MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
Roma, 1° diciembre 2007 - hora 6:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es el primer sábado de mes. Yo os recuerdo continuamente que las
apariciones han empezado en primer sábado de mes: es muy importante el
primer sábado.
Ahora os pregunto: ¿por qué no empezáis a leer los mensajes
del primer libro, uno al día? ¿Pido demasiado? Una página
del Evangelio y un mensaje al día, ¿es demasiado? No, mis queridos
hijos, podéis hacerlo, ánimo. Esto lo digo sobretodo a los jóvenes,
¿verdad Yari? Nombrando a Yari, que es el jefe, quiero decir todos los
jóvenes.
Marisa - Él trabaja mucho con el ordenador para publicar los mensajes,
pero también los lee.
Nuestra Señora - Marisella, no hagas de abogado defensor, cuando
hablo de Yari. Eres mi pequeña pizpireta.
Marisa - Oye, nosotros estamos rezando por las personas enfermas, por
nuestros niños, para que crezcan todos bien, sanos, buenos, limpios por
dentro y fuera. Oramos también por los otros niños que no conocemos,
por los niños del Tercer Mundo; tu sabes que encariñada estoy
con ellos.
Nuestra Señora - Os dais cuenta por vosotros mismos de cuantas
personas necesitan oración, ayuda y consuelo. No os canséis nunca
de rezar. No hay necesidad de tener siempre la coronilla en la mano y pararse
a rezar, no; podéis rezar mientras hacéis las faenas de casa,
mientras estáis en el coche, es suficiente un Padre Nuestro, un Gloria
al Padre; honrad a la Trinidad. También los pequeños y el jovencito
pueden decir un Ave María, un Gloria al Padre, un Padre Nuestro. No hace
falta mucho tiempo, ¿verdad, Samuel?
Marisa - El jovencito se llama Jacobo.
Nuestra Señora - Sí, ya lo sé, ya he hablado de
él.
Marisa - Nuestros niños son buenos.
Nuestra Señora - Sí. Está también Mauro,
Paolo y David María; los niños están superando en número
a los ex jóvenes, por esto doy gracias a Dios.
Marisa - Mira, te quería recordar también a Oriana y Paola.
Nuestra Señora - Sí, sí, ya lo sé, Marisella,
no te preocupes, tienes que pensar también un poco en tí misma.
Marisa - Ayer, cuando te pedí que me dejaras estar un poquito
mejor, solo un poco, para ser independiente me dijiste: "Eres tú
la que lo has dado todo". Por esto no pido nada.
Nuestra Señora - Orad, mis queridos hijos. Hoy es el tercer día
de la novena y el primer sábado de mes. Hay muchos enfermos y niños
que tienen necesidad de todo. También en Italia hay niños que
tienen necesidad de ayuda, pero en África, en Asia y en tantas otras
naciones hay niños que mueren de hambre y no tienen medicinas, no tienen
vestidos, no tienen nada. Hay también niños ciegos y niños
que tienen cáncer. Hay mucho por lo que rezar y yo rezo siempre con vosotros.
Cuando uno de vosotros reza yo estoy a su lado. ¿No me preguntas nada
más, Marisella?
Marisa - No, de todos modos me dices siempre que tienes que preguntárselo
a Dios. ¿Cuándo iré con Dios? Además me habéis
dicho que tengo que rezar a Dios por mi partida. ¡Mira cuanto tiempo ha
pasado!.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, estoy siempre con vosotros.
Vuestra hermana, a pesar de los dolores que sufre día y noche, y todo
lo demás, es capaz de bromear conmigo y con vosotros y de llamar la atención
a las personas que no se comportan bien.
Marisa - También a mi me llaman la atención.
Nuestra Señora - Está bien. Ahora oremos todos juntos.
Alargad los brazos e invocad: Padre Nuestro... Gloria al Padre...
Gracias, mis queridos hijos. Junto a mi santo Obispo os bendigo, a vuestros
seres queridos, a todos los niños y a los enfermos. Os traigo a todos
junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea
alabado Jesucristo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Marisa - Adiós, saluda a mi madre, dale un beso de parte mía,
de parte nuestra. ¿Cuándo me la traes de nuevo? Hace tiempo que
no la veo.
Nuestra Señora - La verás el día 8, porque iremos
arriba al Paraíso, pero tendrás que volver a la Tierra
Marisa - Está bien, después se verá. Está
bien, adiós.
El 8 estaremos en el Paraíso.
Roma, 8 diciembre 2007 - hora 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Jesús - Hoy es una gran fiesta: la Inmaculada Concepción.
Yo, Jesús, he venido junto a mi Madre y a mi amado José. Hemos
escuchado lo que el Obispo os ha dicho. Ha recitado una oración hermosa,
sentida y sufrida, que por su sencillez y profundidad ha conquistado todos los
corazones. Yo, Jesús, me he conmovido; la oración del Obispo me
ha impactado mucho. Yo y la Madre nos hemos mirado y he visto dos lagrimones
salir de sus ojos, como han salido de los ojos de S. José, de la abuela
Yolanda y de todos los que me circundan.
Hemos pedido mucho a algunas almas y todas han respondido que no, excepto dos:
mi Obispo y mi esposa; por esto nos hemos apoyado completamente en vosotros,
mis queridos hijitos. Os hemos dado y continuamos dándoos una gran fuerza,
aunque en los momentos de gran sufrimiento no lo advirtáis. Marisella,
esta noche te he ayudado. Tenías fuertes dolores por la pasión
y grandes sufrimientos naturales y el Obispo te ha dado a Mi, Jesús Eucaristía,
y he dicho: "Basta de sufrimiento" y te he hecho dormir. Es triste
para Nosotros poder contar solo con poquísimas personas para hacer renacer
la Iglesia, que está gobernada muy mal. Sus pastores buscan sólo
sobresalir, destacar. Hablan mal de algunas naciones y no se dan cuenta que
al final puede estallar un conflicto porque sus ciudadanos pueden cansarse de
sentir ofensas y juicios duros contra su patria. Yo he dicho: "Primero
quita la viga de tu ojo y luego la paja del ojo de tu hermano". Los pastores
de la Iglesia tienen que quitar la viga de sus ojos y luego la paja de los sencillos
fieles que los siguen.
Los hombres de la Iglesia no atraen a las almas, por esto digo al Obispo Claudio:
no te quedes más encerrado en tu casa, sal fuera, ve en busca de las
personas con las que puedes contar y no tengas miedo de encontrarte también
con las que no te aman, o mejor, te odian y son envidiosas y están celosas
en lo que a ti se refiere. No tengas miedo de ellos, porque tu estás
en regla delante de Dios y de los hombres. El que no cree en ti, es un gran
pecador y un gran sacrílego.
Hoy María es festejada como Inmaculada Concepción, pero es siempre
la Madre de la Eucaristía, Madre de todas las madres.
Marisa - Jesús, ¿no hablas más?
Jesús - No. Estoy conmovido.
Marisa - Si os habéis conmovido, si os salen las lágrimas
de los ojos, ¿por qué no dais una ayuda a nuestro Obispo? ¿Por
qué no mandáis a alguien que lo ayude? ¿Nos hemos equivocado
al decir siempre sí a todo lo que nos habéis pedido? Habría
querido decir alguna vez que no, pero no he sido capaz, decir siempre sí
ha sido más fuerte que yo, porque me parecía que os faltaba al
respeto, que os ofendía. Hemos refunfuñado, pero siempre lo hemos
aceptado todo. Jesús, te lo ruego, ayúdanos. Mira qué pocas
personas están a nuestro lado. Es verdad que no tenemos un prado para
acoger a muchas personas, pero somos verdaderamente pocos. A todos vosotros
los del Cielo que me estáis escuchando, os pido ayuda y apoyo para nuestro
Obispo. Repito una vez más: cuanto antes venga yo al Paraíso antes
sube a las alturas estupendas, a las alturas maravillosas.
Humanamente hablando, se han burlado de mi muchas veces. Me has hecho prepararlo
todo para mi partido y todavía estoy aquí, enferma y sufriendo.
Trato de esconder muchos dolores, pero no siempre lo consigo, por esto también
yo pido Vuestra ayuda, para que nadie se dé cuenta, especialmente el
Obispo, de que estoy sufriendo. Ayer noche y esta noche me has secado la sangre,
pero ha quedado alguna manchita en el cojín y se han dado cuenta. Me
habéis prometido que las heridas no se abrirían más y la
sangre no saldría y sin embargo otros han visto lo que yo no quería
que se viera. He ofrecido mi vida por el Obispo y quiero sufrir cuanto pueda
por mi hermano, porque no quiero ver que está tan decaído moralmente.
Era brillante, sonriente, siempre dispuesto a ayudar a los otros y lo, nosotros
los romanos decimos, deprimido.
Jesús - Vosotros todos los que estáis presentes ayudad
a este pobre Obispo, orad, orad, orad por él. Ha hecho siempre el bien
y no me ha ofendido nunca ni a Mí, ni a la Virgen, ni a ningún
hombre de la Tierra, sin embargo ha sido escarnecido, ofendido, calumniado e
incluso escupido por las hermanas en via delle Benedettine. Vuestro Obispo ha
inclinado la cabeza y ha cambiado de acera. No, esto no tiene que repetirse
en absoluto. ¿Por qué las personas que se comportan mal, los pedófilos,
los inmorales, los deshonestos, si no molestan, no son reprendidos? ¿Qué
ha hecho vuestro Obispo para ser condenado?
Marisa - Yo he pedido solo que él vuelva a formar parte del clero
con la cabeza alta, no he dicho ni como Obispo o Papa. He pedido que los que
lo han condenado injustamente, se arrepientan y se den cuenta de que le han
hecho mucho daño a él y a las personas que lo estiman y aman.
Jesús - Por desgracia los que lo aman son pocos en comparación
con los que lo odian o alimentan envidia y celos respecto a él, pero
también ellos tienen que morir e irán al infierno. Recordad que
el que ofende o calumnia a un sacerdote o a un obispo peca gravemente y si celebra
la S. Misa y Comulga comete sacrilegio. He ahí porque la Madre os dice
a menudo: "Recibid a Jesús en gracia".
Si alguna vez tenéis preocupaciones, que no serán nunca tan grandes
como las de vuestro Obispo, levantad los ojos al Cielo y pedid ayuda a Dios.
Es verdad que los niños dan trabajo, pero es mejor que den trabajo los
niños que se comporten mal los grandes. Los niños no pecan, pecan
los grandes. A María Inmaculada, a la Madre de la Eucaristía pedidle
este regalo: haz que nuestro Obispe triunfe.
Marisa - Quería pedirte: "¿Donde ha ido a parar el
hermano Gino?".
Hermano Gino - Heme aquí, Marisella, estoy en el Paraíso.
Marisa - Te recordaba feo, perdona, perdona. Ahora eres hermoso.
Jesús - ¡Si supieses cuanto ha sufrido el hermano Gino!
Todos vosotros, cuando sea la hora, subiréis al Paraíso y gozaréis.
Sonreid, sed alegres.
Marisa - No te olvides de aquél joven nuestro. Te encomiendo a
los niños, a los jóvenes, a los adultos de nuestra comunidad,
pero sobretodo a nuestro Obispo.
Felicidades, Virgencita. No tengo nada más que decirte, sino que estoy
muy probada. Trataré de sonreír.
Se ha ido Jesús y se ha quedado Nuestra Señora.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, os doy las gracias por vuestra
participación. Doy las gracias a las personas venidas de lejos por amor
al Obispo.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a los niños,
a los ancianos y a los misioneros. Os traigo junto a mi corazón y os
cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios
Espíritu Santo.
Marisa - ¿Me dejas bajar?
Nuestra Señora - Haz lo que te diga el Obispo, Marisella, obedece.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Marisa - Los ángeles han cogido a Nuestra Señora y la han
llevado arriba, arriba, arriba. Tenía muchas flores a su alrededor.
Roma, 9 diciembre 2007 - hora 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos. Hoy
no está Jesús. Hoy, como sabéis bien, es el segundo domingo
de Adviento. Este año no he dicho que preparéis la canastilla
para el pequeño Jesús que tiene que nacer. Cuando la madre espera
un niño, prepara todo lo que hace falta de modo que cuando nazca tenga
de todo. Por desgracia cuando nació el pequeño Jesús yo
no tenía mucho, tenía solo un pequeño paño que he
usado como mantita para resguardarlo del frío. He aquí porque
se dice que el buey y el asno lo han calentado. Tenía que tener a Jesús
apretado fuerte contra mi corazón para calentarlo. Vosotros, como cada
año, preparad la canastilla para el pequeño Jesús, con
los sacrificios, los florilegios y las oraciones. La oración más
grande y más importante es la S. Misa y la S. Comunión. Es inútil
ir a Misa y no recibir a Jesús Eucaristía, o peor aún recibirlo
sin estar en gracia, esto hace sufrir a Jesús y a mi. Yo no hablo para
vosotros, sino para todo el mundo, para los sacerdotes y cuando digo sacerdotes
quiero decir del sacerdote mas grande al más pequeño, para las
hermanas y los laicos. ¡Cuantas personas por respeto humano reciben la
S. Comunión en pecado y cometen sacrilegio! ¿Y luego queréis
que llegue la paz? ¿Quién hace sufrir al pequeño? ¿Quién
hace sufrir al pobre? Los grandes; no los grandes de edad, naturalmente, sino
los que se sienten que ya han llegado arriba, que tienen poder. Cuando alguno
sufre y no viste bien, es apartado. ¿Te suena, Marisella?
Marisa - Calla. Esto no tenías que decirlo.
Nuestra Señora - Os digo a vosotros, pequeño rebaño,
al que Jesús y yo amamos mucho y sobre el que hemos puesto los ojos,
preparad la canastilla al Niño Jesús. Os hago una recomendación:
todo tiene que pasar a través del Obispo. Ninguno de vosotros se tiene
que sentir superior o tomar iniciativas que el Obispo no conoce: esto es respeto.
Vosotros sois todos iguales, desde Marisella para abajo. Ninguno tiene que asumirse
responsabilidades que no le competen, decir algo que el Obispo no ha dicho,
o cambiar lo que ha decidido. Sois más fuertes, más expertos.
Cuando alguno cambia arbitrariamente las disposiciones recibidas, tenéis
que actuar con rapidez y decir: ¡No, el Obispo no ha dicho esto! O bien:
¿Lo sabe el Obispo? Una piedra se tiene que limar por todos los ángulos
para que se vuelva lisa, vosotros limad vuestros ángulos, tratad de ser
humildes. Ha empezado el año de la Esperanza. Hay todavía pequeños
ángulos que limar al preparar la iglesia y la basílica. Es fácil
estar de acuerdo cuando hay humildad y confianza hacia la persona. Podéis
equivocaros porque sois hombres, pero subsanadlo enseguida.
La Navidad está cerca, el Niño Jesús está a punto
de nacer, preparad su canastilla. Haced rezar a vuestros niños. Que una
niña no meta más el dedito en la boca: esto es un florilegio para
el Niño Jesús.
Marisa - Mira que ella te oye, porque es inteligente.
Nuestra Señora - Saretta, ¿quieres quitarte el dedito de
la boca? Que todos vean lo guapa que eres.
Marisa - Hace falta paciencia.
Nuestra Señora - Bien, mis queridos hijos, no digo nada más.
Pequeños y grandes, preparad la canastilla a Jesús, los pequeños
en las pequeñas cosas, los grandes en las cosas grandes. Una niña
no puede decir un rosario, no puede hace una penitencia, pero puede decir una
pequeña oracioncita.
Mis queridos hijos, siempre vengo en medio de vosotros con gran alegría
y si hay algo que decir, tengo que llamaros la atención, tengo que hacerlo.
Repito lo que dice vuestro Obispo: tengo que llamaros la atención porque
al infierno por culpa vuestra no quiero ir. Y como yo estoy en el Paraíso
y al infierno no voy, y no quiero ni siquiera verlo, haced como os he dicho:
llamad la atención con amor y con caridad a las personas y tened esperanza
de que cambien.
Alguno está pensando: ¡Nuestra Señora se está alargando
como el Obispo! Sí, y quiero decir todavía una cosa: hay alguno
que durante la Misa, o mientras espera al Obispo para la Misa, se gira a mirar
atrás; esto no es bonito. ¿Qué os importa quien entra o
quien sale? Mirad siempre al altar. Cuando estabais en la capillita era un continuo
girar las cabezas. Cuando se abría la puerta, os girabais todos a la
vez; no, esto no es bonito, quiere decir que no estáis en oración.
Orad, amaos y esperad siempre en Dios, Padre Omnipotente.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los
niños, grandes y pequeños, a los enfermos, a los ancianos y a
los misioneros. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi
manto materno. Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Sea alabado Jesucristo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo.
Sara, ¿mandas un besito a la Virgencita? Muy bien.. Emmanuel, gran filósofo,
manda un besito a la Virgencita.
Roma, 14 diciembre 2007 - hora 8:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo.
Con gran alegría estoy aquí para rezar con vosotros. Ya lo sé
que estos días en la Tierra son difíciles a causa del tráfico
y del frío, pero haced el sacrificio de venir. Pensad cuanta gente va
lejos, de una ciudad a la otra, de un santuario al otro, como de una zona a
la otra de Roma. Cuando os veo reunidos para rezar, me conmuevo y espero, como
vosotros, que Dios Padre venga a decir lo que también vosotros esperáis.
Mis queridos hijos, está a punto de llegar la S. Navidad, y todos son
más buenos, se intercambian las felicitaciones y hacen ofrendas para
los necesitados. Por desgracia a causa del tráfico se deja la oración,
la S. Misa, la Comunión; no hablo solo a vosotros aquí presentes,
me dirijo a todos. En las grandes fiestas los hombres piensan solo en comer,
dónde ir y qué regalos hacer. Orad al pequeño Jesús,
que viene cada año a haceros compañía. Tenéis con
vosotros a Jesús Eucaristía, es él el verdadero triunfo
de vuestra vida. Es necesario ser siempre buenos y orar siempre, no solo cuando
pedís alguna gracia o una ayuda. Comprometeos, para que Jesús
tenga la canastilla y esté calentito. Yo estoy siempre con vosotros,
soy la Madre de todos los hombres de la Tierra. Cuando os hablo a vosotros,
veo otras ciudades, otras naciones, veo el mundo entero al que querría
sacudir y decir: orad, convertíos. Jesús espera la verdadera conversión.
Gracias, mis queridos hijos, gracias si ponéis en práctica cuanto
os digo y os he dicho en tantas cartas de Dios, porque Dios os ama, a pesar
de todo y a todos. Marisella, Dios os ama.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a los
enfermos, a los niños y a los ancianos. Oh, cuantas oraciones haría
falta decir por todas estas intenciones, especialmente por los niños
del Tercer Mundo.
Os traigo apretados, apretados junto a mi corazón y os cubro con mi manto
materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo.
Sea alabado Jesucristo.
Buena y santa novena, que empieza mañana. No comprendo porque en otras
iglesias la empiezan el día 16. Se empieza el 15 porque el 24 es vigilia
y la novena tiene que estar acabada.
Obispo - El 23 es su cumpleaños.
Nuestra Señora - Si contáis los días os daréis
cuenta: 15+9=24.
Marisa - El 23 ¿le felicitarás?
Nuestra Señora - De todos modos nos vemos a menudo, nosotros.
Marisa - Está bien.
Nuestra Señora - Ahora participad con mucho amor en la S. Misa.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Roma, 16 diciembre 2007 - hora 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Marisella, no te has dado cuenta de que yo estaba
presente.
Mis queridos hijos, hoy es el tercer domingo de Adviento y la Navidad se acerca.
Tratad de terminar la canastilla de la que os he hablado. Hace mucho frío;
he visto trabajando a personas que estaban tan tapadas que sólo se les
veían los ojos. Por todas partes está nevando, la naturaleza es
hermosa con la nieve. Os digo esto para haceros comprender que yo lo veo todo,
lo sé todo y estoy siempre a vuestro lado.
Marisella, lo que tu pides, es todavía pronto para ser concedido. Sí,
sé cuan grande es vuestro sufrimiento, el del Obispo y el tuyo, pero
como ya os he dicho muchas veces, es difícil comprender los porqués
de Dios. Continuad adelante con paciencia, con confianza y con esperanza. No
digáis que Dios está durmiendo, Él sabe lo que tiene que
hacer. También Nosotros cuando vamos a hablarle le exponemos muchos porqués;
es espontáneo preguntar, pero luego nos arrodillamos con la cabeza baja
y oramos por todos los que sufren.
También aquí han habido gracias, además de los milagros,
solo que las personas una vez obtenido lo que han pedido, lo olvidan y se alejan.
En cambio el que continúa viniendo, incluso con frío, quiere al
Obispo, pero sobretodo quiere a mi Hijo Jesús. Como ya he dicho, sufro
cuando las personas reciben a Jesús sin estar en gracia. Si no estáis
en gracia, si faltáis a la caridad, no podéis recibir a mi Hijo
Jesús. Repito: esto no lo digo solamente para vosotros que estáis
aquí presentes, sino para todo el mundo. También aquí alguno
cojea, no tiene amor, no tiene caridad; esto no es bonito. Yo no he enseñado
esto, yo he enseñando a amar a Dios y al prójimo. Lo repito, esta
mañana me repito a menudo, es fácil amar al hermano, a la hermana,
a la madre o al padre, el amor del que hablo es hacia todos, sobre todo hacia
los que sufren. En estos días se realizan muchas buenas acciones. ¿Es
necesario esperar la S. Navidad para amar, para hacer regalos, para hacer compañía
a un enfermo? No, recordad: para el que cree, para el que ama a Jesús
Eucaristía, cada día es Navidad; todos los días tiene que
hacer acciones para ayudar al próximo. La caridad ha de estar en primer
lugar de todo, siempre.
Alguno que cojea, por fortuna son poquísimos, pero hace sufrir porque
después de tantas cartas de Dios, tantas enseñanzas, tantos reclamos
maternos, todavía tiene algún ángulo que limar. Ea, pues,
ofreced la canastilla al Niño Jesús: amaos entre vosotros, ayudaos
entre vosotros, no seáis orgullosos, soberbios. Cuando recibáis
a Jesús Eucaristía, tenéis que estar siempre en gracia
de Dios. Faltar a la caridad es grave. Terminad esta novena ultimando la canastilla
para el pequeño Jesús. Él, como siempre, viene en medio
de vosotros, y vosotros ¿cómo lo recibís? A vosotros os
toca responder, ¡diría el Obispo! Porque el Obispo primero hace
una pregunta y luego dice: os toca responder. Yo digo lo mismo: os toca responder.
Marisa - Oye: mañana una persona empieza a trabajar. ¿Podrías
ayudarlo y acompañarlo? Porque para nosotros es una gracia grande que
vuelva a trabajar.
Nuestra Señora - ¿Acaso os he abandonado? A vosotros os
parece que la Madre a veces os abandone, pero no es así. Vuestra hermana
tiene un secreto muy grande que la está destrozando, aunque no lo demuestre,
y hace referencia justamente a la Iglesia. Es un secreto y no lo puede comentar
con nadie, os pido que recéis por ella.
Los hombres, especialmente los que se sienten grandes, no se convierten, es
más, han retrocedido todavía más. Ayer tarde vuestra hermana
os contó como aquel señor respondió al obispo que le había
pedido que volviera a examinar todo el caso, después que hubo leído
toda vuestra historia en Internet.
Marisella, es un cardenal, no un obispo.
Marisa - Bueno, pero a mi me gusta más decir obispo.
Nuestra Señora - Aquel señor respondió: "Yo
no entro en Internet y por tanto no entiendo de estas cosas". Esta respuesta
ha sido dada por un personaje a un cardenal. ¿Qué significa no
entro? Porque si un cardenal pide que se vuelva a examinar un caso, ¿le
responde así? Ved porque digo: los grandes hombres de la Iglesia han
vuelto atrás y continúan retrocediendo; pensando en el poder y
en el dinero.
¿Qué sucede, Excelencia?
Obispo - He hecho un gesto y has comprendido el significado; usemos la
escoba, limpiemos la Iglesia.
Nuestra Señora - Sí, pero quizás las escobas se
han terminado, porque la bruja se las ha llevado todas.
Obispo - Pero nosotros estamos todavía y, cuando Dios quiera,
podemos hacer la limpieza de la Iglesia.
Nuestra Señora - Tienes razón, estoy contigo. Por desgracia
aquellos señores van hacia atrás, continúan yendo hacia
atrás, continúan haciendo sacrilegios, muchos, muchos, muchos.
Ya que vosotros estáis aquí reunidos para rezar y vivís
en gracia, aunque alguno cojee, orad por aquellas personas, no hay necesidad
que diga sus nombres; vosotros habéis comprendido muy bien a quien me
refiero, porque vuestro Obispo no os esconde nada y os lo ha dicho todo.
Buena continuación de la novena. Mando mi beso a todos los niños:
dejadlos gritar, dejadlos hacer, dejadlos jugar, no seáis demasiado intransigentes
como padres.
Marisa - Tu hablas bien, porque el Niño Jesús era bueno.
Nuestra Señora - Tenía sus caprichos también él,
no te preocupes.
Junto a mi santo Obispo y vuestro, digo santo Obispo porque lo es verdaderamente.
Para Dios no hace falta esperar a que una persona muera, vaya al Paraíso
y se despliegue el lienzo para que sea considerado santo, él ya es santo.
Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Sea alabado Jesucristo.
Marisella, ¿puedes levantarte e ir con las niñas?
Marisa - No sé donde están.
Nuestra Señora - Ven conmigo.
Marisa - ¿Me haces levantar porque dices que esto es gimnasia?
Nuestra Señora - Ven conmigo.
Marisa - Vamos.
Este beso os lo manda la Virgencita. ¿Vale?
Niños - Sí, sí.
Obispo - Mandad un besito a la Virgncita. Muy bien.
Marisa - Son solamente tres. Samuel y Jacobo no han vendido.
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos. Felicidades
y buena S. Misa a todos. Orad, orad, orad, no tengo nada más que deciros.
Marisa - Yo diría muchas cosas. Está bien, está
bien. En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Amén.
Adiós. Gracias. Protege a los niños y haz que nazcan otros niños,
tu me has comprendido. Adiós, Virgencita, espero que no ofenda nunca
a Dios. Adiós. Se van. ¿Ves lo que hacen?
Obispo - No, no lo he visto.
Marisa - Se han ido, como si fuese
Obispo - ¿Una nube?
Marisa - Una nube.
Roma, 21 diciembre 2007 - hora 8:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
hemos llegado al séptimo día de la novena. Sé que para
muchos es difícil y fatigoso venir al lugar taumatúrgico por lo
lejos y por el tráfico, pero en el Paraíso no hay tráfico.
Quería hacer una broma, hijos queridos, y deciros que oréis, durante
la novena que estáis haciendo con tanto sacrificio. Pensad en los pobres,
en los niños que mueren, ayudad a vuestro Obispo en todo y para todo.
Sé que algunos están viviendo momentos difíciles a causa
de la salud y por otros problemas. Ponedlo todo en el corazón del Niño
Jesús, cuando la noche de Navidad esté con vosotros. Orad más
que nunca. No creáis que Italia vaya bien, no, no va bien. No actúan
bien ni los peces gordos de la Iglesia ni los peces gordos del Estado. Muchos
no tienen confianza ni en el Estado ni en la Iglesia. Orad, continuad la santa
novena y esperad con amor al pequeño Jesús.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los
niños, a los enfermos y a los ancianos. Os traigo a todos junto a mi
corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Sea alabado Jesucristo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo.
Marisa - Adiós.
Roma, 23 diciembre 2007 - hora 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo.
He venido con gran alegría, porque dentro de poco nace el pequeño
Jesús. Sé que muchos de vosotros han preparado la canastilla.
Tu canastilla, como la del Obispo, es muy grande y es para muchos niños
pobres y para todos los que sufren.
Marisa - Oye, Virgencita, ¿podrías darme al menos un poco
de voz para poder hablar?
Nuestra Señora - Sí. Ahora solo tenéis que continuar
orando. Habéis tenido una gran gracia en la familia, gracias a Dios,
pero también a ti, Marisella, y a todas las personas que han ofrecido
oraciones y sacrificios. Hoy es el cumpleaños de una persona muy querida
por mi: felicidades de parte de todos Nosotros los del Paraíso.
Abuela Yolanda - Felicidades, Yari, soy la abuela.
Marisa - ¡Oh mamá! Hacía mucho que no te oía.
Nuestra Señora - He venido sólo para daros la bendición
a todos, junto a mi Obispo porque no quiero cansar demasiado a Marisella.
Marisa - En lugar de no hacerme cansar, ¿no podrías hacer
que estuviera un poquito mejor? Te he pedido sólo un poquito, más
por los demás, por las personas que están a mi lado, que por mi.
Nuestra Señora - Yo te digo solamente: ánimo, Marisella.
Marisa - ¡Ya no tengo! ¡Ya no tengo! Espera un minuto.
Obispo - ¡Ya no lo tenemos!
Marisa - Ya no lo tenemos. Y estamos muy cansados. ¿Por qué
nos dices: id a descansar? ¿Cuándo, cómo?
Nuestra Señora - Falta un día, Marisella, y el Niño
Jesús vendrá en medio de vosotros. Ánimo a todos vosotros.
El que pueda que venga a la S. Misa de la medianoche del 24. Yo os espero a
todos.
Junto a mi Obispo y vuestro...
Marisa - Santo Obispo, dices siempre.
Nuestra Señora - Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo,
a vuestros seres queridos, a vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos junto
a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre,
Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Gracias por las oraciones que hacéis durante el día y sobretodo
por la noche.
Marisa - Si por la noche nos dejas descansar, te diremos un bonito gracias.
Está bien.
Adiós, mamá. Están los sobrinos. Ya sé que eres
la última rueda del carro, pero ¿no puedes hacer nada por nosotros?
Abuela Yolanda - Es Dios el que lo hace todo.
Marisa - Está bien, adiós mamá, adiós, tesoro.
Se han ido todos.
Roma, 24 diciembre 2007 - hora 11:30 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - ¿Ya tienes en brazos al pequeños Jesús?
Nuestra Señora - He seguido con vosotros la oración, he
rezado con vosotros y el pequeño Jesús ha dicho: "Mamá,
están cantando, hagamos algo por estos hijitos"
Marisa - Veo que mueve los labios.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, felicidades a todos, de paz,
de serenidad, sobretodo de santidad. Este ha sido un año duro y difícil
no solo para vosotros, sino para todos los hombres de este mundo. Dios ha creado
el mundo hermoso, limpio, sano y los hombres lo han destruido y ensuciado. Me
gustaría que delante del pequeño Jesús continuaseis repitiendo:
"Niño Jesús, Dios de Amor, ven a nacer en nuestro corazón
y en el corazón de todos los hombres". Tenéis que llegar
a la verdadera conversión. ¿Os dais cuenta de que cuando hay una
fiesta estáis bien juntos durante largo tiempo? Porque la oración
disminuye, cansa. Es importante la oración, es importante orar por los
enfermos, que son muchos y por los niños del Tercer Mundo. En este momento
el pequeño Jesús está sobrevolando las diversas ciudades
y naciones para dar la paz a los hombres de buena voluntad y a los niños.
También vosotros haced vivir en la paz a vuestros niños, sobretodo
os pido que no les peguéis.
Marisa - Algún azote hace falta. ¿Verdad Niño Jesús?
¿Has vuelto de nuevo? Ahora lo tiene en brazos José.
Nuestra Señora - Me congratulo contigo Marisella, porque has estado
en medio de tus parientes, a pesar de que sufrieras tanto. Pero estás
contenta, has gozado con ellos tanto como has podido, y nadie se ha dado cuenta
de cómo estabas.
Marisa - Esto dímelo sólo a mi, porque me avergüenzo.
Nuestra Señora - Sí, eres demasiado tímida.
Mis queridos hijos, os pido que recéis también por los que en
este momento están todavía cómodamente sentados en la mesa
y no hacen el sacrificio de venir a ver al Niño Jesús. Hay fiesta
por todas partes, luces por todas partes. Las estrellas, la luna, el sol, todo
lo que has visto hoy es el Paraíso.
Marisa - ¿Cuándo me lleváis? Es un bien para todos,
porque yo doy mucho trabajo. Oye, si me dan ganas de hacer lo que sabes, no
te ofendas.
Nuestra Señora - Estate tranquila, no te preocupes de estas cosas.
No comprende quien no quiere comprender. También los videntes lo hacen.
Acuérdate que eres una mujer como las demás. Sé fuerte,
más buena con tu Esposo Jesús que continúa pidiéndote
sufrimientos. Hoy el Niño Jesús te hará estar un poquito
mejor.
Marisa - Oye, Virgencita, ¿te puedo decir que hables a las personas
que están presentes y no a mi, porque me avergüenzo?
Sí, dámelo! Es pequeño, pequeño, pequeño;
tierno, tierno, tierno. ¿Lo dejas conmigo esta noche?
Nuestra Señora - No, Marisella, tiene que venir con nosotros,
pero te lo traeré de nuevo cuando estés sola, lo abrazarás
fuerte, fuerte y lo apretarás contra ti.
Marisa - ¿Me dejas estar un poquito mejor, Jesús? Solo
un poquito, para no ser una carga para los demás, te lo ruego. ¿Has
visto cuántos niños sufren?
Ve al Padre. Adiós, pequeño Jesús, adiós.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, de nuevo felicidades a todos
de una buena y Santa Navidad. Navidad tendría que ser todos los días,
no solo el 24 y el 25. Es siempre Navidad para un buen cristiano; cada día
tiene que hacer florilegios y orar. Tu quédate con nosotros.
Marisa - ¿Qué quieres decir? ¿Me llevas arriba?
No, no quiero venir, porque después me echáis de nuevo abajo y
yo estoy mal. Está bien, como queráis.
Nuestra Señora - Participad en esta S. Misa. El pequeño
Jesús, mi amado esposo y yo estaremos al lado del Obispo y lo ayudaremos,
porque está muy cansado, está muy probado. Estaremos al lado de
nuestro santo y querido Obispo. Beso a todos los niños: Mariasole, Sara,
Emmanuel, Samuel y Jacobo que es el más grandecito. Sara y Mariasole,
habéis cantado bien, muy bien, habéis dado mucha alegría
al pequeño Jesús.
Felicidades a todos, también a vuestros padres, parientes, amigos y a
todos los que no tienen la alegría de venir a Misa; muchos querrían
venir pero no pueden.
Junto a mi amado esposo y al pequeño Jesús, que ya os está
bendiciendo, os estrecho fuertemente en mi corazón y os cubro con mi
manto materno. Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Ven, Mariasole, la Virgencita te manda un besito, tesoro. ¿Y
a los otros?
Nuestra Señora - Tendrías que subir de nuevo las escaleras
para alcanzarlos. ¿Y sara?
Marisa - Está bien, adiós. Te lo ruego, estate al lado
de nuestros jóvenes, especialmente de nuestros sobrinos y nietos, pero
sobre todo del santo Obispo, como tu lo llamas.
Adiós, mamá, adiós. Ruega por nosotros, mamá, te
lo ruego.
Nuestra Señora - No llores, Marisella.
Marisa - No lloro, pero querría venir al Paraíso.
Nuestra Señora - Ánimo, Marisella, se hace tarde.
Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Adiós, mamá. Adiós, pequeño Jesús.
Me gustaría mucho ir al Paraíso.
Obispo - ¿Estás cansada de estar en la Tierra?
Marisa - Mucho. Cuando he visto a mi madre me he emocionado aún
más.
Roma, 30 diciembre 2007 - hora 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia y
cada familia tendría que celebrar este día, porque la Navidad
es más apto para los niños y la Sagrada Familia para los adultos.
Nosotros hemos vivido entre sufrimientos, calumnias y difamaciones, incluso
por parte de los parientes, pero hemos vivido muy bien nuestras relaciones familiares,
porque cuando cerrábamos la puerta, nos quedábamos solos para
rezar, y teníamos con nosotros al pequeño Jesús.
Marisella, es muy hermosa la jaculatoria que dices: "Niño Jesús,
Dios de Amor, quédate siempre en nuestros corazones", porque Jesús
ya ha nacido y tiene que quedarse en vuestros corazones.
Fiesta de la Sagrada Familia, fiesta de cada familia: religiosa, sacerdotal
y laica. Cuando recitáis el versículo: "Gloria en los Cielos
y alegría en la Tierra" tu me dices siempre que vosotros no sentís
alegría. Sin embargo tenéis que sentirla porque unos de un modo
y otros de otro, todos tenéis alegrías y sufrimientos. Marisella,
tu no entras en el grupo.
Tu, santo Obispo, has tomado demasiado a pecho la situación, porque cada
día repites las mismas lamentaciones, y sin embargo la fe y la confianza
no te faltan, aunque estás a punto de perderlas, no en lo que se refiere
a Dios, sino a los hombres grandes de la Iglesia, de los hombres de poder, de
los que viven en casa con vosotros que, en vez de alegrarse de esto, os hacen
sufrir mucho.
Justamente -dices tu- que cada uno hace la guerra con sus propios soldados,
pero estos soldados no han sido elegidos por vosotros. No digo nada más.
Tu que has estado siempre con Dios, tienes fe y confianza en Dios. Yo, la Madre
de la Eucaristía, que estoy siempre a tu lado cuando trabajas, cuando
oras, cuando duermes, cuando celebras la S. Misa, te ayudaré a que no
te falte nunca la confianza en Dios, porque todos nosotros te amamos. Estás
pensando: demostradnos este amor vuestro.
Marisa - No me gustaría ser la culpable de todo, porque no estoy
nunca bien.
Nuestra Señora - No, Marisella, en todo caso serás la causa,
no la culpable. Recuerda que Dios te ha llamado y tu has dicho que sí.
Tu madre decía: "Quiero ir al Paraíso, pero estoy bien también
en la Tierra" porque ella era amada por vosotros, por casi todos sus hijos,
por los sobrinos y los nietos. El pequeño Emmanuel la alimentaba, porque
no comía, pero con él comía.
Anna Maria, siéntate, tesoro, no puedes estar de rodillas, obedece a
la Madre.
Marisa - Tampoco ella está muy bien.
Nuestra Señora - La Sagrada Familia está bendiciendo a
todas las familias, también a la pequeña Mariasole que es caprichosa,
pero es muy buena. Yo, como siempre, beso a todos los niños.
Marisa - He dicho a Anna que se siente.
Nuestra Señora - Tiene que estar sentada, a menos que esté
presente Dios, pero también entonces tiene que sentarse un poco; lo mismo
tiene que hacer el Obispo.
Festejad a la Sagrada Familia, hoy es la fiesta de los padres y de las madres,
porque los niños han festejado la Navidad y luego harán fiesta
para la Epifanía, cuando reciban otros regalos. Mariasole, un día
sabrás cómo ha sido tu nacimiento. Mariasole ¿me miras?
Te estoy hablando, tesoro.
Marisa - Ella no puede entender que le estás hablando.
Nuestra Señora - Me gustaría que todos festejarais la Sagrada
Familia, por desgracia no hay muchas personas, a causa de las vacaciones y de
las enfermedades. Vosotros que estáis presentes, festejad este día,
que sea vuestra Navidad. ¡Eh ahí a tu madre!
Marisa - Mamá, mamá, ¿ayudarás al Obispo
y a tus hijos? Está Annarella, ¿te acuerdas que la llamabas siempre
así? Ahora se ha convertido en Annona. Mamá, ¿es verdad
que nos ayudas y estás a nuestro lado? Tenemos necesidad de ti.
Abuela Yolanda - Yo estoy siempre a vuestro lado; cuando está
la Virgencita también estoy siempre yo.
Marisa - Y nosotros te damos las gracias.
Nuestra Señora - Festejad a la Sagrada Familia, como lo hemos
celebrado nosotros. Amaos siempre, respetaos mutuamente. Yo estaré siempre
con cada santa familia; incluso cuando estéis tristes y cuando tengáis
incomprensiones. Tratad de ayudar al enfermo, porque tenéis que ver a
Jesús, mi Hijo, en cada uno de ellos.
Marisa - Mamá, ¿es verdad que nos ayudas? Dile a Dios a
ver si me lleva pronto, porque no puedo más y hago sufrir también
al Obispo y a todas las personas que me quieren. Dale la escoba al Obispo, para
que pueda barrer a todas las personas que nos hacen sufrir.
Nuestra Señora - Marisella, no hables así, éste
no es tu lenguaje, antes no utilizaba estas palabras.
Marisa - Antes era niña, ahora soy anciana y habló así.
¿Qué puedo hacer?
Nuestra Señora - Deseo a todos que tengáis una buena y
sagrada familia.
Junto a mi santo Obispo, que está esperando la respuesta de Dios, os
traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto. Bendigo a
los niños a los enfermos, especialmente a los del Tercer Mundo. Os traigo
a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.
Sea alabado Jesucristo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Amen. Adiós.
Mariasole, ¿me mandas un beso?
Marisa - Tienes que comprenderla, pobrecita, ella pensaba que tendría
la compañía de sus primitos y sin embargo tiene a todos los viejos
a su lado.
Adiós. Manda al Niño Jesús de color negro. Mándale
un besito.
Gracias, adiós. Adiós, mamá.
Abuela Yolanda - Adiós, Annarella, adiós, Excelencia. La
Excelencia no está nunca solo. Nosotros siempre estamos a su lado.
Marisa - No se dice la Excelencia, se dice Excelencia.
Abuela Yolanda - Para mí es siempre la Excelencia.
Marisa - Adiós, mamá, adiós.
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Mamá, ¿vas la última para dejarte ver?
Has cambiado de vestido, antes lo tenías verde agua, ahora amarillo pastel.
Abuela Yolanda - También nosotros nos cambiamos los vestidos.
Marisa - Adiós, amor, adiós. Dile a Dios que me deje estar
un poquito mejor, poco, poco, y que me deje dormir por la noche, porque no puedo
dormir solo una hora o dos y después durante toda la jornada no pegar
ojo. Está bien, como queráis, de todos modos ya desde que he pronunciado
aquel sí, estoy en vuestras manos.
Adiós.
|| Informaciones Generales
|| Colección de los Mensajes de Dios
||
|| Eventos Importantes ||
Milagros Eucarísticos ||
|| Cartas del Obispo || Oraciones
|| Home ||