MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
Roma, 2 diciembre 2000 - h.6:40 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - Has recitado el Santo Rosario con nosotros por la conversión
de los pecadores. Te encomiendo a todas las personas enfermas y a las que tienen
necesidad de la ayuda de Dios. Que se haga su voluntad.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, hoy es el primer sábado
de mes. Incluso si os parece que en torno a vosotros todo calla, Dios obra.
Debéis tener mucha paciencia, orar y comprender que Dios espera la conversión
de los hombres. ¿Cuántas veces Dios os ha invitado a orar por
la conversión de los hombres, cuántas veces he orado con vosotros
y os he dicho: "Orad por mis intenciones, ya que son las vuestras"?.
El primer sábado de mes es poco sincero, incluso si yo vengo en medio
de vosotros el mismo primer sábado de mes. Ofreced a Dios las oraciones,
las Santas Misas, las Santas Comuniones; Dios sabe a quién hacerlas llegar.
Continúo viniendo en medio de vosotros para haceros alguna reprimenda,
si hay necesidad, y para invitaros a orar. Yo no me canso nunca de orar por
todos vosotros los de la tierra. Os he traído tantas cartas de Dios,
ahora vengo para ayudaros, para estar con vosotros y para orar con vosotros.
Hay quién sufre de una manera y quién de otra: quién porque
querría tener a alguien a su lado; quién porque espera un niño,
quién porque vive en una comunidad o en la cárcel, o quién
se droga. Todos buscan amor y comprensión. ¿Pensáis que
Dios ha olvidado a los hombres que no comprenden su gran amor? No, Dios no olvida
a ninguno, ama a todos los hombres de cualquier nación, raza, religión
a que pertenezcan. Dios ama a los que no le conocen y a los que le conocen,
pero no ponen en práctica el Evangelio. Os ama sobretodo a vosotros,
pequeño rebaño, que estáis aquí para orar.
Dejadme nombrar a mis jóvenes; oh, son verdaderamente queridos. Dios
ama a los jóvenes, ama a los adultos, ama a las abuelas, ¿verdad
abuela Yolanda? Ama a todos. Alguno está pensando en su corazón:
"Dios hace sufrir a veces". Si, hace sufrir, pero solo a aquellas
almas que ha llamado a una misión particular. Dios llama pocas almas,
pero de éstas pretende todo.
Continuad haciendo la novena a la Inmaculada, a la Madre de la Eucaristía,
que soy siempre yo.
Os invito a terminar la novena con alegría, incluso si, como he dicho
tantas veces, comporta algún sufrimiento y sacrificio; todos tienen alguna
cosa que ofrecer a Dios.
Excelencia, tu has ofrecido tu vida a Dios; para ti el dinero no cuenta. No
eres como lo que dicen: "Vengo a hablaros, pero si me dais dinero"
No. Tu amas demasiado y no pides nada a cambio.
Recordad, os lo repito todavía una vez: vuestro obispo os ama. Eh ahí
porque en la carta de Dios estaba escrito hace tiempo: "Don Claudio es
el obispo ordenado por Dios, el obispo de la Eucaristía, el obispo del
amor a las almas". Si al menos una parte de los sacerdotes diesen lo que
da vuestro obispo a las criaturas que tienen sed, que tienen necesidad de saber
y de conocer, el mundo andaría mejor.
Buena novena, felicidades a todos. Felicidades al pequeño Jacob y a Samuel;
felicidades a la abuela Yolanda y a todas las personas aquí presentes;
a vuestros hijos y sobrinos, dondequiera que estén, porque soy vuestra
Mamá.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo, a vuestros seres queridos; bendigo a
los niños enfermos, a los objetos sagrados. Os traigo a todos junto a
mi corazón y os cubro con mi manto materno.
Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea
alabado Jesucristo.
Marisa - Adiós. Bien, pero me debes ayudar. Adiós. Excelencia,
se ha ido.
Roma, 3 diciembre 2000 - h.10:35 a.m. (Carta de Dios)
Marisa - ¿Por qué sonríes?
Nuestra Señora - Porque estás vestida casi igual a mi.
Cuando vengo en medio de vosotros, tengo deseos de reír con vosotros,
incluso si la adversidad es mucha y los sufrimientos fuertes.
Esta mañana Dios ha mandado un ángel para ayudar a vuestro amigo,
miembro de la comunidad, a morir. ¿Os acordáis cuando dije que
alguno sería arrebatado al cielo? Es la ley de la naturaleza humana que
los hombres pasen de esta vida a la otra y si están en gracia de Dios,
si han vivido bien, si han recibido a mi Hijo Jesús se salvan. Vuelvo
a repetiros que no hay necesidad de hacer grandes acciones para salvar el alma,
basta hacer pequeñas y dar aquello que cada uno puede dar.
Marisa - ¿Cuándo me lo dejarás ver?
Nuestra Señora - Paciencia, Marisella, ten paciencia. Ahora yo
me voy y vuelvo al Padre.
Marisa - ¿Ya te vas? Cuándo más necesidad tengo,
tu te vas? Tengo la abstinencia ¿y tu te vas?
Nuestra Señora - Viene Dios Espíritu Santo.
Dios Espíritu Santo - Mis queridos hijos, soy Dios Espíritu
Santo. Sé que invocáis cada día mi nombre. Si Dios Padre
quiere que se invoque al Espíritu Santo debéis hacerlo. He venido
para deciros que améis a la Madre de la Eucaristía lo más
que podáis, porque ella os trae a Dios Padre, a Dios Hijo a Dios Espíritu
Santo.
Yo, Espíritu Santo, he bajado en medio de vosotros. Marisella, tu ves
a Jesús, pero soy Dios Espíritu Santo.
El Espíritu Santo se ha manifestado bajo a apariencia de Jesús.
Marisa - Tienes el manto rojo y la paloma.
Dios Espíritu Santo - Os invito a orar muchísimo a la Madre
de la Eucaristía. Quizás no os habéis dado cuenta, pero
se han dado muchas gracias en este lugar taumatúrgico. Recibir una gracia
no significa solo sanar de una enfermedad, sino convertirse, morir bien, porque
la muerte es vida. Por vuestras oraciones algunos hombres son sanados, otros
se han convertido, otros aún, se han ido al Padre. Orad por el que no
está en medio de vosotros y por su familia que tiene más necesidad
de oración. Morir en gracia de Dios, morir en las manos de Dios es el
regalo más grande que un cristiano pueda tener
Ayer oía a vuestra hermana que decía a la Madre de la Eucaristía:
"Yo tengo a Dios siempre dentro de mí, porque lo recibo todos los
días". Debéis comprender que Dios puede estar dentro de vosotros
y en cualquier hora puede llamar a la puerta, curaros o convertiros.
Continuad haciendo la novena a la Inmaculada. Yo, Espíritu Santo, os
sigo como os siguen Dios Padre y Dios Hijo, como os sigue la Madre de la Eucaristía,
estamos siempre con vosotros.
Marisa - Ahora están los tres Jesús y la Madre de la Eucaristía
está de rodillas con la cabeza inclinada. Es un cuadro maravilloso, hay
una miríada de ángeles, de santos, de almas salvadas en torno
a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo.
Oye, Espíritu Santo, todos aquellos cuadros que reproducen la Trinidad
son feos. Tu eres hermosísimo.
Dios Espíritu Santo - Mira, Marisella, ya te lo ha dicho la Mamá,
ningún hombre de la tierra puede esculpir o dibujar a vuestro Dios y
el rostro de la Madre de la Eucaristía, aunque el rostro de la Madre
de la Eucaristía es hermoso.
Marisa - ¿El de la estatua?
Dios Espíritu Santo - Sí
Marisa - ¡Estoy hablando con el Espíritu Santo! Dios en
tres personas iguales y distintas.
Dios Espíritu Santo - Animo, continuad. ¡Quién sabe!
¡Quién sabe! Dios está trabajando, como dijo la Madre de
la Eucaristía ayer.
Marisa - Perdona, Tu eres Dios y lo sabes. ¿No puede espiar y
ver como trabaja Dios Padre?
Dios Espíritu Santo - Marisella, Dios no tiene mesa y pluma; no
tiene necesidad de nada.
Marisa - Oye, ¿le puedes decir que nosotros, pobres creaturas,
estamos siempre a la espera? Estamos peor que la Madre cuando esperaba a Jesús
Niño. Díselo, ¿puedes decírselo?. Y sonríe.
¿Por qué sonríes?
Dios Espíritu Santo - Porque hablar contigo me alegra.
Marisa - Piensa que cuando hablo con la gente de la tierra no doy tanta
alegría.
Dios Espíritu Santo - La das, la das.
Ahora invoquemos a Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo diciendo
de nuevo tres Gloria al Padre.
Marisa - Oye, Espíritu Santo, todos nosotros te pedimos perdón
porque no somos perfectos; cada poco cometemos algún error. ¿Nos
quieres perdonar? ¿A quién se lo he de pedir?, sois tantos
Madrecita, se han ido los tres Jesús. Nos han hecho rezar y luego se
han ido.
Nuestra Señora - Si, me he quedado yo con los ángeles,
los santos y las almas salvadas para agradeceros, pequeño rebaño,
vuestra presencia.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo, a vuestros seres queridos, a todos los
enfermos, especialmente a los niños y a vuestros objetos sagrados. Os
traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id
en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado
Jesús.
Marisa - Adiós. Esperaba dar un beso a los tres Jesús,
pero no están. Adiós. Don Claudio, que escenario increíble
he visto.
Don Claudio - ¿Sabes describirlo?
Marisa - Si, sé describirlo, lo he visto otras veces. Ha venido
primero Dios Espíritu Santo y la Madre se ha puesto detrás y no
la he visto más. Después el Espíritu Santo ha hablado.
Don Claudio - Si, ha leído la carta.
Marisa - ¿Es la primera vez?
Don Claudio - No, ya ha sucedido otras veces.
Marisa - Después se han unido los otros dos Jesús, iguales,
idénticos, es difícil distinguirlos. Eran de una belleza y de
una luminosidad extraordinaria. Pero a diferencia de las otras veces, que estaban
alineados en la misma fila, esta vez han formado como una cúpula grande,
enorme, no se veía ni el principio ni el fin y debajo estaban los ángeles,
los santos y las almas salvadas. Era un todo-uno. ¿Has visto? ¿Has
notado bien a los tres Jesús y toda la nube de ángeles y santos?
Don Claudio - ¿He visto? Yo no he visto nada. No confundas las
ideas.
Marisa - En lo alto había un Papa. Estaban callados; basta así.
Yo debo estar callada, de otro modo me saldrá todo.
Roma, 7 diciembre 2000 - h.10:45 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - Te confío a todas las personas que se han encomendado
a mis oraciones y a todos los que esta tarde no pueden participar a la Santa
Misa a causa del trabajo o por estar influídos, pero sobretodo a nosotros
aquí presentes, nuestras familias, a nuestros seres queridos y a nuestros
difuntos.
Veo que no estás vestida de fiesta,
Nuestra Señora - No, Marisella, porque hoy es la vigilia de la
Inmaculada Concepción
Marisa - Yo te lo he dicho ya todo, porque eres mi Mamá y entre
nosotras hemos siempre hablado como dos grandes amigas, quiero añadir
solamente que estamos cansados de luchar cada día, cada hora, cada momento.
De todas formas hemos dicho si y continuaremos diciéndolo, porque amamos
a todos. Que se haga siempre la voluntad de Dios.
Me has dicho que cante: "He respirado tu si"; no tengo voz, pero he
cantado igualmente.
Todos nosotros esperamos alguna cosa de Dios Padre, porque, te repito, estamos
cansados. Perdóname si te hablo así, pero estas son las palabras
de una hija que pide ayuda en nombre de todos. Estamos cansados de todas las
personas que nos hacen sufrir voluntariamente o involuntariamente; estamos cansados
de recibir siempre palos. No te ofendes si te hablo así, ¿verdad?.
Nuestra Señora - Tu debes hablarme así, Marisella, porque
yo leo en los corazones y puedo comprender hasta el fondo todo el drama que
estáis viviendo.
Mis queridos hijos, he venido para daros la enhorabuena por la fiesta. Estaba
presente desde el inicio de la vigilia y he oído todas las hermosas palabras
que habéis dicho vosotros y las que habéis tomado de las cartas
de Dios. Está bien oírlas de nuevo porque, por falta de tiempo,
nadie las relee, sin embargo ¡para leer una carta de Dios pasan como máximo
diez minutos! Hoy estáis en grado de comprender mejor las cartas de los
años pasados, porque habéis hecho un hermoso camino espiritual
y estáis más preparados. No olvidéis que Dios tiene necesidad
de vosotros los laicos para hacer renacer la Iglesia y de vosotros pequeños
apóstoles, que sois las columnas de la Iglesia.
Marisa - Despacio, porque todas las columnas se inclinan. Perdona si
te interrumpo, pero para mi es demasiado grande pensar que son las columnas
de la Iglesia.
¿Don Claudio? No, no lo diré.
Es uno de los primeros secretos que la Madre, desde hace muchos años,
ha confiado a Marisa y que recientemente, por voluntad de Dios, ha sido primero
comunicado al obispo y después sucesivamente a los jóvenes.
Nuestra Señora - El obispo ha comprendido lo que quiero decir.
El lee en los corazones, incluso en el mío.
Mis queridos hijos, la Mamá, bromeando ha dicho la verdad. Vosotros no
podéis comprender hasta el fondo que don tan precioso os ha hecho el
Señor dándoos un obispo siempre dispuesto a explicaros la Palabra
de Dios y a escucharos; él siempre está disponible para cualquier
necesidad, porque su amor es grande. No miréis el modo de comportarse,
debe hacerlo así; si no hubiese sido fuerte, vosotros lo habríais
aplastado. Dad gracias a Dios porque vuestro obispo tiene un puño firme
y cuando debe decir la verdad, la dice a la cara.
Esta tarde no traigo conmigo la carta de Dios, os he dicho estas palabras como
mamá; ¿acaso no soy vuestra mamá? Yo quiero hablaros de
forma sencilla. Tenéis que tratar de hacer fiesta sobretodo dentro de
vosotros. No os dejéis llevar por los pequeños caprichos, por
los celos, las incomprensiones y no comentéis mal lo que habéis
oído, esto es todavía más grave. Yo quiero vuestro amor,
vuestro corazón, de los grandes y de los pequeños. Sé que
esperáis que me haga ver, pero esto no depende de mi, depende de Dios.
Marisa - Ahora te pregunto, ¿es tan difícil decirle a Dios
que me mande allá abajo con aquellos pobrecitos?
Nuestra Señora - Si, estate tranquila, pero ahora quiero solamente
las conversiones; Dios espera las conversiones, las conversiones, las conversiones;
esto es muy importante. Recordad: quien no tiene amor, no tiene nada. A veces
el amor hacia el prójimo deja que desear. Quien no ama al prójimo,
quienquiera que sea, no puede entrar en el Paraíso. Si no hay amor dentro
de vosotros, no podéis decir que amáis ni siquiera a Dios. Amaos
como Jesús os ha amado, como yo os he amado. Debéis amaros y ayudaros
el uno al otro. Los adultos hablan solo de argumentos profanos, no de la verdad
espiritual, del amor a Dios. Si alguno no se comporta bien, debéis hacérselo
notar con mucho amor.
No quiero decir nada, quiero solamente recitar con vosotros una parte del Rosario,
pero ahora termino porque hay quien debe ir a trabajar y quien estando mal,
está aquí en medio de vosotros. Es tarde para todos y también
las flores comienzan a plegarse. Mañana debéis estar despiertos
y tener los ojos elevados hacia Dios, porque Dios es nuestro Padre, Dios ama
a todos.
Mañana es la fiesta de María Inmaculada y de la Madre de la Eucaristía,
que soy siempre yo. Marisella, como ves, mi rostro es siempre el mismo.
Mis queridos hijos, os deseo una santa fiesta en lo que sea posible, porque
todos estáis cansados y alguno tiene sufrimientos muy grandes. Volviendo
a casa, a lo largo del camino, orad; no os canséis nunca de orar. Hablad
de los mensajes, del amor de Dios, de cuanto ama Dios a este lugar taumatúrgico,
su Tabernáculo. Aquí se vive en el silencio en el ocultamiento.
La basílica ha sido cerrada, así aquí todavía estáis
unidos no sólo físicamente, sino sobretodo espiritualmente.
Os deseo de nuevo una buena fiesta, se la deseo también al pequeño
Samuel, a Jacobo y a todos los niños. Ahora prepararos a participar a
la Santa Misa, como si fuese la última de vuestra vida. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Adiós. ¿Te puedo dar un beso?
Estaba un poco triste, pero no creo que sea por causa nuestra.
Don Claudio - No es por culpa nuestra.
Roma, 8 diciembre 2000 - h.10:30 a.m. (Carta de Dios)
Marisa - Hoy estás vestida de fiesta; estás hermosa,
y, como siempre, estás acompañada de los ángeles, de los
santos y las almas salvadas.
Hoy están también Silvano, Bruno y todos los que están
salvados.
Nuestra Señora - Si, quién frecuenta este lugar taumatúrgico
y viene aquí a orar es más fácil que se salve.
Marisa - He visto entrar a Padre Pío.
Nuestra Señora - Marisella, mira cuantas almas tengo en torno
a mi, éstas están salvadas, aunque han hecho pequeñas cosas;
no hace falta hacer grandes cosas para salvarse.
Marisa - Veo a Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y un
Papa futuro que no puedo decir. Pero ¿no están los jóvenes?
Veo sólo a Stefanuccio y Juan.
En torno a ti tienes a tu amado esposo y a Jesús, que unas veces veo
grande y otras pequeño. Te encomiendo a todos los enfermos y a todas
las personas que piden tu ayuda, porque ellos se dirigen más fácilmente
a ti y te dicen: "Mamá, ayúdame, tengo necesidad de ti"·
Eh ahí dos Vírgenes, están formando una corona; no hay
flores, sino ángeles. La corona parte de la Inmaculada y llega a la Madre
de la Eucaristía. El rostro es siempre el mismo, cambian solamente el
vestido y la expresión: La Madre de la Eucaristía es más
seria, porque lleva a Jesús; mientras que la Inmaculada es más
sonriente y cada poco mira a la Eucaristía en las manos de la Madre de
la Eucaristía. ¡Qué maravillosa escena! ¡Qué
hermosa eres! Yo te veo desde hace muchísimos años y cada vez
eres siempre más hermosa. Nosotros estamos aquí siempre para pedir
tu ayuda. ¿Te gusta nuestra basílica? No tiene paredes y si alguno
quiere puede entrar fácilmente. ¿Te gusta?
Nuestra Señora - Sí, a Dios Padre le gusta mucho.
Marisa - Pero nosotros ¿le gustamos a Dios Padre?
Nuestra Señora - Sí, sois todos sus predilectos. Cierto
Dios prefiere a los que viven en gracia y a quién ama al prójimo.
Para quien no ama no hay sitio en el Paraíso.
Marisella, ahora oremos todos juntos: en el nombre del Padre, del Hijo, del
Espíritu Santo...
Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia y gracias por la vigilia que
habéis hecho por mi fiesta. Querría que cada fiesta mía,
fuese también la vuestra, no obstante las diversas visicitudes, dificultades
y sufrimientos que vivís. Os invito a hacer que esta fiesta no se acabe
hoy y que mañana no comencéis de nuevo a preocuparos del trabajo,
del estudio o la casa.
Una vez ya os hice leer la novena de la Inmaculada en la de Navidad, esta vez
os dejo libres, pero si queréis, podéis hacer una cadena entre
las dos novenas. Preparad la venida del pequeño Jesús. Preparaos,
a fin que todo triunfe, sobretodo la verdad.
El Santo Padre no tiene el valor de reconoceros, pero llegará aquel que
os reconocerá y todos sabrán donde está la verdad. Mi Papa
lo sabe todo, pero no quiere ponerse en contra de los cardenales y los obispos.
Mis queridos hijos, habéis tenido tantos y tantos milagros, lo que ha
sucedido aquí no ha ocurrido en ningún otro sitio de la tierra:
milagros eucarísticos, repetidas efusiones de sangre de la Eucaristía,
sobretodo el gran milagro acaecido durante la consagración pronunciada
por mi obispo. Quien no conoce a Jesús Eucaristía no puede comprender
hasta el fondo los grandes milagros. Debéis gritar: aleluya, aleluya,
aleluya, porque Dios está con vosotros.
Continuar hablando de ciertos argumentos no es bonito, hablemos en cambio de
vosotros, de vuestro camino espiritual, de vuestro amor, hablemos de lo que
ha dicho Jesús: "Aprended a amar y después orad"
El Santo Rosario es una oración potente y es bonito recitarlo, sobretodo
juntos, pero el amor está por encima de todo.
Marisa - Veo al Padre Pío que está cerca de ti como un
niño cuando esté al lado de la mamá.
Pero, ¿tu me ayudas?
Nuestra Señora - Veo a la querida abuela Yolanda que con mucho
sacrificio está aquí en medio de nosotros. Oh, querida abuela
Yolanda, ¡qué difícil es tu vida!. Has dicho una frase muy
bella: "Sufro, pero estoy bien". En cambio, ¿qué has
dicho tu Marisella?
Marisa - Es verdad, he dicho lo contrario.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, la Mamá os desea una
buena y santa fiesta. Continuad recitando cualquier oración durante la
jornada. Me repito: si queréis haced esta cadena, no de ángeles,
sino de flores, florilegios y sacrificios, ligad la novena de la Inmaculada
a la del santo Nacimiento, pero sin crear problemas en familia.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo, a vuestros seres queridos, sobretodo
a los enfermos. Bendigo a los niños y todos los enfermos que están
en el hospital o en casa. Bendigo vuestros objetos sagrados. Bendigo a los que
han venido de lejos con sacrificio. Os traigo a todos junto a mi corazón
y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de
Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Los ángeles la han tomado y se la han llevado hacia arriba.
Adiós. Don Claudio, ¿has visto cómo estaban colocados?
Don Claudio - No, tu ves, yo no.
Marisa - Es verdad, se me olvida, pero me sale espontáneo decir:
"¿Has visto?"
Roma, 10 diciembre 2000 - h.10:40 a.m. (Carta de Dios)
Marisa - ¡Hay ángeles y santos, pero ella no está!.
Finalmente llegas traída por los ángeles, eres tan hermosa. No
estás vestida de fiesta porque estamos en Adviento.
Tengo tantas preguntas que hacerte para poder comprender, pero ahora te pido
solamente que llegue a amar siempre, siempre, incluso a los que me hacen sufrir.
Te encomiendo, como siempre, a todos los enfermos, todas aquellas personas que
llaman y piden ayuda, no a mi, sino a ti, Virgencita. Ve a Dios Padre a pedir
ayuda para nosotros a fin que los hombres se conviertan, porque parece que todo
se haya detenido. Quien tuvo el coraje de seguir adelante se ha parado o se
ha vuelto atrás. Falta el amor entre los hombres y después poco
a poco cada uno se recluye en su propio huertecillo.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, soy vuestra Mamá,
soy la Madre de la Eucaristía Jesús ha dicho que este lugar es
taumatúrgico y es el campo de Dios, aquí se han verificado muchos
milagros eucarísticos, pero el más grande es aquel del 11 de junio.
Aquel día, mientras el obispo consagraba, de la hostia ha surgido la
sangre que todos habéis visto. Jesús ha dicho: "Todo está
cumplido"
Dios ha hecho de este lugar un cenáculo, un campo de amor, pero no todos
quieren aceptarlo. Cuantas personas han venido a este lugar taumatúrgico
y después se han dispersado, cuantas otras todavía no han comprendido
que aquí está el tabernáculo de Jesús Eucaristía.
A Jesús Eucaristía os lleva el amor a los hermanos, pero sobretodo
el amor y el respeto por el obispo que todavía no consigue serenarse.
El obispo no es un hombre cualquiera, no debe ser tomado a guasa ni calumniado.
El obispo debe ser respetado también como hombre. Quien no ha aceptado
su episcopado, no puede aceptar la Eucaristía, porque Jesús primero
le ha dado el episcopado y después ha cumplido en sus manos el gran milagro
eucarístico del 11 de junio del 2000 y ha dicho "todo está
cumplido". Es tan difícil ser humilde y sencillo y decir: "Dios
ha dicho que lo ha ordenado obispo y yo lo creo, porque creo en Dios y tengo
confianza en El?" ¿Qué es lo que fastidia? ¿Por qué
no se respeta al hombre, al sacerdote, al obispo? El obispo Claudio no es una
persona cualquiera, aunque yo quiero que se respeten a todos, grandes y pequeños.
Los pequeños deben respetar a los grandes, los grandes deben respetar
a los pequeños; el obispo respeta a los pequeños. Tratad de comprenderme,
los pequeños son los que no son obispos, que son solo sacerdotes, por
tanto sois vosotros aquí presentes. Mi amor de mamá es muy grande
y cada vez quiero corregiros, ayudaros, pulir los ángulos y deciros también
que no escuchéis las otras voces, porque no comprenderéis nunca
a Dios, mi Todo. Yo he dicho sí a Dios y me he dado toda a El. También
vosotros decid sí a Dios; si creéis en Dios, debéis creer
también en aquellos que Dios ha llamado. A mi no me parece tan difícil.
Dios ha elegido obispo a Don Claudio, bien, demos gracias a Dios, aleluya a
Dios. Mi Todo está muy contento de esta basílica hecha de tela,
pero sobretodo hecha con tanto sacrificio por los jóvenes. Dios no quiere
grandes basílicas, grandes iglesias, no quiere que los hombres hagan
cosas pomposas, si después en el corazón no tienen amor hacia
él, sino hacia sí mismos o si tienen el deseo de sobresalir, de
hacerse ver. Cuantas personas han venido aquí y como que no podían
destacar se han ido a otro lugar para tratar de sentirse alguien. Aquí
nadie debe destacar, solamente el obispo. También la vidente, ultimado
su cuarto de hora de aparición, se retira, porque el obispo debe siempre
destacar. Con ella estoy siempre yo que la ayudo y la guío, sobretodo
en estos momentos en que tiene la abstinencia.
Mis queridos hijos, si reflexionáis un poquito os daréis cuenta
qué fácil es amar; no estéis siempre juzgando, criticando,
polemizando, no sirve de nada, nos os hace caminar por el camino de la santidad,
y yo os quiero santos, todos. ¿Queréis venir o no queréis
venir conmigo al Paraíso delante de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu
Santo?. Por otra parte, ¿qué vengo a hacer yo?. Sólo aquí
aparezco yo, sólo aquí, cuando Dios Padre lo ordena, vengo todos
los días. Aquí ha ocurrido el más grande milagro eucarístico
de toda la historia de la Iglesia y han ocurrido muchos otros milagros. Quien
viene aquí puede comprender, comprender y caminar; quien no puede venir
escuche los casetes donde está todo y lea el Giornalino de los jóvenes.
Este no es un Santuario donde se hace comercio. Aquí tratan de hacer
conocer a Dios; no hay ganancias, no hay nada. Tenéis como basílica
una tienda, pero Dios está aquí, Dios está con vosotros.
Se requiere poco esfuerzo para amar a los hermanos, los parientes, los amigos;
porque amarse no significa hacerse poner el pie encima, no. Amar significa también
llamar la atención a la persona que hace algo que no es correcto. ¿Recordáis
la corrección fraterna? Estoy cansada de repetir que la corrección
fraterna falla.
Hace poco ha pasado mi fiesta, vuestra fiesta; habéis sufrido y afrontado
problemas de todo género. En muchos santuarios festejaban, pero yo estaba
aquí con vosotros junto a toda la corte celestial, al pequeño
Jesús y a mi amado esposo José. Cuando el domingo hay la catequesis
venid a escucharla; es muy importante la explicación del mensaje de Dios,
porque no todo se puede comprender. En cambio esperáis que acabe la catequesis
y después llegáis, esto no es bonito, falla el respeto hacia el
obispo y hacia los que son puntuales. El respeto, la sinceridad, la verdad,
la humildad, la sencillez, oh, que hermosas virtudes. Debéis tener fe
en Dios, pero también en el hombre que Dios ha elegido. Después
de San Pedro, Dios ha elegido a Don Claudio y esto no es aceptado especialmente
por los sacerdotes. Paciencia, el obispo ha obedecido a Dios, debe obedecer
a Dios. No es verdad que los superiores religiosos o diocesanos y las madres
generales tengan el don del Espíritu Santo y deben ser obedientes siempre
y de todas formas. Si la obediencia es impuesta con chantaje, no es necesario
obedecer; la obediencia es amor, es ayuda al hermano, no es chantaje.
Aún así toma el libro, Marisella.
Marisa - Pero pesa, ¿me ayudas a releerlo?
Nuestra Señora - Vosotros, entretanto, mis queridos hijos, recitad
la oración que Dios ha enseñado. Padre nuestro...
(Marisa escribe un mensaje secreto que después hará conocer
al obispo)
Marisa - Estoy muy cansada, querría que tu me llevases hoy mismo.
Si me llevas contigo yo estoy contenta; llévame contigo. Basta, ya he
dado por muchos años.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo, a vuestros seres queridos. Bendigo a
los que han venido de lejos y a vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos
junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios
Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Ayúdame, ayúdame. Don Claudio, se ha ido.
Don Claudio - ¿Estaba triste?
Marisa - Mucho
Roma, 14 diciembre 2000 - h.5:10 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - ¿Quién debe hablar de nosotros dos?
Nuestra Señora - Marisella, tu sabes mejor que todos que las oraciones
y los sacrificios no se pierden porque hay tantas personas que tienen necesidad;
Dios distribuye a ellos estas oraciones. Ya os he dicho que Dios hace tesoro
de estas oraciones y las da a quien tiene más necesidad. Ningún
hombre de la tierra, fuera de tu obispo, puede comprender lo que has sufrido.
Comprendo lo que quieres decir, pero Dios continua esperando las conversiones
y las oraciones sirven para la conversión de muchos pecadores. ¿Qué
hace una mamá que tiene veinte hijos y de éstos diez la siguen
y diez son drogadictos o alcoholizados? Hace de todo para hacerlos cambiar.
Es un simple ejemplo. Así hace Dios: si los hijos convertidos son pocos,
¿puede mandar a todos a la gehena? No, no puede.
Marisa - Pero, una ayuda más concreta Dios puede dársela,
¿no le dan un poco de pena?
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, habéis oído
todo lo que he dicho a vuestra hermana; en este momento ella está en
cruz como mi Hijo Jesús. Comprendo lo que quiere decir, comprendo todo,
pero aquel simple ejemplo que os he dado os debe ayudar a comprender más,
a orar más. Oso también deciros que os doy gracias por las oraciones
hechas, porque son hechas para salvar otras almas. Quiero que esté lleno
el Paraíso y no el Infierno; quiero que todos se conviertan, pero esto
es muy difícil.
El amor que lleváis a Jesús Eucaristía os da fuerza y coraje,
mientras estas pobres almas que no conocen a Jesús Eucaristía
o no la aman no gozan de nada. Son incluso ricos, parece que gocen y se diviertan,
que tengan todo, pero no tienen a Dios.
Marisa - Yo tengo a Dios, ¿pero qué tengo? Ya son casi
30 años que llevamos esta cruz que se vuelve siempre más pesada,
porque Dios cada poco añade algo más.
Nuestra Señora - Si, es verdad, añade siempre algo más.
Habla tú, mi amado esposo José, porque mi corazón sangra.
Marisa - Espero que no por culpa mía.
Nuestra Señora - No, Marisella.
San José - Mis queridos hijos, soy el amado esposo de María,
José. Estoy aquí para deciros más o menos las mismas palabras
que ha dicho la Mamá. No os canséis nunca de orar. Marisa, ánimo,
no todos te están cercanos. Veo que hoy estás vestida más
o menos como mi amada esposa: eres sencilla y bonita como tu alma.
Marisa - Mi alma no es tan bonita, porque estoy muy desilusionada, me
siento abandonada.
San José - Tienes razón. ¿Crees que te llevamos
la contraria? No, tienes razón. Medita el ejemplo que ha citado mi amada
esposa. También ella sufre, cuando viene sobre la tierra su corazón
sangra.
Excelencia, ¿te puedo pedir que te sientes un poquito? También
tu estás muy cansado y probado.
Están todos los ángeles en torno mío. Hay alegría
y fiesta en el Paraíso. Tu, Marisella, tienes razón porque los
dolores y la pasión que vives, son muy fuertes. Sólo Jesús
sabe lo que tu sufres. A pesar de todo, intentas sonreír y hablar, aunque
las lágrimas rieguen tu rostro y el sufrimiento sea tanto.
Marisa - Perdóname, San José, pero yo ahora no puedo más.
No tengo más fuerzas porque entre los dolores físicos, los morales
y los de la pasión no puedo más. Fácilmente me vienen ganas
de llorar, por tanto no soy fuerte como tu dices. ¡Estamos solos!.
San José - No estáis solos, Marisella, tenéis cerca
personas que os aman y estamos nosotros los del cielo. Basta de llorar.
Mis queridos hijos, en nombre de mi amada esposa y del pequeño Jesús,
quiero desearos una Santa Navidad. Orad. La oración deja un poco que
desear.
Marisa - Yo soy la primera que deja que desear, ¿verdad?
San José - Ahora me voy y dejo el lugar a mi amada esposa.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia.
Participad a la Santa Misa, participad en el encuentro bíblico, conoced
la palabra de Dios.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo a vosotros, a vuestros seres queridos,
a vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos junto a mi corazón y os
cubro con mi manto maternal. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios
Espíritu Santo. Sea alabado Jesucristo. Animo, ánimo.
Marisa - Adiós. Ahora vuelve a empezar la batalla. Sigamos adelante.
Roma, 17 diciembre 2000 - h.10:40 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia.
Vosotros sabéis que con el último milagro Eucarístico todo
ha sido cumplido y el episcopado ha sido confirmado. En la carta de Dios está
escrito algo muy fuerte: los que creen y no pueden venir al lugar taumatúrgico
porque se les ha prohibido, pero oran por el obispo y por su gran misión,
un día vendrán y se salvarán; en cambio los que no creen,
calumnian y difaman a quién está muy unido a mi Hijo Jesús
no se salvarán. Aquellos que continúan diciendo: "No vayáis
allá arriba donde aquel loco", así han definido a vuestro
obispo; pero también Jesús ha sido llamado loco. Dicen con ironía:
"Sólo los que van allí se salvan"; oh no, se salvan
todos los que creen, oran y no calumnian ni difaman. Son tantos, tantos los
que no creen y no se callan sino que calumnian y difaman con mucha facilidad.
Esos son los grandes hombres de la Iglesia, seguidos de sus párrocos
y vice párrocos. Si el obispo habla mal, los sacerdotes hablan mal, si
el párroco habla mal, los vice párrocos hablan mal. Y bien, esos
no podrán salvarse, porque profanan la Eucaristía. El milagro
eucarístico del 11 de junio 2000 ha sido demasiado evidente, ha ocurrido
bajo los ojos de todos. Si ven girar el sol, quizás por un efecto óptico,
creen en el milagro, en cambio si ven salir sangre de la Eucaristía durante
la consagración en la Santa Misa no se convierten. Vosotros creéis
porque habéis visto, pero alguno que ha visto no lo cree, porque el párroco
no cree.
¿Pero cómo es posible escuchar a las personas que calumnian y
difaman? Desgraciadamente vuestro obispo todavía no es comprendido hasta
el fondo ni siquiera de los que dicen que lo aman y vienen aquí cada
día. Vosotros no podéis comprender su grado de preparación,
su sacrificio y su estudio, Don Claudio se recluye en su estudio para daros
lo mejor porque quiere llevaros a la santidad. Ha compuesto novenas y oraciones
y cuando necesita recitarlas juntos, nadie tiene la hoja a mano. Esta es una
grave falta de respeto, porque no habéis comprendido cuanto os da vuestro
obispo, cuantas horas transcurre preparándose y estudiando para daros
lo mejor; ningún sacerdote hace esto, ninguno emplea horas en prepararse
para darlo todo a las almas. Cada vez que vienen aquí grupos oigo decir:
"Benditos vosotros que tenéis un obispo tan preparado y disponible".
Vosotros que lo tenéis no lo apreciáis. Tenéis un flaco
amor, muy débil. Incluso cuando escucháis los mensajes, al momento
os conmueve, pero luego cuando salís todo se acabó y empieza de
nuevo la envidia, los celos, y los cotilleos.
El gran milagro eucarístico del 11 de junio es conocido en todas partes
del mundo. ¿Por qué la mayor parte de los extranjeros cree mientras
que los italianos continúan hablando mal? ¿Cómo va a vencer
el demonio a Dios? ¿No es el más fuerte de todos? ¿No puede
hacer lo que quiere? ¿No puede tomar a vuestro obispo y ensalzarlo? ¿No
puede hacer lo que quiera con todos los hombres de buena voluntad, con los que
aman verdaderamente? Gozad, alegráos, cantad porque el que sigue este
camino, el que hace lo que el obispo dice, porque Dios habla a través
de él, tiene el camino preparado para el Paraíso, para la santidad.
Esta carta de Dios es muy importante. Quien viene aquí y luego chismorrea
no se comporta como verdadero cristiano. Las personas que frecuentan este lugar
son siempre las mismas, las otras no vienen, aún habiendo leído
todas las cartas con las que han sido invitados, porque el vicario del Papa
ha prohibido que vengan; ha dicho que lo que sucede aquí es fruto de
magia y por intervención diabólica. Por miedo, todos están
atentos, ninguno se atreve a contradecir al cardenal, porque dicen: "Dios
habla en él". ¿Dios puede hablar a uno que ha profanado a
la Eucaristía?. No olvidéis nunca que el vicario del Papa ha ordenado
que tirase la Eucaristía que ha sangrado y ha dicho esta frase: "Es
todo un fenómeno de feria y efecto del demonio. Ellos están endemoniados".
Exactamente como han tratado a mi Hijo Jesús, así se han comportado
con vuestro obispo. Primero acusaban a la vidente y decían que estaba
loca, herética, cismática, endemoniada, ahora acusan al obispo.
¿Qué resorte hay en estas personas? Los celos, la envidia y el
miedo que todas las personas se vuelvan a vuestro obispo y vengan aquí.
Pero la gente llegará aquí, incluso impreparada, porque ninguno
les ha hablado de la Eucaristía. Nadie les habla en términos muy
sencillos y comprensibles de la Trinidad.
Vosotros habéis recibido mucho. Recordad: más se recibe, más
se debe dar. Si recibís diez debéis dar cien. En cambio recibís
y dais uno; no, esto no es para el Señor.
Esta es la carta de Dios, a la que vuestra Mamá ha añadido alguna
cosa. Amad, amad, amad, amad, amad. El amor lo vence todo, pero el amor verdadero,
sencillo, sincero y leal. Entonces seréis verdaderamente hijos de Dios.
Animo, excelencia, la Trinidad, la Madre de la Eucaristía estamos con
vosotros.
Acordaos de decir el ángel de Dios, la oración que enseñé
a Marisella cuando era pequeñita.
Marisa - ¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Tengo que ir al
hospital? ¿Debo sufrir también allá?.
Nuestra Señora - Junto a mi y vuestro obispo os bendigo y a vuestros
seres queridos. Te bendigo abuela Yolanda, que oras mucho y amas mucho. Bendigo
vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos junto a mi corazón y os
cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios
Espíritu Santo. Alabado sea Jesucristo.
Marisa - Adiós. Don Claudio, ¿has oído la carta
de Dios?
Don Claudio - Si
Marisa - Entonces, ¿Por qué no me arriesgo a hablar?
Roma, 24 diciembre 2000 - h.10:35 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia,
Yo hablaré después porque ahora viene Jesús.
Marisa - ¿El Niño Jesús?
Nuestra Señora - No, Marisella, viene Jesús grande.
Jesús - Soy vuestro Jesús y se que habéis preparado
para Jesús Niño alguna cosas grande. He venido después
de tantos años, en el último día de Adviento, en la vigilia,
para hablaros y daros ánimos. El mundo no os acepta. En las naciones
extranjeras, en los otros estados, sois conocidos y amados, mientras que en
Italia, donde imperan celos y envidias, feas enfermedades, sois combatidos.
Ay de aquellos que tienen envidias y celos porque Dios ha dado dones a este
lugar taumatúrgico. Creen, imprímelo en la mente, Excelencia,
en el gran milagro, pero después que asaltan en ellos los celos y la
envidia, quieren destruir este lugar taumatúrgico. Querían haberlo
destruido en el lejano 1994, en cambio habéis llegado al 2000 y no ha
sido destruido nada, porque no se puede destruir lo que es de Dios. Los hombres
de la ciudad tiene de todo lo que quieren y si tienen que elegir entre la oración
y la diversión, escogen la diversión. La peregrinación
es sacrificio, es oración; no debe haber diversiones, no debe ser una
acampada o ser transformado en algunos días de reposo. La peregrinación
requiere sacrificios, florilegios, oraciones.
Vosotros sois pocos a frecuentar este lugar taumatúrgico y venís
aquí no para hacer el paseillo, para salir fuera de casa o para estar
junto a los otros, sino para orar por vosotros y para los que amáis:
esto es importante. Muchas personas creen en este lugar taumatúrgico,
pero por envidia o celos lo destruyen. Creer en un lugar donde Dios ha dado
dones, ha hecho grandes milagros y destruirlo solo por celos y envidia es gravísimo.
Esos no pueden estar en gracia de Dios, no pueden decir la Santa Misa y hacer
la Santa Comunión. Debéis ser fuertes, especialmente vosotros
dos, mis queridos hijitos, no dejéis de seguir adelante, porque el demonio
aprovecha el desánimo para infiltrarse. Os dais cuenta en este período
de fuerte sufrimiento qué duro es aceptar la voluntad de Dios. Debéis
invitar a vuestros hijitos a reemprender el camino, porque de otro modo todo
se volverá difícil. Está en vosotros orar, ayudarlos con
mucha discreción, no lloriqueando, no sois niños, sois grandes.
Esta es una Navidad para vosotros de sufrimiento, pero debéis ser fuertes.
Marisella, no puedes llorar cada vez que una persona te pide alguna cosa, porque
tienes un físico debilitado y podrías ceder, no tener más
la fuerza para seguir adelante.
Marisa - Jesús, tu me has dicho queme ayudas. Ahora bien, ya que estamos
en eso, deseo encomendarte a todas las personas, especialmente a los jóvenes
y a los niños que tienen leucemia, y son muchos, los que tienen esa fea
enfermedad de la que no se pueden curar. Tu puedes hacer encontrar la medicina
para estos enfermos tan graves. Tu haz transcurrir una Navidad un poco más
serena y nosotros nos empeñaremos en tener un poco más de serenidad
y de fuerza. No puedes mandarnos cada día un sufrimiento, porque se vuelve
todo difícil.
Jesús - Has sido valiente Marisella, al no bajar en estas condiciones.
Si no tienes fiebre esta tarde harás la vigilia.
Marisa - Gracias, Jesús, ¡yo te he pedido que me ayudes!.
Jesús - Y esto es una ayuda.
Marisa - Eres tan hermoso que me conmueves. También nosotros somos
hermosos, cuando somos hermosos por dentro.
Jesús - Hoy es el último día del Adviento, esta
noche Jesús Niño vendrá entre tus brazos, Marisella, y
tu lo estrecharás contra tu corazón, como siempre. Animo, hijita,
ánimo, ánimo.
Marisa - Esta mañana cuando ha sucedido aquella cierta cosa, ¿entraba
el demonio?
Jesús - Si, aprovecha que estáis físicamente muy
débiles, aunque muchos afirman que en apariencia estáis bien,
pero la apariencia engaña.
Marisa - Pero tu me ha ayudado, porque me he golpeado solo la cabeza.
Jesús - Entonces, ¿Ves que ayudo?
Mis queridos hijos, con los que estarán presentes esta noche haremos
las felicitaciones entonces, y con los que no podrán venir por varios
motivos familiares, el Paraíso os lo desea ahora. Buenos deseos a todos
sobre todo de santidad.
Marisa - Se ha ido acompañado de los ángeles.
Nuestra Señora - Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo, a vuestros seres queridos; bendigo a
todos los enfermos. Os traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con
mi manto materno. Recordad que la Mamá no abandona a sus hijos. No preguntéis
tantos porqués. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu
Santo. Sea alabado Jesucristo. Felicidades a todos.
Marisa - Adiós.
Roma, 24 diciembre 2000 - h.12:00 p.m. (Carta de Dios)
Marisa - Esta vez Jesús ha nacido en el frío y en el
hielo.
Te doy gracias porque me has dado la posibilidad de bajar. Querría, en
esta noche santa, que todos los hombres cantase: "Gloria a Dios en lo alto
del Cielo", pero el mundo parece que viva de diferente manera a la nuestra.
Te quiero encomendar a todas las personas enfermas, las personas ancianas que
se quedan solas, los niños enfermos y todos los que han pedido mis oraciones.
Ahora le das a San José el Niño Jesús, ¿después
me lo darás a mi?. Me lo has prometido esta mañana.
Nuestra Señora - Entretanto, recitemos la oración que nos
ha enseñado Jesús. Padre nuestro...
Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia. El tiempo no es favorable,
aunque el frío se ha aplacado. Como calentáis al Niño Jesús
con vuestro amor, así en esta noche santa, calentad también al
prójimo. Es la noche santa y querría hablaros sólo de alegría,
pero es imposible. Debéis combatir los celos y la envidia, pueden llevaros
a decir mentiras y quizás ni siquiera os acordéis. Esta recomendación
vale para todos los hombres, no sólo para vosotros aquí presentes,
porque las cartas de Dios están dirigidas a todos. Alguno de entre vosotros,
después que oiga que lo que digo corresponde a la verdad, se haga un
examen de conciencia. Si dos personas se aman y una tercera trata en todos los
modos de poner cizaña, voluntariamente o involuntariamente, este comportamiento
parte de los celos y de la envidia. Ha habido mucha envidia también por
lo que respecta a mi amado esposo José y al pequeño Jesús.
Había quién decía una cosas y quien decía otra,
ninguno estaba nunca contento, todos querían tener razón, todos
estaban equivocados. Estas personas, por celos y envidia no están contentas
con nada y tratan de hacer caer también a los otros en el mismo pecado.
En esta noche santa muchos oran, muchos están con el Santo Padre orando,
sobretodo porque son atraídos por las funciones papales. No son numerosos
los hombres que hacen la oración del corazón. Hay todavía
mucho que orar para las conversiones.
Los hombres han hecho un paso adelante muy grande por el camino de las conversiones,
después muchos se han estancado y se han retirado porque no acaban de
comprender donde está el bien y donde el mal. Piensan en sí mismos,
en su familia, en el poder, a vivir en paz sin preocuparse del hermano, del
amigo, así se extiende más el egoísmo. Eh ahí porque
lo que ha prometido Dios tarda en llegar, pero llegará. Las conversiones
escasean. Los sacerdotes, alguna vez, cuando ven a un alma orar delante del
Santísimo, la juzgan mal. ¿No es hermoso orar delante de Jesús?
Los sacerdotes que piensan esto no son muchos, gracias a Dios, golpean a la
persona buena que reza. Las personas que tratan de dar o de ayudar son golpeadas.
Las armas para herir a un alma son tantas: la envidia, los celos, el egoísmo.
El pequeño Jesús os mira, os sonríe y con su manita os
bendice. Es un niño pequeño. Dios se ha hecho hombre para salvaros,
para reabrir a todos el Paraíso.
¿Qué pasa? Primero combatían a la Eucaristía y ahora
hablan de ella, sólo porque las cartas de Dios reprenden a los que no
aman a la Eucaristía. Esos piensan que hablando de la Eucaristía
pueden demostrar que las cartas de Dios no se dirigen a ellos. En este momento
Jesús niño no se ve más porque se transforma en Hostia
grande; la Trinidad está presente en la Hostia: Dios Padre, Dios Hijo
y Dios Espíritu Santo.
Marisa - Ha aumentado la luz, los ángeles, los santos y las almas
salvadas están postrada en adoración.
Nuestra Señora - Faltan muchas personas, muchas que no están
presentes. Ahora llegan las almas de los difuntos parientes de los presentes.
Marisa - ¿Puedo tener todavía a Jesús niño?,
es tan tierno.
Niño Jesús, ¿juegas con los ángeles? San José
no lo dejes caer porque es pequeño, pequeño. ¿Por qué
siempre está en los brazos de San José?
Nuestra Señora - Para hacer contento a su Excelencia.
Marisa - ¿Pero cuándo se lo harás ver?
Nuestra Señora - Ya ha visto a San José, hermoso y grande.
Marisa - Si, pero ¿cuándo te verá a ti?
Nuestra Señora - Necesita tener mucha paciencia y esperar lo que
el hombre no sabe.
Os deseo una buena Navidad junto a mi Hijo Jesús. A todos alegría
y paz. Debo reconocer que desgraciadamente sois pocos, porque muchos no han
comprendido aún y continúan diciendo eso que hoy no me apetece
repetir.
El obispo puede decir la Santa Misa, a ningún sacerdote puede serle quitada
la Santa Misa sin motivo grave. Vuestro obispo no ha hecho nada grave y vosotros
lo sabéis. Sabéis también que tenía que tirar a
mi Hijo Jesús para tenerlo todo. No, Dios no acepta estos chantajes.
¿Cuántos sacerdotes, por nada, o por despecho, o venganza son
suspendidos?. Los sacerdotes deben celebrar siempre la Santa Misa; todos los
sacerdotes suspendidos a divinis deben decir la Santa Misa, si no son motivos
muy graves. Para muchos hijos míos no hay ningún motivo para privarlos
de celebrar la Santa Misa, en cambio han sido suspendidos solo por despecho
y venganza. "Me vengaré y lo aplastaré", esta frase
ha sido pronunciada contra mi obispo.
Gracias también por vuestra presencia. Habéis recibido la bendición
del pequeño Jesús. Y también yo, como Mamá, os bendigo,
a vuestros seres queridos, a vuestros amigos, parientes, benefactores; a los
niños enfermos, a la abuela Yolanda, que está peor que antes,
sobre aquel lecho de dolor y todas las personas que no han podido venir por
motivos familiares. La Trinidad está aquí con vosotros. Id en
la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo. Sea alabado
Jesucristo.
Convertíos, mis queridos hijos, y creed en todo lo que Dios ha obrado
en este lugar taumatúrgico. Sea alabado Jesucristo.
Marisa - Quiero ver como te llevas a Jesús niño. ¿Mañana
me lo dejarás?
Nuestra Señora - Ahora piensa en la Santa Misa, Marisella.
Marisa - Está bien, gracias. Adiós. Sabes, nosotros tenemos
un niño que se llama Enmanuel.
Nuestra Señora - Marisella, cierto que lo sé, yo lo sé
todo.
Marisa - Si, entonces si lo sabes todo, ¿por qué no nos
dices cuando...? Mira, se me ha escapado, me ha salido del corazón.
Don Claudio, ¿has visto a San José que tenía en brazos
al Niño?
Don Claudio - No, no lo he visto.
Marisa - La otra vez, lo viste hermoso, grande, di la verdad: tenía
que venir ella a ti, en cambio ha hecho venir a San José. Lo ha respetado
porque es el cabeza de familia.
Roma, 25 diciembre 2000 - h.10:30 a.m. (Carta de Dios)
Marisa - Quiero encomendarte a todos los que sufren moralmente y
físicamente, todas las personas ancianas que están solas en estos
días de fiesta y a todos nosotros. ¿San José lleva siempre
al Niño Jesús?
Nuestra Señora - Si, después lo tomaré yo.
Marisa - ¿Me lo darás también a mi?
Nuestra Señora - Veremos.
Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia. Os hemos dejado tarde esta
noche y ahora estáis aquí de nuevo para acogerme, pero sobretodo
al Niño Jesús, que como siempre, con su manita bendice a todos
los niños, todos los enfermos, todas las personas que sufren y todos
los ancianos. Vosotros sabéis que muchos ancianos están solos,
aunque tengan hijos, éstos tienen mucho que hacer en esos días.
La unión de la familia es importante, porque cuando los hijos empiezan
a separase de los padres se rompe algo.
Marisella, en torno a mi están los ángeles, lo santos, las almas
salvadas, los angelitos que juegan con los niños que escuchan. Yo he
venido sobre el planeta tierra por vosotros, aunque seáis tan pocos.
Dios me he ha dicho. "María, ve donde mis hijos con la Sagrada Familia
y todo el Paraíso y diles que los amo con un amor infinito".
Hay quien sufre moralmente y quien también físicamente. Es Navidad,
pero Navidad no es solamente el 25 de diciembre, debería ser todos los
días, porque todos los días debéis ser buenos y debéis
amar. Cada día, cuando recibís a mi Hijo Jesús en gracia
es Navidad: incluso cuando sufrís y hacéis sacrificios y florilegios
es siempre Navidad. Cada día debéis decir : "Señor
Jesús, enséñanos a orar con el corazón". A
veces leer las oraciones en los libros, recitar el Santo Rosario, es hermoso,
pero debéis hablar con Jesús, dialogar con Él, que está
lleno de amor por todos vosotros.
Repetiros todavía hoy "ánimo" puede pareceros superfluo,
pero yo digo: ánimo, mis queridos hijos, estoy aquí con vosotros,
en este lugar taumatúrgico. Hoy no me aparezco en ninguna otra parte
del mundo.
No he buscado la masa, no he buscado millones de personas, os he buscado a vosotros,
porque Dios me ha dicho: "Ve a aquel pequeño rebaño en el
lugar taumatúrgico, en aquella basílica hecha no de muros, no
de tiendas, sino de almas que aman a mi Hijo Jesús Eucaristía"
Como he dicho esta noche, muchos, muchos saben que aquí está la
verdad, que aquí ha sido el más grande milagro de la historia
de la Iglesia. Aunque los que han acosado a vuestro obispo saben que aquí
está la verdad, pero por envidia y celos lo combaten, lo calumnian y
no comprenden que combaten contra Dios. ¿Combatir contra el hombre elegido
por Dios, para qué sirve? Es a Dios a quién combaten. ¿Pensáis
que Dios puede sucumbir? ¡No!
Retarda el tiempo de su intervención y ha retardado la clausura de vuestra
Puerta Santa. Dios ha dicho: "La Puerta Santa será cerrada cuando
Yo lo decidiré".
Dios por ahora no ha decidido cerrar vuestra Puerta Santa. Aprovechad para ganar
la indulgencia, porque las indulgencias son importantes. No me cansaré
nunca de repetiros que son más importantes la Santa Misa, la Santa Comunión,
conocer la palabra de Dios y frecuentar el encuentro bíblico.
Gracias, mis queridos hijos, y felicidades en cuanto sea posible de buena Navidad
a todos.
Las felicitaciones van también a ti abuela Yolanda, hoy sufres un poquito
menos, ayer fue una jornada llena de sufrimiento, pero yo vine para ayudarte
para que sufrieras menos. Gracias de todas formas por todo lo que haces.
Junto a mi y vuestro obispo, al Niño Jesús, a San José,
a los ángeles y a los santos, a todo el Paraíso, os bendigo. Os
traigo a todos junto a mi corazón y os cubro con mi manto materno.
En este momento el Niño Jesús alza la manita y os bendice.
Marisa - ¿No me lo das hoy al Niño Jesús?
Nuestra Señora - No, Marisella, haz este sacrifico por una intención
particular. Participad en esta Santa Misa y me repito: sea Navidad hoy y todos
los días.
Marisa - Adiós. No me lo ha dado, pero esta noche había
dicho que me lo daría.
Roma, 31 diciembre 2000 - h.10:40 a.m. (Carta de Dios)
Nuestra Señora - Quizás no lo comprenderás,
Marisella, pero a veces, humanamente hablando, no tengo el coraje de venir a
la tierra, porque vengo como criatura de la tierra y sufro viendo tantas injusticias,
tanta maldad, viendo cuantos de mis hijos predilectos no aman a Jesús.
Esto lo pienso en el Paraíso al lado de Dios, pero luego digo: "Debe
ir con mis hijos, debo ir a animarlos y también a sufrir con ellos".
Este es el motivo de mi retraso, pero cuando tendré que venir a traer
la alegre noticia, la gran noticia, no esperé ni siquiera una hora, ni
un minuto, sino que llegaré como el viento impetuoso.
Marisella, tus sufrimientos, especialmente los de estos últimos días,
físicos, humanos, morales y sobrenaturales han llegado a muchas personas
que sufren, especialmente en una cama de hospital; han llegado a Africa, a la
India y otros lugares para ayudar a aquellos niños que tu has visto tantas
veces morir de hambre. Las naciones ricas, también vuestra bella Italia
es rica, podrían salvar muchos hombres, mujeres y niños. Las grandes
iglesias podrían vender el oro y los tesoros para curar, dar de comer,
vestir a los pobres. Todo esto, cuando desciendo a la tierra me hace sufrir
muchísimo. Cuando te he llevado conmigo para atender a los niños,
tu has visto en qué miseria vivían y cuantos morían en
nuestros brazos. Eh ahí que tu sufrimiento sirve para muchas almas, para
muchos niños, para tu obispo y para el pequeño rebaño.
Es suficiente. Recitemos el ángel de Dios por cada ángel que está
al lado de cada niño que está muriendo.
Mis queridos hijos, gracias por vuestra presencia. Hoy es el último día
del año y antes de irnos a acostar o antes de hacer fiesta, haced un
pequeño examen de conciencia. Quién pueda haga acción de
gracias a Dios; recite el Te Deum. Este ha sido un año muy duro, durante
el cual Dios ha pedido mucha oración y mucho sacrificio. Hoy la mamá
pide, especialmente a vosotros jóvenes, un acto de caridad muy fuerte
hacia vuestro obispo. Gozad, divertíos, pero a medianoche orad, porque
yo estaré en la tierra con Marisella, el obispo y quién esté
con ellos. Os invito a intensificar la oración, a pesar de los grandes
sufrimientos. No abandonéis nunca la oración.
Tu, Marisella, tienes tu gran cruz que llevar y es más que oración.
Debéis orar también por vuestros seres queridos, porque las madres
van a la iglesia, escuchan la santa misa, hacen la santa comunión, mientras
los maridos y los hijos están lejos. Este ha sido un año muy laborioso
y debo decir también que para llevar adelante al pequeño rebaño
se ha necesitado mucho ánimo y mucha fuerza, pero lo que ha ayudado a
tener ánimo y fuerza ha sido el gran amor. Recordad que con el amor se
obtiene todo. Habéis tenido mucho sufrimiento, tanto pequeños
como grandes, pero Dios no os ha abandonado. No preguntéis tantos porqués,
lo que hace Dios es siempre para un buen fin para todos. Dios no es vengativo,
Dios es santo, es bueno, es misericordioso; el hombre, en cambio, es vengativo
y está dispuesto también a destruir, pero no puede destruir a
Dios. Si permite estos grandes sacrificios Dios sabe el por qué; y para
llevar a buen término algo hermoso y grande para todos. Eh ahí
porque os he dicho: "Haced un examen de conciencia y meditad sobre el equilibrio
entre las cosas bellas y las feas", veréis que al final la balanza
está en equilibrio. Dios no os ha creado solamente para tener sufrimientos,
sino también alegrías, aunque a vosotros os parezca que no las
tenéis.
Marisa - Dime una.
Nuestra Señora - Marisella, sé buena.
Me repito: dad gracias a Dios e iniciad el año nuevo con una pequeña
oración: "Dios mío, te amo, te amo mucho"; es suficiente
esta, después quién quiera hacer más, puede hacerlo.
Iniciamos este tercer milenio; ni siquiera los hombres saben si es el segundo
o el tercero. Iniciad este tercer milenio y seguid avanzando. En el 2001 algunos
afrontarán el matrimonio, otros esperarán el nacimiento de un
hijo y otros otras cosas. Pero recordad que mientras estéis en la tierra
tendréis algún sufrimiento. Ahora os invito a orar sobretodo por
los enfermos y los anciano que son las perlas de Dios. Orar por esos, especialmente
por los que viven solos. Vosotros haced obras de caridad.
Felicidades por este año tan perseguido y os deseo un año de felicidad
para todos: grandes y pequeños.
La Mamá os da las gracias por vuestra presencia, incluso si los que han
recibido gracias no vienen; es otro sufrimiento.
Junto a mi y vuestro obispo os bendigo a los aquí presentes, a vuestros
seres queridos, vuestros objetos sagrados. Os traigo a todos junto a mi corazón
y os cubro con mi manto materno. Id en la paz de Dios Padre, de Dios Hijo, de
Dios Espíritu Santo.
Marisa - Adiós. Se ha ido.
|| Informaciones Generales
|| Colección de los Mensajes de Dios
||
|| Eventos Importantes ||
Milagros Eucarísticos ||
|| Cartas del Obispo || Oraciones
|| Home ||