MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
Roma, 8 de septiembre del 2000, h.6:30 p.m. (La natividad de María
- Carta de Dios traída por Nuestra Señora)
Nuestra Señora - Hoy es mi fiesta, es la fiesta de la natividad
de la pequeña Señora. Yo era una criatura pequeña, tan
pequeña come los niños que han tenido; hoy el niño más
pequeño es Samuele. Piensen que el pequeño Jesús era la
mitad de Samuele, cuyo nombre se le acomoda muy bien. Recuerdo que mi mamá
trató de embellecerme, aunque Dios ya me había creado bella. Tenía
algunos pequeños vestidos muy bellos, aún cuando solo eran dos:
uno para entre semana y otro para las grandes fiestas con muchas veneras que
salían; Disfruté todo ésto. Recuerdo mi nacimiento, porque
Dios quería que lo viera. Dios permitió que naciera, porque tenía
que ser la madre de Jesús, el Salvador del mundo, el Mesías, el
que amó a todos y como ustedes bien saben, el que murió por todos,
por cada uno de ustedes, por todos aquéllos que viven en el mundo. Deben
buscar el Paraíso. Todos los hombres, cristianos y no cristianos, si
ellos respetan sus valores, si ellos creen a quien es reputado Dios por ellos,
se pueden salvar. No sólo los católicos se pueden salvar, sino
también aquéllos que pertenecen a otras religiones. Las religiones
son diferentes, pero Dios es único, es uno; Dios es el que nos creó.
Si los hebreos, los musulmanes y todos los hombres que pertenecen a otras religiones
llevan una vida normal, si tratan de respetar los valores de la vida y aman
a Dios y al vecino, pueden salvarse y también disfrutarán del
Paraíso. ¿Porqué no? Sólo el que causa sufrimientos
voluntariamente, el que no ama o calumnia y difama, no disfrutará de
Dios. Hay muchos hombres malos. Mucha vez he dicho: pongan atención a
los celos y las envidias; ésto es válido para todos los hombres
de la Tierra, de cualquier religión o raza. Esos hombres nunca alcanzarán
la alegría de disfrutar a Dios.
Roma, 14 de septiembre del 2000, h.10:30 p.m. (Carta de Dios traída
por Jesús y Nuestra Señora)
Marisa - Hay tres Jesúces!
Jesús - Mi niña, no puedes arrodillarte pero los que están
en el Cielo y ustedes que están en la Tierra, si pueden, arrodillence
e inclinen su cabeza ante la Trinidad.
Yo, Jesús, hablo en nombre de la Santísima Trinidad. Dios Padre,
Dios Espíritu Santo, Yo, Dios Hijo, los ángeles, los santos y
sobre todo mi y su Madre, María, la Madre de la Eucaristía, regozijados
por la obediencia hecha. Firmaste el decreto, Excelencia, obedeciste a Dios
como de costumbre. También obedeciste a los hombres de la Iglesia, pero
te tiraron al barro. Bótalo, como ya te dijimos y obedece a Dios, obedeceNos.
Dios creó al hombre, Dios es el amo absoluto del Cielo y la Tierra.
En este gran día le has dado alegría a la Santísima Trinidad,
a la Madre de la Eucaristía, a todos los ángeles y los santos.
Es tarde, pero aquí en el Cielo hay una luz que no deslumbra, como ves,
Marisela. Me gustaría que esta luz entrara en sus corazones; es una luz
que calienta el corazón de las personas que se acercan a ella. Cuando
recibiste la Eucaristía en comunión que Nuestra Señora
y Yo trajimos al taumatúrgico lugar, olistes el aroma y sentiste un gran
calor en tu corazón. ¡Ésto es Dios!
Ningún hombre de la Tierra alguna vez vió a Dios. Tu viste, a
través de unas imágenes, el Dios del Cielo y la Tierra, Quien
ama al hombre, Quien aún sostiene su brazo, porque espera conversiones:
y éstas se retrasan en venir. Tu disfrutaste, pero también Nosotros
disfrutamos. Ves Papas cerca de mí, obispos y sacerdotes. Muchas almas
están presentes que fueron salvadas por medio de tus sacrificios. Ellos
rodean a la Madre y te miran, como si dijeran: "Vamos, hermanos, piensen
en el goce eterno".
Hoy es la fiesta de la exaltación del cruz, es mi fiesta, es la fiesta
de cada uno de ustedes. Les dije: la cruz es alegría, no es sufrimiento;
la muerte es vida, no es sufrimiento. Quien hizo un recorrido espiritual entiende
que morir es vivir y la cruz es alegría. Estas almas oran por ustedes.
Reconoces a tu hermano, San Padre Pio, St. Juan XXIII, San Pío IX, Pío
XII, Paul VI y el gran Don Enrico.
Cuando hablaste con Don Enrico de la suspensión a divinis, te contestó:
"Te presento el cáliz por la Santa Misa y el copón".
Recuerda ese día.
Mis hijos queridos, mis adorados hijos, no tengo palabras para agradecer a su
obispo que obedeció a Dios, firmando el decreto. No todos ustedes entendieron
la importancia de este decreto. El obispo ordenado por Dios obedeció
a Dios firmando el decreto. Vamos, no están solos, el que está
con Dios está con el Paraíso, ¿de qué tienen miedo?
Ustedes están con el Paraíso.
Hace cinco años la Eucaristía salió del crucifijo: disfrutaron
y luego sufrieron mucho. Hubo otras apariciones eucarísticas y muchos
otros sufrimientos, hasta que el 11 de Junio del 2000, el día en que
Dios puso su sello con el último milagro eucarístico: después
de la consagración de la hostía, donde estoy presente con mi cuerpo,
sangre, alma y divinidad, salió sangre de élla. Soy el Hijo de
Dios, soy la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Soy ese Jesús
a Quien ésa gente calumnió, difamó, escupió, hirió
y que murió en la cruz. Les repito: muerte es vida, cruz es alegría.
Mis mejores deseos a todos y gracias. Yo Soy Jesús, entro al sacerdote,
el sacerdote entra en Mi y somos lo mismo.
Nuestra Señora - Yo soy su Madre, gracias por la obediencia hecha
a Dios, Excelencia Reveretísima, mi favorito sacerdote querido y por
todo lo que haces por las almas, por la Iglesia, por todos.
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