MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
Roma, 2 de Octubre de 1999, h.5:40 p.m. (mensaje de Nuestra Señora)
Marisa: "Pues bien, tengo muchas cosas que decirte. Leíste dentro de mi corazón
y tú conoces todas las dificultades, los sufrimientos, las imputaciones, sabes
todo. A veces te preguntamos con nuestro corazón partido en dos: "¿Cuál es la
voluntad de Dios? ¿Qué mas debemos hacer para obtener el premio, no por nosotros,
sino por todos aquéllos que te aman, que aman a Jesús? ¿Qué debemos hacer?
Nos dijiste que estuviéramos felices, que cantáramos, pero es muy difícil.
Te había pedido permitirme sentirme bien el 16, te lo pedí con todo mi corazón
y me doy cuenta que tampoco esta ayuda se me ha dado. No te pido nada mas. Conoces
nuestras intenciones".
Nuestra Señora: "Ahora hablo por ti, Marisela".
Marisa: "Siempre dices que debemos hablar, pero no se hace esta charla. Tienes
razón, el hombre no responde, el hombre no cree en la Eucaristía, ¿pero qué
mas podemos hacer?".
Nuestra Señora: "Hiciste mucho, muchísimo y has recibido muchas calumnias y
difamaciones. Los grandes hombres hablan sobre la Eucaristía por rencor contra
ti y para demostrar que Yo, la Madre de la Eucaristía, no me aparezco aquí;
no pueden demostrar éso. En cambio tu puedes demostrar que la Eucaristía en
verdad apareció y se trajo aquí. Tratan de demostrar que los mensajes no son
auténtico porque hablan sobre la Eucaristía y se reúnen para hablar sobre la
Eucaristía.
Éstos son momentos muy difíciles y duros. La purificación continúa, accidentes,
terremotos, huracánes continúan, muchas cosas pasan en el mundo. Debes agradecer
a Dios que no se toca todavía a tu bella Italia. Pero atención: hay de aquéllos
que continúan mofándose de Dios. La purificación llegará sobre todo el mundo,
de maneras diferentes, todavía están bajo las alas de Dios.
He pedido a Dios para darte esta paz y serenidad que cada hombre necesita. Pero
esos hombres que persisten en despreciar a su criatura compañera, que persisten
en calumniar y difamar, matando a sus hijos y a sus padres, no pueden esperar
nada bueno. Aun cuando en este momento parece que eres un fracaso, no has fracasado.
La prueba es grande sobre todo para ustedes dos, mis pequeños niños queridos,
la prueba es una tortura dolorosa. ¿Pero es Dios o las personas que están a
su lado, los sacerdotes y las monjas que disfrutan de hablar mal, quienes se
reúnen para hablar maldad, quién les causa sus sufrimientos? No hablo mal de
mis sacerdotes, doy advertencias maternales porque todos ellos son mis hijos
favoritos. Si no se aceptan estas advertencias maternales, nunca tendrán a Dios
de su lado. El Domingo pasado hablé sobre la manzana podrida y las flores marchitas;
¡cualquiera con orejas en su cabeza puede oír eso! No debes desear saber quien
es, basta hacer un examen de conciencia. Pero lo que deja mucho que desear,
lo repetiré por siempre, es la caridad hacia el vecino, amor hacia el vecino;
éste es el pecado más serio, ésta es una ofensa a Dios y al hombre. La falta
de caridad, no amar al hermano es un pecado serio".
Marisa: "No es fácil. Te hablo a ti como Marisa: Perdono a esos que nos han
causado sufrimientos, pero no siento amor por ellos, ¿estoy pecando seriamente?".
Nuestra Señora: "No, Marisela, no quise decir éso. Hablo hacerca del hombre
que causa sufrimiento voluntariamente, que sabe que haciendo algunas acciones,
falta a la caridad voluntariamente; disfrutar de los sufrimientos del hermano
es un pecado serio.
Sé tu situación, no es entendida por todos, no se entiende por aquéllos que
no viven contigo. Pero aquél que ha vivido contigo por unos días, sabe muy bien
cómo se falta a la caridad hacia ti, cómo se mofan del Obispo, cómo se desobedece
al Obispo, cómo no se respeta al Obispo. Pongamos de lado al sacerdote y al
Obispo; respeten al hombre. Aprendan cómo respetar al hombre, cualquiera que
sea: cristiano o no cristiano, practicante o no practicante, todos ellos son
criaturas de Dios. Gracias.
Con mi y tu Obispo los bendigo, a sus seres queridos, a sus artículos sagrados.
Te bendigo, abuela Jolanda que te deseo todo lo mejor desde el Paraíso. Y gracias
por los sufrimientos que ofreces por los hombres, por la conversión de los sacerdotes,
por la Iglesia. Gracias, abuela Jolanda, tu santidad y tu martirio es conforme
a Dios y a los hombres. Te envío mi beso maternal. Y los mejores deseos de nuevo.
Los traigo a todos firmemente en mi corazón y los cubro con mi manto maternal.
Vayn en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Alabado sea Jesucristo".
Marisa: "No te he dicho nada, pero puedes leer por dentro.
Entonces permite que este matrimonio sea celebrado como queramos. Adiós.
Se ha ido".
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