MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZASeñor Cardenal,
Somos parejas de jóvenes formadas en el interior del Movimento Impegno
e Testimonianza --Madre de la Eucaristía, que tienen el deseo de casarse
para formar una familia. Cada uno de nosotros puede afirmar que, tanto en la
unión en la pareja como en el grupo, ha aumentado proporcionalmente con
la unión y el amor hacia Jesús Eucaristía y a la Madre
de la Eucaristía. Nos lo ha hecho conocer don Claudio Gatti, nuestro
director espiritual, gracias al cual hemos comprendido la importancia de vivir
un encuentro cotidiano con el Señor en la Eucaristía. En estos
años, nuestro patrimonio espiritual ha crecido también con la
participación en los encuentros bíblicos, en los retiros y en
la dirección espiritual.
Nuestro sacerdote nos ha comunicado las grandes enseñanzas de Jesús
y de la Madre de la Eucaristía para formarnos, primero como personas
y luego como pareja y en el futuro como familia.
Pero actualmente nuestro deseo de casarnos choca con la imposibilidad por parte
de nuestro sacerdote de celebrar la Santa Misa, por cuanto ha sido suspendido
a divinis. La suspensión le ha sido infligida, porque él no ha
aceptado la orden de la autoridad eclesiástica de deshacerse y de renegar
de la Eucaristía que ha sangrado y ha rehusado reconocer que se haya
engañado a sí mismo y a la comunidad haciendo adorar "un
trozo de pan". Cualquier otra persona que hubiese actuado con engaño
y con mala fe, habría elegido el camino más simple e indoloro:
aceptar el compromiso y pactar la restitución de la Santa Misa, Pero
don Claudio ha elegido el camino humanamente más difícil: la de
defender a Jesús Eucaristía, dando testimonio valientemente de
la verdad, de la autenticidad y de lo sobrenatural de los milagros eucarísticos.
Así que tampoco nosotros podemos renegar de nuestro sacerdote; en particular
una pareja de nuestros amigos han preferido posponer el propio matrimonio antes
que hacerlo celebrar por otro sacerdote que no los ha amado y seguido como don
Claudio. Como un hijo que ama a su padre no aceptaría nunca casarse sin
la presencia de aquel que lo ha engendrado a la vida, así tampoco ninguno
de nosotros aceptará casarse sin la presencia, en la iglesia delante
del altar, de aquel que los ha engendrado a la nueva vida en Cristo.
Hemos escrito estas breves pero sinceras palabras para hacerle comprender cuanto
amamos a nuestro sacerdote y cuanto deseamos que sea él el que celebre
nuestros matrimonios.
Le suplicamos, como hijos que se dirigen al propio padre, que vuelva a examinar
la posición de don Claudio, a fin de que sea revocada la suspensión
a divinis y le sea restituida la facultad de celebrar la Santa Misa. Asegure
por nosotros al Santo Padre que lo recordamos cada día en nuestras oraciones;
esto ha pedido el secretario Mons. Stanislao a través de un amigo polaco
común.
El papa que conoce a Marisa y a don Claudio puede extender su mano, como ha
hecho Cristo con Pedro, para impedirles que se "ahoguen".
Le saludamos afectuosamente.
Roma, 10 de mayo de 1999
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