MOVIMENTO IMPEGNO E TESTIMONIANZA
Querido Padre y Hermano en Cristo,
Me dirijo a tí con respeto y amor, para invitarte a leer cuidadosamente
esta carta: su contenido es tan importante que la historia hablará
de ello, como el Señor lo ha dicho. La Santísima Virgen María
durante años se ha estado apareciendo como "Madre de la Eucaristía"
a la vidente Marisa Rossi en Roma.
En el libro intitulado "Monumenta Eucharistica" escrito por Gerardo
Di Nola y publicado por la Editorial Dehoniane, Roma, un libro que te sugiero
que leas, está escrito: "María, Madre del Cuerpo de Cristo
también es Madre de la Eucaristía. María, al igual
que la Iglesia, le entrega a los Cristianos el Cristo Eucarístico
para su sustento espiritual. Sólo basta pensar en ese extraordinario
bardo de la Virgen María, San Efrén Siro quién, comprendiendo
la íntima relación entre María - Eva - Eucaristía
- Iglesia, exclama en sus Himnos: La Iglesia nos dió el pan vivo, en lugar del pan ácimo que el Egipto había dado. María nos dió el pan de
vida, en lugar del pan de agotamiento que Eva nos dió".
El título "Madre de la Eucaristía", aún si éste
no tiene ese significado teológico completo y profundo que nuestra
Señora misma ha revelado en sus mensajes, ha estado presente en
la Iglesia, al menos desde al siglo XIV, cuando Gersone, un famoso teólogo
y místico francés, dedica toda una sección de su "Tractatus
super Magnificat" a la relación entre el Sacramento del Corpus Christi
y la Virgen, definida como "Madre de la Eucaristía".
El Papa Pío XII instituyó la fiesta litúrgica
de la "La Bendita Virgen María, Nuestra Señora del Santísimo
Sacramento", que se celebra el 13 de mayo.
El XII Congreso Internacional de María, (18 al 24 de agosto
de 1996) y el XIX Congreso Internacional Mariano (24 al 26 de agosto de
1996) celebrado en Czestochowa, trataron el tema: María y la Eucaristía.
El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a los fieles, el 5 de junio
de 1983, les instruyó que: "En el origen de la Eucaristía
está la vida virginal y maternal de María. El Cuerpo que
comemos y la Sangre que bebemos aún tienen en sí mismos,
como Pan fragante, el sabor y aroma de la Virgen Madre".
Pues bien, ¿porqué hay tantos sacerdotes ofreciendo tan
fuerte oposición al título "Madre de la Eucaristía",
que consecuentemente descargan ferozmente sobre mí y Marisa?
Jesús dijo: "La Inmaculada Concepción abre la historia
y la Madre de la Eucaristía cierra la historia". Si esto es verdad,
como nos enseña el Papa Juan Pablo II, que: "En ese Sacrificio,
María tuvo una parte activa. Ella permaneció junto al Crucificado,
con un corazón maternal se asoció a su Sacrificio y lo ofreció
al Padre" (5 de junio de 1983), también es cierto que el Pan Celestial
se nos ha dado por medio del "SÍ" de María. Jesús
junto con la Madre de la Eucaristía, entrega la Eucaristía
al hombre, por tanto nuestra gratitud debe ser expresada al Hijo y a su
Madre.
Aún cuando el decreto conciliar "Presbiterium ordinis" instruye:
"En la Sagrada Eucaristía está contenido todo el bien espiritual
de la Iglesia, que es Cristo Mismo, nuestra Pascua y Pan Vivo Quien, por
medio de su carne que es vivificada y vivificante en el Espíritu
Santo, da vida al hombre. La Eucaristía aparece como manantial y
culminación de toda la evangelización. La Sinapsis Eucarística
por tanto es el centro de la Comunidad de los Cristianos, presidida por
un sacerdote". Nuestra Comunidad, tal como dijo Nuestra Señora el
6 de diciembre de 1994. "Ha sido privada de la Eucaristía, sin razón
alguna". En esta ocasión incliné mi cabeza y dije al Cardenal
Ruini: "Yo obedezco, aún con la muerte en mi corazón".
La Madre de la Eucaristía explicó: "Ellos hirieron al
pastor y dispersaron las ovejas. Su pastor siempre ha obedecido a la Iglesia.
Lo hirieron porque éstas son las apariciones más importantes,
las más combatidas, sufridas y más difíciles en toda
la historia de la Iglesia".
Ella también anunció como profeta: "Las batallas continuarán
y se librarán con fuerza por grandes y pequeños hombres,
contra estos dos hijos míos".
Esta profecía ha sido puntualmente cumplida cuando los grandes
milagros Eucarísticos, que habían sido anunciados con mucha
anticipación a sus tiempos, comenzaron a realizarse y repetirse.
En nuestra capilla, que ha sido privada de la Eucaristía, Jesús,
Nuestra Señora, los Ángeles y los Santos, traen la Eucaristía
Quien es colocada directamente en el sagrario o sobre el altar. En la noche
previa nada hay, pero en la mañana siguiente quienes vienen a la
capilla se dan cuenta que la Eucaristía está presente en
el sagrario o sobre el altar. Debe hacerse notar que sólo yo tengo
las llaves de la capilla y del sagrario y que las guardo con cuidado amoroso.
¿Quién puede evitar que Jesús, Primero, Sumo,
y Eterno Sacerdote tome la Eucaristía de los sagrarios de las iglesias
donde Él no es amado y que La traiga al prodigioso lugar?
¿Quién puede evitar que la Madre de la Eucaristía
rescate la Eucaristía de la profanación y de las misas negras
y La traiga al prodigioso lugar?
¿Quién puede evitar que los Ángeles y los Santos
coloquen la Eucaristía en el prodigioso lugar, obedeciendo las órdenes
de Dios?
Los milagros Eucarísticos también han ocurrido en algunas
maneras particulares:
(1) En seis ocasiones algunas Hostias fueron traídas y salía
sangre de Ellas. La última Hostia manchada de sangre, fue colocada
por Nuestra Señora en un copón, el 22 de marzo de 1998. Guardamos
cuidadosamente esta Hostia y podemos declarar que ni la sangre ni la Hostia
muestran signo alguno de descomposición, por el contrario la Hostia
emite una fragancia particular.
(2) En varias ocasiones algunas Hostias fueron traídas y de
Ellas manaba suero. San Juan vió salir sangre y agua del costado
herido del Crucificado (San Juan 19, 34).
(3) El 29 de junio de 1997, muchas personas vieron salir una Hostia
del pecho de Jesús en un Crucifijo: primero voló dentro de
una caja de cristal que protegía a este Crucifijo, luego traspasó
el cristal sin romperlo. Este milagro se repitió varias veces. Los
Padres de la Iglesia y los Concilios enseñaron que del pecho de
Cristo sobre la Cruz, surgieron la Eucaristía, los demás
Sacramentos y la Iglesia.
(4) En siete ocasiones yo mismo, dado que la Eucaristía, que
había sido traída, no era suficiente para darla en comunión
a las personas presentes, ví multiplicarse en mis manos los fragmentos
de las Hostias. ¿Podemos dar la Comunión a más de
160 personas, con sólo 10 Hostias? Mucha gente puede dar testimonio
de la "multiplicación de la Eucaristía".
(5) Las Hostias traídas por Jesús y Nuestra Señora
emitían una fragancia particular que era claramente percibida por
las personas que las recibían en comunión y que a veces persistía
después de haberlas consumido.
(6) Conforme a la orden de Dios, guardamos una Hostia grande que fue
dada a Marisa el 18 de febrero de 1996. Esta Hostia no ha experimentado
modificación estructural alguna y ha mantenido sin cambio su forma
y tamaño. Por tanto desde un punto de vista químico, no se
explica cómo esta Hostia, después de tanto tiempo permanece
íntegra y sin cambio y cómo no ha perdido ninguna de sus
propiedades químico-físicas.
(7) El 1o. de mayo de 1998, en la presencia de varios testigos, una
Hostia, colocada por Nuestra Señora sobre un pintura de la Madre
de la Eucaristía, se desprendió y voló hasta las manos
de Marisa Rossi. De esta Hostia salieron otras dos: el significado teológico
de este evento extraordinario es claro y los que estuvieron presentes pueden
dar testimonio de este hecho.
Hasta ahora han ocurrido más de cien milagros Eucarísticos
y el número de Hostias traídas cambia cada vez. La Autoridad
Eclesiástica de Roma y los miembros de la comisión instituida
para examinar los milagros Eucarísticos, sin haber interrogado a
Marisa, a los testigos y a mí, sin haber visto el material fotográfico
y de vídeo, que está a nuestra disposición, han desestimado
los milagros que han sido definidos por Jesús como: "Los más
grandes milagros Eucarísticos en la historia de la Iglesia" y ellos
los definen con palabras ofensivas como: "Casos de patología religiosa,
casos de trucos de feria, bromas de charlatanes, efectos de manipulación
y triquiñuelas, efectos de intervención satánica".
En varias ocasiones, inútilmente, solicitamos la presencia de
exorcistas, de expertos y de miembros de la comisión, para que pudieran
excluir la intervención satánica y humana, y pudieran verificar
la intervención divina, pero siempre nos encontramos con un total
rechazo.
Finalmente, el Cardenal Ruini, Vicario General del Papa, me confrontó
con este dilema: o rechazar adorar la Eucaristía traída por
Jesús y por Nuestra Señora, o ser suspendido del ejercicio
de los oficios divinos (a divinis).
Yo repetí junto con San Juan: "Yo ví y creí" (San
Juan 20, 8) por lo tanto, dado que no puedo violar mi conciencia y ponerme
contra Dios, acepté la suspensión.
El Cardenal Ruini dijo que la suspensión sería removida,
sólo si reconocía que conduje a los creyentes al error y
si garantizaba que no adoraría más y no permitiría
que adoraran la Eucaristía traída milagrosamente por Dios
y la Madre de la Eucaristía.
Si cometí tan gran pecado porque adoré la Eucaristía
traída por Jesús y Nuestra Señora, por el que fuí
suspendido, entonces el Papa Juan Pablo II cometió el mismo pecado,
porque el 7 de diciembre de 1997, él adoró la Eucaristía,
que Nuestra Señora había colocado sobre una pintura de la
Madre de la Eucaristía, llevada a la plaza de San Pedro por mí
y por Marisa junto con doscientas personas.
Nuestra señora, que se apareció a Marisa en la plaza
de San Pedro después del Angelus del Papa, dijo: "Yo, como Madre
de la Eucaristía, este día hice mi entrada en este lugar
y esto continuará. Yo indiqué al Papa dónde estaba
la Eucaristía y él La adoró".
Yo no sé si el Cardenal Ruini ha informado al Papa sobre los
milagros Eucarísticos que están ocurriendo en esta diócesis
y sobre las severas medidas tomadas contra mí, al haberme suspendido
del ejercicio de los oficios divinos.
Ciertamente el Papa sabe, por medios humanos y "per aliam viam (por
otros medios)" lo que está pasando en el prodigioso lugar: pues
para mí y Marisa resultó en verdad una sorpresa y un gozo
cuando el Papa, durante una audiencia pública en el salón
Paulo VI, el 3 de noviembre de 1993, nos saludó de esta manera:
"Ustedes son los de Nuestra Señora".
Jesús dijo que la lucha contra la Eucaristía había
iniciado y que los hijos de Dios debían defenderLa, a cualquier
precio. Yo y Marisa, no estamos peleando nuestra propia batalla, no buscamos
revancha, no perseguimos ambiciones personales y podemos decir pacíficamente:
"Somos siervos únicamente . No hemos hecho más que nuestro
deber" (San Lucas 17, 10).
Para nosotros constituye una virtud sufrir por Jesús la Eucaristía
y podemos repetir junto con San Pablo: "Atribulados en todo, mas no aplastados;
perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados,
mas no aniquilados" (2a. Corintios 4, 8).
La Madre de la Eucaristía prometió: "Junto con el triunfo
de la Eucaristía y de la verdad, llegará su triunfo también".
También indicó el año en que esto ocurrirá: 1999.
Con fe firme esperamos la intervención de Dios y, mientras
esperamos, tenemos paciencia y serenidad. La Madre de la Eucaristía
también anunció en sus mensajes, que:
(1) La Iglesia experimentará una división y la Eucaristía,
sacramento de unión, será motivo de división. Por
un lado se alinearán los hombres de la Iglesia que creen en la Eucaristía,
que aman a Nuestra Señora y que están unidos y en obediencia
al Papa, quien hoy se llama Juan Pablo II, por el otro se alinearán
los hombres de la Iglesia que no creen en la Eucaristía, que no
aman a Nuestra Señora y que no están unidos y ni en obediencia
al Papa.
(2) Cuando lleguen los tiempos duros y difíciles y estos están
muy cercanos, será demasiado tarde para los que han peleado contra
la Eucaristía, convertir su corazón. Ahora es el tiempo de
la misericordia, entonces será la hora de la justicia.
(3) Junto con el triunfo de la Eucaristía, llegará el
triunfo de la verdad y los enemigos de la Eucaristía "serán
removidos de sus tronos".
(4) El triunfo de la Eucaristía, que ha dado comienzo en el
prodigioso lugar (Via delle Benedettine) en Roma, se esparcirá por
el mundo y la faz de la Iglesia brillará de nuevo sin mancha o sombra.
(5) Los milagros Eucarísticos que ocurrieron en Roma en el prodigioso
lugar, reunirán a todas las razas y con todas las religiones se
harán una sola religión, santa, católica, apostólica,
romana.
(6) El permiso de celebrar la Santa Misa y de mantener la Eucaristía
en nuestra capilla será ciertamente restablecido por la autoridad
eclesiástica competente, unida al Papa.
(7) La Virgen Bendita será invocada en toda la Iglesia, con
el título "Madre de la Eucaristía" y será instituida
una fiesta litúrgica en su honor.
(8) Las apariciones de la Madre de la Eucaristía, los milagros
Eucarísticos y las teofanías de la Santísima Trinidad,
que han ocurrido en el prodigioso lugar, serán reconocidas por la
Iglesia. Los mensajes de la Madre de la Eucaristía serán
leídos por toda la Iglesia y serán traducidos a todas las
lenguas.
(9) En Roma, una gran iglesia, consagrada a la Madre de la Eucaristía,
será erigida. Papas, Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosas
y laicos vendrán a orar a esta iglesia y al prodigioso lugar.
(10) La historia hablará de lo ocurrido en Roma, en el prodigioso
lugar.
Querido Padre y Hermano en Cristo, te escribo con gran anticipación
al tiempo en que todo se realizará, que Jesús y la Madre
de la Eucaristía han anunciado y te invito a guardar esta carta
para verificar si todo lo que dice es absolutamente verdad.
De acuerdo con la voluntad de Dios, el Papa Juan Pablo II tiene una
gran misión. Jesús dijo: "Oren, para que el Papa tenga la
fortaleza y valor para cumplir la voluntad de Dios y lleve a cabo la gran
misión que Dios le ha confiado". Juan Pablo II concluyó su
exhortación apostólica "Tertio Millennio Adveniente" anunciando
que el año 2000 será "un año intensamente Eucarístico
y en Roma se efectuará el Congreso Eucarístico Internacional".
Debo observar con gran tristeza, que la gente habla poco acerca de este
gran anuncio del Papa, pero debo agregar lo que Nuestra Señora dijo:
"Todo el tercer Milenio será intensamente Eucarístico".
El triunfo de la Eucaristía, preparado por la Madre de la Eucaristía,
conforme a la voluntad de Dios, empezará desde Roma y exactamente
desde el prodigioso lugar (Via delle Benedettine 91-93) donde ocurrieron
los milagros Eucarísticos y se esparcirá a toda la Iglesia
por todo el mundo. Sólo te pido oraciones por mí y por Marisa,
para seguir teniendo la fortaleza para abandonarnos a Dios.
Si puedes, al menos envíanos un saludo, un deseo, una nota de
aliento como signo de solidaridad con nosotros.
Invoco sobre tí, querido Padre y Hermano en Cristo, la bendición
de Dios y la protección de la Madre de la Eucaristía.
Un gran devoto del Señor
Padre Claudio Gatti
Roma, 1o. de mayo de 1998, festividad de San José obrero.
P.D. Si deseas obtener información más detallada sobre estas
apariciones marianas, las teofanías de la Santísima Trinidad y
los mensajes de la Madre de la Eucaristía, puedes visitar nuestra página
en Internet en la siguiente dirección: http://www.madredelleucaristia.it
Podrás leer su contenido en inglés, español, italiano, francés y portugués.
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