MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
"MADRE DELL'EUCARISTIA"

Via delle Benedettine, 91 - 00135 ROME - ITALY
Tel. +39063380587; +39063387275
Fax +39063387254
Internet: http://www.madredelleucaristia.it
E-mail: mov.imp.test@madredelleucaristia.it

Mensajes de Diciembre de 2008


Roma, 5 diciembre 2008 - hora 8:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Marisella, lo que has dicho es verdad.
Marisa - Espera un momento. Ha venido aunque se ha expuesto el Santísimo. ¿Qué quiere decir?
Obispo - Que se han cambiado las disposiciones.
Marisa - ¿Ellos cambian siempre?
Obispo - ¡Exacto!
Marisa - Entonces está bien.
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.
Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos. Vosotros sabéis que cuando se hace el encuentro bíblico yo estoy siempre presente; hoy Jesús Eucaristía está expuesto, pero Dios Padre me ha mandado igualmente, con la abuela Yolanda, para ayudar a todos los que sufren. Es preciso saber aceptar el sufrimiento, aunque a veces sea fuerte y duro. Si no actuáis como debéis, sufrís aún más. Yo he venido porque he obedecido a Dios Padre. Hijitos, rezad, amad, aceptad al menos los pequeños sufrimientos y volved a sonreír, aunque el mundo vaya hacia atrás. No que riáis, sino sonriáis, que seáis brillantes como antes. Volcán y Mascota, ¿os acordáis cuanta vitalidad había en vosotros? Yari hacía siempre chistes y hacía reír a todos, pero el más brillante de todos era vuestro Obispo. No verlo tal como era antes, me duele, pero Dios lo quiere así, lo ha decidido así.
Marisa - ¿Así como?
Nuestra Señora - No hagas preguntas, Marisella.
Marisa - Algunos días he estado un poco mejor, porque ha venido mi madre a ayudarme y luego ha regresado con Dios Padre. Hoy he estado muy mal y ¿has visto como se ha quedado el Obispo? No puede verme sufrir tanto y tiene razón. De todos modos, si tienes alguna novedad bonita que decirnos, dínosla y si todavía es tabú, continuaremos rezando, apretando los dientes, el que los tenga, y seguiremos adelante. A veces nos viene la tentación de cerrarlo todo, de pararlo todo y de no hacer nada más, pero cuando llega el momento de la aparición, sobre todo de la Santa Misa y de la Santa Comunión, nos reponemos y continuamos. ¿Durante cuanto tiempo aún? ¿Cuánto tiempo tiene que transcurrir todavía? He visto llorar muchas veces a mi madre. ¿Por qué, si está en el Paraíso, tiene que llorar? ¿Por qué no gozar del Paraíso como todos? Me ve sufrir a mi, al Obispo y a todos los que están alrededor nuestro y que nos quieren. Cuando veo a mi madre, el corazón se me llena de alegría. También hoy le he suplicado que me hiciera estar un poquito mejor. Me he dirigido a mi madre terrena y ella me ha ayudado.
Nuestra Señora - Marisella, te han quitado el micrófono.
Marisa - Han sido los niños.
Nuestra Señora - Tenéis que tener aún mucha paciencia con vuestros niños, como Dios la tiene con vosotros.
Marisa - Hemos decidido hacer el Año de la Fe. El día de tu fiesta, antes era también la nuestra, te presentaré el libro de nuestra vida. El Obispo ha quitado muchas páginas, porque eran penosas y hacían sufrir.
Nuestra Señora - Marisella, yo ya he leído toda vuestra vida, pero si me la presentas, estoy contenta. En la portada poned a Jesús Dulce Maestro y a la Madre de la Eucaristía.
Marisa - Está bien, está bien, gracias.
Nuestra Señora - Marisella, no me gusta cuando haces eso.
Marisa - Porque quiero mucho al Obispo.
Nuestra Señora - Vosotros os tenéis un gran amor recíproco y lo tenéis hacia todos. Habéis vivido muchos momentos llenos de tristeza, os he visto muchas veces tristes y me gustaría no verlo más. Para la fiesta de la Inmaculada empezad de nuevo a sonreír, no a reír. Vamos a ver quien es el mejor haciendo esto, incluidos los niños, los que están presentes y los que no están. Sé que los niños recitan la oracioncita por la noche, por la mañana y antes de comer. Esto es muy bonito. Os repito una vez más: tened paciencia con vuestros hijos, como Dios la tiene con vosotros.
Marisa - ¡Oh no, nosotros tenemos paciencia con Dios! No sé si iré al Paraíso. Tu lees en el corazón y sabes que queremos mucho a Dios y a todos los que están en el Paraíso. Últimamente me he pegado a Pablo VI, que ha entrado en el Paraíso de la visión beatífica el 6 de agosto. Con él ha entrado Juan Pablo I. Después han entrado Pío XII, Pío XI y León XVI.
Nuestra Señora - Vosotros dos, queridos hijitos, me hacéis sonreír tanto.
Marisa - Menos mal, al menos hacemos algo bueno.
Nuestra Señora - Pues bien, hijitos, la Madre os da las gracias por vuestra presencia. Como siempre, os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Mando un beso a los niños, también a los ausentes.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Alabado sea Jesucristo.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Roma, 6 diciembre 2008 - hora 6:40 p.m. (Carta de Dios)

Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy, además del primer día del triduo a la Inmaculada, es también el primer sábado de mes y yo estoy de nuevo en medio de vosotros. Tengo que haceros una recomendación. Cuando os encontréis con personas que os dicen que ven a la Virgen o a Jesús, responded: "Está bien, gracias. Rezad por mi". No discutáis, no digáis nada más, porque no todos estáis preparados para afrontar y responder a aquellas personas; sólo el Obispo está preparado y puede responder. Su cometido es duro y difícil, porque cuando a aquellos se les toca y se les dice a la cara: "Lo siento esto no es verdad", porque dicen herejías, se vuelven hostiles, malvados y de sus ojos sale un odio tremendo. Vosotros ya sabéis quien me ve a mi, quien ve a Jesús y quien no ve a Dios, pero lo oye. No escuchéis a nadie, no escuchéis a los que dicen que vendrá el Anticristo. Con educación, gentilmente, decid: "Está bien, gracias. Rece por mi", sin añadir nada más. Esta sugerencia se la di hace muchos años a vuestra hermana. Ella, a menudo, cuando bajaba y se encontraba con estas personas, decía solamente: "Rece por mi". Y es justo, porque estas personas se vuelven malas si se les dice a la cara: "No te creo". Vosotros no lo hagáis, porque sólo el Obispo, o un sacerdote bien preparado, pueden responder de manera ecuánime a estas personas. A vosotros solo os digo que recéis, porque son justamente estas personas las que arruinan aquel poco de bueno que hay en la Iglesia, porque dicen herejías; vosotros sed dóciles, pensad en rezar. Hoy he querido venir con los Santos que han entrado en el Paraíso de la Visión beatífica y están delante de Dios. Os pido que recéis por los que están en el Paraíso de la Espera, que son muchos. Rezad también por los que están en el Purgatorio, para que de este modo puedan también ellos subir al Paraíso de la Espera. Estos no ven a Dios, pero en ellos hay alegría, amor, canto, oración, de todo. Esto lo pido, tanto a los grandes como a los pequeños, tanto a los adultos como a los jóvenes, digamos ex jóvenes, pero delante de los adultos son jóvenes: orad porque yo quiero veros a todos en el Paraíso de la Espera y luego, poco a poco, llegaréis a la grandísima meta del Paraíso de la Visión Beatífica.
Hoy, lo que más me ha conmovido es ver a las personas que han venido de muy lejos para oír a la Madre, para oír lo que digo, y no digo nada nuevo, digo sólo que recéis por todos, en mayor medida por aquellas personas que sufren, que no tienen comida, que no tienen agua, que no tienen nada y que mueren. Hoy, a través de Marisa, he preguntado a un niño si quería dinerito por el dientecito que le había caído o si quería dárselo a los niños, a los ciegos, y él con una bonita sonrisa, con los ojitos luminosos ha dicho: "A los niños, a los ciegos". Me ha conmovido muchísimo la alegría de este niño al dar. Pobrecito, había renunciado a su dinerito y es ya la segunda vez que hace este acto de generosidad. Yo no os pido nunca grandes sacrificios a vosotros, os pido solamente, a quien pueda, sin rendir cuentas a nadie, que ayude a estos pobres niños. Marisella sabe cuántos son y cómo sufren. Vosotros, gracias a Dios Omnipotente, estáis todavía bien. Aunque también en Italia hay pobreza y también miseria, pero cuando se ve a los niños morir porque no tienen nada que comer, no tienen nada que beber, no tienen medicinas para curarse, el corazón se encoge y se vuelve pequeño, pequeño.
Marisa - Virgencita, ¿puedo hacerte una pregunta? ¿Dios no podría hacer algo más por estos niños? Yo no digo que les mande dinero, porque Vosotros allí arriba no tenéis. ¿Verdad? (dirigiéndose al Obispo). Vosotros no tenéis dinero, pero Dios podría ayudarles de otros modos: mandar a las personas que los ayuden, porque nuestra ayuda es importante para estos pequeños y también para los adultos; también ellos sufren. Veo que sonríes, Virgencita. Madre de la Eucaristía, Madre de Jesús y Madre nuestra, ayuda a todos los que tienen necesidad, ayuda a los enfermos, que hay muchos, los hospitales están llenos y ya no saben donde ponerlos.
Nuestra Señora - Cuando llegue aquel día tan esperado por ti, yo te ayudaré, pero sin dinero, porque en el Paraíso no hay dinero; te ayudaré a hacer algo bonito por todas las personas.
Marisa - ¿Cuándo me llevarás?... Tengo dolores por todas partes y a veces tengo que callar, tengo que esconderlo, porque alguien (el Obispo N.d.R.) sufre más que yo y yo no quiero esto. Virgencita, óyeme bien: cuando vais todos junto a Dios Padre, ¿qué le decís? Decidle que ayude a aquellas personas que están en la Tierra y que son muchas y ayudadme un poquito también a mi.
Nuestra Señora - Tu sabes cual es tu camino, Marisella.
Marisa - Sí, pero no lo digas, no lo repitas, lo sé yo y basta.
Nuestra Señora - Os doy las gracias por el triduo que estáis haciendo de todo el corazón y por las oraciones. Mañana es el último día del triduo. Antes hacíais una gran fiesta. Me gustaría veros de nuevo alegres y celebrando una gran fiesta.
Marisa - Pero nos faltan las fuerzas, Virgencita. Danos tu ayuda, porque estamos cansados y desmoralizados.
Nuestra Señora - Marisella, ¿sabes que te digo? Que desde hace algún tiempo, para hablar…
Marisa - …tienes que preguntar a Dios Padre lo que tienes que decir.
Nuestra Señora - Eres una pillina.
Marisa - Yo soy una pillina. Tengo una congoja aquí...
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, orad todo lo que podáis. Repito una vez más: tened más paciencia con vuestros hijos. Crecen y cambian su manera de hablar, de actuar, de moverse. Paciencia. Es el Año de la Fe, pero a los padres les digo: celebrad también el Año de la Paciencia.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a los niños, a los enfermos, a los misioneros. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Alabado sea Jesucristo.
En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.


Roma, 7 diciembre 2008 - hora 7:00 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Marisella, para verme, no necesitas las gafas. En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.
Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es el último día del triduo. Alguno está pensando que la Madre se repite. Es verdad; me repito para invitaros a rezar, a recibir a Jesús en gracia y que améis a todos; por otra parte las madres se repiten con sus niños. Yo he dicho a las madres: paciencia, paciencia, y ahora os digo a vosotros que tengáis paciencia con vuestra Madre del Cielo, que se encuentra en medio de vosotros desde que el Obispo ha empezado a contar de nuevo su vida y la de Marisella. Su vida ha sido sufrida y la han aceptado con amor.
Estoy aquí para deciros que recéis por las personas enfermas. Mañana es la gran fiesta y todos tenéis que participar. Yo, con toda la Corte Celestial, estaré con vosotros, porque Dios me ha dicho: "Ve, María, y lleva contigo a todas las personas santas de Paraíso". Soy feliz al venir, y poder estar con vosotros, participando en la S. Misa, esta tarde y mañana, porque para mi es hermoso estar junto a vosotros y sobre todo con los que sufren, porque tienen más necesidad de la Madre. Quiero daros las gracias a todos, especialmente a las personas que han venido desde lejos. Siento que la criatura escogida por Dios no puede estar en medio de vosotros, porque su salud declina cada día, pero ella os ve como yo os veo uno a uno. Leo en vuestros corazones y vuestros pensamientos, los afanes, las dificultades. Os pido que améis sobre todo a los que sufren, que améis a los niños, a los enfermos y yo estaré con vosotros, siempre. Me gusta veros cuando habláis con el Obispo, cuando le preguntáis algo, cuando sonreís a sus chistes, no son frecuentes como antes, pero consigue ser brillante, a pesar de todo. Cuando llegue la hora, el Obispo será feliz en el Paraíso y ayudará a los que estén aún vivos.
Marisa - Pero yo…
Nuestra Señora - Sí, Marisella, antes te irás tu, no te preocupes. El alma hermosa que Dios ha escogido, cuando vaya al Paraíso podrá ayudar a los que se queden en la Tierra, especialmente a los niños que se convertirán en grandes.
Yo soy la Inmaculada, yo soy la Madre de la Eucaristía y mañana, dos Vírgenes junto a Bernadette y Marisella, estarán con vosotros y rezarán por vosotros. También esta noche haremos una vigilia muy larga y rezaremos por todas las personas que tienen necesidad; también tu, Marisella, tienes mucha necesidad de ayuda, pero no te preocupes, quédate tal como eres; eres capaz de hacer alguna broma graciosa y veo que muchas veces haces reír también a los chicos que vienen a ayudarte. Es hermoso y a Nosotros nos gusta mucho.
Marisa - Ahora estoy arriba, en el Paraíso, contigo, ¡qué bonito, qué fiesta, qué luz! ¿Has dicho que venías a la Tierra?
Nuestra Señora - Sí, para llevarte al Paraíso y hacerte gozar.
Marisa - Pero luego me vuelves a mandar abajo y yo empiezo de nuevo. Es hermosísimo, ver a mi madre, a la abuela Esperanza y a muchas personas que conozco y de las que no recuerdo el nombre. Está Fatina. Virgencita, ¡qué gracia tan grande me has dado!
Nuestra Señora - Ahora, Marisella, recemos junto a las criaturas de la Tierra, porque veo que estás muy cansada.
Marisa - Pero aquí no, en el Paraíso no estoy cansada.
Nuestra Señora - Invocad, mis queridos hijos, a la Inmaculada, a la Madre de la Eucaristía. Pensad que, cuando invoca a la Inmaculada, vuestra hermana dice cada tarde, cada noche siete coronillas y pide las gracias para cada uno de vosotros, para los niños, para los enfermos, sobre todo para el Obispo y para un sobrinito suyo que tiene necesidad de ayuda. Gracias, mis queridos hijos, por vuestra presencia, gracias una vez más a los que han venido de lejos.
Junto a mi santo Obispo, os bendigo, a vuestros seres queridos, a vuestros objetos sagrados y a todos los niños del mundo. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Amén. Alabado sea Jesucristo. Adiós, Marisella, te llevaré otra vez conmigo arriba.
Marisa - Adiós.
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.
Marisa - Excelencia, no me he dado cuenta de que estaba en el Paraíso. Había tanta luz, he visto a tantas personas, todo era luminoso, todo era una fiesta. Ella ha venido a la Tierra y luego hemos ido arriba al Paraíso.
Obispo - ¡Qué hermoso!
Marisa - Pero si ella no me lo hubiera dicho, hubiera gozado de esta experiencia, pero no sabía que...
Obispo - No te dabas cuentas de que estabas en el Paraíso.
Marisa - No, porque no me doy cuenta nunca de nada, soy un desastre.
Obispo - No, no, no digas eso.
Marisa - Es que estoy mal.
Obispo - Muy mal.


Roma, 8 diciembre 2008 - hora 11:00 a.m. (Carta de Dios)
Fiesta de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.
Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es una gran fiesta, la fiesta de María Inmaculada. Yo soy la Madre de la Eucaristía. Se que me queréis presentar el recuento de vuestra vida desde 1971 a 1973, yo ya la he leído toda; es muy, muy hermosa. La Madre está contenta de todos vosotros. El sufrimiento de alguno no termina nunca, y ayer, lo podéis decir perfectamente, que habéis tenido una ayuda muy grande, porque estaba a punto de suceder algo grave y no era justo. Yo estoy siempre con vosotros, yo soy vuestra Madre, la Madre del Cielo y de la Tierra. Quiero felicitaros a todos, como vosotros me felicitáis a mí. Muchas felicidades a los dos jóvenes ministros que se han comportado muy bien; uno de ellos cada poco se cansa, pero ha sido muy bueno. Sé que la oración y las funciones largas pueden cansar, pero esto puede servir a los pequeños y a los grandes para ser más fuertes y ofrecer a Jesús al menos estos pequeños florilegios. Es preciso intensificar la oración con los seres queridos y solos, haced al menos una pequeña oración. ¿Os acordáis cuando en los primeros mensajes pedía que dijerais una pequeña oración? Si miráis el reloj, y todos lo tenéis, os daréis cuenta que para decir un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria al Padre no se requiere ni siquiera un minuto. ¿Por qué no dais un minuto a Dios antes de acostaros? Por la mañana, cuando os levantéis, haced una bella señal de la Cruz y decid: "Gracias, Jesús, porque me das este nuevo día". No hacen falta grandes oraciones, porque muchos tienen deberes de escuela o de trabajo. La mayor parte reza en el coche y mientras esperáis levantad un momentito los ojos al Cielo y decid: "Gracias, Dios, por este nuevo día". O bien: "Ayúdame, Dios, a ser mejor y más bueno", esto vale para todos, para los grandes y para los pequeños.
Hoy tenía que ser una gran fiesta, pero la salud deja mucho que desear. Cuando alguien dejará esta Tierra, haréis de nuevo grandes fiestas. Doy las gracias al santo Obispo por el modo como ha llevado adelante esta pequeña comunidad, enseñándolo todo, desde la señal de la Cruz, hasta recibir a Jesús en gracia. Cuando recibáis la S. Comunión tenéis que estar siempre en gracia de Dios; no recibáis el sacramento de la Comunión, si no estáis en gracia, id a confesaros. No miréis quien confiesa, sino pensad que en aquel momento es Jesús el que os escucha y os perdona.
Marisa - Ahora está la Inmaculada y Bernadette está de rodillas.
Nuestra Señora - Sí, queremos celebrarlo juntas, pero este año la Madre no ha traído lo que te había prometido, pero llegará.
Marisa - Perdóname, Virgencita, pero a mi no me interesa aquello, me interesa que me lleves arriba.
Nuestra Señora - Va, va, Marisella.
Marisa - Estoy siempre mal.
Nuestra Señora - De todos modos, ya que hoy la función y la procesión son muy largas, no quiero cansaros más. Espero que vosotros dos, jóvenes ministros, cuando os llamen para las grandes fiestas, digáis enseguida: "Sí, Excelencia, estamos listos". Yo, cuando alguien tiene necesidad y me llama, voy. Aunque no me veáis, sabed que yo estoy con vosotros. No podéis imaginar lo que podía sucederle a esta criatura ayer tarde. Con la abuela Yolanda, que todos llamamos "Abuela", he venido para salvar a Marisella. Os he dicho que hagáis pequeñas oraciones, invocaciones a Jesús: "Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti. Ayúdame a ser mejor, a ser bueno y a ayudar al prójimo". Los niños no tienen que pelearse entre ellos, especialmente los hermanitos y tienen que obedecer a los padres. Yo he dicho que los padres tienen que tener paciencia, paciencia, paciencia, pero los hijos no tienen que aprovecharse de ello. Espero que alguno esté sonriendo por lo que estoy diciendo. Ha empezado el Año de la Fe, pero no sé decirte nada más, Marisella.
Marisa - Sí, pero te lo digo yo. Cuando a mi me parece que me muero, vosotros venís a ayudarme a estar bien. He dicho que no quiero esta ayuda, porque pienso que estoy lista para la partida.
Nuestra Señora - Sí, claro, cuando Dios diga: "Traedla", Nosotros vendremos a buscarte y tu Obispo te acompañará al Paraíso.
Marisa - ¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Has visto el libro de la vida? ¿lo has leído? ¿Has visto cuántos dolores y cuántos sufrimientos nos han inflingido los sacerdotes, los laicos y los que se han ido de aquí? Han dicho muchas mentiras, nos han tratado mal, nos han calumniado y difamado. Las hemos pasado canutas. Vosotros nos decís: "¡Ánimo!". Yo digo a Dios: "¡Ánimo, Padre mío, ánimo!" ¡Haz mi voluntad una sola vez!".
Dios Padre - Yo, Dios, sé cuando llevarte. Te quiero mucho. ¿Crees que porque sufres Dios no te quiere? No, esto es un error. Yo amo, porque Dios es amor, es solo amor.
Marisa - Sí, Dios, pero ésta es mi forma de hablar.
Dios Padre - Sí, ya lo sé, Marisella, y me gusta como hablas, porque lo que tienes en el corazón lo dices abiertamente. Yo te amo, como te ama tu esposo Jesús y como te ama el Espíritu Santo. Ánimo a todos, felicidades a todos. Marisella, sé que estás privada de todo. Te gustaba distribuir la S. Comunión, te había quedado sólo eso. Te gustaba cantar. Ya no tienes nada, es verdad, se te ha quitado todo, pero tienes un alma hermosísima, aunque a veces te enfadas o te irritas por lo que es justo. Tu alma y tu corazón han sido tomados por Dios, me gustaría hacer con todos vosotros lo mismo.
Nuestra Señora - De nuevo la Madre os felicita a todos. Buena y santa fiesta. Durante la jornada tratad de rezar, de dirigir la mirada a Dios y decir: "Dios, Te amo". Ésta es la oración más bella y más corta.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a los dos nuevos jóvenes ministros, a todos los niños presentes y ausentes, todas las personas que no han podido venir porque la salud se lo ha impedido, a los misioneros y especialmente a los niños que están sufriendo. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo.
Alabado sea Jesucristo.
En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Roma, 12 diciembre 2008 - hora 8:40 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - Quería decirte que ya es hora que nos hagas descansar. Estamos cansados y tenemos necesidad de reposo. Durante la jornada he tenido una crisis que no deseo a nadie; tu has visto perfectamente lo duro y difícil que ha sido aquel momento. Ya hace días que no puedo dormir, hace días que estoy sobre este sofá y estoy continuamente tosiendo.
De acuerdo que tengo que sufrir, pero en este último período que me queda, habrías tenido que hacerme estar mejor, más que nada por las personas con las que vivo. Te lo pido por obediencia al Obispo, porque yo no te habría pedido nada. Tu sabes como estoy, como ha sido esta noche, no ha ido bien en absoluto, no he pegado ojo; también yo soy de carne y hueso como todos. Tu has dormido, cuando San José estaba mal, todos habéis dormido. Hablo por mi, pero tu sabes que lo que digo también vale para el Obispo: estamos cansados, cansados, cansados de todo. Si empiezo a hablar después...
Obispo - Sigue, sigue.
Marisa - Hemos pedido muchas veces estar un poquito mejor, no tanto por mi, sino por el Obispo y por las personas que viven aquí, sobretodo por aquellas dos criaturas. Pensaba formar una familia, alegre y serena, incluso con los sufrimientos, porque hay por todas partes, pero a nosotros dos nos has tomado justo...
¿Por qué no vienes como antes? ¿Tienes miedo? Más que decirte lo que pienso, que estoy desilusionada de todo lo que en la vida me has hecho pasar, de cómo habéis tratado al Obispo, no lo puedo decir. Pero, si no queréis decirme el día en el que moriré, si no me queréis hacer estar un poquito mejor, allá vosotros, yo no tengo nada más que decir, que preguntar, ya no sé que más pedir, y me avergüenzo de repetir siempre las mismas preguntas. Si tu terminases con las apariciones, yo estaría contenta, porque también la comunidad, aunque son pocos, está cansada, todos están cansados.
Hemos rezado, el Obispo les ha enseñado a rezar, a sufrir y a aceptar el sufrimiento, pero este sufrimiento es verdadero martirio. Antes lo llamábamos martirio de amor, ahora lo llamamos martirio de ¿qué?.
Obispo - De rabia.
Marisa - De rabia. Mira a ver si esta noche queréis que descansemos. Yo estoy también de buena gana aquí en el sofá, con tal que cuando apoye la espalda y levanto las piernas, pueda dormir un poquito. He estado toda la noche mirando la televisión, ¿te parece bonito? Era una transmisión bonita, me gustaba, pero he estado mal, muy mal.
A este punto no tengo palabras para agradeceros lo que nos hacéis pasar. Si esto quiere decir amor de Dios, yo no entiendo nada, no sé nada. Después de haber obedecido desde el nacimiento hasta hoy, pienso que me he equivocado en todo, tenía que haber hecho una vida como los demás y no aceptar todas estas cosas, que a mi no me han dado nada. En lugar de ser más buena, soy más mala.
No está. Ha oído, no es sorda.
Obispo - Claro.
Marisa - Ha venido finalmente.
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Alabado sea Jesucristo.
Ya lo sé, mis queridos hijos, que sois pocos. Por primera vez después de muchos años, la purificación ha llegado también a Italia y sobre todo a la ciudad eterna: Roma. Cuando os hablé de la purificación, quizás no lo creistéis demasiado, porque no os había tocado, pero hoy puedo decirlo: la purificación, por tantos pecados que se cometen, ha llegado también a Roma, donde está el Santo Padre. ¿Qué puede deciros una Madre que ve desde el Cielo este desgarro? Continúa cayendo agua y continúan los evacuados teniendo que huir. ¿Pensabais que no os tocaría? Dios es igual para todos. Ha cogido no solo Italia, sino también otras naciones donde hay guerra, carestía, malaria, donde hay tanto y tanto sufrimiento: ésta es la purificación. No me queda más que deciros que recéis. Rezad, cogeos a la oración. ¿Os acordáis cuando os dije: "Las personas se arrastrarán de rodillas hasta el altar, para pedir gracias? Vosotros hasta ahora habéis estado bastante mimados. La purificación es tremenda, Dios no quiere esto, pero ocurre por culpa de los hombres que no creen, que continúan cometiendo sacrilegios. Es muy, muy difícil convertir al hombre que Dios ha creado. Os digo solamente que recéis. Ninguno de vosotros ha pensado que la purificación llegaría, y es tremenda. Os había advertido: cuando llegue la purificación, será tremenda para todos. Yo, la Madre, si me queréis todavía como Madre, os digo solamente que recéis lo más que podáis y que hagáis rezar a vuestros niños, porque su oración es potente. Vosotros que estáis aquí presentes, pocos a causa del mal tiempo que ha impedido a otros de salir de casa, porque es muy peligroso, tratad de avisar telefónicamente a todos los demás y decidles que recen, que recen, que recen. No digo nada más. Hija mía, es Dios el que te ha pedido el martirio, no he sido yo.
Marisa - Pero yo solo he pedido descansar por la noche.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, la Madre os ama. El que padece pruebas las tiene que soportar también por los otros. Gracias y buena oración a vosotros que os habéis reunido en la capillita.
Marisa - Sí, pero no me decís algo, yo no... Ahora os pido solamente que nos dejéis descansar, estamos muy cansados y probados.
Nuestra Señora - Gracias a vosotros que habéis podido venir a rezar por los que no han podido venir. Alguno se arriesga, porque el agua aumenta. Rezad para que el río Tíber se abaje.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a los niños, a todas aquellas personas que han tenido que ser evacuadas, las personas que están en guerra y las personas enfermas. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Marisa - Oye, ¿puedo decirte una cosa? ¿Te pido demasiado si te digo que nos ayudes también a nosotros? Yo no te pido que esté bien, sé que es difícil, porque tengo demasiadas enfermedades, pero haznos descansar como a todos los hombres. Incluso los niños rezan por mi, dicen la oracioncita. Yo me dirijo a ti, Madre, te llamo Madre después de tanto tiempo, ayúdanos, tenemos necesidad de ayuda. Gracias.
Nuestra Señora - Niños, ¿mandáis un beso a la Virgencita al menos vosotros?
Marisa - Los niños son buenos, nos dan alegría.
Nuestra Señora - Sí, está el filósofo y la filósofa.
Marisa - Son mis joyitas. Adiós. ¿He dicho todo lo que tenía que decir?
Obispo - Has sido valiente.
Marisa - Gracias.


Roma, 14 diciembre 2008 - hora 10:40 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Os habéis dado cuenta de que la purificación ha llegado y aún no ha terminado. ¿Quién ha ido a rezar? ¿Quién ha rezado a Dios para pedir que terminara este momento tan difícil? Las familias pobres se han puesto de rodillas a rezar, pero los que habrían tenido que dar ejemplo, no lo han hecho: ni los sacerdotes, ni las hermanas, ni los que se llaman cristianos comprometidos. Vosotros, quizás, no habéis creído hasta el fondo en la purificación. Habrá otras lluvias, pero yo trataré de detener la mano de Dios, como he hecho en estos días, de lo contrario habría habido un desastre mayor y habrían pagado siempre las personas pobres. Por esto a vosotros os pido que recéis. No pido sufrimientos, pido solo que recéis a Dios y que perdonéis a los que continúan ofendiéndolo, recibiendo la Eucaristía sin estar en gracia.
Os repito: haced rezar a vuestros niños, para que las lluvias cesen, para que todo el mundo vuelva a Dios. Todas estas inundaciones, terremotos, guerras, carestías, enfermedades pueden inducir a pensar que ha llegado el fin del mundo. No, no es el fin del mundo, pero hay muchos sufrimientos por todo el mal que sucede en la Tierra. No me dirijo solo a vosotros presentes, sino a todos, porque las cartas de Dios van dirigidas a todos; todos tienen que saber lo que sucede en el mundo. Hace falta rezar y no cansarse nunca de rezar.
Marisella, esta noche he venido a ayudarte, pero tu estabas sufriendo tanto que no eras capaz de comprenderlo y rezabas mucho por aquellas personas que están sufriendo a causa de las lluvias, por los evacuados, por los niños, que se cogen al seno de la madre y lloran. Lo que veis vosotros en la televisión no es nada comparado con lo que he visto yo. Os lo ruego, no abandonéis nunca la oración, sed comprensivos, como lo habéis sido siempre; continuad siéndolo, porque el momento terrible todavía no ha llegado, y si llega, yo os ayudaré y protegeré a los que han amado verdaderamente a mi Hijo Jesús.
Cuantas veces, incluso con lágrimas en los ojos, os he dicho: "No recibáis a Jesús si no estáis en gracia", si llegan tantas desgracias al mundo es por culpa de estos sacrilegios. Hoy sólo cuenta el sexo, la diversión, el hacerse daño el uno al otro y tantas otras cosas malas. La oración cansa, la oración deja que desear. Os lo repito una vez más: rezad, rezad, rezad. ¿Recordáis la frase de mi Hijo Jesús: ¿"Tengo sed de almas?". Dad de beber a Jesús.
Gracias, mis queridos hijos, por vuestra presencia.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a todos los niños presentes y ausentes. Bendigo a todos los que no han podido venir por causa del trabajo, sobretodo a aquella pobre gente que está sufriendo por las lluvias incesantes. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Alabado sea Jesucristo
Marisa - Gracias.


Roma, 21 diciembre 2008 - hora 10:45 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Vuestra hermana se fatiga mucho al hablar, me ha dicho: "Estoy dispuesta, porque las personas que te quieren te están esperando" y heme aquí. Vuestra Madre os invita a tener siempre mucho valor y fuerza y a rezar siempre. La oración es muy importante. ¿Cuándo recibís a Jesús en gracia, no sentís una gran alegría en vuestro corazón? Aprended a dar gracias pensando que habéis recibido a Jesús en vuestro corazón. Quizás no os habéis dado cuenta, pero yo estoy siempre con vosotros durante la S. Misa, durante el encuentro bíblico y en casa para ayudar a mis dos hijitos. Tenéis que tener aún mucha fuerza, mucho valor y mucho amor. Dios os ama, yo os amo y todo el Paraíso os ama. Dios ha escogido este grupo porque, a pesar de todo, habéis sido capaces de dar más de cuanto han dado los demás. Los otros van donde yo no aparezco, rezan poco, hacen excursiones para ir a los santuarios durante cuatro o cinco días. Dios ha visto que vosotros estabais dispuestos y ha dicho: "¿Por qué no llamarlos a ellos?" y yo, por orden de Dios, os he llamado a vosotros, mi pequeño rebaño, porque os amo a todos. Ánimo. Sé que habéis preparado la canastilla a Jesús; vosotros sabéis que la canastilla a Jesús consiste en oraciones, sacrificios y florilegios. Alguno ha hecho el florilegio de no comer dulces. Este florilegio tenía que llegar hasta el 24 de diciembre; pero yo soy una madre y comprendo. Mi pequeño rebaño, el amor hacia vosotros es muy grande. Os repito, habéis sido elegidos y ahora estáis aquí. Junto a mi santo sacerdote, Obispo ordenado por Dios, os bendigo a todos: grandes y pequeños. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.


Roma, 24 diciembre 2008 - hora 11:50 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - Desde que has venido con S. José, tienes en brazos al niño Jesús y lo estrechas fuerte contra tu corazón; en nombre de todos, me gustaría pedirte que nos ayudes. Para mi no pido nada, te pido que hagas estar bien al Obispo, porque está muy cansado y muy probado. Tienes que ayudar a las personas que con tanto sacrificio y amor vienen aquí. Tienes que ayudar a los niños, a crecer bien, a ser buenos, esforzados y obedientes.
Nuestra Señora - ¿No pides nada para ti, Marisella?
Marisa - Me gustaría solamente ir a dormir a mi cama, no en el sofá, porque estoy muy cansada, de todos modos haced lo que queráis Vosotros, me someto a la voluntad de Dios, porque tanto si digo que sí como si digo que no, es siempre Él el que decide y yo tengo que inclinar la cabeza; en el fondo ¿quién soy yo?.
Jesús - Tu eres mi esposa, recuérdalo, Marisella.
Dios Padre - Y yo soy Dios. Os he dado a mi hijo Jesús para redimiros y abriros de nuevo del Paraíso. Este niño es Dios, es Jesús. Lo que has pedido es justo: la paz y la ayuda para los niños pobres y para los enfermos. Esta vez he sentido que has pedido también por ti, finalmente.
Marisa - Dios, Dios mío, Tu que eres amor, ayúdanos a todos a hacer Tu voluntad, a ser fuertes, valerosos, danos aquella ayuda que tanto deseamos y esperamos. Me gustaría decirte, Dios, aunque no te veo, pero te oigo, que estoy dispuesta, llévame, llévame arriba contigo,
Dios Padre - Ya sé, Marisella, que esperas esto. Solamente Yo sé cuando llegará el momento, el justo para todos.
Marisa - ¿Qué significa el justo para todos? Dios, no te vayas, no me dejes así, te lo ruego.
Dios Padre - Te dejo al pequeño Jesús, a María, Madre de la Eucaristía, a San José, a tu madre y a todos los ángeles y santos. Alarga tus brazos, coge al pequeño Jesús y estréchalo fuerte contra tu corazón.
Marisa - ¡Qué hermoso eres! ¡Qué tierno eres, pequeño! ¿Puedo tenerlo un poco más?
Nuestra Señora - Sí. Yo soy la Madre, la Madre de la Eucaristía. El pequeño Jesús, que ahora estrechas entre tus brazos, te ha ayudado a soportar las numerosas crisis que has tenido esta noche. A todos os digo: rezad y no caigáis en tentación, porque cuando sois débiles, el demonio gira en torno a vosotros para haceros caer. Dios está contigo y con todos vosotros. La paz sea con todos vosotros. Marisella el sufrimiento es fuerte, es grande y ningún santo ha sufrido tanto como tu. Si Dios ha pedido esto, tendrá sus motivos, no se divierte pidiendo sufrimiento. Di lo que piensas, Marisella, dilo si quieres.
Marisa - Quería decir que ya que en la Tierra somos tantos, ¿por qué no ha cogido alguno más, así el Obispo estaría mucho mejor y yo un poquito. Pequeño Emmanuel, ¿por qué me miras con tanto amor, tienes que decir algo a la Virgencita?
Nuestra Señora - ¿Quieres decirme algo?
Emmanuel - No.
Nuestra Señora - ¿No? ¿Y tu, Sara?
Emmanuel - No me viene nada a la mente.
Sara - No lo sé.
Nuestra Señora - ¿No quieres decir nada a la Virgencita?
Emmanuel - No me viene nada a la mente.
Nuestra Señora - ¿Amas a Jesús?
Emmanuel - Sí.
Nuestra Señora - Todos los niños quieren mucho al pequeño Jesús.
Marisa - San José, que no te caiga, él es pequeñito. Yo, Marisella, Marisa, o Mariselle, llámame como quieras, esta noche me esperaba algo grande: irme, volar al Paraíso, porque cuando la enfermedad es grave es muy difícil ser bueno y aceptar siempre la voluntad de Dios. A veces puede haber rebelión, y entonces ¿Cómo acabar en el Paraíso?
Nuestra Señora - Oh, el Paraíso está para todos. Vosotros sabéis que el niño Jesús no ha nacido el 25 de diciembre. ¿Verdad, Emmanuel? ¿Cuándo nació Jesús?
Emmanuel -En Marzo o Abril.
Nuestra Señora - En primavera, bravo. No hacía tanto frío como ahora, pero mi amor y el amor del pequeño Jesús os calentará a todos; vosotros ya habéis preparado la canastilla.
Marisa - ¿Ni siquiera hoy me haces el regalo de saber algo más sobre mi partida? Entonces, si puedes, haz que pueda acostarme en mi cama, porque son dieciocho noches que estoy en este sofá y estoy muy cansada. ¿Puedes decirme algo?
Nuestra Señora - Sí, digo algo a todos los presentes: gracias por haber venido a pesar del frío y de la lejanía, porque yo estoy aquí con vosotros, con mi pequeño Jesús y con San José. Está también tu madre, Marisella. Mira cuantas personas están aquí de rodillas rezando por el Obispo. Ánimo este es el momento más duro de la prueba moral, pero la superaréis, porque yo estoy con vosotros. Gracias por vuestra presencia. La Madre, junto a su pequeño niño Jesús, os felicita a todos. Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los niños. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en paz y alegría. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Marisa - Adiós. Espero que me digas el día. Haced lo que queráis. Adiós, adiós, mamá.
Emmanuel - Tía, ¿puedo hacer un pregunta?
Marisa - ¿A mi?
Emmanuel - Sí.
Marisa - ¿A la Virgencita?
Emmanuel - No, a ti. Cuando la Virgencita te ha dado a Jesús, ¿te has conmovido?
Marisa - Sí. El niño Jesús es pequeñito, suave, tierno. Lo he tenido junto a mi corazón, como te tenía a ti y a Sara, cuando erais pequeñitos.


Roma, 25 diciembre 2008 - hora 10:40 a.m. (Carta de Dios)
Navidad del Señor

Nuestra Señora - Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Cada año el Niño Jesús desciende del Cielo y viene a la Tierra para estar en medio de vosotros. Gozad de esto y aprovechadlo para pedir todo lo que necesitáis. Él os mira, os bendice con su dulce manita y lee en vuestros corazones. Pedidle, preguntadle, llamad y Jesús, Dios Niño, antes o después os dará las gracias que necesitáis.
Marisa - Antes o más bien después. Oye, ¿estoy hablando con Dios?
Nuestra Señora - Estás hablando con Dios Jesús, pequeño Niño en los brazos de mamá y de papá. Todos los niños tienen que mirar al Niño Jesús y ser esforzados y buenos como Él. El Niño Jesús era bueno: daba vuelta a su delicado dedito entre mis cabellos. Él viene a la Tierra para ayudar a todos. Sabéis que ha habido la purificación y Yo, la Madre de la Eucaristía he detenido el brazo de Dios, porque ha habido un momento muy difícil y lo he parado. Vosotros no podéis ni siquiera imaginar qué catástrofe os habrías encontrado todos, empezando por los que viven en los grandes palacios, hasta los que viven en los pequeños alojamientos. Hoy Jesús Niño está aquí en medio de vosotros para ayudaros. ¿Has visto como ayer noche, Marisella, cuándo tu pediste poder dormir en la cama, Él que hizo? Te sonrió y tu has dormido en la cama.
Marisa - Oye, tendría que decir gracias, pero tengo miedo de decir cosas que no son bonitas.
Obispo - Dí lo que sientas.
Marisa - Tendría que decir gracias, pero no me siento capaz de decirlo, porque he pasado dieciocho noches en blanco.
Obispo - Justo.
Marisa - Ayúdame (vuelta hacia el Obispo)
Nuestra Señora - No es necesario que pidas ayuda al Obispo, estoy yo aquí, que soy tu Madre.
Marisa - Sí. Me da alegría verte a ti y a todos los demás. Esta noche te he pedido dos cosas, quizás se referían demasiado a mi persona, y Tu sabes cuáles son. Estoy muy cansada, me gusta reír y sonreír, especialmente cuando hay personas conmigo, pero mi vida es dura, muy dura. Después te he pedido que ayudes al Obispo a estar mejor, haz que le pase aquel dolor que le impide trabajar. Unos de una manera y otros de otra, todos tenemos dolores, exteriores e interiores; de éstos últimos el Obispo los tiene todos.
Nuestra Señora - Ayer noche te dije: "Piensa también en ti alguna vez, Marisella y pide algo también para ti".
Marisa - Si yo no pido, hay quien ha pedido por mi tantas veces. Esta noche, también yo he pedido: "¿Cuándo me llevas?". Y te he cantado también: "Respuesta no hay, quien sabe, si estará perdida en el viento". No te tienes que reír, porque me vienen ganas de reír también a mi (Marisa tose). Ves, estas cosas no sucedían antes, porque cuando había la aparición yo estaba siempre bien. Ahora sin embargo todo lo que tiene que llegar, llega incluso en los momentos más bellos de la aparición.
¿No me das al Niño Jesús? Yo no contagio, se lo he preguntado también a mi doctor que me ha dicho que son los otros los que pueden traerme a mi las enfermedades, no yo a los demás. Así, pues, ¿me das al Niño Jesús?
Nuestra Señora - Ten.
Marisa - Pequeño, tierno y aterciopelado. Cógelo tu, San José, ayúdame. No lo dejes caer, sino quien nos bendice luego.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, continuad rezando para que Nuestro Jesús Salvador traiga la paz a todos, especialmente a los que están en guerra, que mueren de hambre, de sed y de enfermedades. Que el Niño Jesús de la paz a todos; a ti solo te puedo decir: "Ánimo, Marisella".
Marisa - Si me dices que la meta está cerca, estaré más contenta.
Nuestra Señora - Marisella, te dejo; sabes que nos vemos a menudo.
Marisa - Sí, pero tráeme la buena noticia. Te encomiendo a todos nuestros enfermos, también a los de nuestros parientes: mi hermana, mi hermano, Nicola, Ágata. Los niños están bien pero tienen que ser ayudados, pero sobre todo el Obispo tiene que estar bien, después hay otro sobrino, tu sabes quien es.
Nuestra Señora - Sí, he entendido, Marisella.
Para todos vaya la paz del Niño Jesús. Continuad rezándole, no solamente el día de su venida a la Tierra, sino siempre.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo a todos. Os traigo a todos junto a mi corazón, como en este momento José y Yo estamos apretando al Niño Jesús. Os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Felicidades a todos.
Alabado sea Jesucristo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Marisa - Adiós, pequeño Jesús.


Roma, 28 diciembre 2008 - hora 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Alabado sea Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia: José, María y el pequeño Jesús.
Vosotros sabéis que mataron a muchos niños. Algunos padres mataron incluso a sus propios hijos con tal de salvar su propia vida y tener dinero. Hoy celebráis la Sagrada Familia: papá, mamá e hijo. Nuestra vida no ha sido fácil, ha sido muy dura, llena de incomprensiones. Éramos pobres, y algunas personas vecinas nos traían comida, porque no teníamos nada. También hoy hay buenas familias que sufren, que no tienen que comer y tienen una salud precaria.
Gracia a Dios, vuestros hijos pueden vivir de una manera más alegre. ¿Verdad Mariasole?
Mariasole - No.
Marisa - Es un poco graciosilla la niña, pero es muy buena y forma parte de una santa familia.
Nuestra Señora - Marisella, todas las familias que siguen nuestro ejemplo, que se aman, son como nuestra pequeña familia de Nazareth. El amor lo vence todo, el amor os hace santos y os lleva al Paraíso. Marisella, no quiero que me des las gracias.
Marisa - Llévame arriba, no te lo diría más si supiese la fecha; todavía está todo indeciso a mi alrededor y no soy capaz de comprender.
Nuestra Señora - Ruego por las sagradas familias, las santas familias y también tu, Marisella, ruega por las familias jóvenes y no tan jóvenes, las familias que todavía pueden quererse y amarse. Eso no impide que haya pequeñas contrariedades, pero esto forma parte de la vida, y depende del carácter de cada uno de vosotros. Me gustaría invitaros a que rezaseis a los niños que están en el Paraíso, son muchos y continúan muriendo cada día. Orad por las familia, por los niños, por todos.
Marisa - ¿Somos una familia privilegiada? Esta es la respuesta que quería oír. (Marisa se dirige al Obispo) ¿Has entendido?
Obispo - ¿Que ha dicho?
Marisa - Que somos privilegiados.
Nuestra Señora - Marisella, sois privilegiados porque entre tantos hombres Dios os ha llamado a vosotros dos. ¿Por qué justamente a vosotros dos?
Marisa - No lo sé, ya no hablamos de esto. Yo estoy tan llena dentro, no solo de catarro, sino de tantas cosas, que no lo digo porque no soy buena hablando bien. Yo no he estudiado, no soy licenciada, hablo igual que como. Yo continuaré rezando, tengo muchas familias por las que rezar. Te doy las gracias por aquella madre que finalmente ha tenido un niño. Después que me has dicho que le toque la barriga, ha tenido un niño, que se llama Matías. Te doy las gracias por las gracias que haces a los demás, cada tanto llega un telefonazo: Nuestra Señora me ha concedido esta gracia, gracias a ti. ¿Pero a nosotros?
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, no me quiero prolongar más, porque todavía estáis de fiesta y tenéis mucho que hacer. Orad y no me cansaré de repetíroslo, por las familias, por los niños, también por las comunidades religiosas, donde hay situaciones muy difíciles.
Marisa - Está bien, está bien. Si alguna vez se me escapa alguna palabra romanesca, acéptala, porque yo he nacido en Roma. ¿Tu me perdonas, verdad?
Nuestra Señora - Si te ha perdonado Dios, te perdono yo también.
Marisa - Gracias.
Nuestra Señora - Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los niños. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Amén.
Alabado sea Jesucristo.
Marisa - A mi, naturalmente, no me dices nada. ¿Cuándo partiré?
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.
Marisa - ¿Qué año nuevo?
Nuestra Señora - Este.
Marisa - No he visto a mi madre, ¿como es eso?
Nuestra Señora - Como no la ves, hela aquí a mi lado.
Marisa - Mamá, ¿has visto que ayer vino Franco?, estabas contenta.
Abuela Yolanda - Tu estabas conmovida, después de cuatro años.
Marisa - Si tengo que esperar todavía cuatro años, me conviene morir pronto. Adiós.
Abuela Yolanda - Adiós. Gracias por todo, trata de querer a mis seres queridos, a todos los niños.
Marisa - Sí, sí, ya lo sé, pero no puedo hablar. Adiós.
Abuela Yolanda - Adiós, Mariasole.


|| Informaciones Generales || Colección de los Mensajes de Dios ||
|| Eventos Importantes || Milagros Eucarísticos ||
|| Cartas del Obispo || Oraciones || Home ||