldad y los adulterios". Ha advertido: "Cuantos anhelos secretos hay dentro de nosotros. Y luego está el engaño, que para mi es también fingir una religiosidad que no hay. Hacer las cosas como si se fuese perfectamente observante, pero sin virtuosismo". Ha hablado de la envidia: "El vicio clerical por excelencia. La envidia nos hace decir: ¿por qué otro ha tenido lo que yo me esperaba? Hay personas tan carcomidas por la envidia que dicen: "¿Qué he hecho de malo para que ese tal fuese nombrado Obispo y yo no?". Y también tengo que hablaros de la calumnia: beatas aquellas diócesis donde no existen cartas anónimas. Hay diócesis enteras destrozadas por cartas anónimas, a lo mejor escritas en Roma. Está también el vicio de la vanagloria, del envanecerse, nos gusta el aplauso ruidoso, la acogida cálida. Grande es la vanidad en la Iglesia y se muestra en las vestiduras; continuamente la Iglesia se desviste y se reviste de ornamentos inútiles. Tiene esta tendencia a la vanidad".

Pone en guardia a los sacerdotes "de la vanidad terrible de hacer carrera. Incluso en la Curia Romana cada uno quiere ser más. Se deriva una cierta censura de la palabra de manera inconsciente, algunas cosas no se pronuncian porque se sabe que bloquearán la carrera. Es el mal gravísimo de la Iglesia, sobre todo aquel que está ordenado según la jerarquía, que nos impide decir la verdad. Se procede a decir lo que les gusta a los superiores, se actúa según lo que se imagina que es su deseo. Por desgracia hay sacerdotes que se ponen el objetivo de convertirse en obispo y lo consiguen. Hay obispos que no hablan porque saben que no serán promovidos a sedes mayores. Algunos otros no hablan para no bloquear la propia candidatura a cardenal. Estamos llamados a ser transparentes, a decir la verdad".

Después de haber leído el artículo nuestro Obispo ha comentado: "Parece que el Card. Martín haya leído las cartas de Dios que nos ha traído Nuestra Señora, porque hay mucha semejanza entre lo que se nos ha dicho a nosotros y lo que él ha afirmado. Me permito una pequeña crítica: ¿por qué el cardenal Martini ha dicho la sacrosanta verdad sólo ahora y hablando a sencillos sacerdotes y no antes, dirigiéndose quizás al Sínodo de los Obispos? De todos modos, mejor tarde que nunca, aprecio mucho su confesión apasionada y sincera".

El 20 de junio, día de su cumpleaños, Marisa ha recibido las felicitaciones de su Esposo Divino que también le ha anunciado: "Marisella, el sufrimiento te consumirá hasta el final, tendrás algún día de alegría, pero éste es tu camino, ésta es tu misión". Después, dirigiéndose a nosotros, ha añadido: "Mi esposa está muy cansada, muy probada y Yo trato por todos los medios de ayudarla, pero su físico está yendo cada vez más a la deriva".

El mismo día era también el aniversario de la ordenación episcopal de nuestro Obispo que, por indicación de Jesús se celebra el 29 de junio, fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Al Obispo y a la Vidente, Jesús los ha felicitado.

Nosotros sabemos que en el momento establecido por Dios, Marisella volará al Paraíso y Mons. Claudio "volará a alturas vertiginosas, a alturas estupendas".

El solo pensamiento de este doble gran alejamiento nos entristece, nos hace sentir huérfanos, y entonces Jesús, para animarnos, nos ha dicho: "Cuando el Obispo y Marisella ya no estén presente en el lugar taumatúrgico, Yo continuaré estando con vosotros y os ayudaré". (Carta de Dios del 22 de junio 2008).

El 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo, como nos ha sido ordenado por Jesús, hemos celebrado el noveno aniversario de la ordenación episcopal de nuestro Obispo. En la misma circunstancia hemos concluido también el año social 2007 - 2008.

Aquél día, a pesar de un calor opresivo, la basílica estaba completamente llena, tanto que tuvimos que colocar muchas sillas fuera para que todos los presentes tuvieran la posibilidad de seguir cómodamente la ceremonia entera.

La Madre de la Eucaristía ha seguido en procesión con nosotros a Jesús Eucaristía, circundado por los ángeles y por los santos. A la procesión ha seguido una larga adoración eucarística, animada por los jóvenes y los adultos de la Comunidad con cantos, pausas de reflexión y oraciones espontáneas: todos han suplicado de nuevo a Dios que finalmente pronuncie la palabra tan esperada por nosotros: basta.

El Obispo ha concluido la adoración eucarística con una profunda oración con la que ha pedido a Jesús que pronuncia al menos una palabra que se asemeje al "basta" tan esperado. Jesús se ha aparecido a Marisa acompañado por los apóstoles Pedro y Pablo. La Vidente nos ha dicho que una luz maravillosa irradiaba de su cuerpo y ha envuelto a todos los presentes.

El dulce Maestro nos ha hablado de la actual situación de la Iglesia: "Sabéis que Pablo VI ha dicho que el humo de Satanás ha entrado en las filas de la Iglesia y en el Vaticano, esta penetración continúa. He venido junto a S Pedro y S Pablo, los dos grandes santos que estarán al lado de aquel (Obispo ordenado por Dios N.d.R.) que subirá a alturas estupendas, uno a la derecha y el otro a la izquierda para ayudarlo (a hacer renacer la Iglesia N.d.R.) y para tratar por todos los medios de que nadie se permita hacerle daño. Yo, Jesús, te digo: ánimo, Claudio, ánimo, Excelencia. ¿Querías una palabrita que estuviese cerca del "basta"? Hela ahí: pronto.

A ti, Excelencia, te deseo mis más sentidos deseos de fuerza, de valor y, si alguna vez te abates, mira la Cruz y levanta el ánimo".

El Fundador y Cabeza invisible de la Iglesia ha permitido a los dos Apóstoles ordenados obispos por Dios, como Mons. Claudio, que hablaran al homenajeado.

San Pedro: "Yo soy Pedro, he sufrido mucho, he visto mucho de todo. He recibido sufrimiento tanto de mis amigos como de mis enemigos, pero he luchado y obtenido la victoria. Excelencia, lucha, aunque ya has obtenido la victoria. Yo estoy contigo".

San Pablo: "También yo, Pablo, después de haber tratado mal a Cristo y a los Cristianos, a mi vez he sido tratado mal, como Pedro, por los amigos y por los enemigos, pero Jesús estaba con nosotros. Nosotros estamos contigo. Pronuncias palabras tan grandes que se acercan muchísimo a las que Jesús te dice durante las conversaciones en el Jordán".

La aparición ha terminado con una gran bendición: "Yo, Jesús, junto a todo el Paraíso que está aquí con vosotros y junto a vuestro Obispo os doy la bendición. Levántate, Excelencia, no seas tímido y bendice junto a Nosotros".

Marisa ha visto una escena maravillosa: Jesús, los ángeles y los santos han pronunciado la fórmula de bendición, junto a S. E. Mons. Claudio Gatti, Obispo ordenado por Dios, Obispo de la Eucaristía.

Terminamos con esta estupenda escena la presentación de las cartas de Dios del año social 2007 - 2008.

En el nuevo año social 2008 - 2009 ¿dirá Dios "basta" a los sufrimientos del Obispo, de la Vidente y a nuestras esperas? ¿Llamará al Paraíso a Marisa y empezará a realizar lo que ha prometido? Deus scit. Solo Dios lo sabe.

Roma, 8 diciembre 2008

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Conclusión del Año de la Esperanza

A cura del Comitato Culturale del Movimento Impegno e Testimonianza - Madre dell'Eucaristia

 


Anexo n.1

Ésta es la oración que S.E. Mons. Claudio Gatti, Obispo ordenado por Dios, ha pronunciado espontáneamente delante de la Eucaristía que ha sangrado. Ésta evidencia nuestro estado de ánimo y expresa nuestra confianza ilimitada en las intervenciones que Dios ha prometido para el renacimiento de la Iglesia y de nuestro triunfo.

Dios Papá, Dios Hermano, Dios Amigo, Dios uno y Trino, el corazón nos sugiere dirigirnos a la que nos has dado como Madre, a la Madre de la Eucaristía, a María Inmaculada, pero el alma, que ve más lejos, nos invita a elevar nuestro pensamiento filial y afectuoso a Ti, Dios nuestro, junto a todo el Paraíso, que hoy ha acogido a otras almas provenientes del Purgatorio y que se inclina adorante y reverente ante Tu Trono. Nos colocamos, pequeños y humildes, en el último lugar, detrás de nuestros hermanos y hermanas que gozan ya de la visión de Tu Rostro.

En este momento dirigimos la mirada sobre Roma, ciudad purificada por la sangre de los mártires, pero aún más santificada por la sangre que Tu Hijo ha derramado muchas veces en este lugar taumatúrgico. Desde Roma, centro de la Iglesia, y desde el lugar taumatúrgico, centro del triunfo eucarístico, parten muchos puentes que llegan a todos los lugares donde ha aparecido la Virgen. Para Ti, Dios Uno y Trino, la distancia no es un obstáculo y puedes elevar bajo la bóveda del Cielo una multitud de puentes, de manera que los lugares de las apariciones puedan estar unidos entre ellos y converger en Roma y en el lugar taumatúrgico. Tu has querido que Roma y La Salette, donde la Madre lloró; Roma y Lourdes, donde has confirmado el dogma de la Inmaculada Concepción; Roma y Fátima donde has confiado a los pequeños y sencillos pastorcillos verdades que todavía hoy están escondidas; y, en fin, Roma y todos los otros lugares, donde has enviado a la Virgen para dispensar gracias y bendiciones, fuesen dos caras de la misma realidad. Mi Dios, Tu has ordenado que yo, con un decreto, reconociera la autenticidad y el origen sobrenatural de las apariciones de la Madre de la Eucaristía a la vidente Marisa. Este decreto que, feliz y dócil, he firmado es Tuyo, porque Tu lo has hecho nacer en mi corazón y yo lo he firmado ante la presencia de la Madre de la Eucaristía. Estos puentes son la salvación de la Iglesia, aunque sabemos que ahora las apariciones de la Virgen han finalizado en los otros sitios y continúan sólo en Roma, en el lugar taumatúrgico, hasta la muerte de nuestra hermana. Dios nuestro, Padre nuestro, dulce Papá, en este lugar donde a menudo te manifiestas, te sentimos cercano y alargamos hacia Ti nuestros brazos, como niños hacia sus padres. Nuestro corazón late fuerte, los ojos se dilatan por la alegría de encontrarte y la Esperanza, virtud teologal, a la que hemos dedicado este nuevo año, nos empuja a agarrarnos a Ti. Dios Papá, Dios Hermano, Dios Amigo, tenemos necesidad de esperar, pero nuestra esperanza a veces, como llama golpeada por el viento, se estremece y parece además que esté a punto de apagarse. Tu sabes cuantos sufrimientos nos han provocado los hombres, arremetiendo contra nosotros con maldad, cuantas pruebas hemos tenido que afrontar, cuantas cicatrices llevamos en nuestra alma y cuantas lágrimas ha recogido y llevado la Madre, como perlas preciosas, delante de Ti. Muchas veces hemos repetido: "¡Esperemos que esta fiesta que celebramos en tu honor sea la última que vivimos bajo el pesado peso de la Cruz!". Te dirigimos a Ti una pregunta, porque sólo Tu puedes darnos la respuesta: "¿Será ésta la última fiesta mariana que celebremos, mezcla de alegría y de sufrimiento, de esperanza y de abatimiento, queriendo proseguir la misión y en la tentación de detenernos?". Dios nuestro, los hombres que piensan sólo en los propios intereses y triunfos no pueden ayudarnos, sólo Tú puedes extender Tu mano divina, Tu brazo poderoso, para confortarnos y llevarnos a descansar en Tu corazón. Haznos esperar, haz que podamos continuar adelante confiados, para llegar a la serenidad y tranquilidad, que invocamos como justa recompensa después de tantos años de dolor, de luchas y de calumnias. Esperamos que inicies tus intervenciones en favor nuestro.

Que el Año de la Esperanza, que empieza hoy, haga nacer en nosotros la certeza de ser tus hijos, la seguridad de ver un día Tu rostro y la alegría de participar en el triunfo que Tu muchas veces nos has prometido.

Dios Papá, Dios Hermanos, Dios Amigo, ciertamente recuerdas la oración que te he elevado, al inicio del día, una oración que expresa dolor y que evidencia nuestro estado de ánimo lleno de amargura y tristeza. Esta noche, en la que Marisa y yo te hemos dado algunas horas sustraídas al sueño y vividas en el sufrimiento, me has escuchado. Mientras el dolor se abatía con furia inaudita en el cuerpo probado y destrozado de Marisa, me he dirigido a Ti y Tú has intervenido. Yo, Obispo de la Eucaristía, he dado a Jesús Eucaristía en Comunión a la víctima de la Eucaristía, y finalmente se han calmado, en parte, sus dolores y ha podido descansar durante algunas horas. Dios mío, yo te he pedido que no me hagas vivir más estas escenas tremendas y violentas. Ya sé que tenemos que adaptarnos a Ti y hacer tu voluntad, pero permítenos, como a hijos, que abramos el alma y te pidamos lo que más nos apremia. Ahora bendice a Tu Iglesia, renuévala, hazla renacer, aleja de ella a los pastores indignos que tu has definido lobos rapaces y serpientes venenosas. Danos pastores según Tu corazón. La Iglesia tiene necesidad de pastores auténticos, en cuyo rostro los fieles puedan vislumbrar Tus facciones. Bendice al mundo sacudido por las guerras y luchas fraticidas, pon Tu mano en la cabeza de los gobernantes, para que se decidan a trabajar para el bien de los pueblos que gobiernan y no para sus propios intereses. Protege a todos los niños, protege a nuestros niños, los que están presentes y los que nos darás, porque a esos se les ha confiado la tarea de conservar la memoria de Tus intervenciones milagrosas en el lugar taumatúrgico. Dios Uno y Trino, estamos en Tu presencia, escucha las peticiones y las oraciones que mis hermanos y mis hermanas, en el silencio del corazón, te están elevando. Escúchalas y danos a todos nosotros Tu paterna bendición.

A Ti, Dios Papá, Dios Hermano, Dios Amigo, alabanza y gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.

Roma, 8 diciembre 2007

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Obispo ordenado por Dios

Obispo de la Eucaristía


Anexo n.2

A todos los compañeros, ex alumnos del Seminario Romano Mayor, ordenados sacerdotes en 1963

Queridísimos,

Me habéis mandado la comunicación de la reunión para festejar el 45º aniversario de nuestra ordenación sacerdotal y al mismo tiempo, ya que habéis escrito en la invitación "para conocimiento", habéis querido hacerme comprender que mi participación es inoportuna.

Este modo de actuar es una ofensa a la caridad y falta de respeto a mi persona.

Los eclesiásticos pedófilos, masones y sacrílegos han recibido mayor comprensión que el abajo firmante que ha sido condenado sin haber cometido ningún mal y sin haber sido sometido a ningún proceso.

He tomado nota de que habéis decidido, por motivos de oportunismo, por miedo a vuestros superiores y por envidia hacia mi persona, romper las relaciones conmigo, pero para tener abierto al menos un canal he rogado a Don Sergio, el único que me ha demostrado un poco de amistad, que sea intermediario entre vosotros y yo.

Un día tendréis que responder a la Suprema Autoridad Eclesiástica de vuestro comportamiento en lo referente a la Eucaristía que ha sangrado en mis manos, durante la celebración de la S. Misa. Este milagro eucarístico es el sello, junto a los otros 185 extraordinarios acontecimientos eucarísticos, que Dios ha impreso a mi ordenación episcopal para demostrar que es de origen divino.

Cuando Dios, por voluntad propia y no por mérito mío, me elevará "a alturas vertiginosas y a alturas estupendas", llamaréis a mi puerta, pero podríais encontrarla cerrada.

Como de costumbre, confío al Señor la tarea de defenderme y de acelerar mi situación al interior de la Iglesia.

Incluyo en la presente un mensaje que Nuestra Señora ha dirigido a todos los sacerdotes; leedlo y meditadlo.

Os deseo todo bien e invoco sobre vosotros la bendición de Dios Papá y la protección de la Madre, la Madre de la Eucaristía.

Roma, 11 febrero 2008

Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes

Obispo ordenado por Dios

P. S.: Os reenvío la carta, que contiene vuestra hipócrita invitación, porque tenerla sería para mi fuente de sufrimiento, causado por vuestra incomprensión y por vuestro distanciamiento. Si habéis acogido mi invitación de acceder a Internet y leer cuanto hemos publicado en nuestra página Web: www.madredelleucaristia.it, tendréis a mano todos los elementos "para hacer aquella elección" que no yo, sino Dios, espera de cada uno de vosotros


Anexo n.3

Con ocasión del 45° aniversario de su ordenación sacerdotal, S. E. Mons. Claudio Gatti ha elevado, ante Jesús Eucaristía, esta oración espontánea, porque con la ayuda de Su gracia, junto a Marisa, ha hecho siempre la voluntad de Dios con amor y sufrimiento.

Jesús Eucaristía, Dios amigo nuestro, es a Ti que, en este instante, elevo un gracias y manifiesto reconocimiento, porque nos has dado una vez más la alegría y la posibilidad de ensalzarTe y alabarTe. Por tu voluntad nosotros, tus criaturas, hemos sido elevados a la dignidad de hermanos tuyos. Para nosotros es una satisfacción, alabar, adorar y hacer triunfar la Eucaristía. Hoy, más que nunca, este gracias se transmite a lo largo de estos 45 años de mi vida sacerdotal: 9 de marzo 1963 - 9 de marzo 2008. Te doy gracias ante mis hermanos, porque durante estos 45 años de vida sacerdotal me has ayudado, protegido y sostenido de tal modo que, incluso pensando en mi debilidad, puedo decir: "Gracias, Jesús, porque no te he traicionado nunca en todos estos años".

Nueve de marzo de 1963, estoy postrado a los pies del altar, emocionado y conmovido y mientras los otros cantan las letanías de los santos, yo estoy dialogando contigo, Dios mío. No sabía, que en aquel momento la Madre de la Eucaristía estaba a mi lado, y rezaba por mi junto a Marisa. Aquél día tu me has dicho: "Tu eres sacerdote in eterno según el orden de Melquisedec", y a Marisa: "Tu vocación no es un sacramento, pero sostiene el sacramento". En los años siguientes nos has hecho comprender que, para que haya eficacia en la acción pastoral, el sacerdote tiene necesidad de tener a su lado a una víctima. Durante estos 45 años el sacerdote y la víctima han unido su sufrimiento y su amor, puro, casto, sincero. Nos has hado muchos dones y ahora, después de 45 años, nosotros te presentamos, encerrado en un único y gran cofre de oro, colmado de piedras preciosas, los frutos de nuestro trabajo. El oro representa el amor que nos has enseñado a vivir y a practicar, las piedras preciosas representan los sufrimientos que, bajo diversos nombres, nos has dado como don. Estos sufrimientos, según Tus planes, han sido necesarios para que triunfe la Eucaristía, la Madre de la Eucaristía y para que renazca la Iglesia.

Este tríptico maravilloso que hace temblar solo al pensarlo, en los dos tercios ya ha sido completado, porque Tu gracia no nos ha abandonado nunca. Y ahora, Señor, estamos en la inminencia del tercer triunfo, el triunfo de la Iglesia. Nos han acusado de no amar a la Iglesia, pero yo, aquí delante de Ti, no tengo temor alguno en afirmar que nadie como Marisa y yo, la ha amado tanto. Esto lo has dicho Tu, cada vez que nos has dado las gracias por todo lo que hemos hecho y que hacemos por la Iglesia. Es nuestra Madre y para nosotros es un sufrimiento verla todavía hoy ofendida y humillada por los que tendrían que defenderla y servirla. Oh Jesús Eucaristía, Cabeza y Fundador de la Iglesia, yo te la encomiendo, la vuelvo a poner en la herida desgarrada de tu pecho, allí podrá ser custodiada, revitalizada y de nuevo valerosamente expuesta para volver a ser luz, guía y consuelo para todo el mundo. Sólo Tú, Señor, puedes hacer que el rostro desfigurado de la Iglesia, sea joven, hermoso, luminoso y brillante. Jesús, Hermano nuestro, tu vida se ha prolongado hasta casi treinta y siete años. Este número ¿no te dice nada? También nosotros, estamos a punto de llegar al umbral de los treinta y siete años de la misión, y esto nos hace esperar. Permíteme que ponga junto a los tuyos nuestros treinta y siete años, durante los cuales hemos experimentado toda la amargura de la hiel que tus ministros, indignos de llevar este nombre y el mundo, nos han proporcionado. Para la segunda lectura de la celebración eucarística actual, he escogido el fragmento maravilloso, vibrante, apasionado de Pablo, en el cual, con sinceridad y sufrimiento, cuenta todo lo que ha padecido por ti. Si Marisa y yo tuviésemos que hacer otro tanto, permíteme que te lo diga con franqueza y sin presunción, no nos bastarían las líneas que Pablo ha escrito. Tu has dicho que ningún santo ha sufrido lo que nosotros, por tanto es correcto lo que digo, no es presunción. Tu has dicho siempre que la humildad es verdad y Tú sabes que la mentira, el embuste y la falsedad me repugnan. Jesús Eucaristía, hoy, además de la Iglesia, te encomiendo a todo el Clero. Tú, Dios, puedes mirar en el corazón de cada sacerdote, de la más alta a la más pequeña autoridad, como también nos has dejado mirar a Marisa y a mi en su corazón. Como Tú, nos hemos retirado, horrorizados y asustados. ¿Es posible Jesús, que tus sacerdotes hayan caído tan bajo? Vuélvelos a llevar a la pureza de vida, a la generosidad del ministerio, al amor sufrido y crucificado indispensable para los pastores. Yo, pequeño siervo tuyo junto a la Madre de la Eucaristía, a S. José, a la Abuela Yolanda, a Marisa, a todos los ángeles y santos, a mis hermanos, a mis hermanas, a mis hijos y a los hombres buenos y honestos de la Tierra, mi inclino delante de Ti y te suplico: "Dios mío, salva la Iglesia y hazla renacer".

Bendice, Dios Papá, Dios Hermano, Dios Amigo, aquella carta que me has pedido que enviara a 68 cardenales. Mientras la escribía, sentía que estabas conmigo, me sugerías las palabras, porque Tú sabes, y yo no lo puedo esconder, que, estando muy cansando y preocupado por tantos problemas, humanamente no habría podido escribir aquella carta en poco tiempo y de manera tan clara e incisiva. Nosotros esperamos y oramos, pero Tú prepara el camino y los corazones de los destinatarios para que la lean bajo tu luz. Ahora, Jesús, bendícenos a todos nosotros. A cada una de las personas aquí presentes les digo gracias y les doy mi bendición, porque han resistido a los ataques de los adversarios y han defendido la verdad por serte fieles a Ti y a este lugar taumatúrgico. Han encontrado también resistencia y luchas en familia, entre los parientes, amigos y conocidos. Cada uno de ellos es un pequeño apóstol que ha dado testimonio de ti. Haz, oh Señor, que de tanto sufrimiento compartido, pueda surgir la esperanza que es certeza en la realización, permíteme que diga "cuanto antes", de tus designios. Gracias, Dios Hermano, porque has tenido la paciencia de escuchar nuestras pequeñas y pobres palabras, que vienen de personas que te aman.

A Ti, Jesús Eucaristía, verdadero hombre y verdadero Dios, la alabanza, el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Roma 9 marzo 2008

Fiesta del Sacerdocio

Obispo ordenado por Dios

Obispo de la Eucaristía


Anexo n.4

Queridísimo hermano,

no podemos continuar observando, silenciosos e impotentes, la grave hemorragia que desde hace decenios azota a la Iglesia: el abandono del sacerdocio por parte de decenas de millares de sacerdotes.

Según estimaciones, no sé si fiables, los sacerdotes que han pedido la dimisión del estado clerical son cerca de 150 mil, una cifra impresionante si se piensa que los que ejercen actualmente el ministerio sacro son poco más de 400 mil.

Después de haber rezado y reflexionado durante largo tiempo, he formulado una solución que se puede proponer a aquellos sacerdotes que, cada vez más numerosos, e incluso a veces alentados por los obispos, piden la abolición de celibato, la facultad de casarse y la posibilidad de continuar ejerciendo el sacerdocio. La misma solución se puede trasladar también a los sacerdotes que, habiendo obtenido la reducción al estado laical, se han casado y querrían reincorporarse al ejercicio del sacerdocio.

Mi propuesta calmaría la animosidad y volvería estéril los razonamientos de ciertos famosos personajes que se presentan como profetas, enviados por Dios, para introducir de nuevo en la Iglesia el sacerdocio ejercido por personas casadas.

San Pablo ha afirmado que la virginidad es una elección libre y no un precepto impuesto por el Señor (I Cor. 7,25), pero los que aspiran al sacerdocio, tienen que asemejarse al Primer y Sumo Sacerdote y tener presentes sus palabras: "No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos para el reino de los cielos. Quien pueda entender, que entienda". (Mt. 19,11-12).

Es verdad que durante los tres primeros siglos de la historia de la Iglesia los obispos, los presbíteros y los diáconos podían contraer matrimonio, pero es necesario también recordar las razones por las que el Concilio de Elvira (360) impuso el celibato al clero: la decadencia del estilo de vida y el desvío moral de sus miembros.

Hasta entonces los pastores de la Iglesia podían casarse, pero sólo antes de la sagrada ordenación, no después. Si querían casarse después de la ordenación, tenían que renunciar al cargo.

También San Pablo advierte que los que se casan "tendrán su tribulación en la carne, que yo quisiera evitaros. Yo os quisiera libres de preocupaciones: el no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor" (I Cor. 7,28-32).

Los ministros de Dios tienen que vivir el celibato con alegría, porque con su vida casta tienen que recordar a los hermanos laicos, a menudo sumidos en la materia, la condición final del hombre. Su vida, consagrada a la castidad, es una anticipación del estado de la resurrección: "Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo" (Mt. 22,30). La Madre de la Eucaristía ha hecho saber que Dios quiere que los sacerdotes vivan en gracia, respeten el celibato y practiquen la virtud de la castidad.

Para impedir a los ministros sagrados que pequen contra el sexto mandamiento y que cometan sacrilegios, es mejor concederles, sin mucha resistencia por parte de la Autoridad Eclesiástica, la reducción al estado laical para que se casen.

A los sacerdotes que quieran casarse y continuar desempeñando el ministerio sacro y a los sacerdotes reducidos al estado laical y casados que quieren reincorporarse al orden sacro, la Iglesia, que tiene que continuar amándolos como a hijos predilectos, puede concederles que formen parte del diaconado permanente y que ejerzan las funciones propias del diaconado.

Estos sacerdotes que han realizado estudios de teología, completado su formación y acumulado experiencia, son un potencial valioso para la Iglesia, a la cual pueden proporcionar una aportación provechosa.

Pueden ser ministros ordinarios del Bautismo y de la Comunión y pueden ser delegados para ayudar al Matrimonio.

Pueden impartir bendiciones particulares y la bendición eucarística. Pueden predicar la Palabra de Dios y dar cursos de preparación al Bautismo, a la Primera Comunión, a la Confirmación y al Matrimonio. De manera particular pueden ayudar espiritualmente a los enfermos y a los ancianos, a los que la Virgen llama "perlas del Señor". De hecho pueden ir frecuentemente a verlos para llevarles el consuelo de la Santa Comunión y el consuelo de la Palabra de Dios. Por otra parte, si los enfermos y los ancianos que visitan estuvieran en peligro de muerte y no fuera posible localizar al sacerdote para confesarlos, podrían, según el can. 976 del C.I.C. absolver válida y lícitamente sus pecados.

Los presbíteros que ejerzan las funciones del diaconado tienen que formar parte de la diócesis y depender de un obispo. Es incumbencia de los Ordinarios el estudiar los modos y establecer los tiempos para readmitirlos al ejercicio del ministerio sacro.

Espero que esta propuesta sea acogida favorablemente por el Vaticano y por los obispos para acabar con una plaga muy dolorosa en la Iglesia y deseo que la Autoridad Eclesiástica competente me reconozca la paternidad de haberla propuesto.

Queridos hermanos, después de haber leído esta propuesta mía, no podéis actuar como si tal cosa y disimular vuestras responsabilidades con el silencio.

Tendréis que rendir cuentas a Dios y al futuro Papa, que ciertamente no será aquél cardenal, conocido de todos, que está llevando a cabo una frenética actividad para cosechar consensos para ascender al Solio Pontificio.

Para conocer como actúa Dios cuando llama a alguien a llevar a cabo una misión, leed la historia de David (I Sam. 16,1-13).

Sobre los hermanos obispos y sacerdotes que tendrán que valorar mi proposición, invoco la luz del Espíritu Santo.

María, Madre de la Eucaristía, nos proteja a todos (Juan Pablo II).

Roma, 23 marzo 2008

Fiesta de Pascua: Resurrección del Señor

Obispo ordenado por Dios


Anexo n.5

Beatísimo Padre,

después de tres años me dirijo de nuevo a V.S. para pedirle humildemente y confiadamente que dedique un poco de su precioso tiempo para volver a examinar mi caso a fin de que sea readmitido en el Clero, porque ésta es la voluntad de Dios.

Sobre mi dimisión del estado clerical existe sólo una comunicación enviada por el card. Ruini, con carta certificada, fechada el 5 de Noviembre del 2002, prot. N. 1466/02.

Éste es el texto de la carta que me envió el card. Ruini que no tiene ningún valor jurídico: El 18 de octubre del 2002 el Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Cardenal Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, ha dispuesto su inmediata dimisión del estado clerical "ex officio et in poenam, cum disponsatione ab omnibus oneribus e sacris Ordinibus manantibus. La decisión pontificia se ha de considerar inapelable".

El 16 de Noviembre me entregaron la susodicha carta y me fue suficiente leer el nombre del remitente para comprender inmediatamente cuál era su contenido. De hecho, durante diversos años Jesús y la Virgen, como lo documentan muchas cartas de Dios ya publicadas, me habían preparado para recibir y soportar la injusta condena que han definido como: "último golpe de Satanás".

Satanás lucha contra la Iglesia y persigue personalmente o por medio de sus afiliados a los que han recibido de Dios importantes misiones que desempeñar.

Con la carta cerrada en la mano, fui inmediatamente delante del Crucifijo, me arrodillé y pedí a mi Señor la fuerza y la gracia de soportar el golpe diabólico que en los planes divinos representaba mi muerte moral. Después abrí el sobre y mientras leía su contenido "mi alma estaba triste hasta el punto de morir" (Mt. 26, 38) Saboreé, en efecto, algunas gotas del cáliz que Jesús bebió en Getsemaní.

Terminada la lectura de la carta, murmuré: "Gracias, Dios mío, porque me has considerado digno de sufrir por el triunfo de la Eucaristía en el mundo y por el renacimiento de la Iglesia. Nadie me puede separar de tu amor ni me puede privar del carácter sacerdotal. Cuando, a mi muerte, me presente delante de Ti, te mostraré que está mojado de mi sangre".

Pronunciada esta oración, sentí que mi corazón se inundaba de paz y de serenidad, tanto es así que todas las personas vinieron para confortarme, como hizo el ángel con Jesús (Lc. 22,43) comprendieron que fueron precedidas por el Señor.

De todas formas no puedo pensar en modo alguno que dos Papas: Juan Pablo II y Benedicto XVI hayan faltado gravemente a la caridad, ofendido la verdad y transgredido el C.I.C.; para mi es absurdo.

Ciertamente otros, aunque no me toca a mi indicarle sus nombres, si bien los conozco, han organizado el complot diabólico para reducirme al estado laical, porque según ellos, mi presencia en el Clero era desagradable e inoportuna ya que podía obstaculizar sus planes e impedirles que alcanzaran los miserables fines y los bajos intereses que estaban persiguiendo desde hacía tiempo y de los cuales estaba enterado por revelación sobrenatural.

Santidad, comparto plenamente cuanto escribió, pocos días antes de ser elegido Papa, comentando la novena estación del Vía Crucis, celebrada en el Coliseo, a la cual se unió por última vez Juan Pablo II: "¿No deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!".

De todos modos todo lo que han construido aquellos señores con la mentira y con el engaño se derrumba ante la fuerza de la verdad.

Todos saben que la dimisión del estado clerical puede ocurrir ex officio, es decir, sin el consentimiento del interesado, pero no puede ser establecida por ley particular (can. 1317) y, ya que es una pena perpetua, ni siquiera por decreto (can. 1342§2). Tiene que ser declarada sólo por vía judicial por un tribunal de tres o cinco jueces (can. 1425).

Se puede fácilmente comprobar que ningún tribunal eclesiástico ha examinado mi caso y mucho menos que haya emitido un juicio de condena en lo que a mi respecta.

El card. Ruini ha escrito que mi dimisión del estado clerical ha sido dispuesta y firmada por Juan Pablo II. ¿Quién posee el decreto pontificio? ¿Por qué no se me ha enseñado nunca, a pesar de haberlo pedido muchas veces? ¿Por qué el card. Ruini no ha incluido en su comunicación, al menos una fotocopia compulsada del decreto?

La única respuesta inteligente es: porque no existe ningún documento firmado por Juan Pablo II.

Por otra parte también el card. Ruini me ha comunicado que la dimisión del estado clerical me ha sido inflingida "in poenam".

El C.I.C. establece que tal pena puede ser inflingida sólo si el clérigo ha cometido uno de los delitos indicados en los cann. 1364, 1367, 1370§1, 1387, 1394§1, 1395.

¿Cuál de estos delitos he cometido? ¿Cómo es que el card. Ruini no me atribuye que haya cometido ni siquiera uno?

También la respuesta a estas preguntas es simple: no he cometido ningún delito y nadie puede probar lo contrario. Por consiguiente puedo gritar delante de toda la Iglesia que soy inocente y que por lo que respecta a mi persona se ha cometido un verdadero abuso de poder.

Mi inocencia es proclamada sobre todo por Dios que ha obrado en mis manos el más grande, importante y sorprendente milagro eucarístico de los 185 ocurridos en el lugar taumatúrgico.

El día 11 de Junio del 2000, fiesta de Pentecostés, acababa de recitar la fórmula de consagración del pan, cuando de la hostia comenzó a salir la sangre y a difundirse por buena parte de su superficie. Para mi el tiempo se detuvo y me quedé inmóvil prolongadamente sobre la hostia, apoyado en el altar, fijo en la sangre divina, mientras los numerosos presentes lloraban por la emoción y oraban con profundo recogimiento.

Incluyo con la presente la documentación fotográfica del susodicho milagro eucarístico.

Si los hombres no toman medidas para reparar la grave injusticia cometida respecto a mi persona, intervendrá de nuevo Dios para restablecer la verdad y demostrará una vez más que "los últimos serán los primeros". (Mc 10, 31)

Santidad, usted tiene el poder de atar y desatar, por lo que la solución positiva de esta dolorosa historia está en sus manos.

Mientras me inclino a besar el anillo del Pescador, invoco sobre mi y sobre cuantos aman a Jesús Eucaristía y a la Madre de la Eucaristía su apostólica bendición.

Roma, 13 mayo 2008

Fiesta de Nuestra Señora de Fátima

Sacerdote in eterno

Obispo ordenado por Dios


Anexo n.6

En ocasión de la fiesta del Corpus Domini, nuestro Obispo ha recitado una oración desconsolada y llena de amor a Jesús, invocando su intervención para acelerar la realización de sus designios: "Esto es lo que queremos: que triunfes en Roma y en toda la Iglesia".

Querido Jesús,

Nosotros creemos y profesamos que eres la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y que te has encarnado para redimirnos y salvarnos; por esto eres verdadero Dios y verdadero Hombre. En Ti, de manera misteriosa y real, coexisten en una única persona la naturaleza humana y la naturaleza divina y nosotros doblamos las rodillas y te reconocemos Dios. Tu has querido convertirte en nuestro hermano y nosotros reconocemos en Ti el derecho a la primogenitura. Tu eres el Primero, el más grande, el mejor de todos los hermanos: Tu eres Dios, hermano nuestro, nosotros somos tus hermanos pequeños, débiles e imperfectos; entre Tu y nosotros, has instaurado un profundo lazo de amor. Puesto que entre hermanos que se aman existe comprensión, complicidad y confianza, nosotros te imploramos: "Jesús, Hermano nuestro, acuérdate de Nosotros".

Es verdad, a medida que nos acercamos a Ti, Tú nos haces sentir también, como ha dicho tantas veces tu esposa, los pinchazos de las espinas. Vemos, atónitos y asustados, las tremendas heridas que no perdonan ni siquiera un centímetro de Tu Cuerpo Divino. Vemos como la sangre fluye y descubrimos tus ojos llenos de lágrimas, pero también de amor.

Jesús, Hermano nuestro, Tu has vivido más que nosotros y antes que nosotros el sufrimiento, la calumnia, las traiciones, el abandono, la incomprensión, la soledad, el aislamiento...

¿Te acuerdas, Jesús, cuando recorrías las calles de tu nación? Encontrabas tantos corazones que te rechazaban y estabas angustiado y tan agotado que has pedido a Tu Padre un bastón para sostenerte.

¿Te acuerdas cuando en Getsemaní has vivido el momento más trágico y dramático de Tu vida terrena y has derramado sangre? Tu Padre, Nuestro Padre, te ha mandado un ángel a consolarte y Tu has pronunciado débilmente estas palabras: "Pase de mi éste cáliz" y acto seguido has añadido: "Que se haga Tu voluntad"? También Marisa y yo, hemos dicho muchas veces: "Pase de nosotros este cáliz", aunque también: "Que se haga Tu voluntad", pero cada vez más el cáliz se volvía más pesado y su contenido más amargo. Y ahora no tenemos ni siquiera la fuerza de pronunciar estas palabras, porque, Tu lo sabes Jesús, estamos destrozados. Oh sí, Tu nos has dicho que subiendo al Calvario has desfallecido tu también, has caído tu también y nosotros hemos llamado a estas caídas, caídas de amor. Sí, nuestra caída es una caída de amor, porque, creo poderlo gritar a los cuatro vientos, nosotros te amamos y te hemos amado siempre, aguantando pruebas dolorosas, inmensas y continuas; pero, Jesús, estamos desfallecidos. Cuando ayer en el largo encuentro con Tu Padre y sobre todo con Tu Madre, nos hemos desahogado y yo les he dicho que habíamos pensado en cerrar, Dios Papá, con voz potente ha dicho: "¡Esto nunca!". Nosotros estamos desfallecidos, pero estamos en buena compañía porque tu has desfallecido, mientras subías al Calvario. El gran profeta Elías desfalleció, mientras era perseguido por los guardias de la pérfida reina Jezabel. Pedro desfalleció y los apóstoles huyeron. Como ves, Jesús, estamos en buena compañía. Conocemos nuestro camino, pero no vemos su final. Vemos en compensación: sufrimientos, calumnias, traiciones y condenas. Jesús, tu nos lo has quitado todo, ha quedado sólo nuestro amor por Ti, el resto no lo veo ni en mi ni en Marisa. Puedo afirmar, como he dicho a nuestro Dios Papá: "Cuanto te hemos amado y cuanto, a pesar de todo, te amamos todavía".

Tu has puesto en nuestras débiles espaldas la misión más grande de toda la historia de la Iglesia: el triunfo de la Eucaristía, el triunfo de la Madre de la Eucaristía, el triunfo de la Iglesia, éste último es el único que todavía no se ha realizado, porque quieres que coincida con nuestro triunfo. Nosotros queremos seguirte, humildes y sencillos, detrás de tu carro de vencedor, no nos atrevemos a pedirte sobresalir por encima, es suficiente para nosotros cantarte: "Christus vincit, Christus regnat, Christus ímperat".

Señor, haz que se realice aquel sueño mío, en el que he visto que llevaba solemnemente la Eucaristía que había sangrado por las calles de Roma, al son de las campanas, al canto de los fieles, acompañado de los representantes de todas las iglesias, que unidos y junto a Ti formaban un único corazón, una única alma, una única Iglesia.

Jesús esperamos que tu triunfes en Roma, en toda la Iglesia. Pero ahora mira nuestro cansancio, mira nuestra debilidad, mira nuestros límites. Gemimos bajo la cruz, pero decimos: "Queremos llegar a la meta que Tu has decidido y establecido"

Hemos seguido siempre tus huellas y las hemos reconocido entre miles, porque estaban bañadas de Tu sangre, pero desde hoy en adelante, Jesús, no nos hagas poner nuestros pies en tus huellas, sino tómanos en brazos y llévanos donde tu quieres que lleguemos. Oh, Jesús, ¡qué dulce, solemne y poderoso es este nombre! Cada uno de nosotros aquí presentes te grita: "Jesús, verdadero Dios, Jesús, verdadero Hombre, Jesús, hermano nuestro, bendice tu Iglesia y cuanto antes restituye en su rostro, la nitidez, la pureza, el candor que los hombres han ensuciado y desfigurado". Jesús, gracias, porque sé que me has escuchado. Junto a Ti todo el Paraíso escucha mis pobres palabras, las hace propias y las repite cuando Tu, Dios Padre y Dios Espíritu Santo os manifestáis para darles aquella alegría infinita, que consiste en la visión beatífica de Dios Papá, Dios Hermano, Dios Amigo.

Amén. Aleluya

Roma, 25 Mayo 2008

Corpus Domini

Obispo ordenado por Dios

Obispo de la Eucaristía