MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
Roma, 2 diciembre 2006 - h. 6:30 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - ¡Mamá, qué hermosa eres! Son ya tres
años que te echamos en falta en la Tierra.
Nuestra Señora - Cuando Dios me diga algo, hablaré. Mis
queridos hijos, os doy las gracias por vuestra presencia. Hoy en el Paraíso
hay una gran fiesta, porque hace ya tres años que está con Nosotros
la abuela Yolanda. Me gustaría que le rezarais siempre, porque Dios le
ha dado dones particulares para ayudar a los que están en la Tierra y
la invoquen. Esto tendría que darte mucha alegría, Marisella.
Yo vengo para orar y estar con vosotros. La vida es muy difícil en el
planeta Tierra, pero si vosotros procuráis amaros y quereros, todo será
más fácil. ¿Os acordáis cuando os hablé del
secreto de Fátima y dije que habría sacerdotes contra sacerdotes,
obispos contra obispos, cardenales contra cardenales? ¿Qué ha
ocurrido? Que de un Papa al otro se han pasado este secreto sin hacerlo público,
sin revelarlo nunca. Cuando se han decidido a hablar sobre él, no han
revelado el secreto entero que confié a tres pastorcillos, y tu, Marisella,
lo sabes, porque lo conoces bien.
Marisa - Sí. Quiero pedirte que nos ayudes porque nosotros, hacemos
lo que podemos, pero no podemos dar más. También yo me dirijo
a mi madre; si Dios le ha dado dones para nosotros los hombres de la tierra,
que nos ayude a vivir bien en este momento tan duro y difícil.
Nuestra Señora - Mira, Marisella, parece que todo vaya bien, tanto
en los países musulmanes, como en las otras naciones, pero no es así.
No añado nada más, digo solamente que recéis y recéis
por todos los grandes hombres que se sienten poderosos y se desafían
el uno al otro para ver quien es más grande entre ellos.
Abuela Yolanda - Dios me ha dado el permiso de hablar. Un saludo a todos
mis hijos, sobrinos y nietos, soy vuestra madre y vuestra abuela. Soy muy feliz
y estoy bien en el Paraíso, pero cuando vengo a la Tierra y veo tanta
miseria, sufro y estoy mal. Mis queridos y dulces hijos y sobrinos, quereos.
Tengo muchos nietecitos: Jacobo, Samuel, Emmanuel, Sara, Mariasole, Nicole,
Denise, Michelle. ¡Cuántos niños tengo a mi alrededor! Tu
los ves, Marisella, y los conoces bien. Quereos. Mis queridos sobrinos, criad
bien a vuestros hijos, procurad que sean siempre buenos, respetuosos y sobre
todo que no se peleen entre ellos; tienen que quererse mutuamente.
Annarella, tesoro de mamá, la más pequeña de mis hijas,
mi adorada hija, yo rezo mucho por ti, por tu marido, por tus hijos y por tus
nietos. Rezo también por Roberto y por Franco, que me hacen sufrir mucho,
y tu, Marisella, lo sabes, porque nos vemos todos los días.
Marisa - Mamá, te ruego que reces por mis hermanos, por mi hermana
y por mis sobrinos y nietos y también por los nietos adoptados, reza
por todos, porque todos tenemos necesidad de algo y nos lo puedes dar.
Abuela Yolanda - Sí. Rezo también por el pequeño
cenáculo, por todas las señoras que me han querido. Mi amor y
mi afecto se dirigen a la Excelencia, a mi Excelencia, por el que rezo mucho.
Cada vez que me acerco y me inclino delante de Dios, rezo por él. Ahora
hay otras personas, como sus cofrades y la abuela Esperanza, que rezan por todos
vosotros. Vosotros, los del cenáculo, del pequeño grupo del Movimento
Impegno e Testimonianza, quereos y tratad de querer a vuestro Obispo. Yo, desde
lo alto de los Cielos, os veo, ruego por vosotros y me uno a vosotros; sed respetuosos
el uno con el otro: adiós a todos, un beso a todos.
Nuestra Señora - Yo, vuestra Madre, deseo que continuéis
la novena, unos de un modo otros en otro, para llegar al día ocho, mi
fiesta, la Inmaculada, cuando habrá una gran fiesta en el Cielo y en
la Tierra. Vosotros aunque seáis pequeños y pocos, me amáis,
amáis a mi Hijo Jesús, recibís el Sacramento de la Eucaristía
con todo el amor; yo soy feliz por ello. Gracias por vuestra presencia.
Abuela Yolanda - Un beso para todos los del cenáculo, a la Excelencia,
a mis hijos, a mis sobrinos, a mis nietos y a los que están presentes
por varios motivos.
Marisa - ¿Ya no hablas más, mamá?
Abuela Yolanda - No. Ahora Nuestra Señora os dará la bendición
en nombre de todos.
Nuestra Señora - Junto a mi santo Obispo y vuestro, os bendigo,
a vuestros seres queridos, a vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos junto
a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en el paz de Dios Padre,
de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Gracias, Virgencita, dale las gracias a Dios que ha dejado hablar
también a mi madre. Adiós a todos.
Roma, 3 diciembre 2006 - h. 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es el primer domingo de Adviento. No tenéis que asombraros si ya
os pido que preparéis la canastilla para el pequeño Jesús.
Vosotros ya estáis en la universidad y sabéis lo que quiero decir.
Los tiempos se acortan y el mundo no va bien, ¿qué puede pedir
una Madre a sus criaturas de la Tierra? Que os unáis para rezar y hacer
penitencia. Tratad por todos los medios de hacer la penitencia que vuestro Obispo
os ha aconsejado: comer lo que no gusta, una vez en semana, en la comida o en
la cena. Yo, vuestra Madre, me he dado cuenta de que os lo tengo que decir todo,
no estáis preparados para hacerlo solos. El que tenga una salud flaca,
débil, probada, que se enganche a la oración, que haga algún
florilegio, pero no tiene que ayunar, ni comer lo que no le gusta, especialmente
el que sufre del estómago. Esto puedo pedíroslo y ya os pido bastante.
Yo no hablo en ninguna otra parte del mundo, por tanto es bueno que publiquéis
enseguida los mensajes en Internet. Algunos los leerán y los pondrán
en práctica, como hacéis vosotros, otros no me escucharán.
Primer domingo de Adviento. El Adviento os prepara para el nacimiento de mi
Hijo Jesús. Jesús es Dios y se acercaba a mi, la Madre, y a mi
amado esposo José ronroneando y lloriqueando y cada vez nos arrodillábamos.
Y también cuando mi amado esposo volvía del trabajo, íbamos
junto a la cuna de Jesús y adorábamos a Dios. Vosotros sois hijos
de Dios y tenéis que amarlo y adorarlo, aunque viváis situaciones
que a vosotros no os gusten, pero él es Dios y sabe lo que hace. No os
toca a vosotros preguntar porqué Dios hace así, porqué
Dios se comporta así. Él es Dios y vosotros sois criaturas de
Dios. Las criaturas de Dios son las que sufren, las que están bien, las
que aman. Hay un sólo Dios y cuando él quiera lo veréis
tal como es. Vosotros escucháis las cartas de Dios, pero alguien oye
Su voz, aunque no lo ve; oírlo y no verlo provoca dolor. Pensad en cuantas
almas del Purgatorio, que ciertamente no irán al infierno, pero sienten
la falta de Dios y se preguntan: "¿Cuándo veremos a Dios?
¿Cuándo iremos a ver a Dios?" Tenéis que estar siempre
dispuestos a morir, porque no sabéis cuando os llamará Dios. Tenéis
que vivir siempre en gracia.
El día de mi fiesta, el de la Inmaculada Concepción, subirán
al Paraíso 25 millones de almas que están en el Purgatorio. Después
cuando Dios lo decida, subirán otros grupos más numerosos. ¿Os
habéis dado cuenta que poco a poco aumentan las almas que suben a Dios?
Alguien querría estar ya en el Paraíso. Pero Dios ha reservado
a esta persona otras misiones importantes en la Tierra e importantísimas
para el Cielo.
Dentro de poco Dios, el pequeño Jesús, bajará en medio
de vosotros, dentro de poco no significa mañana, vosotros sabéis
cuál es el día en que nace Jesús. Mi Hijo Jesús
es hermoso; cada madre dice de su hijo que es hermoso, y también yo lo
digo: "Mi hijo es hermoso, pero también porque es Dios, que está
en medio de nosotros"
Ánimo, preparaos todos para la S. Navidad, como ha hecho siempre la Abuela
Yolanda cuando vivía en la Tierra. Ahora reza mucho por vosotros, por
cada uno de vosotros, y os besa, como ya os ha dicho. Ahora goza muchísimo
después de haber sufrido durante muchos años. El que sufre en
la Tierra, tiene la esperanza, la seguridad de ir al Paraíso. Si vivís
en gracia, gozaréis de la eternidad.
Ánimo a todos, Dios está con vosotros, yo estoy con vosotros,
todo el Paraíso reza por vosotros. Gracias.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo y a vuestros seres queridos, os
traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id
en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado
Jesucristo.
Marisa - Adiós.
Todo el Paraíso se ha ido detrás de Nuestra Señora.
Roma, 8 diciembre 2006 - h. 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es fiesta grande. La Vidente ahora ve dos Vírgenes: la Madre de la
Eucaristía y la Inmaculada. Como ya os he explicado, la Inmaculada abre
la Historia y la Madre de la Eucaristía cierra la Historia. La consagración
de la Iglesia que me ha hecho vuestro Obispo a mi, Madre de la Eucaristía,
es grande a los ojos de Dios, que está muy feliz por este acto. Ningún
obispo ni ningún Papa ha pronunciado jamás las palabras que ha
pronunciado vuestro Obispo. Procurad que no sean solo palabras, que luego fácilmente
olvidáis. Os invito a rezar por esta consagración de la Iglesia
hecha a mi, María, Madre de la Eucaristía.
No hay mucho que añadir después de lo que ha dicho vuestro Obispo;
él tiene en su corazón una gran carga de amor y muchas palabras
hermosas, que gustan a Dios. Pero vosotros sabéis también cuánto
sufrimiento tiene. El año pasado vuestro Obispo convocó el Año
del Amor, que termina hoy, porque empieza el Año de la Humildad y, como
sabéis la humildad significa también verdad. Cuando uno tiene
algún don o sabe hacer algo, tiene que decirlo con sencillez, con humildad,
no tiene que avergonzarse. Recordad que la humildad lleva a la santidad y al
Paraíso, donde hoy han subido 25 millones de almas. Vuestra hermana ahora
está aquí en medio de vosotros para escuchar, para sentir la voz
del pastor, que me ha consagrado la Iglesia y a todos sus hijos.
Éste es un día muy importante. Me disgusta que las personas, por
desgracia, no hayan comprendido la importancia de venir a este lugar taumatúrgico.
Los prelados casi han hundido este lugar, pero han hundido todavía más
a las dos personas que Dios ha elegido con tanto amor. Vosotros aquí
presentes conocéis la historia y a vuestro Obispo y sabéis cuanto
amor, cuanta dedicación y sensibilidad hay en su corazón. También
vosotros tenéis que amar, tenéis que ser humildes y dedicaros
al prójimo.
He venido también para bendecir a las personas enfermas y a las que tienen
que entrar en el hospital. Yo las acompañaré junto a mi Marisella,
y las invito a prepararse, con una buena Confesión y S. Comunión,
para hacer siempre la voluntad de Dios. Cuando hacéis la voluntad de
Dios, todo va como el Señor quiere, Él es el Supremo, Él
es Todo, Él es el Dueño del Cielo y de la Tierra, es el Padre
de todos, por tanto sabe lo que hace. Orad, para que todo vaya bien y se haga
siempre la voluntad de Dios.
Hoy es fiesta en el Paraíso para las almas que han venido del Purgatorio,
porque es la fiesta de María Inmaculada y de la Madre de la Eucaristía.
También vosotros, pequeño rebaño, haced una gran fiesta,
porque sabéis perfectamente lo mucho que sois amados del Cielo. ¿Quién
es amado del Cielo como vosotros? Dios os ama, aunque os ponga a prueba, que
a veces es muy dura y muy difícil, pero es siempre para beneficio de
las almas.
Yo, la Madre de la Eucaristía, os felicito a todos, porque soy vuestra
Madre, porque no hay un nombre más hermoso que este. Me han dado muchos
títulos, pero el que prefiere Dios es Madre de la Eucaristía.
Si lográis amar a Dios y a la Madre de la Eucaristía, conseguiréis
amaros también a vosotros mismos y ayudaros mutuamente. Orad por las
personas que sufren, sobretodo por los niños de lejos que no tienen nada.
Vosotros, en la medida de lo posible, ya habéis hecho mucho, pero continuad,
si podéis, ayudando a todos los necesitados, Dios os bendecirá.
Buena fiesta también para vosotros.
Junto a mi santo Obispo y vuestro, os bendigo, a vuestros seres queridos, a
vuestros objetos sagrados; bendigo a los enfermos, a los niños enfermos
a todos los que tienen necesidad de ser ayudados. Os traigo a todos junto a
mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre,
de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.
Aleluya, aleluya, aleluya. Veinticinco millones de almas han subido hoy al Paraíso,
donde no hay día ni noche, sino siempre mucha luz. La Virgencita mira
siempre a todos y está contenta y feliz cuando ve que las personas se
aman y se quieren.
Aleluya, mis queridos hijos, siempre.
Marisa - Adiós, adiós. Nuestra Señora y mi madre
se han ido juntas, cogidas del brazo.
Roma, 10 diciembre 2006 - h. 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Mirad bien el altar, adornado de flores blancas y pensad en algo grande y hermoso.
¿Quién puede estar vestido todo de blanco?
Marisa - Virgencita, he comprendido, basta así, te lo ruego. Tu
que eres tan buena trata de amarnos siempre y haz que no tengamos que sufrir
tanto, te lo ruego. Ahora tengo dentro de mi corazón algo que me duele
y que me infunde temor.
Nuestra Señora - No tienes que tener miedo, hija mía. Hacer
la voluntad de Dios es siempre muy hermoso e importante y os vuelve serenos.
Marisa - No, no, no. Tu sabes lo que yo temo, no por mi, sino por el
Obispo.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, tengo una gran intención,
por la cual os invito a rezar. Sé que ya oráis y hacéis
florilegios, y penitencias, pero hoy más que nunca os invito a rezar
por vuestro Obispo. Dios está preparando algo muy importante, vosotros
sólo tenéis que rezar y amar. Ha empezado el Año de la
Humildad, sed obedientes y dóciles al Obispo. El que esté mal
no tiene que hacer ayuno, el que está bien puede y debe hacerlo.
Estamos en Adviento, continuad haciendo la canastilla para Jesús. Invitad
a otras personas a venir a este lugar taumatúrgico. Hace falta luchar,
hace falta empeñarse más, y todo será más hermoso
y más fácil para vosotros.
Estate tranquila, Marisella, abandónate a Dios, sea lo que sea que Él
pida.
Mi pequeño cenáculo, veo que hoy sois menos numerosos y ya que
sois pocos, reforzad vuestras oraciones, vuestros ayunos, vuestras jaculatorias
y florilegios. Tenéis que ser sencillos, sinceros y humildes.
La Abuela Yolanda es una persona muy importante en el Paraíso y reza
mucho por vosotros, se acuerda de cada uno de vosotros. Entre vosotros hay quien
sufre, hay quien tiene que ir al hospital, hay quien no está bien y no
puede ni siquiera ir al hospital. Ofreced esto a Dios Padre Omnipotente. Gracias
a todos.
Marisa - Dios, te lo suplico con todo el corazón, no pidas aquello
que sabes.
Nuestra Señora - Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros
seres queridos, vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos junto a mi corazón
y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de
Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Gracias, adiós.
Roma, 14 diciembre 2006 - h. 8:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos
y gracias por vuestra presencia.
Antes que nada, os lo ruego, orad por los miembros del cenáculo que están
enfermos, por vuestro Obispo. El que no pueda hacer una cosa, puede hacer otra,
tenéis que tener juicio al hacer las cosas, si no podéis no tenéis
que hacerlas: esto lo he recomendado siempre. El que toma muchas medicinas,
el que está mal no puede hacer ayuno, no puede hacer grandes penitencias,
pero sí los florilegios, los sacrificios, gestos de amor hacia el prójimo.
No repetiré todo lo que ha dicho Dios de los hombres y sobre todo de
los pastores de la Iglesia, no repetiré la frase de Dios porque os deprimiría.
Estos son los hombres, que Dios ha creado a su imagen y semejanza. No hacen
nada de bueno y la Iglesia va cada vez peor. Hace falta renovar la Iglesia y
dar las riquezas a los pobres, especialmente a los del Tercer y Cuarto Mundo.
Estos mensajes de Dios tienen que llegar a todos los hombres de la Iglesia.
No tengáis miedo, no hay que tener miedo de hacer el bien. Os invito
a orar por la Iglesia. El gesto de vuestro Obispo que ha renunciado a los regalos,
pequeños, en comparación a los tesoros de la Iglesia, para dar
el equivalente en dinero a los pobres, es grande para Dios. Si todos los sacerdotes,
especialmente los que tienen grandes parroquias, los Obispos, los Cardenales,
y el mismo Santo Padre, decidieran hacer alguna obra buena por los pobres, la
situación en el mundo sería diversa y todos estarían más
serenos!. Procurad que se llegue a esto; en el fondo vosotros sois una pequeñísima
comunidad, pero lo que hacéis es el triple de lo que hacen los otros.
El Adviento ha empezado desde hace tiempo, la novena empieza mañana,
haced esta novena como si fuese la última de vuestra vida para dar la
paz, la serenidad y la felicidad a todas aquellas personas que sufren. Gracias.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, vuestros
objetos sagrados. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con
mi manto materno. Dad un beso a vuestros niños al volver a casa. Id en
la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado
Jesucristo.
Marisa - Adiós, adiós, mamá.
Se ha ido.
Roma, 17 diciembre 2006 - h. 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Hoy es el tercer domingo de Adviento, que puede definirse como el domingo de
la alegría, del amor hacia todos. Cuatro personas no tienen alegría,
sino sufrimiento; pero también quien sufre tiene que vivir en la alegría.
Por esto os digo: sumergíos en la alegría, sed sonrientes, porque
el dolor y el sufrimiento no pasan sin la alegría, que tiene que estar
siempre presente en vuestros corazones. Las personas que están a vuestro
lado tienen que ver que estáis alegres. Este pequeño cenáculo,
muy apegado al lugar taumatúrgico, tiene que vivir con alegría;
mientras estéis en la Tierra, siempre habrá penas, sufrimientos
y choques con las personas. Yo, vuestra Madre, ¿qué puedo deciros?
Vivid con alegría y seréis felices. Esto lo digo especialmente
por Pablo, el gran Pablo, que viene a este lugar taumatúrgico. Cantad
cantos de alegría y de amor, para los que están en el hospital,
para los que tienen que trabajar, para los que están enfermos en casa;
vosotros manifestad alegría siempre. La alegría os lleva directamente
a mi Hijo Jesús, a la Madre de la Eucaristía y a todos los ángeles
y Santos. Gracias.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, vuestros
objetos sagrados. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con
mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu
Santo. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Se han ido cantando, estaban alegres.
Roma, 21 diciembre 2006 - h. 8:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Con gran alegría hemos llegado al séptimo día de la novena.
Habéis sido muy valientes, especialmente los que en estos días
tienen que atravesar la ciudad, venir de lejos y soportar un tráfico
caótico y todo el desasosiego que supone vuestra ciudad, Roma. Dios tiene
que bendecir vuestro sacrificio, vuestro amor hacia este lugar taumatúrgico
y hacia el Obispo, pero sobre todo hacia Él; esto nos da gran alegría
a todos nosotros.
El tiempo ha volado, dentro de poco, poquísimo, nace el niño Jesús
y vosotros casi ya habréis finalizado la canastilla; unos con el sufrimiento,
otros con el sacrificio, otros con el ayuno, otros con los florilegios y otros,
no pudiéndolos hacer, con sencillas y humildes oraciones. El pequeño
Jesús, su Madre y su padre se contentan con todo, mientras se haga con
amor.
Mis queridos hijos, cuanto me gustaría veros alegres. Esta palabra hiere
un poquito a alguno que en su corazón se pregunta: "Alegrarse ¿de
qué?". Tenéis que alegraros porque estáis unidos a
Dios, a la Eucaristía, a la Madre de la Eucaristía y tenéis
todavía con vosotros al Obispo. Vosotros, pequeñísimo rebaño,
muchas veces os he llamado de este modo, sois muy, muy valientes. El que se
ha ido de este lugar, un día volverá, pero no será fácil
volver a entrar porque estará abrumado por la vergüenza, por los
celos y por la envidia. En cambio, vosotros estáis siempre aquí
presentes. Dios tiene que hacer verdaderamente algo muy hermoso por vosotros,
grande y espectacular, aunque los eclesiásticos no lo aceptaran tampoco
esta vez. Orad por esto. Estoy contenta de que estéis al lado de vuestro
Obispo, tratad por todos los medios de ayudarlo, pero no exageréis, dejadlo
respirar.
Marisa - Pero ellos no exageran, lo dejan respirar, porque cada uno tiene
su propia casa, su propia familia, sus propios hijos, sus propios nietos, su
propio trabajo... cada uno tiene su quehacer y cuando se van de este lugar taumatúrgico
están más tranquilos que nosotros. Yo no estoy tranquila, yo no
puedo cerrar la casa. Tengo que estar aquí y dar el callo.
Nuestra Señora - ¿Cómo hablas, Marisella? Me haces
reír o sonreír.
Marisa - Ya lo sé que te hago sonreír. Quería hacer
sonreír también al Obispo.
¿Has visto qué hemos comprado? Nosotros no queríamos, pero
un señor después de haber dado el dinero para los niños,
ha querido hacer un regalo. ¿Tenía que decir que no? Le hemos
dicho que sí, ¿Nos hemos equivocado?
Nuestra Señora - No, no son éstas las equivocaciones, Marisella.
Deja hacer al hombre, si al hombre le gusta hacer algo, ¿porqué
prohibirlo? Ha dado su ofrenda para los niños del Tercer y Cuarto Mundo,
por tanto ha cumplido con su deber. Después si ha querido compraros algo,
¿por qué prohibirlo?
Marisa - Pero yo no lo he prohibido. Yo no sé hablar bien el italiano
y he dicho prohibirlo, porque no me venía la palabra justa. Espera un
momento. ¿Qué tengo que decir?
Obispo - Está muy bien.
Marisa - "Está muy bien" ha dicho el Obispo. Deseo someter
a tu aprobación esta carta, que tu ya has visto y que hemos puesto bajo
tu imagen. ¿Nos darán más golpetazos?
Nuestra Señora - Sí, pero tendrá que estallar algo
antes o después, tiene que estallar. Tienen que comprender los errores
cometidos, tienen que reconocer la falsedad y las mentiras que han dicho, tienen
que comprender que no se vive sólo de dinero, de poder, sino que se vive
sobretodo de amor.
Marisa - ¡Entonces te ha gustado! Vale, luego me ha venido a la
mente un regalo que quería hacer, pero me falta el marco.
Nuestra Señora - Este es el objeto más hermoso que podías
pensar o hacer, es algo original y hermoso, de esta flor sale la voz de Dios.
Marisa - Por esto he querido hacerlo.
Nuestra Señora - Enhorabuena, Marisella, enhorabuena.
Marisa - También Mariasole dice enhorabuena. De aquí sale
la voz de Dios, pero no la veo.
Nuestra Señora - Entonces, mis queridos hijos, continuad esta
novena, quedan pocos días. El que pueda, la noche de Navidad, si no tiene
problemas familiares que venga aquí a adorar al Niño Jesús.
Gracias.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos; bendigo
a los enfermos. Como dice el beato Juan XXIII, cuando vayáis a casa acariciad
a vuestros niños y decid que ésta es la caricia de la Virgen,
de la Madre de la Eucaristía. Y a todos vosotros muchas felicidades.
Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea
alabado Jesucristo.
Marisa - Felicita por mi a mi madre, a todas las tías y a la abuela Esperanza.
Adiós.
Se ha ido.
Roma, 24 diciembre 2006 - h. 11:30 p.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Gracias por estar aquí presentes en esta noche. Coged el niño
Jesús (n.d.r. la estatua), llevadlo a su cuna, porque ha llegado la hora.
Yo estoy rodeada por los ángeles y los Santos, conmigo está todo
el Paraíso. Tengo al pequeño Jesús entre mis brazos que
lloriquea, os mira y, alzando la manita derecha, bendice a todos con los tres
dedos.
La Madre no tiene palabras para daros las gracias por estar aquí presentes,
en esta noche oscura y fría, para hacer compañía al pequeño
Jesús. Sobre todo quiero dar las gracias a los que han hecho la novena
con sacrificio, con el ayuno, con las oraciones y con los florilegios, preparando
la canastilla al pequeño Jesús. A vosotros os puede parecer extraño
que la Madre haya pedido que se haga la canastilla al Niño Dios, pero
no podéis imaginar qué alegría hay en mi corazón
y en el corazón de todos los que están en el Paraíso por
esto. Ha empezado el Año de la Humildad y el que asiste al encuentro
bíblico sabe perfectamente que vuestro Obispo os ha hablado de su importancia:
la humildad os lleva a la santidad.
Estoy segura de que todos queréis convertiros en santos. En el Paraíso
hay lugar para todos y en este momento se ensancha para acoger a 50 millones
de almas que están entrando con Marisella.
Marisa - ¡Hemos llegado a 100 millones! Oh, madre mía, ¡cuántos
son! ¡Parece que el Paraíso se ensanche para que entren estos otros
50 millones de almas que han subido del Purgatorio al Paraíso! ¡Qué
visión más hermosa! ¡Oh, cómo me gusta! Dejadme quedar
con vosotros, os lo ruego.
Nuestra Señora - Marisella, tu sabes que tu sitio está
todavía en la Tierra y sabes cuanto sufrimiento te espera. Aunque tu
salud se tambalea cada vez más. Has querido hacer el sacrifico de bajar
a la iglesia porque amas al pequeño cenáculo y sufres cuando no
estás en medio de ellos.
Marisa - Perdona, ¿entonces por qué no me dejas bajar más
frecuentemente? ¿Por qué no me permites estar un poquito mejor
para bajar en medio del pequeño cenáculo?
Nuestra Señora - Ahora te doy al pequeño Jesús.
Marisa - ¿Quieres decir que ya me mandas a la Tierra? Pero yo
quería estar en el Paraíso.
Nuestra Señora - ¡Toma!
Marisa - No lo dejas caer, poco a poco. Cuánta alegría
sentir la manitas y el cuerpecito todo aterciopelado. ¡Es hermoso!
Nuestra Señora - Ya lo sé que para ti es una gran alegría
estrechar contra tu corazón al pequeño Jesús.
Marisa - No sé que elegir: si quedarme en el Paraíso o
bajar a la Tierra.
Nuestra Señora - Marisella, tu sabes donde estás, tu sabes
donde te llevaremos. Mañana iremos a Burundi y a muchas otras naciones
de África.
Mis queridos hijos, no podéis comprender por completo la alegría
de este momento, pero vividlo junto a vuestra hermana. Estad alegres y felices,
continuad con la oración, con el amor y con la humildad. Si el Año
del Amor ha sido un poco inestable, procurad que el Año de la Humildad
sea más hermoso y más fuerte. Os he dicho muchas veces que ya
estáis en la universidad, ya habéis aprendido muchas cosas, continuad
siempre mejorando cada día. Recordad que no tenéis que estar alegres
sólo en Navidad, porque todos los días para vosotros es Navidad,
especialmente para los que reciben a mi Hijo Jesús. Para los cristianos
creyentes y practicantes, y que aman verdaderamente, cada día es Navidad.
Por lo tanto no esperéis la S. Navidad para reuniros, para quereros y
para estar juntos, cada día es Navidad, porque cada día podéis
recibir a Jesús Eucaristía.
Mis felicitaciones y las del Paraíso son para todos vosotros y para vuestros
seres queridos, que deseaban tanto poder venir, pero que no han podido por distintos
motivos.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo a todos, a vuestros seres queridos. Os
traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. El
niño Jesús continúa bendiciéndoos alzando la manita
y con la otra me acaricia los cabellos haciéndome ricitos.
Id todos en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo.
Os lo ruego: participad plenamente en la S. Misa. Vivid la S. Misa como si fuese
la última de vuestra vida. Y tu, Excelencia, no hay necesidad de que
te lo diga, celebra la S. Misa como si fuese la última de tu vida de...
tu sabes cómo. Felicidades a todos.
Marisa - Adiós. ¡Madre mía!
Obispo - ¡ Han subido 50 millones de almas al Paraíso!
Marisa - Tendrías que ver. El Paraíso no tiene puertas,
pero a medida que las almas entraban parecía que se ensanchase
Obispo - Hacían sitio para 50 millones de almas.
Marisa - Pero Dios me ha vuelto a mandar aquí abajo.
Roma, 25 diciembre 2006 - h. 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
Felicidades y buena Navidad a todos. Como he dicho esta noche, donde estamos
Nosotros no hay ni día ni noche, hay siempre luz. La Navidad no tiene
que ser celebrada solamente el 25 de diciembre de cada año, sino todos
los días, porque tenéis que demostrar siempre que os amáis,
que os ayudáis mutuamente, que sois caritativos el uno con el otro, que
sois humildes. Este es el año de la humildad. El niño Jesús
ha vivido en humildad, pobreza y obediencia a Dios; también vosotros
vivid no sólo este día, sino también los otros días,
con alegría, aunque haya diversas ocupaciones que desempeñar:
el que tiene niños, el que tiene ancianos, el que tiene enfermos que
cuidar. Servid a todos con alegría y gozo; las pruebas no faltan nunca,
lo sabéis. Dios recomienda en su carta: alegría y gozo todos los
días, especialmente cuando recibís a Jesús Eucaristía.
La carta de Dios que he traído esta noche es muy hermosa. Meditadla,
palabra por palabra, encontraréis muchos motivos para reflexionar. Ya
lo sé, la carta que esperáis tarda en llegar, pero tiene que haber
alegría, porque cada uno de vosotros tiene que sentir a Dios a su lado.
En este momento el pequeño Jesús está a vuestro lado, y,
como esta noche, os bendice con la manita y juega. Esta noche lo ha cogido en
brazos vuestra hermana y Él continuaba jugando y bendiciendo. Vuestros
niños juegan, aunque haya una función religiosa, el lugar es estrecho
y estáis el uno al lado del otro. Dejad estar a los niños, porque
no pueden comprender y permanecer tanto tiempo quietos. Mis queridos hijos,
en todas las situaciones se requiere paciencia y humildad. Hace falta comprender
a los padres y a los niños, comprender a los ancianos cuando no oyen
y hablan en voz alta. En las otras iglesias hay mucha confusión, los
fieles hablan mucho, incluso durante la consagración y durante la comunión.
Miran los vestidos, las pieles, los objetos preciosos y no piensan que están
delante de Cristo, Rey del Cielo y de la Tierra, delante de Dios Padre, de Dios
Espíritu Santo. Vosotros, en cambio, pensáis en la Trinidad, en
la Madre de la Eucaristía, y oráis por vuestro Obispo. Repito:
Navidad tiene que ser cada día, cuando vais a tomar a Jesús Eucaristía.
Navidad es alegría y gozo y no se puede celebrar solamente una vez al
año, sino todos los días, aunque haya sufrimientos, preocupaciones,
disgustos y enfermedades. Vivid con alegría siempre, porque os espera
el Paraíso. Felicidades a todos, a los de cerca y a los de lejos.
Esta noche el Niño Jesús ha dado su bendición a todos,
incluso a los que estaban lejos, y ahora continúa bendiciéndoos.
También vuestro Obispo todas las tardes manda su bendición a todos
los miembros de la comunidad y a todas las personas que lo han conocido; Jesús
y yo os bendecimos junto al Obispo.
Gracias y felicidades de nuevo a todos. Ya lo sé, sois pocos, algunos
se han ido, otros están mal o tienen otros problemas; vosotros que estáis
aquí intensificad la oración, porque así se vuelve útil
también para los otros.
Junto a mi Obispo y vuestro os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los
niños del Tercer y Cuarto Mundo, a vuestros niños y nietos. Os
traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
¿Qué pasa, Marisella?
Marisa - ¿Hoy no me das al niño Jesús?
Nuestra Señora - No, no estás bien, Marisella, no solo
las rodillas, sino todos los huesos, te hacen daño. Por otra parte sufres
la pasión, no te lo puedo dar, sé feliz igualmente.
Marisa - Esta bien.
Nuestra Señora - Id en la paz de di Dios Padre, de Dios Espíritu
Santo y del pequeño Jesús que está aquí en mis brazos.
Marisa - Adiós, mamá. Adiós a todos. ¿Te
has acordado que el 23 era el cumpleaños de Yari?
Abuela Yolanda - Sí, sí, he rezado mucho por él.
Marisa - ¡Has hablado! ¿Te lo ha dicho Dios?
Está bien, está bien. Sí, sí, no me quejo mucho.
He dicho que he reflorecido, ¿qué más tengo que decir?
Adiós, mamá.
Abuela Yolanda - Dios me da permiso para abrazar a mis hijos, aunque
uno..., para abrazar a mis sobrinos y nietos, pero mi abrazo más afectuoso
es para mi gran y santo Obispo, para la Excelencia. Adiós a todos.
Marisa - Adiós, mamá.
Roma, 31 diciembre 2006 - h. 10:30 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Sea alabado Jesucristo, mis queridos hijos.
He sido yo, la Madre del Cielo, la que le ha dicho a vuestra hermana que no
bajase, no está bien. Aunque ella continúa diciendo que ha reflorecido,
el mal está, el dolor está, el cansancio está. Por esto
le he dicho que no bajara y ella ha sufrido porque quería veros para
felicitaros. Pero las felicitaciones las puede hacer también a través
de la radio.
Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia. Felicidades a mi amado esposo José,
felicidades a mi misma, pero sobre todo al pequeño Jesús. Extiendo
mis felicitaciones a todas las familias. Hay muchas familias cuyos miembros
se aman y están unidos, pero hay otras familias cuyos miembros están
separados y van de una persona a la otra. Los que sufren por todo esto son los
niños, sobre todo los más grandes. Los niños que estudian
se resienten mucho por la separación de los padres; os invito a rezar
por estos. Vosotros que amáis la familia y vivís en familia continuad
amándola y rezando, decid un Ave María o un Padre Nuestro juntos.
Es tan hermoso levantarse por la mañana y decir una oración vueltos
a Dios Padre Omnipotente.
Esto vale tanto para los que no están casados, como para los que viven
juntos. Todos tendríais que decir: "Levantémonos y digamos
una oración juntos. Dirijamos nuestra mirada hacia Dios Omnipotente que
nos ama"
Todos vosotros esperáis su palabra, para ver que finalmente las cosas
cambian. Días atrás Dios, desde lo alto de los Cielos, dijo: "Muchos,
muchos tienen que convertirse todavía, Yo no me contento con estas conversiones,
son pocas". Dios ha creado a todos a su imagen y semejanza, ama a sus hijos,
incluso a los que lo hacen sufrir, incluso a los que no creen, que se llaman
ateos, no creyentes y a veces son mejores que los cristianos.
Festejad a la Sagrada Familia, vosotros que formáis parte de esta pequeña
comunidad guiada por mi amado Obispo.
Marisa - ¿Podrías darnos una mano para convertir a estas
personas? Tu has dicho una vez que uno se puede convertir incluso a los 84 años;
¿te acuerdas? Mi madre en aquel período tenía 84. Sí,
también los hombres pueden convertirse a los 84 años, ¿por
qué los nuestros no se convierten?
Nuestra Señora - El primero de año, hijitos queridos, Marisella
partirá con 100 millones de almas del Purgatorio y las llevará
delante de Dios Padre. Pero ella, como siempre, volverá aquí abajo
con vosotros, porque su tiempo no ha llegado. Parecía que hubiese llegado,
parecía que todo estuviese listo, pero Dios ha dicho: "Necesito
a Marisella", y miradla aquí todavía en medio de vosotros.
El 1º de enero subirá conmigo, con mi amado esposo José y
con la Abuela Yolanda, y se quedará dos días con nosotros, pero
luego volverá a la Tierra con vosotros.
Convertíos todos, sabéis que la muerte, como dice el S. Evangelio,
es como un ladrón. No se sabe nunca cuando llega, cómo llega,
a quien se lleva y a quien no se lleva. No cuenta la edad, porque la muerte
puede llegar a cualquier edad. Yo digo siempre: Rezad por los enfermos, rezad
por los que están verdaderamente enfermos, rezad por todos los niños
enfermos, porque la muerte llega para todos, independientemente de la edad y
a escondidas. Por tanto tenéis que estar siempre preparados y vivir en
compañía de Jesús Eucaristía. Veréis que
hermoso es el Paraíso, donde hay amor, alegría, canto, oración,
hay de todo. Muchos me preguntan: "¿Qué haremos en el Paraíso?
¿Nos cansaremos?" Oh, no, las cosas hermosas no cansan nunca, ¿verdad,
Marisella?
Marisa - ¡Llego antes a bajar que a subir! Estoy como máximo
dos días en el Paraíso y luego vuelvo a bajar en medio de este
mundo tan feo.
Nuestra Señora - Ahora todos juntos recemos a la Sagrada Familia
para todas las familias: Padre Nuestro
, Gloria
, Ave Maria...
Mis queridos hijos, junto a mi familia y a mi amado Obispo Claudio Gatti, os
bendigo, a vuestros seres queridos, vuestros objetos sagrados. Bendigo a todos
los niños, principalmente a los que están desnutridos, que sufren
que no tienen nada que comer. Os traigo a todos junto a mi corazón y
os cubro con mi manto materno. Bendigo a los que están lejos, o que se
han tenido que marchar y a los que están ausentes por el trabajo.
Marisa - El Niño Jesús juega con los cabellos de la Virgencita
y les da vueltas, y vueltas y vueltas.
Nuestra Señora - Id en la paz de Dios Padre, di Dios Hijo, de
Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Yo, Marisa, os felicito a todos por fin de año. Rezo
y pido perdón a Dios por vosotros. Buen año a todos; empecemos
este nuevo año con la oración y con el amor hacia todos los hermanos.
Felicidades, pequeño cenáculo, adiós.
Roma, 31 diciembre 2006 - h. 11:50 p.m.: 1° de enero 2007 - h. 0:10 a.m.
(Carta de Dios)
Dios Padre - Marisella, he venido al final del viejo año y
al principio del nuevo para felicitaros y también para daros un buen
tirón de orejas. Soy vuestro Dios y os amo con un amor inmenso, grande,
pero alguno de vosotros me hace sufrir. Excelencia, siéntate. Yo, Dios,
he querido venir para deciros una vez más: ánimo, adelante, quiero
la conversión de mis hijos, y la quiero porque los he creado a mi imagen
y semejanza. Quiero que sean santos, claro, no todos llegarán a la santidad
perfecta, pero quiero todavía conversiones, conversiones, conversiones.
Me encomiendo a vosotros y os pido vuestra colaboración y oración.
A vuestra hermana le he dicho: "Tienes que rezar, sufrir y ofrecer",
a vosotros os pido solamente la oración. En el año que ha terminado
hace poco, os he dado algo a todos, a unos de un modo a otros de otro. Todos
habéis recibido gracias de Dios, sólo quien no las quería,
no las ha recibido. Dios no ha abandonado nunca a nadie, desde vuestro Obispo
al más pequeño de vosotros. Dios os ha amado y os amará
siempre, aunque hayáis hecho... no digo la palabra, digamos lamentaciones.
"¿Por qué Dios?. ¿Por qué Dios? ¿Por
qué Dios?". ¡Cuántas veces habéis repetido esta
frase los que estáis presentes, los que están ausentes y los adultos!
Yo soy Dios y tenéis que hacer lo que Yo digo, aceptar lo que Yo quiero.
Ahora quiero todavía conversiones, conversiones, conversiones.
Orad por la Iglesia, orad, para que sea saneada y renovada. Por la mañana
os levantáis, os preparáis con prisa y os vais corriendo a trabajar.
¿Por qué para el trabajo sois puntuales y conmigo no lo sois?
Porqué no levantáis la mirada a Dios y decís: "Hola,
Dios, me voy a trabajar. Hola, Dios, te amo". A vosotros no os pido tanto,
a mis dos hijos he pedido muchísimo, ya lo sé, y pediré
todavía, especialmente a Marisella. No os preguntéis continuamente
porqué. Ha empezado el nuevo año, 2007, y en vuestro corazón
pensáis: "Desde 1999 Dios nos ha hecho muchas promesas y no las
ha mantenido". Si Dios ha actuado de este modo tenía sus motivos,
y ¿quiénes sois vosotros para preguntar a Dios: "Por qué,
por qué?¿ No somos también tus hijos nosotros?. Un Padre
no trataría tan mal a sus hijos". Estos lamentos no me gustan, aunque
tengáis parte de razón. Yo no quiero mandar al infierno otras
personas, especialmente a mis hijos predilectos, quiero otras conversiones,
conversiones y conversiones y luego todo será hermoso y feliz para vosotros.
¿Pensáis que son muchas las personas que se han salvado? Oh no,
en proporción a todos los hombres que han vivido desde el principio del
mundo son pocas. Vosotros habéis oído que 50 millones antes y
100 millones de almas después han subido al Paraíso, pero ¿qué
son ante todas las almas que todavía están en el Purgatorio y
son muchas? ¿Y las almas que están en el infierno? Aquellas, por
desgracia, no se salvan. ¿Creéis que no sufro por esto? Me duele
ver que mis hijos son inmorales, deshonestos, pedófilos, alcohólicos
y drogadictos, pero también me duele cuando decís: "¿Por
qué, Dios? ¿Por qué, Dios? ¿Por qué, Dios?".
Dios es bueno, Dios os ama. He querido venir Yo y tengo a mi lado a la Madre
de la Eucaristía, a San José, a la Abuela Yolanda, a los papas,
todos los otros santos a los ángeles, porque Yo soy Dios, Yo soy grande,
Yo soy Aquél que ha creado el mundo. ¿Qué ha sido de todo
lo que Dios ha creado? Cruzad las manos sobre vuestro corazón y decid:
"Dios tienes razón, ayúdanos, nos tienes que dar mucha fuerza
y consuelo para continuar adelante", esto tenéis que decir. De vosotros
espero mucho. Sois almas rectas, habéis sido llamadas por Mi. ¿Por
qué no me escucháis? Este es mi deseo para todos: que el año
nuevo esté lleno de esperanza, de amor, de fe, pero sobre todo de humildad.
Sed humildes, sed sinceros y amad, como Yo, Dios, os amo y entonces veréis
que todo será más hermoso. ¿Éste será un
año duro? No lo sé, no os lo digo. ¿Será un año
hermoso? No lo sé, no os lo digo.
Marisa - Tu lo sabes todo. Tu eres Dios.
Dios Padre - Bueno, Marisella, es mejor que me calle.
Marisa - Pareces un poco severo.
Dios Padre - No, no soy severo, soy un Padre, os amo y os quiero santos
a todos. Por esto os repito: "Convertíos, convertíos, convertíos"
y lo digo también a todos los hombres del mundo: "Convertíos".
Marisa - Se ha ido la estrella, se ha ido Dios.
Nuestra Señora - Sí, Marisella. Soy la Madre de la Eucaristía.
Lo que Dios ha dicho es justo. Cuando me preguntabais "¿Por qué,
Dios?", yo no podía responder. Recordad: Dios os ama y os quiere.
Dilo tu también Abuela Yolanda, habla, Abuela Yolanda, ánimo.
Abuela Yolanda - Sí, Dios os ama y os quiere.
Marisa - ¿Puedo hablar? Nosotros no hemos dicho nunca que Dios
no nos ama. Quizá en los momentos de gran dolor nos hemos lamentado,
pero poneos en nuestro lugar. Estamos en esta Tierra tan corrupta y continuar
viviendo de este modo no es fácil para nosotros. ¿Verdad Virgencita?
Nuestra Señora - Sí, yo os entiendo, te entiendo, Marisella,
pero tu sabes cuál es tu camino.
Marisa - Pues entonces, en mi camino no pongas al Obispo, déjalo
libre para volar. Oh, él en el corazón tiene tantas palabras hermosas,
tiene una avalancha de palabras, tu misma has dicho que de cada palabra del
Evangelio hace un poema. Son hermosísimas también las oraciones
que dice. Tiene el corazón lleno de amor por Dios, por la Madre de la
Eucaristía, por San José y también por la Abuela Yolanda.
Nuestra Señora - Nosotros estamos aquí para felicitaros
a todos. Buen año a todos y también a los que no están
presentes, sobre todo a los niños, para que crezcan bien, no contaminados
por este mundo tan extraviado, tan corrompido. Excelencia, te hago una pregunta,
no sé si me responderás: "¿Tienes algo que decirme?
Obispo - Yo he expuesto todo lo que tengo en el corazón en la
oración de hoy y en la de ayer.
Nuestra Señora - He oído lo que has dicho.
Obispo - He dicho que, a pesar de todo, me inclino a la divina voluntad
y mando un beso a Dios - Papá. Claro que ya no tengo, y lo siento, la
fuerza para seguir adelante. Pido solo esto: tener la fuerza física y
espiritual para poder llevar adelante la misión que me parece, de mes
en mes y de año en año que se vuelve cada vez más dura
y difícil. Dios nos ha dicho que nos abandonemos completamente a Él
y lo haremos, aunque con esfuerzo, pero creo que es humano desear ver florecer
algo del sufrimiento que cotidianamente hemos vivido y vivimos. No vemos nada,
somos cada vez menos numerosos, ningún sacerdote está a nuestro
lado. Estamos continuamente perseguidos y condenados. Creo que es legítimo
desear que la verdad triunfe. Hemos recibido tantos golpes y tener alguna consolación
y alguna alegría nos puede dar un empuje mayor para continuar. Has dicho
que el viaje al Calvario es siempre largo, pero el que estamos recorriendo Marisa
y yo es largísimo. Incluso abandonándonos a Dios, deseamos ver
crecer alrededor nuestro alguna cosa. Tu lo sabes, ¿qué ha crecido
a nuestro alrededor? Ahora te hago yo una pregunta. Nos habéis dicho
que muchos niños han nacido, parejas que han llegado felizmente al matrimonio,
se han obtenido curaciones físicas y sobre todo muchas conversiones por
nuestros sufrimientos, pero yo, como Obispo, ¿qué pedo decir que
he hecho después de tantos años de fatigas, de sufrimientos, de
humillaciones y de condenas? Ea, esta es la pregunta que te dirijo.
Nuestra Señora - No puedo responderte como te ha respondido Dios.
Dios quiere todavía conversiones y cuando hablaba de conversiones, quería
decir también de sacerdotes. Quiere que los sacerdotes se conviertan
porque son sus hijos predilectos y lo han abandonado. Muchos piensan solo en
el dinero, en la carrera y en el sexo. ¿Quién te ponemos al lado?
Hay algunos que podrían estar a tu lado, pero no aceptarían porque
tu eres Mons. Claudio Gatti, el Obispo ordenado por Dios y esto les molesta
mucho y provoca muchas envidias y celos.
Marisa - Perdona, si Dios sabía que esta ordenación episcopal
habría dado tanto fastidio, ¿por qué lo ha ordenado Obispo?
Nosotros estábamos bien también sin Obispo, teníamos a
nuestro sacerdote y para nosotros estaba bien así.
Nuestra Señora - Sí, es verdad. Quiero decir otra cosa:
"¿Qué han hecho los jóvenes, cuando han venido al
lugar taumatúrgico chicos nuevos, para estar a su lado y hablar con ellos?
¿Qué han hecho los adultos para traer a otras almas aquí?"
Nada. No basta una sonrisita, un apretón de manos y preguntar el nombre.
Me disgusta deciros esto, pero los jóvenes no se han comportado como
verdaderos apóstoles. La misma observación vale para los adultos.
Si viene alguien que quiere introducirse, no se le ayuda. No puedo decir otra
cosa. Tendría alguna otra cosa que decir, pero hace alusión solo
a ti y te la diré en privado. Ahora junto a todas las almas que tengo
a mi alrededor y de las cuales tu conoces la mayor parte, porque son papas,
sacerdotes, Fatina, la Abuela Yolanda y otras... Abuela, ¿por qué
lloras? Las lágrimas descienden y riegan su rostro. Excelencia, Dios
es bueno, Dios no quiere que sus hijos vayan al infierno. Dios no ha creado
al hombre para que acabe mal, son ya muchos, muchos, muchos los que están
en el infierno y no quiere que otros vayan. Tu sabes que hay en la Tierra muchos
que están ya listos para ir al infierno. Estas personas no pueden subir
al Paraíso y ni siquiera pasar por el Purgatorio. Tu no quieres esto
¿verdad? Tu quieres que se salven también éstas. ¿No
respondes, Excelencia?
Obispo - Sí, sí, claro, que quiero que se salven. De hecho
mi mayor alegría ha estallado cuando han subido en varias veces todas
aquellas almas al Paraíso y sobre todo cuando he sabido que entre ellas,
sobre todo en el primer grupo, había muchos sacerdotes, obispos y cardenales
que he conocido; para mi ha sido una alegría enorme y espero que un día
los alcance. ¿Puedo hacerte una pregunta más?
Nuestra Señora - Claro.
Obispo - Los papas que están a tu lado, algunos de los cuales
he amado de manera particular, como Pablo VI y Juan Pablo I, ¿podrían
decirme algo para animarme?
Nuestra Señora - No tienen permiso de Dios. Si quieres, pediré
a Dios que les deje hablar; si supieses cuánto rezan por ti. Los sacerdotes,
los obispos y los papas rezan por ti y por Marisella, para que tenga la fuerza
de soportar todo el dolor y el sufrimiento que ninguno de vosotros, querida
Excelencia, puede comprender. De hecho me parece que difícilmente se
nota en ella cuanto sufre. Trata por todos los medios de esconder el sufrimiento,
de reír y bromear, además de ti sabe algo Clara, porque está
a su lado, pero también otros saben que es bromista. Llora, ríe
y quiere salvar a otras almas. Las que han subido del Purgatorio al Paraíso
ya son 200 millones. Tu no sabes cuantas hay todavía en el Purgatorio
y cuantas hay en el infierno. Dicen que el infierno no existe, sin embargo existe
y está lleno, lleno, lleno. Como el Paraíso también el
infierno se ensancha cada vez más para que entren dentro otras almas
que no están en gracia y que no verán nunca a Dios.
Mis queridos hijos, la Madre desea a todos un buen año. Junto conmigo
os felicitan la Abuela Yolanda y todos los que me circundan. Amad, amaos. Vosotros
que estáis unidos, tratad por todos los medios de estar al lado de mis
dos hijos; amadlos. Oremos todos juntos, para que lleguen santos sacerdotes
para aliviar al Obispo, no digo muchos, bastan dos o tres que lo releven, que
lo ayuden, que lo amen, porque si vienen aquí como los otros, que por
celos y envidia han tratado de hundirlo, es inútil que vengan. Tu dirás:
"¿Por qué no interviene Dios?". Comprendo el porqué,
comprende el porqué. Es así, hijo, es así. Bueno, gracias,
deseo a todos que el 2007 sea un año lleno, lleno, lleno de alegría,
pero habrá también sufrimiento. Este es el Año de la Humildad,
pero tiene que estar animado siempre por la caridad hacia todos.
Junto a mi santo Obispo y vuestro os bendigo, a los jóvenes que están
lejos, a todos los adultos, a los niños y a vuestros seres queridos.
Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, di Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea
alabado Jesucristo. Buen año.
Obispo - Gracias.
Nuestra Señora - En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Amen. Ánimo, Marisella, tendrás que sufrir mucho.
Marisa - Está bien, está bien, hagamos la voluntad de Dios.
¿Qué tengo que decir?
Todos juntos cantemos Aleluya, un canto natalicio y Christus vincit.
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